En un homenaje cargado de memoria, afecto y reconocimiento académico, la UNAM despidió a Gerardo Bocco Verdinelli, el “Gaucho”, geógrafo que hizo de México su territorio vital. Entre ciencia, exilio y compromiso social, su legado permanece en el CIGA y en generaciones que formó. / Gerardo Bocco Verdinelli: El último adiós al “Gaucho”, el geógrafo de la esperanza

Gerardo Bocco Verdinelli: El último adiós al “Gaucho”, el geógrafo de la esperanza
Por: en15dias.com
En un acto que trascendió lo meramente protocolario para convertirse en un mosaico de memorias y afecto colectivo, la comunidad académica de la Universidad Nacional Autónoma de México rindió homenaje póstumo al Dr. Gerardo Bocco Verdinelli.
Entre mates, anécdotas de exilio y el reconocimiento a una obra científica de primer orden, el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA) oficializó el nombre de su biblioteca como “Dr. Gerardo Bocco Verdinelli”: el espacio que el propio académico eligió como trinchera de trabajo durante sus últimos años.
DE LA “NEGRA NOCHE” AL MÉXICO PROFUNDO
La vida de Bocco fue una travesía de miles de kilómetros y tres patrias: su Argentina natal, su México naturalizado y la UNAM. Una historia marcada desde sus orígenes por la tragedia de la dictadura, que le arrebató a un hermano y lo forjó en la militancia del grupo Montoneros.
Fue en 1977 cuando Gerardo tomó lo que él mismo llamó “la decisión de seguir viviendo”: una elección consciente que lo convirtió en superviviente sin nostalgia, capaz de mirar siempre hacia el futuro sin dejar que el pasado lo consumiera.
Al llegar a México se enamoró de sus paisajes y de su gente. Se doctoró en los Países Bajos, pero fue en el contacto directo con el “México profundo”, los territorios marginados, las laderas, los valles, donde construyó su escuela de manejo tradicional de paisajes locales y encontró el verdadero centro de gravedad de su obra.
«¿Y DÓNDE ESTÁ EL HOMBRE?»: UNA CIENCIA CON ROSTRO SOCIAL
Colegas como Lorenzo Vázquez y José Luis Palacio recordaron cómo Gerardo, experto de formación en geomorfología, se fue convirtiendo con los años en lo que él mismo calificaba con humor como un “semiprófugo de la geomorfología pura”.
Su pregunta recurrente en conferencias técnicas lo decía todo: “Pero ¿y el hombre? ¿Dónde está el hombre?”. Una convicción profunda de que la geografía es, por definición, tanto ambiental como social.
Su huella institucional fue tan amplia como duradera. Fundó y dirigió el CIGA, donde imprimió un estándar de rigor ético y académico que persiste hoy.
Colaboró en la creación de la Maestría en Administración Integral del Ambiente en El Colef y fue pieza clave en el diseño de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la UNAM.
A lo largo de su carrera publicó cientos de estudios que acumularon más de once mil citas, demostrando que la ciencia rigurosa y el compromiso social no solo son compatibles, sino inseparables.
El homenaje subrayó también, con especial calidez, su labor como guía de 35 tesis de posgrado, a cuyos autores acompañó siempre con una “enorme fe” y generosidad sin reservas. Jesús “Chucho” Fuentes lo recordó con una frase que resumió lo que muchos sentían: “Lo que soy y donde estoy te lo debo a ti”, evocando el momento en que Bocco lo rescató del desempleo en una etapa crítica de su vida, consiguiéndole una beca y preocupándose por el bienestar de su familia.
Su lealtad fue igualmente notable en los momentos de adversidad ajena. Pedro Álvarez-Icaza narró cómo Gerardo arriesgó su propio nombramiento para protegerlo durante una “cacería de brujas” administrativa, tejiendo estrategias discretas para apoyarlo desde el anonimato.
UN ADIÓS ENTRE RISAS Y NOSTALGIA
Apodado el «Gaucho», Bocco era reconocible por su humor negro, sus asados, la libretita de apuntes que nunca lo abandonaba y un bigote que parecía estoico por definición. Su esposa, Natasha, conmovió a todos los presentes con una definición sencilla y precisa: era, dijo, un “excelente ser humano”, alguien que vivió bajo principios que hoy parecen escasos.
El acto cerró con la voz de su familia desde Argentina, que recordó que la vida se mide por lo que uno hace nacer. Y “Geri” hizo nacer ideas, amistades e instituciones.
Con un “Goya” universitario y un minuto largo de aplausos, la UNAM despidió a quien, tras huir de la oscuridad de la dictadura, dedicó su segunda vida a agradecer a México a través de la ciencia y el humanismo.