Icono del sitio

¿Qué ambientalismo queremos en Michoacán? Elegir con quién caminar

El ambientalismo en Michoacán enfrenta una disputa de fondo: entre la simulación institucional que convierte la defensa del territorio en discurso burocrático y quienes arriesgan la vida desde comunidades, ejidos y pueblos originarios. La pregunta es urgente: ¿con quién queremos caminar para defender la naturaleza? / ¿Qué ambientalismo queremos en Michoacán? Elegir con quién caminar

Uitzume, el perro del lago
¿Qué ambientalismo queremos en Michoacán? Elegir con quién caminar

La discusión sobre el destino del ambientalismo en Michoacán ha sido capturada por una simulación burocrática y mercantil. Mientras los discursos oficiales y los órganos consultivos se enredan en la autocomplacencia, el territorio real se defiende en las asambleas, los bosques y las comunidades originarias.

Es momento de trazar una línea clara y para ello debemos preguntarnos: ¿Qué ambientalismo queremos para Michoacán?

Plantearnos esta interrogante en el contexto actual del estado no es sólo debatir sobre metodologías de conservación o presupuestos institucionales; es, en el fondo, un acto de definición política elemental.

Preguntarnos qué ambientalismo defendemos implica, por fuerza, definir con quiénes estamos dispuestos a avanzar, con quiénes nos permitimos dialogar, con quiénes acordar, frente a quiénes posicionarnos y, sobre todo, saber con quién queremos caminar en la lucha por el territorio.

Hasta ahora, el panorama institucional nos ofrece un ambientalismo de simulación, un barniz verde diseñado para no incomodar al capital ni alterar los pactos del poder. Es la narrativa gubernamental pseudoambiental que tanto hemos denunciado: aquella que reduce la crisis climática a espectaculares, reforestaciones fotográficas para la prensa y un fetichismo de trámites burocráticos. Detrás de sus decretos y de sus foros a puerta cerrada, late siempre una visión extractivista, política y económica, donde la naturaleza sigue siendo vista como una mercancía negociable o como un botín electoral.

Frente a ese modelo de oficina y escritorio, se levanta el ambientalismo real: el de las comunidades indígenas, los comités autónomos, las brigadas comunitarias y los ejidos que ponen el cuerpo para frenar el cambio de uso de suelo provocado por la agroindustria devoradora de agua y bosques.

Es el ambientalismo que no busca un subsidio ni un puesto público, sino la supervivencia misma de su entorno. Es la dignidad de los pueblos y comunidades que no teorizan la defensa, la viven y la defienden con el cuerpo arriesgando la vida.

En este sentido, desde en15dias.com creemos que en la construcción de una agenda socioambiental auténtica, no podemos dar un solo ápice de espacio a las voces intolerantes, a los agresores históricos de ambientalistas, ni a quienes sistemáticamente han opacado y secuestrado los espacios de deliberación pública.

Casos como el del Consejo Estatal de Ecología (COEECO) son el vivo ejemplo de cómo las instituciones ciudadanas se esclerosan cuando se privatiza la discusión y se excluye la pluralidad de los territorios.

¿Por qué lo permitimos? ¿Por qué seguimos validando mesas de diálogo donde se sientan los mismos actores que han ahogado la discusión real del ambientalismo y que guardan un silencio cómplice ante el despojo en los territorios?

Tolerar la opacidad de quienes no transparentan sus discusiones y decisiones es ceder el terreno de la ética periodística y social a la simulación del poder. Es darles espacio, es darles voz y es darles oportunidad a que en un futuro sean nuestro próximos agresores.

Caminar con el ambientalismo comunitario exige romper con la comodidad de los acuerdos copulares. Si queremos un cambio real en Michoacán, nuestra brújula debe apuntar hacia la democratización de la política ecológica, la transparencia absoluta y la subordinación de los intereses agroindustriales , económicos y políticos al bienestar de los pueblos.

El futuro de nuestros recursos no se puede seguir negociando con quienes nos han frenado; definir el ambientalismo que queremos es el primer paso para recuperar el territorio de las manos de quienes lo ven únicamente como una fuente de ganancias políticas o económicas.

Para lograrlo, abrir y crear nuevos espacios de discusión horizontal entre los auténticos defensores del territorio se vuelve una tarea urgente y necesaria. Sin embargo, en ese encuentro genuino se debe tener un cuidado meticuloso: es obligatorio respetar la total transparencia de quiénes somos, la franqueza absoluta de nuestras intenciones y lo genuino de caminar juntos.

Sólo desde la honestidad radical y la claridad de propósitos comunes podremos construir un frente sólido y digno, capaz de resistir tanto el despojo extractivista como la tentación de la simulación institucional.


*Uitzume, el perro de lago es la editorial de en15dias.com.
Está escrito a tres manos por las editoras y editores. Este espacio analiza, desde una visión crítica aguda, ácida y siempre profunda, las problemáticas socioambientales, de derechos humanos y de salud comunitaria en Michoacán.

Este espacio pone énfasis en lo que se pregunta, pero no se cuestiona; en lo que se observa, pero no se escribe, y en lo que se habla, pero no se escucha.

Salir de la versión móvil