La leyenda Bobok que salvó a los pueblos yaquis de la sequía

Cuenta una leyenda que, hace muchos años, el pueblo Yaqui, de Sonora, sufrió una terrible sequía. Los pozos se secaron, la tierra ardía como brasas y las piedras se calcinaban hasta convertirse en polvo. / La leyenda Bobok que salvó a los pueblos yaquis de la sequía


La leyenda Bobok que salvó a los pueblos yaquis de la sequía

Por: en15dias.com / Con información de Conagua / Tradición oral yaqui.

Cuenta una leyenda que, hace muchos años, el pueblo Yaqui, de Sonora, sufrió una terrible sequía. Los pozos se secaron, la tierra ardía como brasas y las piedras se calcinaban hasta convertirse en polvo.

Entre sed y enfermedades que azotaban al pueblo, los jefes de los ocho pueblos yaquis decidieron reunirse para encontrar la forma de comunicarse con el único que podía ayudarles, Yuku, el dios de la lluvia, pues era el único que podía salvarlos de esta situación.

Los sabios yaquis eligieron a un noble gorrión para surcar los cielos y llevar el mensaje de auxilio a Yuku. Al encontrarse con la deidad, el ave le dijo:

—He venido en nombre de los ocho pueblos yaquis a pedirte el favor de tu lluvia.

Yuku respondió:

—Con gusto, gorrión. Vete sin preocupación y dile a tus señores que muy pronto tendrán lluvia.

El gorrión emprendió su viaje de regreso, pero no esperaba que antes de llegar a tierra se encontraría el cielo plagado de nubes y mortíferos relámpagos que formaron un tornado donde el ave quedó atrapada y el agua no pudo llegar a los yaquis.

Sin haber recibido el agua deseada, los jefes ahora ordenaron que fuera una golondrina, quien voló con rapidez para encontrarse con el dios de la lluvia. Cuando se presentó ante Yuku, le suplicó que le regalara un poco de agua y él contestó sin vacilar:

—Golondrina, ve sin preocupación con tus jefes y ten la seguridad de que tras de ti llegará la lluvia.

Entusiasmada, la golondrina se dirigió hacia la tierra, pero, al igual que el gorrión, fue atrapada por el viento y un relámpago la fulminó. No se supo de ella y ni una gota de agua cayó.

Desesperados, los ocho sabios optaron por otro mensajero, el sapo Bobok, que vivía en la laguna de Bahkwam. Los jefes le encomendaron la misión en Vícam, poblado de Guaymas.

Él aceptó, pero antes de emprender el viaje y regresar a Bahkwan, Bobok visitó a un amigo chamán y le pidió prestadas unas alas de murciélago. El sapo, ahora alado, voló hasta el cenit y se presentó ante Yuku:

—Señor, no trate tan mal a los yaquis, envíenos un poco de agua para beber porque morimos de sed.

Yuku respondió de la misma forma como lo hizo con el gorrión y la golondrina. Bobok fingió marcharse, pero en realidad se ocultó en el cielo. En ese momento, las nubes empezaron a juntarse, los relámpagos iluminaron el cielo, vientos furiosos soplaron y comenzó a llover. El agua llegó a la tierra sin tocar al sapo.

Bobok, se elevó más arriba de la lluvia, mientras cantaba “¡kowak, kowak, kowak!”, Yuku al escuchar al sapo hizo que lloviera de nuevo, sin embargo, cuando este dejó de cantar, el agua ceso, pero al volver a cantar y bajar a tierra provocó que el dios de la lluvia mandará un diluvio para matarlo, pero por fortuna no lo encontró y este logró que el agua humedeciera el territorio yaqui.

Se llenaron los pozos, se acabó la sequía y el sapo Bobok devolvió las alas al chamán, para regresar a vivir en paz a Bahkwan.

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