Senado aprueba Ley General de Aguas

El Senado aprobó la nueva Ley General de Aguas tras un debate acelerado y entre fuertes reclamos de productores y organizaciones civiles. La reforma redefine el régimen de concesiones, prohíbe su transferencia entre particulares y otorga a Conagua mayor control en la gestión del recurso.


Senado aprueba Ley General de Aguas

Por: en15dias.com / Con información de Senado

El pleno del Senado de la República aprobó este jueves, en sesión extraordinaria, la Ley General de Aguas y reformas a la Ley de Aguas Nacionales, apenas horas después de recibir el dictamen de la Cámara de Diputados. Con 85 votos a favor y 36 en contra, la minuta fue avalada y enviada al Ejecutivo para su promulgación.

La nueva legislación —que sustituye una normativa de hace más de tres décadas— transforma radicalmente cómo México administra sus recursos hídricos.

El cambio más significativo: el agua deja de considerarse una mercancía para ser reconocida como un derecho humano, vinculado al acceso, disposición y saneamiento suficientes, salubres y asequibles.


Nuevas reglas para las concesiones

El Estado, a través de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), retoma el papel de rector único del recurso. Las concesiones ya no podrán:

La ley crea un registro nacional de agua para transparentar quién posee concesiones, de qué volumen y con qué propósito. Además, contempla penas elevadas para delitos como el acaparamiento, uso indebido o contaminación intencional del recurso.

El objetivo del gobierno federal es claro: evitar la especulación, garantizar acceso equitativo, priorizar el uso doméstico y urbano, y proteger a comunidades históricamente marginadas del servicio de agua potable.


La controversia: ¿protección o centralización?

La aprobación express generó fuertes críticas desde diversos sectores. Organizaciones campesinas, propietarios agrícolas y legisladores de oposición advirtieron consecuencias graves:

Impacto económico y patrimonial: La eliminación de la transmisibilidad de concesiones podría devaluar tierras, complicar herencias o ventas de predios agrícolas, y dejar en incertidumbre a miles de productores que dependen del agua para subsistir.

Posible criminalización del campo: La nueva ley tipifica ciertas conductas como delitos penales, lo que ha encendido alarmas entre quienes temen que prácticas tradicionales puedan ser ahora perseguidas.

Falta de consulta: Críticos denuncian que la iniciativa se aprobó mediante un «fast track» sin debate exhaustivo ni consulta adecuada con pueblos indígenas y comunidades rurales afectadas. Para ellos, representa una centralización peligrosa del control hídrico en manos del gobierno federal, con riesgo de marginar usos locales y tradicionales del agua.


¿Qué sigue?

Impulsada por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, la Ley de Aguas entra ahora al proceso de promulgación. Queda pendiente su publicación en el Diario Oficial de la Federación y, lo más importante, su instrumentación práctica.

La pregunta central permanece abierta: ¿logrará esta reforma garantizar un acceso justo y equitativo al agua para todos los mexicanos, o profundizará las desigualdades en zonas rurales y agrícolas del país? La respuesta se conocerá cuando empiecen a aplicarse los nuevos criterios de concesión, reasignación y fiscalización en los próximos meses.


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