Barridas de Pirul, ¿por qué sus hojas curan el mal de ojo?

Para los incas y aymaras, este árbol que les daba medicina, alimento, refugio y vestimenta, fue un árbol sagrado. Sus bondades no se manifestaban solo hacia los humanos, también es generoso con los elementos: pide poco del agua y no es exigente con la tierra. Crece en la aridez y aún así, es capaz de ofrecer una prolija sombra.

Barridas de Pirul, ¿por qué sus hojas curan el mal de ojo?


Emma Monserrat Sánchez Monroy.

Plantera**
Emma Monserrat Sánchez Monroy
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Existen un montón de árboles, sin embargo, no es necesario haberse hecho una limpia para saber que las ramas del pirul son las más usadas para alejar  las malas energías; pero ¿a qué se debe ese poder?

Se sabe que el olor de las plantas revela su potencial medicinal y siguiendo ese precepto, nadie podrá negar que de entre los árboles, el pirul es uno de los más aromáticos.

Luego habría qué preguntarse, ¿en qué casos se hacen las limpias?. La medicina tradicional reconoce como enfermedades el mal de ojo y el susto. Estos padecimientos responden a energías densas que se introducen en el cuerpo de una persona, debilitándola energéticamente. Sus manifestaciones físicas pueden variar desde la palidez, el cansancio, la falta de apetito, sueño o fatiga. Estas afecciones pueden deberse a una mirada pesada, la tirria que alguien le pueda tener o la cercanía con lugares lúgubres o densos que sustraen la energía.

La energía entonces, es parte del cuadro de salud de una persona, aunque a la ciencia moderna le guste llamarlos padecimientos de índole cultural. Pero esta correlación con otras fuerzas vitales como la de las plantas existe. No es fortuito que tras la pandemia, los baños de sol y de bosque recobraran su popularidad con fines terapéuticos más que de esparcimiento.

Ahora bien, ¿cómo es que el pirul limpia?  Se debe a los electrones. Partículas elementales de carga negativa que orbitan a nuestro alrededor formando o rompiendo vínculos atómicos. Podemos imaginar este campo energético como una especie de aura; y los árboles ¡claro!, tienen una.

Si conocen al pirul, han visto que sus hojas caen en pequeños ramilletes de más hojas, y cada una de ellas, tiene su propia aura, lo que lo convierte en un árbol con gran capacidad de tacto. 

Que una persona padezca mal de ojo o susto, quiere decir que su energía está desequilibrada porque ha perdido electrones. Cuando le hacen una limpia con pirul, las ramas de este árbol transfieren sus electrones a la persona con la que entran en contacto, restableciendo así su equilibrio energético.

Fruto: FOTO: Emma Monserrat Sánchez Monroy.

Por su alta carga energética, el pirul es el árbol de las limpias, pero ésta no es la única de sus virtudes.

Para los incas y aymaras, este árbol que les daba medicina, alimento, refugio y vestimenta, fue un árbol sagrado. Sus bondades no se manifestaban solo hacia los humanos, también es generoso con los elementos: pide poco del agua y no es exigente con la tierra. Crece en la aridez y aún así, es capaz de ofrecer una prolija sombra.

Una leyenda inca cuenta que los salvó de una peste de mosquitos.  Y tal virtud no es mito. Hoy el rigor de la ciencia ha comprobado que la cantidad de terpenos contenidos en las hojas del pirul, tiene propiedades antifúngicas, analgésicas, antioxidantes y antitumorales.

Los terpenos, por cierto, son los aceites esenciales y aromas que producen las hojas o flores de las plantas. Quienes conocen el pirul y le han cortado algunas hojas, sabrán que es un árbol muy aromático.

Es un árbol frondoso y perenne, es decir, que sus hojas siempre están verdes. Su tronco es tosco y cada vez más ancho conforme madura; su corteza es rugosa y en los grandes árboles, muchas veces puede verse su resina escurriéndole como si fuera miel. Esta resina fue usada por los incas para embalsamar a sus difuntos. Por eso el árbol del Pirul también era un árbol de la vida.

Sus hojas, son abundantes, cuelgan en ramillas hacia abajo fluyendo con el viento, dando la sensación de ser un árbol ligero a pesar de su evidente robustez. Florea entre mayo y junio, y antes de sacar sus flores, los ramilletes parecen el de unas uvas recién comidas.

Sus frutos son unas pequeñas bolitas rosas que crecen en racimos y recuerdan a la pimienta; por eso también se le conoce como falso pimentero o pimienta rosa, -aunque no está emparentado con estas otras pimientas-.  La semilla contenida en esos frutos tiene usos culinarios: los incas hacían chica, en México se prepara atole y pulque; existen  helados con su sabor y se usa como especia para marinar carnes.

-Nota para que la próxima vez que anden en el campo, se hagan de una nueva especia para su cocina-.

Ramillete. FOTO: Emma Monserrat Sánchez Monroy.

Es un árbol que atrae aves e insectos, pero pocas plagas. Esta característica se debe a su alelopatía, es decir, que la intensidad de su aroma impide que otro tipo de flora crezca cerca de él. -El mismo prejuicio que el del eucalipto-. Pero puede ser que precisamente por ese aroma repelente de insectos y la abundante sombra que cae hacia abajo, la gente diga que descansar bajo su cobijo brinda un sueño reparador.

Es originario de Perú. Allá es de hecho, un árbol emblemático gracias a Deolinda Castro Manchego, una señora de 96 años que en el 2015 se empeñó en una campaña para que el enorme Pirul de su provincia Mariscal Nieto, fuera reconocido como patrimonio natural.

En Perú es conocido como árbol del molle. A México llegó por la mano del Virrey Antonio de Mendoza, quien del virreinato de la Nueva España fue trasladado al virreinato de Perú, en donde conoció este árbol y quedó tan fascinado con él que dio la instrucción de enviar semillas a México y España para propagarlo. El nombre Pirul se le dio en México como deformación de “ árbol del perú”,  así devino en pirul o pirú.

También tiene muchos usos medicinales. Todas su partes sirven para aliviar algún padecimiento:

En el mundo musical, el pirul también se ha hecho presente; la Banda Machos tiene por estrofa en una de sus canciones de desamor:

pobre leña de pirul, que no sirves ni’pa arder,

pobre leña de pirul, que no sirves ni’pa arder, nomás para hacer llorar.

Si bien es cierto que su leña no es la ideal para una fogata, sí lo es para ahumar comidas o quesos.

Gracias a la doctora Lucero, la terapeuta Paula y la maestra Judith por las pláticas que permitieron entender la condición energética del pirul.


¿Quién es Emma Monserrat?*
Comunicóloga, huertera y activista de causas ambientales en Morelia y Tula Hidalgo.

**Plantera: Es un espacio que sirve para aprender a nombrar las plantas que no conocemos, los remedios que hemos olvidado, los mitos que no hemos escuchado o las historias que no hemos leído.
En sus acepciones, Plantera es una maceta y también la persona que se dedica al cultivo de plantas; que en este caso es desde la palabra. Un rumor, un remedio, un dato curioso, cualquier hilo sirve para empezar a tensar los filamentos del descubrimiento del mundo vegetal.


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