Ganadería, la industria de crear escasez

La ganadería lejos de ser necesaria, es un obstáculo para el buen vivir de la humanidad y de los animales no-humanos. Iremos revisando como al combatir la explotación animal se combate también la falta de derechos sociales, la falta de acceso a tierra, la falta de acceso a salud o la posibilidad de ahorro que hacen que se deba recurrir a vender un cerdo o caballo ante una emergencia. En suma, revisaremos que la liberación animal es parte de la justicia social y ambiental. Esta es la segunda entrega del serial Liberación animal y justicia ambiental.


Parte 1 de 4 :
Liberación animal y justicia ambiental  ¿Cómo se relacionan?


Ganadería, la industria de crear escasez
Parte 2 de 4

Por: Carlos Olivares*

El consumo de carne en nuestra especie ha sido históricamente el último recurso antes de perecer de hambre.  El consumo de carne surge y se desarrolla en situaciones extremas de carestía, tales como una sequía, una helada o una plaga que destruye la cosecha, donde la trágica alternativa que queda es recurrir a la carroña o al canibalismo. ¿Pero entonces porqué la carnivoría aparece hoy como lo contrario, como signo de opulencia y abundancia, y no de privación y dificultad?

Se le atribuyen a la carne una serie de cualidades que no posee, se genera una ilusión en la que iremos profundizando y que por ahora llamaré “fetichismo de la carne”. Considero que es fundamental comprender certeramente el fetichismo de la carne para luchar contra la explotación animal, pues esa ideología la sostiene a pesar de tener en su contra el peso de toda la evidencia médica, ambiental y ética. Comencemos por repasar algunos ejemplos de como el consumo de carne está ligado a la escasez de alimento.


El consumo de carne y hambrunas

Algunas investigaciones colocan el inicio del consumo de carne hace 2 millones de años, con las primeras glaciaciones. Pero desde el fin de la última glaciación, hace unos 12 mil años, numerosas sociedades del todo mundo desarrollaron de manera independiente la agricultura, dando paso al sedentarismo y las civilizaciones.

La columna vertebral de las culturas alimentarias de cualquier civilización son hasta el día de hoy los granos, el arroz, el trigo, el maíz, entre otros. Sólo las culturas que habitan en lugares con extremo calor o extremo frío, y con suelos pobres, tales como los Masaai de los desiertos del Serengueti o los Inuit del Ártico, desarrollaron una cultura alimentaria basada en carne, y por lo mismo nunca desarrollaron poblaciones comparables a las civilizaciones agrícolas. Las demás culturas damos prevalencia absoluta a la agricultura, a una alimentación basada en plantas.

Pero llegamos al día de hoy, donde las condiciones de escasez ya no son naturales sino artificiales. Hoy  conviven tensamente la ganadería industrial y la ganadería tradicional. La ganadería tradicional corresponde aún a una economía de escasez: resultado de la marginación histórica de las familias campesinas, han desarrollado la cría de ganado más como una estrategia precaria de ahorro, para vender un animal en caso de emergencia, que para la alimentación propia.

Tengo la hipótesis de que si la familias campesinas tuvieran cubiertas sus necesidades de salud, o pudieran ahorrar riqueza en otra forma, digamos por ejemplo en dinero, la preferirían y dejarían de criar ganado, pues cumple mejor la función de atesoriamiento que animales que se enferman y alimentan constantemente.

Otro aspecto de la vida campesina que orilla a la práctica de la ganadería es la falta del acceso a tierra, que obliga a muchas familias a una migración constante en búsqueda de trabajo, y por ello deben poder transportar su pertenencias. Otro ejemplo es cuando aún teniendo tierra la familia, las mujeres no tienen acceso a ella, teniendo únicamente control sobre su traspatio, donde recurren a pequeños huertos o granjas avícolas como una manera de apoyar el ingreso y alimentación familiar. Tierra hay, pero mal distribuida lo que genera condiciones artificiales de escasez.

Otro tipo de ganadería es la llamada “ ganadería holística” y falacias similares, con orígenes ligados al militarismo colonial europeo. Dicen emular las antiguas migraciones que grandes mamíferos como los bisontes hacían para pastar, y por ello no implican daño ambiental extra. Dedicaré una columna específica a esta ramificación “buena onda” de la explotación animal, pero en lo que por ahora toca a justicia ambiental solo enuncio que sigue siendo obra de latifundistas, capitalismo verde en la industria pecuaria.

Sin embargo a futuro la tendencia económica es que el desarrollo de la ganadería industrial aniquile las formas tradicionales de ganadería. A la vez, hay una tendencia a que cada año sea más difícil seguir produciéndo carne por límites ambientales, lo que abre una ventana a una transformación del sistema alimentario.


Ganadería capitalista y la escasez artificial

Si definimos la justicia ambiental como el acceso equitativo a los bienes naturales, la producción de carne es la esencia pura de la injusticia ambiental, porque implica despojo integral del territorio, el acaparamiento en el uso de tierra, agua, energía, del espacio mismo, y finalmente hasta de los propios cuerpos de la fauna que les habita.

La ganadería industrial implica un control absoluto de los cuerpos de los animales, encerrándoles en establos para llevarles ahí la pastura porque dejarles pastar libremente resulta más ineficiente aún para la generación de ganancias. En el encierro todos los procesos fisiológicos se someten al proceso de engorda, desde la reproducción, vacunación, sueño, etc.

Hoy, cuando mayor capacidad hay en la historia de producir alimentos, continúa la amenaza del hambre. Y es que el capitalismo tiene que lidiar con la crisis de sobreproducción, y encuentra en la ganadería, como en la guerra, medios para solucionarlo, un hoyo negro donde quemar la sobreabundancia que produjo y seguir perpetuándose.

Más de la mitad de los granos del mundo se destinan a alimentar ganado estabulado, que aportará solo 13 por ciento de las calorías. Se reduce hasta en 90 por ciento su capacidad alimentaria, es un contrasentido. Desde el punto de vista de la producción de nutrientes, la ganadería no es producción sino destrucción de alimento. No alimenta a la humanidad, alimenta al capital.

Producir carne presupone cada vez más una forma capitalista de tenencia de la tierra y el agua, el latifundio, pero va un paso mas allá , para producir un tipo de mercancía específicamente capitalista, un cuerpo sometido, un consumidor consumido, un sujeto vuelto objeto: el ganado.

Es por eso que la solución ante los tremendos retos que se ciernen sobre la humanidad, como el hambre o la crisis ambiental, no está en mayor explotación de la naturaleza sino en la redistribución de los bienes naturales, con justicia ambiental. La socialización de la tierra y del agua, resultará en un freno a la industria cárnica y a la destrucción de la vida que acarrea.


*¿QUIÉN ES?
Carlos Olivares
Es integrante del Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma de Santa María. Es geógrafo, ambientalista y antiespecista.


Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales y socioterritoriales, salud comunitaria, derechos humanos, política ambiental y periodismo.


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