El lago de Pátzcuaro no está recuperado y las cifras que lo confirman: perdió el 40% de su capacidad de volumen y, a pesar de las lluvias de 2024, no se recuperó. La profundidad máxima se mantiene en 8.5 metros, la misma que registró en mayo durante la peor sequía documentada.
Las mediciones batimétricas realizadas por el equipo del doctor Arturo Chacón Torres los días 27, 28 y 29 de octubre de 2024 revelan un declive acelerado: en 1937-38, el lago alcanzaba 15 a 16 metros de profundidad máxima. En los años 40 disminuyó a 14-15 metros. En los 70 bajó a 13 metros. En 1989, cuando Chacón Torres comenzó sus mediciones sistemáticas, marcó 12.2 metros. Para el año 2000 llegó a 11 metros, en 2019-20 a 10.5 metros, y en 2024 colapsó a 8.5 metros.
“El lago de Pátzcuaro no se recuperó con estas lluvias. Con eso se pierde el 40% de la capacidad de volumen”, sentencia el investigador que lleva más de 40 años estudiando los lagos de Michoacán. El emblemático cuerpo de agua enfrenta ahora una nueva temporada seca en el peor escenario de riesgo de su historia. / Pátzcuaro pierde 40% de su volumen y no se recuperó tras las lluvias. / Pátzcuaro pierde 40% de su volumen y no se recuperó tras las lluvia

Lago de Pátzcuaro pierde 40% de su volumen y no se recuperó tras las lluvias
Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
El lago de Pátzcuaro no se recuperó. Después de un año de lluvias relativamente abundantes, la profundidad máxima se mantiene en 8.5 metros, exactamente la misma que registró en mayo de 2024 durante el punto más crítico de la sequía.
El emblemático cuerpo de agua ha perdido 40% de su capacidad de volumen y casi la mitad de su profundidad máxima histórica, según revela una actualización batimétrica realizada por el equipo del doctor Arturo Chacón Torres, investigador, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, que lleva más de 40 años estudiando los lagos de Michoacán.
Los datos son contundentes: en 1937-38, el lago alcanzaba profundidades máximas de 15 a 16 metros en el mismo punto donde hoy apenas llega a 8.5 metros.

La medición, realizada los días 27, 28 y 29 de octubre de 2025, poco antes de la noche de muertos, confirma la peor crisis hídrica documentada en la historia del lago y expone las limitaciones de las políticas públicas estatales para enfrentar el colapso ambiental.
“El lago de Pátzcuaro no se recuperó con estas lluvias. Con eso se pierde el 40% de la capacidad de volumen del lago de Pátzcuaro”, advierte Chacón Torres en entrevista para 15dias.com.
Esto sucede justo antes de enfrentar una nueva temporada seca, lo que coloca al ecosistema en un escenario de riesgo de mayor disminución.

EL DECLIVE ACELERADO
El deterioro que hoy alarma a científicos y comunidades tiene raíces profundas. En 1937, el lago alcanzaba 16 metros de profundidad máxima.
En 1989, cuando Chacón Torres comenzó sus mediciones sistemáticas, había bajado a 12.2 metros. Para el año 2000 llegó a 11 metros, en 2019-20 a 10.5 metros, y en 2024 colapsó a 8.5 metros.

En menos de un siglo, el lago de Pátzcuaro ha perdido casi la mitad de su profundidad máxima. Y lo que resulta más alarmante: después de las lluvias de 2024, consideradas relativamente abundantes, no se recuperó ni un centímetro.
“El lago de Pátzcuaro en 1937-38 llegó a medir en la profundidad máxima 15 metros, hasta 16. En ese mismo punto que lo tenemos ubicado, en los años 40 disminuyó a 14 15. Después en los años 70 disminuyó a 13. Después en 1989, un servidor midió y alcanzó 12.2. Posteriormente en el año 2000 hicimos otra revisión batimétrica y alcanzó 11 metros máximo. En 2019, 20 hicimos una nueva revisión alcanzamos 10.5 y subsecuentemente ahora en este en esta etapa alcanzamos 8.5 en 24 y ahora en 25 después de las lluvias 8.5”, refiere el investigador.
Para entender cómo se llegó a este punto crítico, hay que retroceder a mayo de 2024, cuando ocurrió algo que el doctor Chacón Torres nunca había visto en cuatro décadas de investigación: el muelle de Uranden completamente seco.

“Si yo como académico me angustié, ¿cómo sería la impresión de la comunidad?” reflexiona. Uranden, una comunidad isleña que ha dado campeones olímpicos de canotaje al país, enfrentaba la posibilidad de perder su carácter insular.
Los habitantes llamaron al doctor preguntando qué se podía hacer. La respuesta fue directa: “Hay que tomar la barra, las palas y los picos y nos vamos a destapar los manantiales”.
“Nosotros fuimos parcialmente responsables de esta situación. En el año de 2024, como todos sabemos, fue el año más fuerte en las sequías. Y entonces, nosotros desde décadas anteriores estuvimos insistiéndole a las comunidades, especialmente a Urunden, de que era muy importante rescatar y rehabilitar los manantiales que habían estado ocluidos por ya mucho tiempo.”

MANANTIALES APORTAN SOLO EL 4% DEL AGUA QUE NECESITA EL LAGO
El equipo del doctor Chacón Torres comenzó en mayo de 2024 una evaluación científica que continuó en 2025 y que se extiende hasta el primer trismestre de 2026. Los resultados preliminares revelaron una verdad sobre el papel real de los manantiales en la salud del lago.
La teoría hidrológica indica que el lago de Pátzcuaro alcanza sus máximos niveles cuando termina el invierno y antes de la primavera, por la infiltración que viene de las montañas. Los investigadores registraban profundidades, pero desconocían exactamente cuánto tiempo tardaba el agua desde las primeras lluvias hasta llegar al lago.
“Esperábamos que el máximo flujo se consiguiera cerca de noviembre, diciembre, casi para enero. Pero lo que encontramos es que los máximos flujos llegaron aproximadamente en septiembre y a partir de octubre comenzó a disminuir”, detalla Chacón Torres.
Los gastos comenzaron a disminuir. En los manantiales también estaba disminuyendo el flujo. Había agua estancada, sí. La gente estaba entusiasta porque para la noche de muertos había suficiente nivel, pero era solo un estancamiento.
La preocupación del investigador es clara: “Demasiada perforación puede llegar a ser contraproducente”.
Uno de los hallazgos más importantes es que los manantiales de Pátzcuaro aportan muy poco al lago en términos del volumen total que necesita.
Tomando en cuenta todos los manantiales de Uranden, los de Ihuatzio y los de Tzintzuntzan, no aportan más allá de 25 millones de metros cúbicos al lago. El lago de Pátzcuaro requiere 628 millones de metros cúbicos para mantener su caudal ecológico. Es decir, los manantiales aportan apenas el 4% del agua necesaria.
“Hemos hecho nuestras propias estimaciones y tomando en cuenta todos los manantiales de Urandén, los de Ihuatzio que son muy buenos, de flujo muy bueno y los de Tzintzuntzan no aportan más allá de 25 millones de metros cúbicos al lago.
El lago requiere 628 millones de metros cúbicos y tiene sus propios manantiales internos dentro del lago. Nosotros Nosotros los tenemos ubicados en nuestros estudios de batimetría”.
“La infiltración juega un papel muy importante, la lluvia juega un papel muy importante, los tributarios como el río Chapultepec, el río Huani, esos son los que tienen un papel mucho más preponderante en el balance hidrológico que los manantiales”, explica el investigador.
Para continuar documentando esta crisis, el equipo inició en enero, febrero y seguirá en marzo de 2026 una nueva secuencia de medición de manantiales. Medirán siete en Uranden, tres en Ihuatzio y dos en Tzintzuntzan.
La metodología es ingeniosa y adaptada a las condiciones locales. Cuando el flujo es sano, utilizan flotadores: corchos de botellas de vino tinto pesados en balanza para homogeneidad. Los lanzan en tramos de 50, 100 o 200 metros y miden el flujo.
Cuando el agua está casi estancada, con corrientes de menos de 0.3 centímetros por segundo, utilizan flotadores especiales con lámina en forma de estrella que capturan la corriente por pequeña que sea, con sensibilidad de hasta 0.20 centímetros por segundo.
“No son aparatos de gran precisión, pero dan una apreciación. Mientras más repetición se tenga, las fallas y los errores son menores”, reconoce Chacón Torres.
El objetivo es determinar cuánto tarda el agua debajo de la tierra desde que empiezan las lluvias hasta que llega a la orilla del lago, crucial para saber en qué momento el lago puede registrar su mínimo y máximo nivel.
Durante décadas, Chacón Torres y su equipo habían insistido a las comunidades sobre la importancia de rescatar y rehabilitar los manantiales que habían estado ocluidos. El objetivo era modesto: mantener el nivel del agua alrededor de la isla. Nada más. Pero nadie hizo caso. No creían que se llegaría a un escenario tan pesimista. Hasta que el muelle se secó en 2024.
Lo que sucedió en las siguientes semanas fue que comenzaron a salir manantiales. La razón geológica es fascinante: debajo de Uranden existe un río subterráneo completo. La aportación de la corriente de lava subterránea de San Pedro Pareo, sumada a la infiltración del cerro donde está el balcón de Tariacuri y del volcán El Estribo, conducen agua hacia la zona. “Donde pique uno, sale agua”, describe el investigador.
Sin embargo, lo que comenzó como una iniciativa de rescate comunitario pronto se salió de control. Al ver que estaba saliendo agua de calidad, y con la intervención de instituciones de gobierno que tomaron control, empezaron a perforar por todos lados.
“Ya no eran los manantiales naturales, ya se hicieron manantiales artificiales”, explica Chacón Torres. El efecto es similar al de un pozo: comenzaron a succionar agua de la parte de abajo.
El error fue confundir la rehabilitación con la ordeña. “Lo que se pretendía era suficiente agua para mantener el carácter isleño, pero no ordeñar más, porque eso ya le pertenece al lago, al subsuelo”, aclara.
El problema se agravó cuando llegó lo que el investigador describe como “cierto oportunismo” de actores que vieron una oportunidad turística. La reforestación y el mejoramiento del paisaje le parecen bien, “pero ese frenesí de seguir generando manantiales ya artificiales es un problema del balance en la orilla”.
Esta intervención descontrolada generó la necesidad de una investigación científica rigurosa sobre los flujos reales de los manantiales y su aportación al lago

MERCANTILIZACIÓN DE LA NATURALEZA: LA BATALLA POR EL FUTURO DE URANDEN
En medio de esta crisis hídrica y del rescate desordenado de manantiales, surge un debate fundamental sobre el futuro de Uranden. Mientras el lago se vacía, en esta isla se libra una batalla entre dos modelos de desarrollo que podrían definir el futuro de las comunidades ribereñas.
Cuando el agua comenzó a brotar de los manantiales recién destapados en 2024, el equipo del doctor Chacón Torres propuso una estrategia que parecía obvia desde la perspectiva científica y económica: usar esa agua de alta calidad para el cultivo de pez blanco bajo condiciones controladas.
“Ya no se necesita infraestructura, allá está el recipiente que mantiene la calidad, ahí está. Las condiciones controladas ahí se dan. Solamente se requiere alimento”, argumenta el investigador. Además, como el agua permanece horas dentro del sistema antes de llegar al lago, no habría contaminación industrial ni municipal, solo residuos orgánicos.
La propuesta tenía sentido adicional: la propia comunidad tiene, junto con la Comisión de Pesca del gobierno estatal, la reserva ecológica de especies nativas donde se produce pescado blanco, acúmara y trucha. “Solamente es hacer extensionismo acuícola y que los pescadores se transformen en acuacultores”, sugiere Chacón Torres.

“Las comunidades no aceptaron. Ellos dicen que de cultivar cultivarían la lobina negra. Y la lobina negra es una especie muy voraz que compite con el pescado blanco y que por ética este ecológica no podemos introducirla de nuevo. Estuvo en el lago de Pátzcuaro, fue erradicada por la contaminación y la carpa que compitieron, pero no podemos introducirla cuando el pez blanco tiene denominación de origen, entonces hay que apoyarlo”.
La razón del rechazo quedó clara, explica el investigador. “La economía local considera que es mejor ganancia mantenerlo desde el punto de vista turístico, solamente de apreciar, que tener una productividad ahí de carácter acuícola”.
El éxito que Uranden tuvo en la noche de muertos de 2024 y 2025 fue notable en términos de números. Pátzcuaro, donde se ubica la isla, registró un incremento del 410% en búsquedas turísticas según Booking.com, colocándose como el primer destino nacional para esta festividad.
El espectáculo nocturno de 30 canoas con habitantes caracterizados recorriendo cinco manantiales rehabilitados alejó el interés de la producción acuícola y lo orientó hacia el turismo local.
“Es la primera vez que Uranden se enfrenta a un turismo del calibre de Janitzio”, recuerda Chacón Torres.

“Es algo que la comunidad va a tener que aprender poco a poco. No podemos ni limitarlos ni tratar de convencerlos. Es algo que la comunidad va a tener que aprenderlo por su propia línea”, reconoce el investigador.
Cuando se le pregunta directamente si calificaría el caso de Uranden como una mercantilización de la naturaleza, Chacón Torres no esquiva: “El interés era el agua. Y ahora ya no lo es, ahorita es el turismo”.
Pero inmediatamente matiza acerca del trabajo en las comunidades ribereñas “es una curva de aprendizaje”.
El investigador recuerda que Uranden fue ignorada por décadas y que solo brillaba durante las competencias olímpicas y de canotaje.
“Es una curva de aprendizaje que la comunidad no tuvo en décadas y que ahora es una gran oportunidad. Los michoacanos somos afines a eso: el frenesí del aguacate, el del melón, el del mango. Es un aprendizaje autóctono que hay que tomar”.
Lo fundamental, insiste el investigador, es que la comunidad debe decidir su propio camino: “No puede ser el gobierno del estado, no puede ser la universidad. Tiene que ser una decisión de ellos”.

LA POLÍTICA PÚBLICA ACTUAL: “LO QUE HA SUCEDIDO EN OTROS GOBIERNOS”
Arturo Chacón Torres luce tranquilo, a cuatro años del gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla y con el Plan Michoacán en marcha, el especialista en el Lago de Pátzcuaro es directo: “Encontramos lo que ha sucedido en otros gobiernos”.
La crítica es específica. Desde las instituciones gubernamentales se dice que ya hay demasiados estudios. “Nunca es demasiados estudios”, rebate el investigador.
“El aprendizaje, la generación del conocimiento con un mundo cambiante es necesario. Hacer investigación y generar conocimiento de frontera actualizado y con certidumbre fundamentada”.
El problema fundamental es estructural. “Las políticas públicas y las acciones van siempre orientadas a un equipo de trabajo institucional: Obras públicas, la Secretaría de Medio Ambiente, la Procuraduría, Comisión de Pesca, CEAC. Es el club de gobierno”.
“Lo que falta es el contacto con las comunidades”, sentencia. Las comunidades siguen observando las acciones desde afuera. Pero no se detonan los procesos locales. No hay apropiación comunitaria de los proyectos.
“Al término de esta administración, pues vamos a ver qué proyectos realmente prevalecen y qué proyectos se extinguen”.
Para el investigador “el desafío es sumar a las comunidades. No siempre va a haber encuentros positivos, hay visiones diferentes, usos y costumbres diferentes. Ese es el desafío, el poder sumar, el poder interactuar y el poder tomar las mejores decisiones”, explica Chacón Torres.
Existen algunas acciones gubernamentales, reconoce, “pero son muy pequeñas todavía”.

Las instituciones públicas “van a seguir haciendo lo que se hace siempre, invertir con maquinaria, proyectos, reforestaciones. ¿Pero dónde están los pueblos originarios?”.
El doctor Chacón Torres reconoce que “esas comunidades no son fáciles de convencer ni de incorporar. Primero existe desconfianza, segundo existen visiones diferentes, cosmovisiones, y tercero, falta mucha capacitación y motivación”.
Frente a esta inercia institucional, lo más significativo del panorama actual es que varias comunidades están actuando por su cuenta, sin esperar a las instituciones gubernamentales.
Uranden apenas va empezando. Yunuen comienza a detonarse con una actividad muy fuerte. Pacanda también está en movimiento. “Tenemos comunidades en Pátzcuaro, en San Jerónimo, ya motivadas, pero de manera independiente. Independientemente de lo que hagan las instituciones de gobierno, la están haciendo ellos”, enumera Chacón Torres.
Ihuatzio ya tiene liderazgos, incluso biólogos que están dirigiendo acciones específicas de rescate de manantiales, independientemente de si están presentes las instituciones. Y una de las comunidades más polémicas pero que va a paso firme: Santa Fe de la Laguna. “Están totalmente independientes del gobierno”.
En medio de estas tensiones, el doctor Chacón Torres insiste en un principio que las instituciones parecen no comprender: la estructura de pueblo originario de Uranden debe vislumbrar qué quieren ser para los próximos 10 a 15 años.
El investigador recuerda que “son campeones olímpicos. Tienen ganadería limitada, algo de agricultura, pero falta mucha reforestación. Están sobre un volcán, un montón de escombros volcánico, lo que puede favorecer la infiltración si se maneja bien. Son productores de agua potable de la zona”.






