Fracking: impactos socioambientales reabren debate sobre su viabilidad en México

El fracking requiere millones de litros de agua, contamina acuíferos, provoca sismos y emite metano, agravando el cambio climático. Además, amenaza la salud, la agricultura y la economía local, mientras la industria obtiene ganancias desproporcionadas. Una opción insostenible frente a las renovables. / Fracking: impactos socioambientales reabren debate sobre su viabilidad en México

Fracking: impactos socioambientales reabren debate sobre su viabilidad en México

Por: en15dias.com / Con información de

La fracturación hidráulica —o fracking— continúa generando controversia por sus efectos ambientales, sanitarios y económicos. Aunque se promueve como una vía para extraer gas y petróleo no convencionales, evidencia científica y experiencias internacionales advierten riesgos significativos que reavivan el debate sobre su posible expansión en México.

Uno de los principales impactos es la presión sobre el agua. Cada pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros, lo que, en escenarios de explotación intensiva similares a los de Estados Unidos, podría comprometer el acceso al recurso para millones de personas.

En estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde ya existen condiciones de estrés hídrico, esta demanda agrava la competencia por el agua entre industria, población y actividades agrícolas.

A esto se suma la contaminación de fuentes hídricas. Se han documentado más de mil casos en Estados Unidos vinculados al fracking, con presencia de hasta 750 sustancias químicas en los fluidos utilizados, incluyendo compuestos tóxicos como benceno y tolueno.

El llamado “fluido de retorno”, que emerge tras la fracturación, contiene además metales pesados y materiales radiactivos. Su manejo representa un desafío, ya que no existe un tratamiento efectivo y su disposición en pozos de inyección ha derivado en filtraciones hacia acuíferos.

Los efectos sobre la salud pública también preocupan. Investigaciones señalan que una proporción relevante de las sustancias utilizadas puede provocar cáncer, alteraciones endocrinas y daños neurológicos.

En zonas cercanas a pozos de fracking se han detectado niveles elevados de metano en agua potable y un aumento en riesgos asociados a la contaminación del aire.

En el ámbito climático, el fracking enfrenta críticas por sus emisiones de metano, un gas con un potencial de calentamiento significativamente mayor que el dióxido de carbono en el corto plazo.

Aunque el gas natural suele presentarse como una alternativa menos contaminante, las fugas durante su extracción pueden incrementar su huella climática, cuestionando su papel como combustible de transición.

Otro efecto documentado es la sismicidad inducida. La inyección de aguas residuales en el subsuelo ha sido vinculada con el aumento de sismos en regiones de Estados Unidos que históricamente no registraban actividad sísmica, lo que ha generado alertas sobre los riesgos geológicos asociados a esta práctica.

En el plano socioeconómico, especialistas advierten que el fracking puede afectar actividades como la agricultura, la ganadería y el turismo, al deteriorar los ecosistemas de los que dependen. Además, el tránsito intensivo de maquinaria pesada impacta la infraestructura local y la calidad de vida de las comunidades.

Finalmente, la viabilidad económica de esta técnica también está en entredicho. Datos de la propia industria en Estados Unidos indican que una gran proporción de los pozos no resulta rentable, debido a la rápida caída en la producción, la baja recuperación de hidrocarburos y los altos costos de inversión.

En México, donde cada pozo puede costar hasta 25 millones de dólares, estos factores representan un desafío adicional.

Ante este panorama, expertos coinciden en que el debate sobre el fracking no solo es técnico, sino también social y ambiental. La discusión se centra en si esta tecnología puede integrarse a una política energética sostenible o si, por el contrario, profundiza los riesgos en un contexto de crisis hídrica y climática.

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