A Roberto lo mató la indolencia de las instituciones

El ambientalista Roberto Chávez Bedolla fue despedido el 15 de abril en Madero, Michoacán, tras ser asesinado días antes. Durante años participó en acciones comunitarias para denunciar tala ilegal, cambio de uso de suelo y extracción irregular de agua en la región. / A Roberto lo mató la indolencia de las instituciones

A Roberto lo mató la indolencia de las instituciones

En la tarde del 15 de abril Roberto Chávez Bedolla hizo su último recorrido por este mundo. Partió del Terrenate, el hogar que fundó para su familia, a la iglesia franciscana de Etúcuaro y de ahí al panteón en donde lo recibió la madre tierra para integrarlo a las otras dimensiones del universo en las cuales seguirá habitando.

Cuando la banda de música que lo acompañaba tocó “Nadie es eterno en el mundo” me acordé cuando conocí a Roberto Chávez. En aquellos días en que aún se podía transitar con libertad por los caminos de Madero, hubo la queja de pobladores de que, en las inmediaciones de la sierra de Moreno y 15 pasos, al sur de Villa Madero, se estaba talando y haciendo cambio de uso de suelo para plantar aguacate.

Me saludó muy animado por la expectativa del recorrido y se montó, igual que yo en una de las varias camionetas para cumplir una misión cívica.

Estuvo ahí en la cancelación simbólica de un predio con tala ilegal y cambio de uso de suelo. Él, al igual que cientos, y con seguridad miles de maderenses, comprendía y comprenden, que la destrucción de los bosques es un absurdo y una estupidez porque las consecuencias son fatales para nuestra vida y para toda forma de vida. Que al hacerlo se mata el futuro de las generaciones venideras.

Lo recuerdo con nitidez en las varías mesas ambientales que se realizaron en Madero, cuando había condiciones de seguridad para ello, escuchando y comentando con los compañeros las solicitudes de intervención a las autoridades ambientales estatales y federales para detener la destrucción de los bosques.

Lo miré subiendo la empinada subida hacia la Pitaya haciendo grupo con más de 50 pobladores del Sangarro, Terrenate, Santas Marías y Villa Madero, para comprobar cómo una sola huerta concentraba el agua que debería abastecer a las comunidades de tierras abajo.

De esa intervención se alcanzaría un acuerdo con el dueño de la huerta, uno de los pocos conscientes que hay, para que en temporada de secas toda el agua del manantial quedara liberada para esos pueblitos. Ese logro tiene la huella de Roberto.

Cuando se secó el río Curucupatzeo él no dudó en participar con decenas de ciudadanos ambientalistas y el gobierno municipal para identificar las tomas ilegales de decenas de bombas que se robaban el agua de lo lechos de los arroyuelos y con ellos actuó para asegurar que el agua siguiera corriendo.

Luego con la colaboración de la Marina se recogieron aún más bombas sin permisos de Conagua y el río Curucupatzeo-Carácuaro recupero su cauce. Algo de eso se lo debemos a Roberto.

Con la participación de Roberto y de cientos de maderenses se pudieron realizar alrededor de 80 denuncias, la mayoría formalizadas, por tala ilegal, cambio de uso de suelo y robo de aguas nacionales. Ese límite se puso junto con Roberto.

Gracias a hombres y mujeres como Roberto Chávez Bedolla la conciencia ambiental ha prosperado entre los maderenses y gracias a ellos se ha puesto freno a la voracidad con la que se venía arrasando con los bosques y las aguas.

Las denuncias interpuestas por personas como Roberto Chávez Bedolla, sin embargo, no han sido vistas con buenos ojos por varios empresarios aguacateros y mucho menos por los grupos criminales que les brindan protección, al punto en que desde hace años han emprendido una campaña de amedrentamiento contra ambientalistas utilizando la difamación, las amenazas de muerte, el secuestro, intentos de levantones, ataques armados y ahora el asesinato. El crimen presume que eliminará a todos los ambientalistas de Madero.

A Roberto lo mató la indolencia de las instituciones. El gobierno tuvo información de la inminencia de un evento criminal desde días antes. Hubo reportes de la presencia de vehículos y gente armada rondando las casas del Sangarro y el Terrenate; en esos días se acentuaron las amenazas de muerte y no hubo respuestas. Las denuncias sobre riesgos inminentes contra los ambientalistas de esta localidad en particular venían haciéndose desde meses atrás. Uno de los amenazados era Roberto Chávez.  

Ahora que veía el cortejo fúnebre de Roberto rumbo a la tumba me cuestionaba sobre la absurdidad existencial de las instituciones. Él estaría vivo si el gobierno hubiera mandado la fuerza pública para disuadir a los criminales que se paseaban por el Terrenate y Sangarro presumiendo armas de alto poder, y también si el gobierno hubiera hecho caso de las tantas veces que se denunció le beligerancia criminal de sus hoy asesinos, pero no, su respuesta fue la omisión.

A Roberto lo mató la complicidad del actual gobierno municipal de Madero, que financia con recursos públicos al crimen organizado y sostiene al Director de Seguridad Pública que le impuso el narco para que obedeciera a sus intereses y no a los de la sociedad maderense.

Roberto Chávez Bedolla tenía cariño por la vida, creía en ella, por esa razón defendía el medio ambiente, que es la expresión plena de la vida; por esa razón entregaba su confianza a los amigos; por esa razón tuvo con su respetada esposa 10 hijos a quienes amaba.

Esa noche que lo asesinaron caminaba por la carretera solo. Como era hombre pacífico y de honor y a nadie había hecho dañó no creía en que lo fueran a emboscar y a asesinar a pesar de las amenazas. Él no debía nada, no portaba armas, sólo su arma espiritual la cruz que pendía de su cuello. Su delito frente a los cobardes criminales fue creer en la vida, en la legalidad y en la justicia.

Ahora que bajan su féretro a la tumba veo que la tierra lo recibe con los brazos abiertos, feliz por recibir a quien en su vida cuidó lo que ella, la madre tierra, ha creado para todos. Está recibiendo a un buen hijo y eso ya lo sabe Roberto. Su nueva casa está de gala.

En el panteón, entre los árboles que lo reciben perfumando el aire para mitigar la pena de los dolientes, se siguen tocando los acordes de “Nadie es eterno en el mundo”. Con tristeza recuerdo su letra: “Cuando ustedes me estén despidiendo/ Con el último adiós de este mundo/ No me lloren que nadie es eterno/ Nadie vuelve del sueño profundo … No lloren por el que se muere/ Que para siempre se va/ velen por los que se quedan/ Si los pueden ayudar.

¡Descanse en paz Roberto Chávez Bedolla!

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