La libertad de prensa también implica responsabilidad. Verificar datos, documentar relaciones de interés público y distinguir investigación de acoso son tareas centrales del periodismo. Andrés A. Solís analiza el caso de TV Azteca y los límites de perseguir a un particular para obtener una declaración. / Entre el periodismo y el acoso
Entre el periodismo y el acoso
Este martes 29 de septiembre tuve una muy buena charla con la periodista Florence Toussaint, a propósito de la publicación de su reciente libro “Adiós a Proceso”, en el que narra sus vivencias y experiencias a lo largo de 40 años de trabajo en una de las revistas más influyentes e importantes del México reciente.
Hablamos de la responsabilidad de hacer bien nuestro trabajo como periodistas. De verificar hasta el último dato antes de publicar cualquier información.
Pero también me platicó de su visión de los medios, siendo ella, durante muchos años, una periodista especializada en los medios electrónicos, en la radio y televisión.
Florence ponía como ejemplo de las peores prácticas de propaganda el caso del diario El Universal que manipuló una vieja entrevista con Carlos Monsiváis, con la perversa intención de montar una supuesta relación sentimental entre el periodista y escritor y el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Y yo agregaba en la conversación que este medio impreso nunca ofreció una disculpa por esa publicación.
Son prácticas que siguen deteriorando la confianza ciudadana hacia medios y periodistas. Por eso es importante hablar de ellas y no dejar que se diluyan.
Otro ejemplo reciente el de TV Azteca. En principio pareciera una buena labor de su reportero, pero no terminó de buena forma.
Varios medios de información han documentado la forma como Jorge Amílcar Olán Aparicio ha obtenido millonarios contratos, gracias supuestamente a su relación de amistad con los hijos del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, especialmente con Andrés Manuel López Beltrán.
Es importante aclarar que el dueño de esta televisora le declaró la guerra al actual régimen y esto contamina su línea editorial.
Su reportero contó entonces con recursos suficientes para viajar a Suiza, ubicar a Amílcar Olán y hasta allí todo pareciera periodísticamente valioso.
Reportero y camarógrafo comenzaron a seguir a Olán por las calles con la intención de que les diera una declaración, lo que el personaje rechazó y como muchas personas, puso su mano para tapar la cámara… y esto se convirtió en “la nota” para TV Azteca.
Periodistas han documentado conductas sospechosas de este empresario y podría estar vinculado a actos de corrupción, lo que vuelve al caso un tema de interés público.
Sin embargo, aunque resulte chocante para algunas personas, Amílcar Olán es un particular que no está obligado a dar ninguna declaración a ningún medio ni a responder a periodistas sobre si está involucrado o no en probables hechos delictivos.
Ninguna persona está obligada a darnos entrevistas, a menos que sea una persona funcionaria pública, que sí está obligada por ley a la transparencia y la rendición de cuentas.
El trabajo de periodistas es seguir documentando estas relaciones sospechosas entre agentes del Estado y particulares que se benefician de ello, pero perseguir en la calle a un particular no es periodismo y más bien raya en el acoso.






