Las plantaciones aguacateras en Michoacán pasaron de 13,000 a más de 266,000 hectáreas entre 1974 y 2024 — una expansión que en las últimas dos décadas ha avanzado directamente sobre cubierta forestal, generando deforestación, escasez de agua y conflictos sociales, se señala en un informe publicado en diciembre 2025. / Las plantaciones aguacateras en Michoacán pasaron de 13,000 a más de 266,000 hectáreas entre 1974 y 2024

Las plantaciones aguacateras en Michoacán pasaron de 13,000 a más de 266,000 hectáreas entre 1974 y 2024
Por. en15dias.com / Con información del CIGA
En cincuenta años, las huertas de aguacate en Michoacán se multiplicaron más de veinte veces. Lo que en 1974 era apenas 13,000 hectáreas de cultivo concentrado en pocas zonas del estado, en 2024 alcanzó 266,109 hectáreas — un territorio equivalente a más de dos veces la ciudad de Ciudad de México.
El estudio Expansión de la frontera agrícola del aguacate en la franja aguacatera de Michoacán, México, 1974-2024, elaborado por Luis Miguel Morales Manilla, Luis Andrés Espino Barajas, Azul Mariel Dueñas Cabrera, Jairo Gabriel López Sánchez, Paz del Carmen Coba Pérez, Gabriela Cuevas García y Alejandro Reyes-González —investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, adscritos al Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental y a la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia— analiza el crecimiento territorial del cultivo de aguacate a lo largo de cinco décadas, documentando la expansión de la frontera agrícola en Michoacán y sus implicaciones ambientales, territoriales y productivas en una de las regiones más dinámicas del país.
Se destaca que en las primeras dos décadas del período estudiado, de 1974 a 1995, la expansión fue relativamente moderada: alrededor de 2,166 hectáreas nuevas por año. Pero con la apertura del mercado estadounidense al aguacate mexicano, el ritmo se aceleró de forma dramática.
Para 2007 ya se plantaban más de 4,500 hectáreas anuales, y entre 2007 y 2011 ese número se disparó a más de 10,000 hectáreas por año — más de cuatro veces el ritmo de las décadas anteriores.
Aunque la velocidad se moderó ligeramente después de 2011, el avance no se ha detenido: entre 2018 y 2024, el aguacate siguió ganando en promedio unas 8,500 hectáreas cada año.

Lo que cambió en las últimas dos décadas no fue solo la velocidad, sino la dirección de ese avance. Mientras que en las primeras etapas la expansión se producía principalmente sobre terrenos agrícolas y pastizales, desde principios del siglo XXI las huertas comenzaron a invadir de forma sistemática áreas boscosas.
La consecuencia es una deforestación creciente que arrastra consigo pérdida de biodiversidad, disminución de caudales de agua, contaminación de suelos por agroquímicos e impactos en la salud pública de comunidades cercanas a las zonas de producción intensiva.
“Los precios de mercado, la falta de regulación efectiva, la protección ineficaz de los bosques y la presencia del crimen organizado han sido los principales responsables de este crecimiento acelerado”, se señala en el documento.
A ese daño ecológico se suman tensiones sociales cada vez más graves. La presencia del crimen organizado en distintos eslabones de la cadena productiva ha convertido a algunos municipios de la franja aguacatera en escenarios de violencia e inseguridad.
Los conflictos por la tierra, antes circunscritos a disputas entre productores y comunidades forestales, hoy involucran actores con capacidad de ejercer coerción sobre agricultores, jornaleros e incluso funcionarios locales.

PRESIÓN INTERNACIONAL SOBRE EL “ORO VERDE”
La situación ha comenzado a generar respuestas tanto dentro como fuera de México. En 2024, el gobierno de Michoacán lanzó la plataforma Guardián Forestal, un sistema de vigilancia satelital que monitorea diariamente las zonas de cobertura forestal y permite presentar denuncias contra los productores responsables de cambios de uso de suelo ilegales.
En el plano académico y civil, un informe de la organización Climate Rights International publicado en 2023 documentó con detalle los costos ambientales y humanos de la producción intensiva de aguacate.
A nivel internacional, la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte —creada en el marco del acuerdo ambiental entre México, Estados Unidos y Canadá— presentó en 2023 una queja formal por los daños al entorno provocados por la expansión aguacatera.
La respuesta del gobierno mexicano fue tibia: solicitó la elaboración de un registro de hechos, pero sin tomar medidas concretas adicionales. Por su parte, el Senado de Estados Unidos ha explorado legislación para restringir la importación de aguacates producidos en tierras deforestadas.

En Europa, la amenaza regulatoria es igualmente relevante. El Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación podría incorporar próximamente al aguacate en su lista de productos sujetos a restricciones de importación — una medida que afectaría no solo a las exportaciones por deforestación directa, sino también por degradación forestal, un criterio más amplio que hasta ahora rara vez se aplica en este contexto.
Para documentar esta historia, el equipo del CIGA-UNAM empleó una metodología rigurosa basada en la interpretación visual de imágenes aéreas y satelitales para seis momentos distintos: 1974, 1995, 2007, 2011, 2018 y 2024.
En los años más tempranos se utilizaron fotografías aéreas en blanco y negro que debieron ser escaneadas, georreferenciadas y procesadas fotogramétricamente para construir ortofotos utilizables.
Para los años más recientes, el equipo trabajó con imágenes de satélite de altísima resolución —hasta 30 centímetros por píxel en algunas zonas— disponibles en plataformas como Google Earth y ESRI Wayback.
En todos los casos, la identificación y digitalización de los límites de cada huerta se realizó de forma manual. Los investigadores optaron por descartar los métodos semiautomáticos de clasificación de imágenes, que resultaban poco confiables para distinguir huertas jóvenes de pastizales o terrenos baldíos.
El error de comisión en los tres mapas más recientes se mantuvo por debajo del uno por ciento, verificado mediante trabajo de campo. Los resultados completos pueden explorarse de forma interactiva en el mapa en línea que acompaña la publicación.
El estudio concluye que, mientras no existan mecanismos efectivos de regulación del cambio de uso de suelo — acompañados de voluntad política real para aplicarlos —, la expansión del aguacate sobre el bosque michoacano continuará.






