Los informes ambientales que la CFE entrega para acreditar que su operación geotérmica no afecta al medio ambiente presentan similitudes que despiertan dudas sobre su rigor técnico. Especialistas advierten omisiones en el monitoreo del agua, el aire y otros indicadores clave. / Informes ambientales de CFE “parecen fotocopias”; revelan irregularidades en validación ambiental de planta geotérmica

Informes ambientales de CFE “parecen fotocopias”; revelan irregularidades en validación ambiental de planta geotérmica
Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
3 de agosto de 2026
Los informes semestrales y anuales que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) está obligada a presentar ante la Secretaría de Medio Ambiente para demostrar que su operación geotérmica no genera daño ambiental son, en los hechos, documentos prácticamente idénticos entre sí que no monitorean la calidad del agua ni del aire que consume la población circundante, según reveló el doctor Pedro Corona Chávez, en entrevista con en15dias.com.
El investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo precisó primero el marco legal que sustenta la exigencia de estos documentos.
“La Comisión Federal de Electricidad está obligada por ley a presentar informes semestrales y sobre todo anuales para que de acuerdo a la Ley General de Ambiente demuestre el no impacto de su operación, como lo hace cualquier industria extractiva en todo el país y en todo el mundo”, señaló posterior a la conferencia de prensa que ofrecieron las comunidades del oriente de Michoacán.
INFORMES BAJO RESERVA DURANTE AÑOS
El investigador explicó que la solicitud de estos reportes no es reciente. “Nosotros lo solicitamos desde hace pues desde las primeras reuniones y siempre fueron manejadas como información confidencial, como información privada, nunca fueron accesibles”.
Durante todo ese tiempo, dentro de las mesas de trabajo, la información permaneció fuera del alcance de las comunidades y de los propios investigadores, el acceso a ellos sólo se logró tras una gestión concreta del Consejo Supremo Indígena.
“En los últimos meses a través de la petición concreta del Consejo Supremo Indígena se llegó al acuerdo de que se solicitara por transparencia, lo solicitó la Secretaría de Medio Ambiente y cumplió su palabra el secretario entregando básicamente 15 informes que cubren el cómo se ha validado no impacto ambiental desde 2020 a 2025”.
Corona Chávez subrayó también un dato relevante sobre la evolución del contenido de estos documentos: fue a partir de 2021 cuando los informes «comienza a considerar todos los elementos posibles de contaminación, es decir, atmosféricos, fluidos, manejo de residuos, ruido incluso en suelos.» Esto significa que, antes de esa fecha, ni siquiera existía un intento de cobertura integral de los distintos factores de impacto ambiental, y que la ampliación de rubros analizados coincide justamente con el inicio de las pláticas entre la empresa y las comunidades.
El investigador fue enfático en señalar que, desde los primeros análisis independientes realizados por su equipo, ya existían indicios claros que contradecían la narrativa de cumplimiento de la CFE.
“Desde los primeros informes que nosotros realizamos encontramos los indicios de defectos en su operación y una relación inmediata con un impacto ambiental con pérdida de emisión de fluidos, gases y líquidos”, acotó el investigador de la UMSNH.
MUESTREOS DE AGUA, PERO NO DE CONSUMO HUMANO
Sobre los 67 manantiales muestreados, Corona detalló que “el 75% de los manantiales tienen que ver con agua termal, agua del campo geotérmico, no agua de consumo humano”.
Aclaró además que el resto de los puntos de muestreo corresponde también a manantiales termales ubicados en los alrededores del campo geotérmico, cuyo interés para la empresa no es sanitario sino operativo: “hay un factor muy importante que ellos tienen que mantener una temperatura de operación”.
Es decir, explicó, “no es tanto que les importara realmente la calidad de agua de consumo humano, sino cuál es la temperatura que se registra dentro del campo geotérmico y fuera del campo geotérmico”.
Según el investigador, la propia CFE reconoció abiertamente esta prioridad en un encuentro reciente con las comunidades. “Ellos ya lo declararon en la última reunión en San Matías dijeron claramente que no era objetivo básicamente muestrear para ver la calidad de agua de la gente”.
Se trata, subrayó Corona, de una admisión directa por parte de la empresa de que el propósito de sus muestreos hídricos no es la protección sanitaria de la población, sino el control técnico de su propio proceso industrial.
MONITOREO DE AIRE, SOLO DENTRO DE LA PLANTA
En materia atmosférica, la empresa cuenta con seis centros de monitoreo de ácido sulfhídrico, el H2S, según explicó Corona. Sin embargo, todos ellos están ubicados dentro del propio campo geotérmico.
“Estas seis están todas dentro también del campo geotérmico, no hay ninguna en la población circundante, por lo tanto no se sabe qué aire respira la gente”.
El investigador añadió que las omisiones no se limitan al H2S. También señaló ausencia total de vigilancia sobre otros contaminantes relevantes.
“No se tiene monitoreo de dióxido de carbono, no se tiene muestreo del tamaño de la partícula que todos sabemos que debajo de PM10, de 10,000 peras, pues ya comienza a ser un problema ambiental. No se tiene ningún monitoreo”.
Es decir, ni el CO2 ni las partículas finas, reconocidas ampliamente como riesgo respiratorio, forman parte de ningún protocolo de vigilancia ambiental de la empresa en la zona.
SUELO Y RESIDUOS: EVIDENCIA MÍNIMA
Para el rubro de suelo, la «evidencia» presentada por CFE consiste, según describió el investigador, en «costales de tierra que colocan para que se contenga el suelo», sin que exista ningún muestreo técnico que respalde la ausencia de contaminación.
En cuanto al manejo de residuos tóxicos, el respaldo documental es igualmente limitado: «hay botes de pintura que van subiendo en un camión y un recibo del ayuntamiento que los estaría recibiendo», es decir, un oficio municipal que certifica la recolección, pero sin ningún análisis sobre la naturaleza o el manejo previo de esos residuos.

“PARECEN FOTOCOPIAS”
Al describir el contenido de los 15 documentos, el investigador fue contundente: “la sorpresa es de que parecen fotocopias. Los 15 informes tienen más o menos la misma redacción. Es un copiar y pegar, varían algunos datos”.
Esta observación, señaló, aplica de manera transversal a prácticamente todos los rubros evaluados en los reportes, desde los datos de muestreo hasta las conclusiones finales de cada documento.
“¿Qué encontramos en los informes? De manera muy sintética, yo te diría, la sorpresa es de que parecen fotocopias. Los 15 informes tienen más o menos la misma redacción. Es un copiar y pegar, varían algunos datos”.
Corona insistió en que esta lógica de “cumplir por cumplir” se repite de manera sistemática en la documentación. “Esto se hace para cumplir, sí varían estos datos alrededor de la planta geotérmica y también las conclusiones es un copiar pegar en todos los informes. Resulta que nunca hay ningún problema”.
El patrón, dijo Corona, se repite de manera uniforme en cada uno de los rubros considerados fundamentales dentro del análisis ambiental: «todo concluye pues en cada una de estos rubros, digamos, fundamentales de medio ambiente que no hay ningún problema.
Incluso, señaló, tres de los quince informes incluyen una tabla en la que se presenta, de manera ejemplar, el cumplimiento total de todos los indicadores evaluados.
“Hay como en tres de los informes una tabla donde hay una de manera ejemplar que cumplen 100% con todo. Es decir, casi como decir carro completo”.
CONTRADICCIONES CON HALLAZGOS DE CAMPO
Frente a este panorama documental, Corona contrastó los resultados oficiales con la evidencia recabada de manera directa junto con las comunidades desde el inicio del proyecto de investigación.
“Desde el principio les mostramos el origen de las pérdidas de emisión. Válvulas que pierden por goteo, los comuneros nos llevan donde hay desbordes de sus presas de enfriamiento, hay residuos sólidos que están colocados a lo largo del parteaguas y que por lo tanto habrá una dispersión de los elementos que nosotros analizamos y tienen alta toxicidad”.
Esta contradicción directa entre lo observado en campo y lo reportado oficialmente llevó al investigador a cuestionar de fondo el proceso mismo de validación institucional: “esto implica que entra en contraposición con estos informes, ¿qué es lo que realmente ha validado entonces Profepa y Semarnat?”.
PROFEPA DETECTÓ FALLAS, PERO LA VALIDACIÓN FUE EXTERNA
Corona explicó que existe información complementaria proveniente de una visita realizada por Profepa en febrero de este año, solicitada por la propia CFE.
“Hubo una información que concede Profepa en febrero de este mismo año, en el cual se hizo una visita y Comisión Federal de Electricidad les pide que se acerque, Profepa entra y Profepa emite un reporte de esa visita”. De dicho reporte, dijo, se desprenden dos señalamientos fundamentales.
El primero de ellos es que “al menos el 35% de las presas de enfriamiento no tienen obviamente condiciones de operación actual», lo que llevó al investigador a plantear una pregunta retórica sobre el estado histórico de esa infraestructura: «uno se pregunta hace 40 años cómo estaban”.
Corona explicó además el contexto técnico de estas presas. Se trata de “grandes piscinas casi olímpicas que tienen agua geotérmica que ellos tienden a enfriar a 40 grados previo a su inyección” y que contienen, según indicó, “altas concentraciones de elementos potencialmente tóxicos”.
Aclaró también que fue justamente a partir del inicio de las pláticas con las comunidades cuando la empresa comenzó a realizar mejoras visibles en esta infraestructura, “a colocar cemento, a colocar digamos las condiciones de una presa de enfriamiento”.
El segundo señalamiento tiene que ver con el mecanismo mismo de validación de los informes. De acuerdo con la documentación entregada, “pareciera que Profepa valida a través de una empresa ambiental que se considera externa que valida los documentos que entrega Comisión Federal de Electricidad”.
Para Corona, este hallazgo resulta especialmente relevante porque toca directamente el protocolo de validación.
“Esto significaría el protocolo de validación. Es crucial, fundamental. Esto significaría y la pregunta sería, ¿han validado a través de auditorías externas? ¿O cómo han ido a validar todos estos elementos de atmósfera, suelo, aire, residuos? ¿Los han ido a ver? ¿Con qué base, con qué datos?”.
Para el investigador, el conjunto de hallazgos evidencia “una escasa verificación” detrás del discurso institucional de la CFE, resumido, dijo, en una frase que la empresa ha repetido con insistencia: “esto nos demuestran que ha habido una escasa verificación para poder validar y darle lo que CFE con muchísima prepotencia siempre ha dicho, ‘Nosotros cumplimos, no nos molesten.’”
Corona señaló que, de cara a los resultados de esta mesa de trabajo, es previsible que las comunidades exijan una inspección correctamente realizada. Sin embargo, planteó una preocupación adicional sobre el propio mecanismo de verificación: que la revisión vuelva a recaer en una empresa externa cuya auditoría, como ocurrió en este caso, se limite a apenas 16 horas de trabajo de campo para validar la totalidad de los rubros ambientales.
El investigador cerró su intervención extendiendo la pregunta más allá del caso analizado, hacia el resto de las operaciones de la paraestatal en el país: “¿qué es lo que está ocurriendo en otras plantas geotérmicas del país? ¿En las carboeléctricas de Comisión Federal de Electricidad? Claro, es una paraestatal, por eso tiene ciertos, no sé, preferencias. No lo sabemos”.






