El mundo entra en “bancarrota hídrica”; los daños irreversibles en sistemas de agua

El mundo ha entrado en una etapa de “bancarrota hídrica”, donde el uso del agua supera su capacidad de renovación. Un informe de la ONU advierte sobre daños irreversibles en ríos, acuíferos y glaciares, con impactos directos en la seguridad alimentaria, la economía y la estabilidad social global. / El mundo entra en “bancarrota hídrica”; los daños irreversibles en sistemas de agua

El mundo entra en “bancarrota hídrica”; los daños irreversibles en sistemas de agua

Por: en15dias.com / Con información informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas

El planeta ha dejado atrás la fase de “crisis del agua” para entrar en una etapa más grave y estructural: la bancarrota hídrica global, donde el consumo humano ha rebasado de forma sostenida la capacidad natural de renovación de los sistemas acuáticos, advierte el más reciente informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).

El documento señala que en numerosas cuencas y acuíferos del mundo se ha sobreexplotado tanto el “ingreso” anual de agua —lluvia, ríos y escurrimientos— como las reservas acumuladas durante siglos, como aguas subterráneas, glaciares y humedales.

Este desequilibrio ha provocado daños que, en muchos casos, ya no pueden revertirse en escalas de tiempo humanas.

A escala global, las cifras reflejan la magnitud del problema. Cerca del 75% de la población vive en países con inseguridad hídrica, más de 2 mil 200 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura y alrededor de 4 mil millones enfrentan escasez severa al menos un mes al año.

El deterioro de los sistemas hídricos es generalizado. Más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido volumen desde la década de 1990, numerosos ríos dejan de llegar al mar durante parte del año y alrededor del 70% de los principales acuíferos presentan tendencias de agotamiento.

A ello se suma la pérdida masiva de humedales —estimada en 410 millones de hectáreas en los últimos 50 años— y la reducción acelerada de glaciares, que han perdido más del 30% de su masa desde 1970.

El informe también alerta sobre la degradación de la calidad del agua. La contaminación por descargas urbanas, industriales y agrícolas está reduciendo la proporción de agua realmente utilizable, incluso en regiones donde los volúmenes aparentes no han disminuido significativamente.

En este contexto, la agricultura —responsable de cerca del 70% del uso global de agua dulce— enfrenta una presión creciente. Más de la mitad de la producción alimentaria mundial se ubica en zonas donde las reservas hídricas están en declive, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria y los medios de vida de miles de millones de personas.

El estudio introduce además el concepto de “sequías antropogénicas”, fenómenos impulsados no solo por la variabilidad climática, sino por la sobreexplotación, la degradación del suelo y el cambio climático. Estas condiciones han elevado los costos económicos de las sequías a más de 300 mil millones de dólares anuales a nivel global.

A diferencia del enfoque tradicional, que entiende la escasez como un problema temporal, el informe distingue entre estrés hídrico, crisis y bancarrota.

Esta última implica un estado en el que los sistemas han perdido su capacidad de recuperación, lo que obliga a replantear completamente su gestión.

Ante este escenario, la ONU plantea la necesidad de abandonar las respuestas centradas en la emergencia y transitar hacia un modelo de “gestión de bancarrota hídrica”, que incluya la reducción del consumo, la reasignación de derechos de uso, la transformación de sectores intensivos en agua y la adaptación a nuevos límites ambientales.

El informe subraya que el desafío no es únicamente ambiental, sino también social y político.

Los impactos de la escasez recaen de manera desproporcionada en comunidades rurales, población vulnerable y regiones con menor capacidad de adaptación, lo que incrementa riesgos de desigualdad, migración y conflicto.

Finalmente, el organismo internacional advierte que el reconocimiento de esta nueva realidad es clave para redefinir la gobernanza del agua a nivel global, en un contexto donde su disponibilidad condiciona directamente la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la sostenibilidad de los ecosistemas.

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