Ante el umbral del abismo

La COP 30 pasó desapercibida mientras los indicadores ambientales muestran un deterioro acelerado del planeta. En su columna, Julio Santoyo analiza el estancamiento de gobiernos y sociedades frente a la crisis climática y plantea la urgencia de conocimiento, ciencia y políticas sostenibles.


Ante el umbral del abismo
Julio Santoyo Guerrero
*

Siempre que utilizo una expresión extrema, digamos apocalíptica, para referirme a la salud actual del planeta trato de cuestionarme acerca de la objetividad de lo dicho. Sin embargo, no encuentro razones optimistas para decir, por ejemplo, que la salud planetaria está suficientemente equilibrada como para reconocer que no hay razones para preocuparse.

Para la mayoría de quienes habitamos el planeta pasó desapercibida la COP 30, es más creo que muy pocos saben el significado de sus siglas y menos conocen si lo que en esas cumbres se discute y se aprueba tiene alguna relevancia para sus vidas presentes y futuras.

Este distanciamiento entre sociedad y problemática medio ambiental, expresado como apatía e irrelevancia ante el fenómeno, es ya en sí un síntoma preocupante de la debilidad de la respuesta global ante la crisis climática en curso. Parece que culturalmente estamos desarmados.

Es cómo si un ingeniero diagnosticara que nuestra casa está a punto de colapsar porque a simple vista se ven las fracturas en los cimientos, los castillos y las trabes, y nosotros optáramos por ignorarlo porque aún no se ha caído.

Las COP reúnen a científicos expertos conocedores de la salud del planeta y a tomadores de decisiones en la mayoría de las naciones del mundo. El diagnóstico que la COP tiene sobre masas boscosas, disponibilidad de agua, comportamiento climático o la evolución de la temperatura de la tierra, no es optimista. Más bien todo lo contrario, cada año reportan cómo los indicadores de la salud planetaria van retrocediendo.

Pero más grave aún es que los gobiernos del mundo no logran ponerse de acuerdo en las medidas que deben adoptarse para modificar la ruta que nuestra civilización está siguiendo. Por ejemplo, desde el 2015 en que se aprobó el Acuerdo de París y se tomó la decisión de detener el calentamiento global y retirar gradualmente los combustibles fósiles, no se han podido tener avances reales, todo se ha quedado en el papel. La temperatura planetaria sigue ascendiendo.

Por eso justifico la crudeza del título de esta columna. Estamos en el umbral del abismo, pero muy pocos han tomado conciencia de la gravedad de este hecho. Esa actitud presentista, muy propia de los tiempos actuales, que se ciega ante las proyecciones del futuro y se solaza de manera exclusiva con los dones del día, es una de las debilidades que más alto costo representa para la humanidad.

Si la COP tiene décadas de estancamiento es porque los gobiernos de las naciones están estancados y porque las sociedades también están paralizadas frente a la agenda ambiental. Más aún, ese estancamiento está determinado por los intereses económicos de quienes, por supuesto, no quieren mover ni sus métodos ni sus tecnologías, ni modificar sus mercados, y porque hacer negocios con la naturaleza, de la manera en que lo están haciendo, les representa ganancias extraordinarias. Para ellos el presente lo es todo, el futuro deprime el mercado.

La visibilidad mundial que tiene el estado del planeta no se corresponde con la gravedad que los estudios científicos están reportando. Hay gobernantes y ciudadanos que siguen creyendo que el planeta es y seguirá siendo capaz de asimilar y sobreponerse a la actividad económica desmedida, insostenible, de más de 8 mil millones de homo sapiens.

Sostengo que la humanidad debemos encarar varios desafíos para salir del estancamiento en que se encuentra la agenda ambiental y el cuidado del planeta. Esta visión la compartí este sábado 29 en el evento “Ciudades inteligentes, un milenio tecnológico” que organizó la Asociación Civil Eoikostec, en el patio del Congreso del Estado. Les comparto solo tres.

El primero está asociado con el saber y la difusión. Todos debemos acceder a los saberes disponibles sobre el estado actual del planeta. Sin saberes pertinentes no podremos hacernos de una cultura que oriente la respuesta ciudadana e influya en los gobiernos.

Un segundo desafío consiste en desideologizar la agenda ambiental. El fenómeno ecológico que muestra los desequilibrios es un hecho, sin más, que debe admitir en primer lugar la valoración de la ciencia para la toma de decisiones. El negacionismo es la respuesta más insensata que se puede dar, por ejemplo, para el calentamiento global.

Un tercero, tiene que ver con la urgencia de políticas sostenibles que permitan una convivencia positiva entre humanos y naturaleza, entre sociedad y economía, que le dé una perspectiva preventiva y correctiva a la acción gubernamental. El futuro del planeta, para que haya ese futuro, habrá de ser sostenible o no lo será. Lo más inteligente que se puede ser en este presente, que mira hacia el futuro, es la sostenibilidad.

Están llegando los tiempos en que será imperioso, cuando nos reconozcamos ante ese abismo, tener un saber de porqué está ocurriendo la crisis y una idea de cómo actuar, junto a todos y junto al planeta para mitigar o corregir el daño que proviene de nosotros.


Ante el umbral del abismo

¿Quién es?

*Julio Santoyo Guerrero

Es consejero del Consejo Estatal de Ecología de Michoacán e Integrante del Consejo Promotor de Área Natural Protegida en Madero, sur de Morelia y Acuitzio del Canje.


Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales y socioterritoriales, salud comunitaria, derechos humanos, política ambiental y periodismo.


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