La crisis del agua avanza hacia una posible “bancarrota hídrica global”, como advierte la Organización de las Naciones Unidas. Deforestación, sobreexplotación y modelos económicos intensivos aceleran el deterioro de los sistemas hídricos y amenazan el acceso al agua en las próximas décadas. / Bancarrota hídrica
Bancarrota hídrica
A la velocidad que vamos en veinte años el acceso al agua será el propósito más difícil de cumplir. La imagen de riachuelos con agua clara y limpia solo existirá en el recuerdo, en fotografías y pinturas de un pasado perdido.
El agua está presente en todas las actividades de la especie humana y en todas las formas de vida que pueblan el planeta tierra.
Tener o no tener el agua ha determinado el destino de la humanidad; las ciudades y todos los asentamientos humanos han previsto el abastecimiento de ella; en las guerras el agua ha sido factor estratégico para ganar una batalla y hasta una guerra.
Donde hay agua hay alimentos y con ellos estabilidad social, salud pública y el ejercicio del gobierno sobre los demás. La carencia de ella ha quebrado civilizaciones y disparado la guerra, la miseria y la muerte.
Cualquier tipo de desarrollo camina con pies de agua. La industria, la minería, la agricultura, el comercio, todos necesitan agua y si es agua de calidad, mucho mejor. Ninguna familia sobrevive sin agua. Que las repúblicas, entre ellas la nuestra, reivindiquen el agua como una cuestión de seguridad nacional, no es fraseología romántica, es el reconocimiento consensuado de que su carencia necesariamente supone el colapso de las repúblicas y la destrucción de la civilización.
El cuidado y estima que deba tenerse sobre ella define el grado de evolución al que ha llegado una sociedad. Siendo el factor determinante para la vida de cada persona y de todos los grupos humanos el agua debe ser colocada en el centro del cuidado humano.
Conocer los secretos del agua debe considerarse como un saber imprescindible para poder aspirar a que la existencia tenga cimientos firmes. Si no se conocen los saberes del agua, la posibilidad de la vida es mera especulación.
Que muchos pueblos de la antigüedad, e incluso algunos de la época actual, designen al agua como ente sagrado y le concedan trato religioso, tiene todo el sentido. Reconocen en ella la fuente de la vida y de la prosperidad de sus sociedades, reconocen que su aliento vital depende de ella.
La desventaja de las sociedades contemporáneas es que solo la reconocemos como mercancía, como materia prima para los productos, para las marcas; la tratamos como si fuera un elemento disociado de la naturaleza de la vida; la usamos y la desechamos contaminada y cuando la valoramos lo hacemos solo desde el precio, la técnica y la productividad; la percibimos como un elemento mecánico más de una máquina diseñada para la generación de riqueza.
La disponibilidad efectiva de agua dulce para la humanidad se ha venido estrechando al punto en que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha declarado a esta realidad como “bancarrota hídrica global” y advierte que más del 70% de los acuíferos del planeta están en declive; advierte, además, que por decenio se ha venido perdiendo el 7% la disponibilidad de agua renovable.
Hay una tendencia en materia de política pública hídrica que atiende esta realidad desde la certeza de que basta con construir sistemas de almacenamiento para optimizar y democratizar su uso. Una medida así lograría almacenar el agua en donde la haya y estadísticamente afirmar que tiene reservas de tantos millones de metros cúbicos, la gran pregunta es y cómo se resolverá el problema cuándo ya no haya agua que capturar, como ya está ocurriendo.
Conocer los saberes que explican el fenómeno natural nos daría la respuesta. La respuesta, sin embargo, muchos no la querrán saber. Si cada vez tenemos más millones de hectáreas con deforestación y cambio de uso de suelo, como es el caso de Michoacán, el daño a los ciclos del agua habrá sido fatal y ahora tendremos ciclos debilitados que aportará menos agua.
Y si a ello agregamos que el mercado, como avalancha caótica, pide más deforestación y más agua para incrementar la rentabilidad de las empresas productoras en la industria y en la agricultura, y los gobiernos se doblan ante esos poderes, entonces tenemos una crisis agravada, tenemos una bancarrota hídrica estatal, como lo conceptualiza la ONU, con todos los riesgos para la existencia vital de los ecosistemas, el derecho humano de las personas y la gobernanza.
También la ONU reconoce que la recuperación de zonas freáticas camina muy por atrás, a lentísima velocidad, frente a la caída de los sistemas hídricos naturales.
Por eso la observación, bien fundada en lo que hasta ahora hay, de que dentro de veinte años las condiciones para acceder al agua será un propósito muy difícil de cumplir y en consecuencia la cercanía de una crisis existencial civilizatoria estará a la vuelta de la esquina.






