“El periodismo ambiental debe ser portavoz de la esperanza”: Alejandra Valenciano

La fundadora de Otra Marea reflexiona sobre los desafíos del periodismo independiente y la necesidad de politizar la crisis ambiental. “El periodismo ambiental debe ser portavoz de la esperanza”: Alejandra Valenciano

“El periodismo ambiental debe ser portavoz de la esperanza”: Alejandra Valenciano

Por Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
enero 2026

Alejandra Valenciano, fundadora de Otra Marea, compartió el origen y desarrollo de este proyecto de periodismo independiente, al que definió como el resultado de una búsqueda personal, profesional y territorial.

En entrevista para en15dias.com, la periodista explicó que el medio surge en un contexto donde las agendas periodísticas crecen en temas, pero no siempre encuentran espacio en los grandes medios de comunicación.

I. “MUCHO PERIODISMO EN EL PECHO…”
“SE ME SALIÓ DE LAS MANOS”

Alejandra Valenciano no planeaba fundar un medio de comunicación. Simplemente no podía contener “tanto periodismo en el pecho”. Así nació Otra Marea en 2020, en plena pandemia, como un blog personal que se convirtió en un proyecto que, según sus propias palabras, “se me salió de las manos”.

La periodista tapatía, quien estudió en Guadalajara pero encontró el periodismo que quiere hacer en Puerto Vallarta, representa una nueva generación de comunicadores que han optado por el periodismo independiente ante la crisis de los medios tradicionales.

“Después de salir de la universidad me di cuenta que ahí no iba a sentir nada de lo que yo estaba buscando porque finalmente los medios cubren las agendas de partidos y esta declaracionitis”, explica.

Valenciano  relató que la creación del proyecto no respondió a una estrategia empresarial ni a un plan previamente diseñado, sino a un proceso íntimo que fue tomando forma con el tiempo.

“Es algo muy personal, como creo que todo lo que hago y he aprendido también como aceptarlo y reivindicarlo. Por la forma en la que nos enseñan el periodismo, y que siempre es como separar lo que tú sientes de la realidad”.

La periodista explicó que Otra Marea nació de un interés profundamente personal y de una pasión por el oficio que, durante un tiempo, permaneció contenida. Señaló que desde su formación profesional se asumió como alguien apasionada por el periodismo y recordó que su decisión de estudiar la carrera no estuvo motivada por razones laborales o económicas.

Desde sus primeros acercamientos al oficio, Valenciano identificó que su vínculo con el periodismo estaba ligado a la emoción y a la experiencia de lectura, más que a una lógica de mercado o de proyección profesional.

“Yo soy una apasionada del periodismo y me gusta mucho hacerlo”, señala.

Tras egresar de la universidad, Valenciano tuvo un paso por medios de comunicación tradicionales. Esa experiencia, explicó, le permitió identificar con claridad que ese espacio no correspondía a lo que estaba buscando como periodista ni como ciudadana.

Según relató, en ese periodo comprendió que gran parte de la cobertura mediática se concentraba en agendas políticas y partidistas, lo que la llevó a replantearse su lugar dentro del oficio.

“Después de salir de la universidad me di cuenta que ahí no iba a sentir nada de lo que yo estaba buscando, porque finalmente los medios cubren las agendas de partidos y esta declaracionitis”.

A partir de esa reflexión, comenzó a asumir el periodismo como una práctica vinculada al poder y a su propia posición como ciudadana. Desde ahí, cuestionó la centralidad de ciertos discursos y la ausencia de problemáticas cotidianas en la agenda mediática.

Ese cuestionamiento la llevó a buscar otros caminos y a tomar decisiones personales que marcarían el rumbo de Otra Marea.

“Yo asumo el periodismo también como un asunto de poder y, al yo ser una ciudadana normal, decía: ‘A ver, ¿y por qué no estamos hablando de esto? ¿Qué me importa lo que dijo el líder de tal partido? Yo quiero hablar de los problemas de la gente’”.

En ese proceso de búsqueda, Valenciano decidió salir de Guadalajara, ciudad donde nació y creció. Describió su lugar de origen como un entorno urbano dominado por el concreto, del cual necesitaba tomar distancia para entender mejor lo que estaba buscando.

Así fue como llegó a Puerto Vallarta, una decisión que, según explicó, no estuvo guiada por un plan claro, sino por una intuición personal.

“Yo nací en Guadalajara, la ciudad, puro concreto. En esta búsqueda me voy a Puerto Vallarta un poco sin tener claro nada, solo sabía que estaba buscando algo. Ya después me di cuenta que ahí estaba”.

Al instalarse en Vallarta, una ciudad costera de Jalisco, Valenciano señaló que el entorno territorial y ambiental fue determinante para reafirmar una vocación que ya venía construyendo. En ese contexto, muchas piezas de su historia personal comenzaron a adquirir sentido.

Incluso, dijo, aspectos de su historia familiar se resignificaron a partir de esa experiencia.

“Es una ciudad media de Jalisco, con costa muy diversa, y como que eso me dio la vocación que ya había estado buscando. De repente muchas cosas tuvieron sentido, hasta un poco mi historia familiar”.

La periodista recordó que sus padres provenían de municipios de Jalisco y migraron a la ciudad con la idea de que la industrialización ofrecía respuestas a sus problemas. Esa narrativa, explicó, fue parte del contexto que influyó en su forma de entender el territorio y la naturaleza.

Desde Vallarta, comenzó a identificar una relación más profunda entre su historia personal y un saber ligado a lo rural y lo campesino.

“Mis papás eran vecinos de municipios de Jalisco, pero se fueron a la ciudad con esta idea de que en la industrialización estaba la respuesta. Yo me doy cuenta que lo que yo siento no es casualidad, sino que hay un saber, un poco ancestral, campesino, en esta relación con la naturaleza”.

Durante su estancia en Vallarta, Valenciano cursó un posgrado que describió como una alternativa para sostenerse económicamente. Sin embargo, subrayó que lo que más la marcó fue el contraste entre su crecimiento en un entorno urbano y el contacto cotidiano con la naturaleza.

Ese contacto, dijo, le permitió observar las tensiones constantes entre el entorno natural y las decisiones gubernamentales y urbanísticas.

“Después de crecer en una jungla de concreto, tener ese contacto tan directo con la naturaleza y ver cómo esa naturaleza estaba en tensión constante con las decisiones de gobierno, con la urbanización, fue cuando dije: ‘Creo que esto es lo que estaba buscando’”.

Fue en ese contexto que comenzó a tomar forma Otra Marea. Valenciano explicó que, en ese momento, no formaba parte de ningún medio de comunicación y que el proyecto surgió como una necesidad urgente de narrar lo que estaba observando.

Se trataba, dijo, de contar historias que no encontraba en la cobertura mediática existente.

“Yo estaba estudiando, no estaba en un medio, pero nace con esta necesidad de: yo necesito contar cosas, yo necesito contar lo que veo, y lo que yo veo no lo estoy leyendo en los medios, no lo estoy viendo en ningún otro lado”.

El proyecto inició como un blog personal, con la intención de escribir crónicas. Valenciano reconoció que no contaba con experiencia técnica en programación y que el contexto de la pandemia fue determinante para que pudiera dedicar tiempo y espacio al proyecto.

El confinamiento, explicó, abrió un margen inesperado para comenzar.

“Así nace como un blog, yo quería hacer crónicas. No tenía mucha experiencia como programadora y además fue en plena pandemia. Nos mandaron a casa y fue un poco de: ‘¿qué voy a hacer?’. Entonces tuve el tiempo y el espacio, y así nació Otra Marea”.

Otra Marea comenzó a publicarse en 2020, en pleno contexto de la pandemia por covid-19. Con el paso del tiempo, el proyecto fue creciendo y adquiriendo una dimensión que, según su fundadora, superó sus expectativas iniciales.

Hoy, dijo, el medio tiene una dinámica propia y ha logrado conectar con más personas.

“Eso fue en 2020, en plena pandemia. Ahora creo que orgullosamente puedo decir que Otra Marea se me salió de las manos. Tiene vida propia, ha crecido, ha contagiado gente”.

Subrayó que el proyecto no nació con la intención explícita de construir un medio formal, como suele ocurrir en otras experiencias de periodismo independiente. En su caso, insistió, se trató de una necesidad vital ligada al oficio.

“Yo no tenía, como otros colegas, la idea muy clara de ‘yo quería ser el medio’. Yo simplemente no podía con tanto periodismo en el pecho. Y así nació”.


II. SOSTENIBILIDAD EDITORIAL Y ECONÓMICA

La sostenibilidad económica ha sido el principal reto en el desarrollo de Otra Marea, tanto en el plano profesional como en el personal, explicó Alejandra Valenciano, fundadora del medio. En entrevista, la periodista señaló que la imposibilidad de dedicarse de tiempo completo al proyecto ha marcado su forma de organizar el trabajo y de pensar el crecimiento del medio.

“Yo creo que el mayor reto siempre es la sostenibilidad económica porque a mí me encantaría poder dedicarme de tiempo completo a Otra Marea”, afirmó.

La periodista relató que, ante esa limitación, ha desarrollado una estrategia personal para sostener el proyecto sin depender completamente de él para subsistir. Indicó que cuenta con un empleo de ocho horas diarias, el cual le permite cubrir sus necesidades básicas y, en sus tiempos libres, dedicar esfuerzo al medio.

Desde su experiencia, explicó que ha recibido sugerencias de colegas para explorar distintas alternativas de financiamiento, las cuales ha considerado e incluso intentado en algunos momentos.

Valenciano detalló que probó distintos mecanismos comunes en el periodismo independiente, como la venta de productos, la solicitud de aportaciones o la búsqueda de becas. No obstante, señaló que esos esquemas no siempre garantizan estabilidad ni continuidad, algo que para ella resultó determinante.

En ese sentido, expresó su admiración por quienes se dedican de lleno al trabajo freelance, aunque reconoció las dificultades que enfrentan.

“Intenté vender playeras, vender cosas, solicitar aportaciones. Me han sugerido buscar becas. Yo admiro muchísimo a los colegas que son freelancers y de eso viven, porque sé que a veces eso no te da la estabilidad adecuada, a veces hay una beca o se tardan en pagarte”.

La periodista explicó que la incertidumbre económica le generaba un nivel de estrés que terminaba afectando su trabajo periodístico. Por esa razón, decidió priorizar un ingreso fijo y destinar el tiempo restante a Otra Marea, lo que, dijo, ha permitido que el proyecto se mantenga activo a lo largo de los años.

Actualmente, Otra Marea continúa en funcionamiento y ha atravesado procesos de transformación, como un reciente cambio de imagen.

“Eso me causaba mucho estrés emocional que me distraía de hacer periodismo, entonces opté por tener mi trabajo y en mis ratos libres dedicarme a Otra Marea. Ese ha sido el proyecto principal porque está viva. Después de seis años se hizo un rebranding”.

Valenciano reconoció que, como ocurre con muchos proyectos periodísticos independientes, existen limitaciones en áreas como el diseño y el marketing. Sin embargo, destacó que la fuerza del proyecto ha generado vínculos con personas que se acercan a colaborar de manera voluntaria.

Según explicó, el crecimiento del medio ha venido acompañado de nuevas necesidades, especialmente en términos de estructura y planeación.

“La esencia de Otra Marea ha sido tan poderosa que ha contagiado a gente que se acerca y me dice: ‘Oye, tu proyecto está bien chido, pero le falta esto, esto y esto, y yo te ayudo’”.

La periodista señaló que le gustaría contar con una organización más sólida y con mayor capacidad para desarrollar temas de largo aliento. Reconoció que, al trabajar prácticamente sola, muchas ideas quedan pendientes en sus libretas por falta de tiempo.

A ese desafío se suma, dijo, la necesidad de reflexionar sobre las formas de crecimiento del medio y evitar reproducir dinámicas de explotación laboral.

“A mí me gustaría tener más estructura, no ser tan reactiva. Hay temas que anoto y luego digo: ‘Ya pasaron tantos meses y no he podido darle’. El reto económico implica entender que no lo puedes hacer todo tú sola”.

Valenciano explicó que, en coherencia con su visión política del periodismo, ha decidido no crecer a costa del trabajo no remunerado de otras personas. Relató que, cuando alguien se acerca a colaborar, suele advertir de inmediato que no puede ofrecer un pago.

En varias ocasiones, dijo, esa postura ha generado reflexiones compartidas con otras personas sobre el valor del proyecto más allá del ingreso económico.

“Yo no quiero crecer como han hecho otros medios independientes, con base en la explotación. Cuando alguien se acerca, yo les digo: ‘No te puedo pagar, me da pena’, y esas personas me dicen: ‘Claro que el trabajo hay que remunerarlo, pero Otra Marea también le da más cosas a la gente’”.

En ese punto, Valenciano subrayó que el proyecto le ha otorgado un sentido personal y colectivo, especialmente en un contexto donde el valor del trabajo suele medirse únicamente en términos económicos.

Relató que, en distintos espacios públicos, le han preguntado cómo ha logrado sostener un medio prácticamente en solitario durante varios años.

Otra Marea le ha dado sentido a mi vida. Yo no podría solo tener este trabajo que agradezco porque me da para vivir. Me dicen: ‘Yo pensé que el periodismo ya no tenía sentido, pero encuentro esta propuesta y lo quiero hacer’”.

La periodista destacó que el medio también se ha convertido en un espacio de encuentro para jóvenes periodistas, algunos de ellos recién egresados de la carrera, que enfrentan un contexto laboral adverso en los medios de comunicación.

Expresó su preocupación por el talento de estas generaciones y la falta de oportunidades para ejercer el oficio.

De cara a 2026, Valenciano señaló que comienza a plantearse la necesidad de integrar a más personas al proyecto, tanto para distribuir las cargas de trabajo como para fortalecer los procesos editoriales.

Actualmente, explicó, ella misma realiza prácticamente todas las tareas, desde las entrevistas hasta la edición y la difusión en redes sociales.

“Ahorita yo hago la entrevista, edito, subo el artículo y además las redes sociales. Hay un amor-odio, porque es trabajo y nosotros le pagamos a las redes estando ahí, pero hay que ser realistas: ahí está la gente”.

Reiteró que el principal desafío sigue siendo el económico, pero también la construcción de un equipo que permita sostener el proyecto en el tiempo sin perder su esencia.


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III. VISIÓN DEL PERIODISMO

Alejandra Valenciano explicó que su visión del periodismo se ha ido construyendo y nombrando con el paso del tiempo, a partir de un proceso formativo y crítico que hoy identifica como periodismo ambiental con una base clara en la ecología política. Señaló que este enfoque no fue inmediato, sino que se fue delineando conforme avanzaba en su trayectoria académica y profesional.

La fundadora de Otra Marea relató que esta perspectiva se fortaleció durante sus estudios de posgrado, cuando comenzó a vincular el ejercicio periodístico con marcos teóricos que le permitieron problematizar los conflictos ambientales más allá de su dimensión descriptiva.

“Mi periodismo ambiental fue tomando nombres y formas conforme avanzaba. Se nutre mucho de la ecología política, que es algo que yo abordé en mi maestría”.

Durante ese proceso académico, Valenciano recordó que su presencia como periodista en un espacio dedicado al desarrollo sustentable generaba cuestionamientos incluso entre el profesorado. Indicó que esa experiencia la llevó a reafirmar la necesidad de que el periodismo dialogue con otros campos del conocimiento.

En ese contexto, explicó que encontró herramientas clave para analizar cómo se construyen los discursos sobre el medio ambiente y el desarrollo.

Valenciano señaló que fue a través del análisis crítico del discurso que comenzó a estructurar su forma de narrar los conflictos socioambientales. Desde ahí, dijo, su periodismo dejó de centrarse únicamente en los hechos visibles para incorporar preguntas sobre poder, intereses y responsabilidades.

Ese enfoque, explicó, define hoy la línea editorial de su trabajo.

“Yo me encontré con el análisis crítico del discurso y entonces mi periodismo nace desde la ecología política”.

La periodista detalló que, desde esa perspectiva, los temas ambientales no pueden abordarse de manera aislada o superficial. Puso como ejemplo la cobertura de la deforestación o el uso de las playas, que —dijo— suelen presentarse como problemas abstractos, sin responsables claros.

Para ella, el ejercicio periodístico implica identificar a los actores involucrados y los intereses que intervienen en esos procesos.

“Si vamos a hablar de la deforestación, no es nada más decir: ‘se deforestó esta área’. Es preguntarse quién fue, qué intereses tiene”.

Valenciano explicó que lo mismo ocurre con otros bienes naturales que se encuentran en disputa, como las playas, donde convergen intereses económicos, políticos y territoriales. Desde su mirada, el periodismo ambiental debe dar cuenta de esas tensiones y no limitarse a describir los impactos visibles.

En ese sentido, subrayó que la crisis ambiental no es un fenómeno abstracto ni inevitable.

“Trato de politizarlo en el sentido de decir que la crisis ambiental tiene responsables y también tiene cómplices”.

Entre esos actores, mencionó a las autoridades que, por acción u omisión, permiten el deterioro ambiental o promueven discursos que justifican la entrega del territorio como una vía para el progreso. Señaló que esas narrativas forman parte central de los conflictos que documenta.

Para Valenciano, el contexto actual obliga a asumir una postura más clara desde el periodismo.

“En este caso, las autoridades que son negligentes o que tienen este discurso de ‘hay que entregar el territorio porque es la forma de progresar’”.

La periodista afirmó que coincide con la idea de que el periodismo ambiental debe asumir un carácter político, especialmente ante la magnitud de la crisis socioambiental. No obstante, reconoció que este tipo de trabajo implica mayores exigencias y riesgos.

Hacer visible a los responsables, dijo, requiere tiempo, análisis y disposición para enfrentar tensiones.

“Creo que las circunstancias nos obligan a que todo sea más político”.

Valenciano advirtió que señalar intereses y actores concretos convierte al periodismo en una práctica incómoda. Reconoció que este enfoque implica una mayor exposición personal, pero consideró que es una consecuencia inevitable de asumir una lectura política de los conflictos ambientales.

Desde su experiencia, concluyó, el periodismo que evita estas preguntas deja fuera dimensiones clave de la realidad. “Hacerlo político, señalar personas y señalar responsables te va volviendo incómodo y también te pone un poco más en riesgo”.


IV. EL ECOSISTEMA DE MEDIOS EN GUADALAJARA, JALISCO

Alejandra Valenciano ofreció un diagnóstico crítico sobre el ecosistema de medios de comunicación en México, al distinguir entre los medios tradicionales y los independientes, y subrayar que cada región presenta dinámicas propias.

Desde su experiencia, señaló que ciudades como Guadalajara históricamente concentraron a grandes cadenas mediáticas, pero que en los últimos años ese panorama se ha transformado de manera significativa.

La fundadora de Otra Marea explicó que, aunque Guadalajara fue durante mucho tiempo un polo atractivo para los grandes consorcios, hoy observa un debilitamiento estructural de los medios tradicionales, particularmente en sus redacciones, lo que ha impactado directamente en la calidad del periodismo que producen.

“Guadalajara era como una gran ciudad para los medios. Las grandes cadenas venían aquí y lo que me llama la atención es cómo, con el paso del tiempo, se ha ido haciendo raquítica la nómina, cada vez le apuestan menos a la calidad”.

Valenciano señaló que esta reducción de personal no parece acompañarse de una reflexión profunda al interior de los medios tradicionales sobre su propia crisis. Cuestionó si estas empresas son conscientes de la situación que atraviesan o si confían únicamente en su respaldo económico para sostener sus modelos.

Desde su perspectiva, esta práctica refleja una apuesta cada vez menor por la calidad informativa y una mayor dependencia de formatos inmediatos y reciclados. Consideró que los medios tradicionales mantienen estas dinámicas porque cuentan con recursos económicos que les permiten operar sin replantear su quehacer periodístico.

No obstante, advirtió que esa lógica implica una desconexión creciente con la realidad social.

“Para mí los medios normales no están entendiendo nada, o siguen con esta apuesta por la inmediatez”.

Valenciano expresó su preocupación por la forma en que los medios tradicionales cubren temas sensibles, particularmente los relacionados con la violencia y la seguridad, en un contexto donde estados como Jalisco se han vuelto cada vez más peligrosos para la población.

La periodista consideró que este tipo de cobertura responde tanto a la lógica de la inmediatez como a nuevas estrategias de posicionamiento digital, como el uso de titulares pensados para SEO, sin un cuestionamiento ético sobre sus efectos.

A su juicio, esa forma de narrar la violencia contribuye a normalizarla y a reforzar imaginarios que afectan de manera directa a la sociedad.

“A mí me molesta un poco eso, porque entonces para mí los medios han perdido el norte, pero siguen ahí, como los partidos políticos, desconectados, pero con poder”.

Valenciano fue más allá al señalar que, en ciertos casos, la cobertura mediática de la violencia puede llegar a funcionar como una forma de promoción indirecta de los grupos criminales. Cuestionó la falta de reflexión sobre los términos y enfoques que se utilizan en las notas.

Frente a ese panorama, la periodista contrastó el papel de los medios tradicionales con el de los medios independientes, a los que describió como espacios más conscientes de su responsabilidad ética y social, aunque con alcances más limitados.

Reconoció que estos proyectos no compiten en volumen de audiencia, pero sí en profundidad y cercanía con sus lectores.

“Por otra parte estamos nosotros, los medios independientes, que somos hiperconscientes. Mi audiencia quizá es cien veces más pequeña que la de los grandes medios, pero son fieles y creen en esto”.

Valenciano explicó que esa relación cercana con la audiencia permite construir procesos a largo plazo, aunque también implica retos en términos de sostenibilidad y desgaste personal. Señaló que, a diferencia de los grandes medios, los proyectos independientes mantienen un contacto directo con sus lectores, facilitado en gran medida por las redes sociales.

Aun así, reconoció que este camino genera dudas sobre su viabilidad a futuro.

“Estamos construyendo un camino más a largo plazo. No sé hasta dónde nos lleve ni hasta cuándo nos alcance, porque conforme uno va envejeciendo también te preguntas hasta cuándo te va a dar la energía y la salud”.

Valenciano subrayó que el papel de la audiencia es central en la transformación del ecosistema mediático. Planteó que el consumo de información debe asumirse como una decisión política y ética, especialmente frente a los efectos del mal periodismo.

Desde su visión, la responsabilidad no recae únicamente en quienes producen contenidos, sino también en quienes los consumen.

“Mi llamado siempre es para la audiencia: si de verdad estás consciente de cómo te afecta el mal periodismo, entonces el consumo de medios tiene que asumirse como algo político”.


V. ¿HACIA DÓNDE VA EL PERIODISMO SOCIOAMBIENTAL?

En un contexto marcado por el avance del extractivismo, el despojo territorial y una narrativa geopolítica que condiciona los márgenes de acción de los pueblos, el periodismo independiente y ambiental enfrenta el desafío de mantenerse vigente sin renunciar a su mirada crítica.

Para Alejandra Valenciano, fundadora de Otra Marea, el futuro de este tipo de periodismo no pasa únicamente por denunciar, sino por reconstruir el vínculo con las audiencias en un escenario saturado de malas noticias, ansiedad y desencanto social.

La periodista reconoce que informar sobre crisis ambientales implica, inevitablemente, exponer violencias, negligencias y daños profundos, pero advierte que el exceso de catastrofismo también ha contribuido al alejamiento de las personas del periodismo. En ese equilibrio complejo, plantea la necesidad de ofrecer relatos que no oculten la gravedad de la situación, pero que tampoco anulen la posibilidad de imaginar alternativas colectivas.

“Yo creo que el futuro, y para mantenernos vigentes, también nos toca ser un poco portavoces de la esperanza. La gente se ha alejado del periodismo porque es sinónimo de malas noticias, estrés y ansiedad. Y eso es complicado, porque tampoco quiero ser el portal de buenas noticias, ojalá, pero no se puede”.

Desde esa perspectiva, Valenciano subraya que el sentido del periodismo ambiental independiente se construye desde su relación directa con quienes, lejos de los reflectores, sostienen la vida en los territorios. Comunidades, colectivos y organizaciones que, muchas veces sin recursos ni reconocimiento institucional, realizan tareas que corresponderían al Estado: proteger áreas naturales, defender playas, cuidar especies y enfrentar megaproyectos que amenazan su entorno.

Al comparar distintas realidades territoriales, como Valparaíso y Guadalajara, la periodista destaca la persistencia de colectivos comunitarios que dedican su tiempo y su vida a la defensa ambiental, aun cuando enfrentan criminalización, hostigamiento o indiferencia gubernamental. Una labor que contrasta con los discursos oficiales que presumen biodiversidad mientras omiten acciones reales para protegerla.

“Me sorprende mucho cómo hay colectivos que dedican parte de su tiempo y de su vida a hacer la chamba que le tocaría al Estado: cuidar las áreas naturales, las playas, la megafauna que luego presumen tanto los gobiernos, pero que de facto no hacen nada por proteger”.

La relación entre estos colectivos y las autoridades, explica Valenciano, suele estar marcada por la confrontación. Cuando las organizaciones alzan la voz contra megaproyectos o denuncian impactos ambientales, no solo enfrentan la omisión institucional, sino también campañas de desprestigio y mecanismos de intimidación que buscan silenciarlas.

En ese escenario, el periodismo independiente asume una posición política clara, distinta a la de los medios tradicionales cuya lealtad, señala, suele estar condicionada por la pauta publicitaria y el presupuesto público. Para ella, la lealtad del periodismo ambiental debe estar con la sociedad civil organizada y con quienes, pese al riesgo, deciden defender el territorio.

“Así como los medios tradicionales tienen la lealtad a los gobiernos, porque ahí está el presupuesto, nuestra lealtad debe ser totalmente hacia esta sociedad civil que se organiza, aunque les digan que aquí matan defensores ambientales y que no vale la pena”.

Valenciano considera que, aunque los medios independientes tengan alcances limitados, su responsabilidad es amplificar esas experiencias de organización y resistencia. Darles espacio, visibilizar su trabajo y construir narrativas que permitan a otras personas reconocerse en esas luchas y encontrar formas concretas de involucrarse.

En un contexto donde el discurso del colapso parece omnipresente, la periodista apuesta por mostrar que, incluso frente a escenarios adversos, existen respuestas colectivas que desafían la resignación. Historias que pueden interpelar a audiencias cansadas del miedo y el aislamiento, y abrir la posibilidad de acción, aunque sea desde lo cotidiano.

“Mostrar que ellos representan algo que hoy es minoría: personas organizadas para defender el territorio y la vida. Para que quien está en su casa pensando que el fin del mundo está cerca vea que otros se están organizando y diga: ‘¿por qué yo no?’”.

Más allá de la denuncia, Alejandra Valenciano plantea que el periodismo ambiental también debe orientar, conectar y canalizar. Reconoce que muchas personas desean contribuir a un país más justo y habitable, pero no siempre saben cómo hacerlo ni a quién apoyar. En ese vacío, los medios independientes pueden funcionar como puentes entre las luchas territoriales y la sociedad en general.

Informar sobre la muerte de una tortuga atropellada o la devastación de un ecosistema, explica, no está reñido con contar el trabajo de quienes, sin fines de lucro, buscan proteger la vida y ofrecer alternativas. Donar, difundir o sumarse como voluntarios son formas concretas de participación que el periodismo puede visibilizar.

“Sí, te voy a contar la mala noticia, pero también te voy a contar toda la chamba que están haciendo estas personas y cómo tú puedes ayudarlas, con dinero, con difusión, con voluntariado”.

Para Valenciano, la esperanza no es ingenuidad ni propaganda, sino una herramienta política frente al pesimismo paralizante. Reconocer la resiliencia de la naturaleza y la capacidad organizativa de las comunidades es, a su juicio, una forma de disputar el sentido común que normaliza la destrucción ambiental como destino inevitable.

En ese marco, sostiene que el periodismo ambiental debe posicionarse del lado de quienes intentan hacer algo distinto, no desde una lógica simplista de buenos y malos, sino desde una ética de responsabilidad frente a la vida.

“La naturaleza es resiliente y sigue siendo generosa. Tenemos que estar del lado de la gente que quiere hacer algo. Así es como podemos volvernos relevantes”.

Finalmente, Alejandra Valenciano invitó a seguir y colaborar con Otra Marea, un proyecto que busca consolidarse como un espacio de reflexión, información y articulación socioambiental. El medio publica contenidos en su sitio web y redes sociales, organiza actividades presenciales y, para 2026, anunció su regreso a la radio como una forma de llegar a públicos que buscan desconectarse de lo digital.

“Estamos en otramarea.com, en redes sociales y siempre abiertos a colaboraciones. Organizamos nuestra primera feria ambiental y este 2026 vamos a volver a la radio, para quienes prefieren escuchar. Vamos a seguir haciendo cosas nuevas”.

Con esa apuesta multiformato y territorial, Otra Marea y su fundadora se inscriben en una generación de medios que buscan reconfigurar el papel del periodismo ambiental en tiempos de crisis civilizatoria.

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