Llamado liquidámbar americano, es un árbol caducifolio de gran porte y relevancia cultural en México, según información de CONABIO y del Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana.
Liquidámbar, el árbol de los cinco picos
Por: en15dias.com / Con información de CONABIO y Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana
Foto: Sandy Wolkenberg
agosto 2025
Al Liquidámbar también es llamado Alamillo, Bálsamo, Copal, Copalillo, Copalme, Estrella, Lamparilla, Liquidámbar, Liquidámbar americano, Nabá y Ocozotl.
Se registra que en Náhuatl se le nombra Ocotzocuohuit, Xochicotcuáhuitl, Xochiocotzocuáhuitl, Xochiocotzol; en Huasteco: Icob, Tzoté; en Zapoteco: Bito, Nijte-pijto, Nite-biito, Pijto, Yaga-bito, Yaga-huille, Yaga-pito, Yaga-vido, Yagabizigui; en Totonaco: Ko’ma, Ko’ma’liso-slu’to’nko’; en Ch’ol: Naba y en Zoque: Toshcui.
En algunos estado de México se le conoce de distintas maneras. En Morelos se le llama ocotzoquahuitl en náhuatl, en Oaxaca como ma lah, en San Luis Potosí como ikob o kirambaro entre los tenek y en Yucatán como buluchka’án.
Es conocido científicamente como Liquidambar styraciflua L. Su sinonimia botánica incluye Liquidambar barbata Stokes y Liquidambar gummifera Salisb.

Ubicación Liquidámbar (Liquidambar styraciflua)
Esta especie es un árbol caducifolio nativo de México. Se distribuye desde la Sierra Madre Oriental hasta Oaxaca y Chiapas, extendiéndose también hacia la Costa Este de Estados Unidos y Centroamérica.
“Habita en campos, bosques, llanuras inundadas, pantanos y ríos. Se localiza en bosque nublado, selvas húmedas , bosques de pino-encino y selvas secas”, según la ficha de La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).
Taxonomía Liquidámbar (Liquidambar styraciflua)
- Reino: Plantae
- División: Fanerógama Magnoliophyta
- Clase: Magnoliopsida
- Orden: Saxifragales
- Familia: Altingiaceae
- Género: Liquidambar
- Especie: Liquidambar styraciflua

Características Liquidámbar (Liquidambar styraciflua)
Este árbol puede alcanzar alturas de 20 a 35 metros, aunque algunos ejemplares excepcionales llegan hasta 50 o 60 metros.
La ficha de la Conabio indica que sus hojas son palmadas y lobuladas, con cinco picos, de los cuales los tres centrales son más largos, y presentan un color verde pálido.
Las flores son pequeñas y verdoso-amarillentas, mientras que los frutos son globosos y secos, cubiertos de espinitas curvas. Las semillas son aladas y miden entre seis y ocho milímetros.
“Son árboles hasta de 50 a 60 metros de alto; sus hojas son más anchas que largas, con lóbulos oblongo-triangulares como una estrella”, apunta el Atlas de Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana.
Atribuciones medicinales Liquidámbar (Liquidambar styraciflua)
El liquidámbar ha tenido un papel relevante en la medicina tradicional de diversas comunidades indígenas.
En Hidalgo, la maceración de hojas o corteza se aplica por vía local como astringente, mientras que en Morelos se emplea para combatir la caries y en Oaxaca para sanar heridas. Los médicos mayas lo utilizaban para tratar la lepra y proteger la piel de picaduras de insectos.
Entre los tzotziles de Zinacantán, Chiapas, se considera que la planta es muy caliente y se utiliza en baños, vaporizaciones e infusiones contra el frío o los llamados “aires”, acompañando siempre la ingestión con rezos por parte del curandero.
En los Altos de Chiapas, el liquidámbar se integra a rituales para curar la envidia, combinándose con otras plantas locales y encendiendo velas mientras se recitan oraciones en tzotzil. Como describen los textos etnográficos: “Le pedimos a Dios que no nos envidié la gente, que nosotros somos pobres y vamos pasando como Dios nos ayude, pero los hijos de Dios no quieren nada. Hazme Señor olvidar que la envidia que tienen de nosotros, que la lleve el viento, que se vaya en los cerros toda la envidia que nos tienen. Amparamos en todo momento en la casa, en mi camino, en donde quiera. Esto te lo pedimos por la gracia, la bendición y la tierra de María Santísima, que nos está cargando de noche y de día, todas nuestras imprudencias”.
El uso medicinal del liquidámbar está documentado desde el siglo XVI. Martín de la Cruz lo registra contra la caries, mientras que el Códice Florentino menciona que la resina aplicada en emplasto sirve para las niguas de la espalda, enfermedades de los empeines e hinchazones de los pies.
Nicolás Monardes señala que se utiliza para mitigar dolores de cabeza y de estómago, resolver ventosidades y favorecer la digestión. Francisco Hernández describe que el destilado de su corteza fortalece la cabeza, el estómago y el corazón, produce sueño y mitiga el dolor de cabeza provocado por causas frías, además de calmar dolores y afecciones del útero.
Durante los siglos XVIII y XIX, autores como Juan de Esteyneffer, Vicente Cervantes y Francisco Flores continuaron documentando su uso en úlceras, hemorragias, sarna, fracturas y parálisis facial, mientras que en el siglo XX Alfonso Herrera y Maximino Martínez resaltaron sus propiedades para tratar dermatosis, ictericia y lepra.
Hoy, el liquidámbar continúa siendo una especie de gran relevancia cultural y medicinal. Su resina y corteza se emplean para aliviar dolor de muelas, molestias en las encías, resfriados, fiebre y malaria, y las hojas y corteza se usan como tratamiento para la ciática, la diarrea y como vermífugo, según CONABIO.
Además, su madera se utiliza en construcciones rurales, consolidando al liquidámbar como un árbol emblemático de la flora mexicana, valorado tanto por su belleza como por su aporte a la medicina tradicional y a la cultura de las comunidades que lo rodean.
NOTA DEL EDITOR: Los datos del uso medicinal de esta planta son retomados de fuentes científicas universitarias con fines de divulgación y reconocimiento de las tradiciones medicinales de nuestro país.
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