¿Qué ha hecho INAH Michoacán con la instalación de huertas de aguacate en zonas arqueológicas?

A pesar de que desde 2020, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene registro de la instalación de huertas de aguacate y de berries en zonas arqueológicas y terrenos aledaños, la dependencia federal ha sido omisa y ha tolerado estas prácticas a la agroindustria. / ¿Qué ha hecho INAH Michoacán con la instalación de huertas de aguacate en zonas arqueológicas?

A pesar de que su principal objetivo del instituto es velar por el patrimonio arqueológico de México, en Michoacán el INAH ha privilegiado el diálogo y ha dejado de aplicar la ley en contra de empresas como Berrymex, que según lo documentado por el INAH, ha sido uno de los responsables de esta actividad.

Según la información que se pudo obtener, el INAH, en estos cinco años de investigación al respecto, sólo se ha quedado en el registro y mapeo de los centros o zonas arqueológicas que se encuentran en la franja aguacatera y que podrían tener un impacto por el cultivo de aguacate y berries y no en la persecución de delitos federales y posibles clausuras.


¿Qué ha hecho INAH Michoacán con la instalación de huertas de aguacate en zonas arqueológicas?

¿Qué ha hecho INAH Michoacán con la instalación de huertas de aguacate en zonas arqueológicas?

Por: Gilbert Gil Yáñez
en15dias.com

En Michoacán hay 2,332 zonas arqueológicas, de las cuales 600 tienen algún impacto por la instalación de huertas de aguacate y berries dentro y fuera de estas zonas federales. A pesar de esto, hasta 2025, no se tiene ninguna política pública formal dirigida para atender este problema desde la institución. 

En entrevista con en15dias.com, José Luis Punzón Díaz, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, sede Michoacán, explica cuáles fueron los hallazgos a los que pudo llegar el equipo del INAH.

“Más o menos tuvimos un universo de cerca de 600 sitios arqueológicos de los 2,300 sitios que tenemos registrados en el estado. Entre el 60 y 70% de los sitios, de ese universo de 600, están dentro o al menos de 100 metros de una huerta de aguacate”, destacó el investigador.

“Lo que nos dimos cuenta es que es un porcentaje muy alto de sitios arqueológicos que están en estos lugares”.

El INAH registró como focos de atención las zonas de Zacapu, Tingambato, Salvador Escalante, Tacámbaro, Ario de Rosales, Ziracuaretiro, Tzintzuntzan y Pátzcuaro.

“Tenemos casos muy importantes como por ejemplo los Malpaís de Zacapu que eran lugares que prácticamente no se utilizaban para huertas. Ahora se están empezando a llenar de huertas de aguacate y pues son lugares justamente donde la la parte antrópica ha sido muy importante”.


FOTO: Google maps. Zona Arqueológica de Tingambato, Michoacán.

CASOS DE AGROINDUSTRIA Y
LUGARES TRADICIONALES DE CULTIVO

José Luis Punzo, es doctor en arqueología por la ENAH y obtuvo una maestría en Ciencias y Humanidades con terminación en Historia en la Universidad Juárez de Durango. Es investigador del Sistema Nacional de Investigadores, y profesor investigador adscrito al centro INAH-Michoacán.

El especialista explica que se encontraron con dos escenarios. Lugares donde se encontraba una actividad antrópica, es decir, que el impacto estaba relacionado con la actividad humana, en este caso con el cultivo de huertas de aguacate y berries, y lugares donde históricamente se ha registrado una actividad agrícola en la zona.

El investigador señala que “el crecimiento de las huertas está muy ligado a los lugares que fueron obviamente habilitados por los propios habitantes antiguos para poder llevar a cabo sus tareas. Ir poniendo sus mismas ciudades, poblaciones, asentamientos. En la época prehispánica se generó suelo, esa misma actividad antrópica y ahora ese suelo pues es el que está siendo aprovechado para estas nuevas huertas”.

Acerca de las huertas de agroindustria del cultivo de aguacate y berries, Punzón Díaz destacó que se tiene zonas con una “alta incidencia de problemática como Zacapu”.

“Donde tenemos pues ahora una gran cantidad de huertas de aguacate y tenemos una densidad muy alta de sitios arqueológicos”.

Explicó que en cada una de las zonas se tienen impactos diferentes.

“Hay desde lugares donde los propios donde las propias huertas nos encontrábamos que que la gente en sí eh pues protege de cierta manera los vestigios o cuando menos no los afecta de manera importante a lugares donde pues pasa todo lo contrario, donde lo que se busca es quitarlos completamente para poder incentivar su producción”.

El especialista explicó que al menos son tres monocutivos que afectan las zonas arqueológicas.

“El proyecto se enfocó al cultivo del aguacate, pero por supuesto que tenemos problemas iguales con otro tipo de cultivos en el estado, sobre todo los de las frutillas”.

“Las berries en muchas zonas del estado han impactado muy fuerte, sobre todo la zona de Zamora, toda esta zona ha sido muy hemos tenido casos importantes. En el propio Zacapu ahora también hay partes con este impacto”.

Destaca que el el cultivo de agave para mezcal “ha sido el menos visible, hasta el momento, pero también le estamos prestando mucha atención”.

En estos también ha habido un “impacto muy importante. Ha sido muy fuerte el impacto del paisaje agavero sobre los sitios arqueológicos”.


Zona Arqueológica de Cuanajo. FOTO: Guardia Nacional.

DESATENDIDAS LAS DENUNCIAS DE
COMUNIDADES DESDE 2021

El caso de la zona arqueológica de esta comunidad es un ejemplo de impunidad y omisión.

La zona arqueológica Tïsimbanio, “Lugar Florecido” (Pueblo Viejo) es un sitio que data del tiempo del Soberano Taríacuri.

En agosto de 2021, integrantes del Colectivo cultural Tïsimbanio, de la comunidad indígena de Cuanajo, manifestaron su preocupación por la venta de este predio de seis hectáreas, a una persona del municipio de Salvador Escalante.

El lugar muestra claros vestigios de una Yácata. Según el colectivo, el predio formaba parte de la zona comunal y tras la venta, fue destruida una parte importante para la posible plantación de aguacate, con la creación de ollas para la captación de agua.

Detallaron que existen antecedentes de que anteriormente el lugar ya había sido registrado ante el INAH y explorado por arqueólogos; se han encontrado figurillas de barro, de piedra, de obsidiana, vasijas, muñequitos, así como una piedra con forma de cabeza.

En entrevista para en15dias.com, Axuni Tzintzun señaló que los “aguacateros destruyeron las Yácatas” y ellos demandron su conservación “desde ese año (2021) hasta ahora (2024), hicimos demandas”.

“Ya supuestamente vinieron y hicieron anotaciones del lugar afectado y se hizo la demanda Profepa y todo eso, pues nada más quedó como en curso, entonces nosotros quisimos formar una agrupación para seguir concientizando a la gente, pero del 2021 hasta la fecha se siguen vendiendo los terrenos y su uso es para aguacates”, destaca.

Hasta el momento, en Cuanajo existe una denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR) por la instalación de una huerta de aguacate que daño la zona arqueológica.

Ante la prensa, el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Michoacán, Marco Antonio Rodríguez, comentó que “los daños fueron provocados por la instalación de una olla de agua cercana a la zona arqueológica, con la que dañaron una estructura y eso fue denunciado por la propia comunidad”.

Durante la entrevista mencionó que hay denuncia ante la Fiscalía y Profepa, para que se desmonte esa huerta de aguacate, sin embargo no se ha procedido.

En 2022, el propio Consejo Supremo Indígena de Michoacán señalaba ante la prensa que “Cuanajo, Tingambato y la zona de Zacapu son hasta el momento los tres puntos en donde se ha detectado la destrucción del patrimonio histórico no reconocido de Michoacán”, señalaba Pavel Ullianov, vocero de la organización.

De estas denuncias no ha habido una política pública que resuelva la problemática, a pesar de que esta situación se conoció desde 2020.


FOTO: texto “Cultivo del aguacate en Michoacán y patrimonio arqueológico:
aplicación del LiDAR en Tingambato, México”.

TINGAMBATO, PROYECTO DESDE 2020 QUE LLEGÓ AL PERSEA

El doctor José Luis Punzón Díaz conoce bien la zona de Tingambato. La ha estudiado por al menos cinco años y desde 2020 ha reportado la presencia de huertas de aguacate en las zonas arqueológicas.

Este proyecto de rescate de Tingambato ha sido impulsado por el arqueólogo desde 2019 pero fue dado a conocer en 2020, durante la sesión que forma parte del ciclo “La arqueología hoy”, coordinado por Leonardo López Luján, integrante de El Colegio Nacional.

En una transmisión, el arqueólogo José Luis Punzo mostró el resultado del uso de la fotogrametría, los drones, el registro arquitectónico LiDAR, los estudios geofísicos, del ADN antiguo y reconstrucciones de la urbe en 3D que han sido fundamentales para explorar la zona arqueológica de Tingambato.

Informó que la ciudad de Tingambato se encuentra entre la ciudad de Uruapan y Pátzcuaro, en una zona conocida como los Balcones de la Sierra, franja aguacatera, llena de arroyos y ojos de agua.

“Hasta hace poco, expuso, no teníamos idea de su magnitud, pero ahora nos damos cuenta de que abarcó poco más de un kilómetro cuadrado, de los cuales se han estudiado dos hectáreas, el resto está cubierto por huertas de aguacate, lo que dificulta su estudio”, se destca .

VIDEO: COLEGIO NACIONAL.

En 2023, José Luis Punzo Díaz publicaba el texto “Cultivo del aguacate en Michoacán y patrimonio arqueológico: aplicación del LiDAR en Tingambato, México”, en la revista Arqueología Iberoamericana.

Ahí, el investigador del INAH, señalaba que “hemos identificado un total de 245 sitios arqueológicos que se encuentran en esta, registrados en 24 municipios. Esto es solo una fracción del universo, ya que en esta franja hay grandes espacios que han sido prospectados arqueológicamente; además, reportes recientes del Centro INAH Michoacán han mostrado que hay impactos importantes por el establecimiento de nuevas huertas en otros municipios, como en el caso de Zacapu, el cual tiene una enorme densidad de vestigios arqueológicos”.

El investigador destaca que “la zona arqueológica se comenzó a trabajar a finales de los años setenta del siglo XX. Fue en esos momentos cuando se empezaron a sembrar las primeras huertas de aguacate en la región, dejándola completamente rodeada. Incluso el montículo más grande se localiza dentro de una huerta privada. Esto ha limitado el acceso para el registro de vestigios arqueológicos en superficie, ya que en muchas ocasiones ha sido imposible entrar en las huertas de aguacate para poder verificar la presencia de estructuras antiguas”.

Ese proyecto ahora es parte del proyecto Persea impulsado por el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de Michoacán y que desde 2024 se encuentra trabajando en la franja aguacatera.

En el 2022 el gobierno del estado de Michoacán convocó a la conformación de una mesa de expertos académicos para “diseñar e implementar un proyecto de investigación enfocado en evaluar el impacto socioambiental de la expansión de la franja aguacatera de Michoacán”.

Esto “con el propósito de liderar e impulsar de manera integral y consensuada el desarrollo sustentable de la producción agrícola de aguacate en México”, se destaca en la página de internet del Instituto de Ecología A.C (INECOL).

El proyecto fue aprobado en 2023 por el todavía Conacyth y tiene dos objetivos centrales: “analizar el potencial territorial mediante una zonificación para definir las áreas del desarrollo óptimo del cultivo, a partir de diagnósticos de capacidad de soporte territorial e impacto en el ambiente, economía, cultura, y salud pública, que incluyan recomendaciones de políticas y acciones de regulación e incidencia, que sirvan como lineamientos científico-técnicos para el cultivo sustentable del aguacate en el Estado de Michoacán” y “proponer y consensuar, con distintos actores de la cadena productiva del aguacate, mecanismos de regulación para el ordenamiento del cultivo y medidas de incidencia adecuadas para mitigar el impacto ambiental, económico, cultural y de salud pública ocasionado por sus actividades productivas”.

En el caso del INAH, para este primer año, “lo que se hizo fue iniciar recorridos de campo puntuales a zonas donde sabemos que había una alta incidencia tanto de creación de huertas recientes o lugares antiguos donde tienen ya muchos años el aguacate produciéndose y ver el número de sitios arqueológicos que estarían dentro de este impacto”, destaca en entrevista el arqueólogo.

El doctor José Luis Punzo Díaz explica que dentro de los objetivos del proyecto se empezó a “trabajar sobre este sentido aunque nosotros ya teníamos un trabajo importante sobre todo con el impacto de las diferentes agroindustrias que tenemos en Michoacán”.

“La idea principal era justamente conocer el estado en el cual se encontraban estos sitios arqueológicos; entender cuáles han sido los impactos que estos han tenido a lo largo del tiempo; cómo se han ido modificando por esta cuestión y también entender la estrategias y proyectos para poder tratar de mitigar el impacto al patrimonio arqueológico”.


VIDEO: en15dias.com

¿OMISIÓN, INCAPACIDAD O TOLERANCIA?

El artículo 46, del Capítulo III, del Reglamento de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos señala “Toda obra que se realice en monumentos arqueológicos, artísticos o históricos contraviniendo las disposiciones de la Ley o de este Reglamento será suspendida por el Instituto competente mediante la imposición de sellos oficiales que impidan su continuación”.

El artículo 14 señala que “la competencia de los Poderes Federales, dentro de las zonas de monumentos, se limitará a la protección, conservación, restauración y recuperación de éstas”.

En varias ocasiones el INAH ha establecido diálogo con los dueños de huertas de aguacate y berries para buscar medidas de menor impacto en las zonas arqueológicas, sin embargo no siempre han sido escuchados y atendidos.

En 2022, José Luis Punzo Díaz  salió a la prensa a aclarar que “no se pretende expropiar ni entorpecer los trabajos de los empresarios aguacateros”.

Una entrevista con un medio local explicaba que “son alrededor de 300 sitios arqueológicos los que se ubican en 20 municipios de la franja aguacatera, pero que el INAH no busca impedir que se continúe explotando, solo resguardar el material que se ubique durante las plantaciones o excavaciones para la construcción de presas y ollas de agua para riego”.

“Hay una mala interpretación en el tema. No se les quita o expropia el terreno, en todo caso se les compra, y, si hay interés del Gobierno federal, incluso hay un vecino que, sí lo sabe y está en ese entendido”, declaraba Punzo Díaz a la prensa.

En 2023, en el artículo acerca de Tingambato, el el arqueólogo José Luis Punzo señala al respecto que “se han dado casos de éxito trabajando con los dueños de las huertas y con las comunidades para proteger el patrimonio arqueológico que se halla en estas. Destacan los trabajos en Urapa, municipio de Ario, donde se ha podido proteger un importante basamento, y en Tacámbaro, donde fue posible detener el avance de las huertas en zonas de monumentos arqueológicos”.

Un año después, en julio de 2024, el director del Centro INAH Michoacán, Marco Antonio Rodríguez Espinoza, daba a conocer que “han sostenido pláticas con empresarios del campo a fin de buscar rescatar zonas arqueológicas del estado que han sido invadidas por huertas, principalmente de aguacate y berries”.

En entrevista con la prensa señalaba que “tan solo en Jacona, toda la zona de producción de berries está montada sobre uno de los sitios arqueológicos más importantes que tiene el estado y, quizás, de los más antiguos”.

“Hemos estado ahí, trabajando en esta ruta de la investigación, pero también dialogando con los empresarios; nos hemos acercado con Berrymex para platicar de algunas estrategias que permitan que, sin que nosotros seamos un obstáculo para el desarrollo económico, evidentemente no lo queremos ser, también que armonicemos el desarrollo económico con la protección del patrimonio cultural”, destacaba en la entrevista de 2024 a un medio local.

Doctor José Luis Punzo Díaz. FOTO: en15dias.com

De acuerdo con el Centro INAH Michoacán, la entidad cuenta con 2 mil 332 sitios arqueológicos y se estima que hay muchas más zonas arqueológicas que no se han prospectado todavía. De estas sólo a seis puede tener acceso el público, es decir, todo lo demás está en resguardo propiamente del INAH. ¿Qué tanta responsabilidad tiene en INAH?, se le pregunta al investigador Punzo Díaz.

“Estoy totalmente de acuerdo, el patrimonio arqueológico del país es inmenso. Tenemos cerca de 55,000 sitios arqueológicos registrados en el país, de los cuales tenemos 192 abiertos al público”, responde a bote pronto y abunda (…) cuidar los 55 000 sitios arqueológicos de la manera que cuidamos las zonas arqueológicas abiertas al público sería imposible. Se necesitaría otro estado a la par. O sea, el instituto no tiene esos tamaños ni los pudiera tener por la cuestión de recursos implicados en esto.

“Entonces, la conservación por supuesto que pasa por la responsabilidad del instituto en la materia (el INAH) que tiene que ver con el registro, con la investigación, con la conservación, con la divulgación del patrimonio pero la conservación de este patrimonio es una tarea de todos”, acota el investigador.

Y concluye, “me parece que nuestra labor más bien es una labor de educación y por eso es muy importante este tipo de de cuestiones en donde la gente entienda que el patrimonio arqueológico o la conservación de este o la destrucción de este es una cuestión que tiene que ver con todos nosotros y todas las acciones que hagamos todos los días”.


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