La agroindustria de exportación, ese motor de crecimiento que tanto celebramos, se sostiene sobre trabajadores expuestos a tóxicos sin protección y consumidores que ignoran qué residuos contienen sus alimentos. / Agroquímicos, el veneno que toleramos
Uitzume, el perro del lago
El veneno que toleramos
Esta semana presentamos una entrevista con el doctor Antonio Rodríguez Valencia, médico experto en toxicología con magisterio internacional, quien analiza la crisis de agroquímicos en México. Sus declaraciones confirman lo que muchos sospechábamos pero que como sociedad nos negamos a enfrentar.
México tiene un problema que se niega a reconocer: estamos envenenando sistemáticamente a nuestra población y lo sabemos.
No es ignorancia. No es falta de información. Es una decisión política deliberada de mirar hacia otro lado mientras ocho personas se intoxican diariamente con agroquímicos, y esas son solo las que se reportan. El Dr. Antonio Rodríguez Valencia, experto en toxicología, es brutal en su diagnóstico: hay un subregistro masivo porque los casos se atienden en farmacias y consultorios privados que nunca documentan la intoxicación.
Pero lo verdaderamente obsceno es esto: México autoriza 3,000 agroquímicos, 183 clasificados como altamente peligrosos, 112 prohibidos en otras naciones. Y según el propio doctor, «es tan sencillo encontrar cualquier producto de los que están prohibidos en cualquier distribuidora». Tenemos leyes. Tenemos regulaciones. Simplemente no las aplicamos.
¿Por qué? Porque detrás de esta inacción hay un modelo económico que se beneficia del envenenamiento colectivo. La agroindustria de exportación, ese motor de crecimiento que tanto celebramos, se sostiene sobre trabajadores expuestos a tóxicos sin protección y consumidores que ignoran qué residuos contienen sus alimentos.
El reciente decreto que prohíbe 35 plaguicidas es puro teatro. Como advierte el doctor, los decretos «van a funcionar muy poco si realmente solamente se hace de esa manera, por mandato político», sin sustentación científica ni mecanismos reales de aplicación. No necesitamos más anuncios. Necesitamos que se cumpla lo que ya existe.
Mientras tanto, nuestro sistema de salud es incapaz de diagnosticar y tratar estas intoxicaciones. Los médicos carecen de capacitación. Las instituciones no tienen infraestructura. No sabemos qué plaguicidas se usan, cuántos residuos quedan en los alimentos, ni qué efectos crónicos estamos generando. Todo son «puras suposiciones», reconoce el especialista. Porque medir el problema obligaría a actuar.
¿Cómo es posible que países con economías mucho menores tengan mejor regulación y mayor cuidado en el uso de plaguicidas? No es cuestión de recursos. Es cuestión de voluntad política y respeto por la vida de los ciudadanos.
Hace tres años entrevistamos al doctor Rodríguez Valencia sobre este mismo tema. Ha cambiado el gobierno. Han llegado nuevos decretos. Y aquí estamos de nuevo, con el mismo problema, las mismas quejas, las mismas deficiencias. Nada sustancial ha cambiado.
La ruta es clara: necesitamos evidencia científica real, aplicar las leyes existentes, formar médicos competentes, y transparencia sobre qué contienen nuestros alimentos. No es complejo. Es voluntad política.
El doctor advierte que aún no hemos llegado al punto de no retorno, que todavía podemos cambiar el curso. Pero cada día de simulación nos acerca más al momento en que el daño será irreversible.
Desde en15dias.com lo decimos sin ambigüedades: este es un problema de prioridades nacionales. Hemos decidido que las ganancias de la agroindustria valen más que la salud de trabajadores y consumidores. Hemos decidido que la simulación política es suficiente. Hemos decidido normalizar el envenenamiento colectivo.
No podemos seguir así. Se trata de que las empresas y gobierno cumplan su responsabilidad. Las empresas deben aceptar regulación efectiva. El gobierno debe aplicar las leyes que ya existen. Y la población debe dejar de aceptar como inevitable lo que es intolerable.
Este problema debe atenderse ahora. Si no vale lo suficiente como para aplicar nuestras propias leyes, entonces seamos honestos sobre qué clase de país somos.
No podemos decir que no sabíamos. Los expertos nos lo han advertido una y otra vez. La decisión es nuestra: ¿seguimos normalizando el veneno o actuamos?






