Tras el desalojo del Centro Comunitario Lo Común, la Coordinadora de Colectivos, Activistas y Organizaciones Sociales de Michoacán (CCAOS) sostiene que la lucha por el derecho a la ciudad continúa. En un pronunciamiento, denuncia la privatización de bienes públicos y plantea una reforma urbana para garantizar el acceso colectivo al territorio. / Lo Común Vive, La Lucha Sigue
Lo Común Vive, La Lucha Sigue
Coordinadora de Colectivos, Activistas y Organizaciones Sociales de Michoacán (CCAOS)
El 9 de julio la fiscalía estatal cerraba el Centro Comunitario «Lo Común», con lo cuál cercenaba de tajo una de las protestas sociales más creativas que ha visto la ciudad en los últimos años. El gobernador Bedolla nos prometió diálogo ante los medios, y nos dieron cadenas y una carpeta de investigación. Una represión para consolidar una prizatización, como en los (no tan) viejos tiempos neoliberales.
La Coordinadora de Colectivos Activistas y Organizaciones Sociales llevábamos 70 días dando vida a un edificio abandonado desde hace 40 años, que llevaba 30 años siendo propiedad pública sin que las autoridades hicieran nada por activarlo. Nosotros, gente común, con nuestras propias manos y recursos llevamos talleres de arte, de agroecología, de derechos humanos al vecindario.
Pero no taparán el sol con un dedo. El predio de Héroe de Nacozari #370 es solo 1 de los 24 predios PRI-vatizados por Bedolla y el congreso, y solo 1 las más de 1000 inmuebles deshabitados en el centro histórico, en una ciudad que es la tercera a nivel nacional con más casas vacías. Mientras al mismo tiempo, se acentúa el déficit de acceso a vivienda social por el incremento de las rentas, desplazando a la gente a lugares más perféricos, vaciando cada vez más el centro «histórico». Y en esas zonas vaciadas, los edificio se van desgastando por el abandono, se vuelven incluso nidos de mosquitos, alacranes, y peor aún, de especuladores.
Esta contradicción (más casas sin gente mientras hay tanta gente sin casa), contraviene incluso las leyes del mercado: a mayor oferta menor precio. Pero sucede que a más viviendas, mayor precio. Eso se explica por la existencia de una grupo minúsculo de arrendatarios acaparadores, que logran aumentar el precio porque son dueños de casi todo, un oligopolio inmobiliario. Esa oligarquía rentista, los nuevos latifundistas urbanos, son quienes efectivamente rigen en esta ciudad, cual cartel inmobiliario.
El rentismo es un parasitismo, no produce nada, solo estira la mano para cobrar de quienes si trabajan. Esos son los causantes del estancamiento económico y la carencia social. Pero en Morelia, como en muchas otras a nivel nacional, la gente va tomando conciencia de que la necesidad de una reforma urbana es inevitable para rescatar nuestro derecho al territorio, en lo urbano, como las comunidades rurales llevan años haciendo con lo propio. Por eso, porque reclamamos lo propio aprendiendo de la lucha comunal de los pueblos originarios, es que llamamos a nuestro centro Lo Común.
Mientras el partido de la 4T, en Michoacán cómo en Guerrero, Oaxaca Puebla o Chiapas, se neoliberaliza y renuncia voluntariamente a sus principios para luchar contra la privatización y la especulación, el protagonismo de esa tarea recae, de nuevo, en los movimientos sociales y en las comunidades originarias. Podemos hablar propiamente de que estamos gestando un movimiento de masas.
Mientras Estados Unidos arrecia su política intervencionista y está en riesgo la soberanía nacional, las personas que deberían velar por los derechos montan su bazar con los bienes públicos. No hizo falta ni que los presionaran, lo hacen por convicción propia. Por convicción propia imponen la privatización del agua; privatizan los bosques, tierras y salud de los pueblos mediante sus certificaciones al servicio del TMEC; privatizan hasta el patromonio cultural de los pueblos (como con la renta de Clavijero para bodas, la «Kuinchekua» como negocio privado o la exposición del plagiador de arte Wixarika César Menchaca). Todo eso es neoliberalismo puro y duro.

Ante esa privatización como política de Estado, nosotros desde abajo contruimos Lo Común como una nueva cultura. Porque Lo Común no es solo un predio rescatado por las organizaciones, Lo Común es la conciencia de que es nuestro derecho el acceso al territorio y a la cultura como bienes comunes. Y si nos hechan a la calle, Lo Común crecerá también la calle, en las redes sociodigitales, en dónde sea.
Somos imparables, somos una parte del pueblo consciente que ensaya como autogobernarse, cómo ejercer su libertad, y en el camino conoce a sus amigos y a quienes no lo son. Vamos ensayando la Juramukua que nos inspiran las comunidades originarias que construyen su autonomía.
Abramos la imaginación a lo necesario que hoy parece imposible, abramos la ventana de Overton hacia la izquierda:
- Reforma urbana YA: debe dársele una función social a todos los predios, sean públicos o privados, y si no lo cumplen ¡Que el pueblo los reclame y se las dé! basta ya de solo poseer para revender, eso coarta la economía productiva en provecho del rentista.
- Prioricemos nuestro derecho al territorio, el derecho a la Ciudad, por sobre el derecho a especular.
- Acabemos con la indigencia acabando con el parasitismo rentista, para restringir la extrema pobreza acabemos la extrema riqueza, que eso viene dicho desde Morelos en los Sentimientos de La Nación.
- Imaginemos colectivamente la ciudad que deseamos y necesitamos, y hagámoslo valer, eso es un ordenamiento territorial popular: colectivamente decidir sobre nuestros recursos.
- Restitución de sus tierras y manantiales a las comunidades indígenas pirindas de San Miguel del Monte, Jesús del Monte y Santa María, que históricamente las han sabido cuidar bien, para si mismas y para los demás.






