La Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia documenta más de 60 “infiernos ambientales” donde convergen contaminación industrial sin control, despojo territorial y una crisis sanitaria que afecta principalmente a niños y jóvenes.
Por: en15dias.com / Con información de Renacer
Ciudad de México.- A tres décadas del inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, comunidades de 18 estados de la república presentaron un devastador balance de lo que consideran las consecuencias reales de la apertura comercial: no los beneficios económicos prometidos, sino “envenenamiento, enfermedades, contaminación, despojo del territorio y muerte”.
La Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (Renacer) —que cumple exactamente un año desde su fundación— emitió un extenso pronunciamiento en el que documenta cómo la instalación masiva de empresas transnacionales y parques industriales desde 1994 ha convertido amplias regiones del país en zonas de emergencia sanitaria y ambiental.
¿Qué es Renacer?

“Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, no hemos percibido los ‘supuestos beneficios’ que prometieron los gobiernos neoliberales para salir de la pobreza, sino todo lo contrario”, señalaron en conferencia de prensa.
“Hoy padecemos en todo México, sus dañinas consecuencias, como son la violenta devastación de nuestro entorno natural, las graves enfermedades crónico degenerativas y las muertes en nuestras familias”.
Conferencia de prensa
EL MAPA DEL ENVENENAMIENTO: 60 “INFIERNOS AMBIENTALES”
A través de investigaciones realizadas junto con científicos que acompañan a las comunidades, Renacer ha identificado la existencia de cientos de “Sitios de Emergencia Sanitaria y Ambiental” (SESA) por contaminación extrema en todo el país. Por encima de estos, destacan 60 grandes “Regiones de Emergencia Sanitaria y Ambiental” que la organización denomina “infiernos ambientales”.
“Ahí se superponen todo tipo de procesos contaminantes, agentes tóxicos y enfermedades como consecuencia de esta grave situación”, se explicó en el pronunciamiento.
“Donde la convergencia de los procesos extractivos y contaminantes sin control, han causado sufrimiento, destrucción y muerte”.
Entre las zonas críticas documentadas se encuentran Tula, Atitalaquia, Atotonilco y Apaxco en el sur del Valle del Mezquital (Hidalgo y Estado de México); el corredor industrial entre San Pedro Barrientos y Lechería en el Estado de México; el valle de Toluca; la Cuenca del Alto Atoyac en Tlaxcala y Puebla; El Salto y Juanacatlán en Jalisco; el norte del Istmo de Tehuantepec, Coatzacoalcos y Minatitlán, así como Tierra Blanca en Veracruz.
También se incluyen el sur industrial, el norte agroindustrial y el centro de Guanajuato; el área urbana y conurbada de Monterrey; la región de La Laguna en Coahuila; las regiones agroindustriales del Valle del Yaqui y la cuenca del río Sonora; las ciudades fronterizas de Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Reynosa y el río Bravo; múltiples regiones de Campeche y Yucatán; la cuenca poblana de Libres Oriental; la región que rodea la Planta de la Comisión Federal de Electricidad en Los Azufres y el puerto de Lázaro Cárdenas en Michoacán; Los Mochis en Sinaloa y Santiago Ixcuintla en Nayarit, “entre otras decenas de lugares más”.

UNA EPIDEMIA SILENCIOSA: NIÑOS CONDENADOS A MORIR DE CÁNCER
Las comunidades reportan estar expuestas desde hace más de tres décadas a “sustancias tóxicas, peligrosas y contaminantes, que terminan acumulándose nocivamente en nuestros cuerpos, principalmente en las infancias y personas jóvenes”.
El resultado, según documenta Renacer, es una epidemia de enfermedades graves que afecta desproporcionadamente a los sectores más vulnerables:
“En la mayoría de los casos sufren injustamente, desarrollan graves enfermedades o están condenados a morir a causa de todo tipo de cánceres —incluida la leucemia—, enfermedad renal crónica, púrpura trombocitopenia inmunitaria, efectos negativos en los sistemas reproductivos y endócrino, abortos, nacimientos prematuros, malformaciones al nacer, aparición de tumores o neoplasias, trastornos neurológicos, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma, así como otras enfermedades respiratorias y raras que la ciencia aún no define”.
LA ARQUITECTURA DE LA DESTRUCCIÓN AMBIENTAL
El pronunciamiento detalla cómo, bajo el argumento de que México necesitaba “progresar” para acceder al “exclusivo grupo del primer mundo”, se intensificó un proceso de “modernización” que en realidad implicó la modificación de leyes y normas ambientales para hacerlas permisivas.
“La llegada del neoliberalismo fue particularmente lesiva porque torció la redacción de leyes y normas que debieron de haber protegido la salud y el medio ambiente, volviéndolas permisivas, para que el país resultara atractivo a los negocios estadounidense, canadiense y europeos”, denunció la red.
Para lograrlo, el Estado mexicano trazó “gigantescos corredores, parques urbano industriales, extractivos y de agronegocios, para que los inversionistas extranjeros dispusieran de agua, materias primas, concesiones mineras y petroleras, así como de mano de obra barata bajo el régimen del outsourcing”.
Las comunidades denuncian que fueron engañadas con promesas de empleo y buenos salarios: “Lo que realmente quieren es la explotación de los trabajadores, la sobre utilización de los recursos naturales (aguas superficiales y profundas, aires, bosques, selvas, suelos, minerales, tierras raras, etc.) y la libertad para depredarlos y agotarlos, sin importar la salud, la preservación de la vida y la soberanía nacional”.
DESMANTELAMIENTO INSTITUCIONAL Y VIOLACIÓN DE DERECHOS
Renacer acusa que “los poderes económicos transnacionales en contubernio con los gobiernos neoliberales de los distintos partidos políticos fragmentaron, descoordinaron y desmantelaron las competencias e instituciones del Estado mexicano, para impedir que cumpla con sus obligaciones de investigación científica, inspección, regulación, vigilancia y sanción”.
Esta estrategia, argumentan, “abrió la puerta al despojo y destrucción de nuestro medio ambiente” y pisoteó derechos constitucionales fundamentales: “A vivir en un medio ambiente sano, a tener acceso al agua, a la salud y a la información acerca de los que se pretende hacer en nuestros territorios”.
“Lo que realmente nos han traído son enfermedades y muerte”, sentencian.






