La importancia de abordar el estudio del agua en la ciudad de Morelia desde una perspectiva histórica, nos permite identificar los procesos que han contribuido a deteriorar el medio ambiente y la calidad de vida de la población. Igualmente, nos ayuda a ubicar los diferentes actores y conflictos sociales que se han dado históricamente por el control, acceso, uso y manejo del agua. Esta es la segunda entrega de la serie llamada Hacia una historia del agua en Morelia: de la colonia al porfiriato: El problema del agua en Morelia y los conflictos sociales asociados: siglo XIX y principios del XX.
Hacia una historia del agua en Morelia: de la colonia al porfiriato II de IV
El problema del agua en Morelia y los conflictos sociales asociados: siglo XIX y principios del XX
Patricia Ávila García*
Buena parte del siglo XIX se caracteriza por una gran inestabilidad social y política en el país y en particular en le ciudad de Valladolid (hoy Morelia), desde la Guerra de Independencia hasta la Intervención Francesa. La ciudad se encontraba empobrecida. Su economía urbana estaba contraída y había un gran deterioro en las condiciones de vida de la población.
La población de Morelia sufrió un descenso importante en su magnitud; por ejemplo, entre 1803 y 1822 pasó de 18,000 a 11,890 habitantes (Arreola, 1978). Los niveles de mortalidad y morbilidad eran muy altos.
La mancha urbana creció lentamente y para esos años abarcaba una longitud de 1,000 metros de distancia entre los ejes norte-sur y oriente-poniente (Ramírez, 1985). En los alrededores de la ciudad se localizaban varias huertas zonas de cultivo que se regaban con las aguas de los ríos Chiquito y Grande. Pero, tanto los ríos como las ciénagas que rodeaban la ciudad, marcaron los límites naturales del crecimiento urbano y de la superficie agrícola.
La infraestructura urbana se vio también deteriorada por los ataques bélicos y la falta de mantenimiento; algunos puentes que cruzaban el río Grande se destruyeron y las obras de captación y conducción de agua requerían de una urgente reparación ya que amenazaban con dejar de abastecer a la ciudad.
«Como era notorio desde 1867, el estado de deterioro que presentaba la atarjea que conducía el agua a la ciudad era alarmante, pues se corría el riesgo de que, de un momento a otro, Morelia, toda, se quedara sin el vital líquido.» (Tavera, 1988: 181).
Ante esta situación era de vital importancia realizar obras de beneficio social y reactivar la economía urbana para dar empleo a la población. Por lo que, en los primeros años de la República, el ayuntamiento y el gobierno estatal emprendieron diversas obras de equipamiento urbano y saneamiento ambiental, y brindaron apoyos para el establecimiento de industrias.
Con estas acciones se dio inicio un nuevo proyecto de ciudad: la ciudad liberal con sus parques y plazas; pilas y fuentes públicas; majestuosos edificios; y nuevas industrias, comercios y servicios diversos (Tavera, 1988; Uribe, José, 1991). Proyecto en el que, tanto el gobierno estatal como el municipal, jugaron un papel determinante.
De manera paralela al desarrollo económico y social de la ciudad, y ante la relativa estabilidad política en el país, la población experimentó un mayor dinamismo demográfico; por ejemplo, entre 1882 y 1910, casi se duplicó al pasar de 25,000 a 40,042 habitantes (Arreola, 1978).
Con ello, la ciudad afianzó su predominio poblacional en el estado y alcanzó el octavo lugar a nivel nacional. Además, la mancha urbana se extendió hasta alcanzar los 3,100 metros de oriente a poniente y 2,000 metros de norte a sur (Ramírez, 1985).
La dotación de agua
En materia de dotación de agua, la labor que desarrolló el ayuntamiento fue muy importante. Esto es porque se encargó del mantenimiento de las obras de captación, conducción y distribución del agua, así como de la ampliación de su cobertura en diferentes puntos de la ciudad.
Por ejemplo, entre 1857 y 1890, el ayuntamiento construyó 12 pilas públicas, rehabilitó varios tramos de la red de distribución, y reconstruyó tramos del acueducto y del encortinado de la presa del Rincón (Tavera, 1988; Peña, 1987; Informe de Gobierno, 1889).
El financiamiento de las obras de agua en la ciudad fue posible, en parte, por la aplicación de un impuesto a varios bienes de consumo (ropa, abarrotes, mercería y medicinas), y por la aportación gratuita de trabajo.
Cabe mencionar que la construcción de nuevas pilas públicas en la ciudad benefició a un gran número de sus habitantes, dado que tenían que invertir mucho tiempo y esfuerzo para el traslado y acarreo de agua. En varios barrios de la ciudad, la población celebró con gran pompa el día en que se inauguraron sus pilas.
Sin embargo, a pesar de estas obras, los problemas de abastecimiento de agua no estaban resueltos en la ciudad. En la mayoría de las pilas públicas no alcanzaba a llegar un volumen suficiente de agua para la población. Esto en parte se debía a que su número era muy reducido en relación al total de habitantes.
El acceso y distribución diferencial de agua en la ciudad
La desigual distribución del agua en la ciudad fue un factor que contribuyó a que la escasez fuera diferencial entre la población. Esto es porque mientras amplios sectores de la población se abastecían de las pilas públicas, un reducido sector disfrutaba de las mercedes de agua que les habían sido concedidas desde la época colonial, o más recientemente por gestiones con el ayuntamiento.
Así, para 1898 había 28 pilas públicas que abastecían a cerca de 37,000 habitantes y captaban 759 litros por minuto (l/min). En cambio se tenían registradas 143 mercedes de agua que se destinaban para distintos usos y captaban un volumen de 600 l/min: 89 domésticas (126 /min), 16 de riego (381 l/min), 12 para baños (48 l/min), 8 industriales (32 1/min) y 12 derrames para riego (más de 16 l/min).
Esto significaba una dotación aproximada de 30 litros diarios por habitante (l/h/ d) en el caso de las pilas públicas, y de 200 l/h/d en el de las mercedes para uso doméstico (se consideró un promedio de 10 habitantes por merced).
No obstante, el punto central del problema era que los requerimientos del agua venían en ascenso y la disponibilidad no aumentaba, sino al contrario, tendía a disminuir.
Dicha disminución se explicaba por el desvío «clandestino» de agua para el riego de huertas y zonas de cultivo. Es decir, una parte muy importante del agua que se conducía a lo largo del acueducto, se utilizaba de manera ilegal (sin merced) para el riego. Su volumen era muy significativo, ya que se estimaba que era de 3840 l/min. Además, superaba a los 1560 l/min que consumía la ciudad (mercedes domésticas, pilas públicas, riego de terrenos, riego de paseos públicos).
Por tal razón, las quejas y los conflictos que se originaron por la distribución desigual del agua fueron un elemento constante en la ciudad.
El ayuntamiento era el principal responsable de esta situación, dado que era el que otorgaba las mercedes de agua en la ciudad. Por otra parte, tal volumen de agua desviado «clandestinamente» no podía haberle pasado desapercibido. Había muchos intereses y dinero de por medio, y la presión social también era muy fuerte.
Los conflictos por el control del agua
Muchos de los conflictos que se presentaron por el agua en el siglo XIX fue por la indeterminación jurídica sobre la posesión de las mercedes de agua y tierra concedidas en la época colonial.
Varias haciendas que rodeaban la ciudad sostuvieron largos juicios con el Ayuntamiento. El problema central es que, según este último, las haciendas invadían los límites de la ciudad, y no permitían su libre crecimiento; además de qué usufructuaban recursos que por derecho le correspondía a la población de Morelia.
Sin embargo, las haciendas defendían la veracidad de sus títulos virreinales y señalaban que la intención del Ayuntamiento era apoderarse de sus tierras y aguas para beneficiar a un reducido sector de la población que estaban ansioso por usufructuar las (nuevos ricos políticos comerciantes).
Dentro de los conflictos que se presentaron por el agua en el siglo XIX, destaca el de la hacienda del Rincón. Esto es porque se dio una intensa lucha por el control del agua, entre el Ayuntamiento y el dueño de la hacienda, dado que desde el inicio del siglo XVII, fue otorgada en propiedad del agua que nací en terrenos de la hacienda y que a su vez abastecía la ciudad.
La hacienda utilizaba sólo una parte del agua para el riego de cultivos, trigo, ganado, mover un molino y abastecimiento doméstico. El resto del agua fluya libremente sobre el hecho del río y luego se conducía la ciudad. Sin embargo, desde mediados del siglo XIX, el Ayuntamiento restringió el uso del agua a la hacienda, llegando al extremo de qué en 1000 1885 no pudo operar el molino ni regar.
Como resultado de la serie de conflictos que se dieron por el control del agua, y los abusos que se cometieron en aprovechamiento de las Mercedes de Agua se (tubería o canales, más grandes que lo de qué lo que debería ser), el gobierno estatal lanzó en 1894 Iniciativa del reglamento del Agua. La idea era aplicarlo para evitar la serie de ambigüedad jurídicas y conflictos asociados.
No obstante, hasta 1906, apareció el primer reglamento de uso de aguas de Morelia, en donde se especificaba entre otras cosas que: el uso público Del Agua es preferente al privado; la concesión de Mercedes de Agua es temporal y puede suspenderse; y el uso de las Mercedes de Agua puede ser transitorio, en caso de qué hay escasez en las pilas públicas.
*¿QUIÉN ES?
Patricia Ávila García*
Patricia Ávila García tiene una formación interdisciplinaria en: Ingeniería Civil (UNAM), Maestría en Desarrollo Urbano (El Colegio de México), Doctorado en Ciencias Sociales (CIESAS), Postdoctorado en Agua y Cambio Global (Universidad Tecnológica de Helsinki), Especialidad internacional en Medio Ambiente y Desarrollo (LEAD International-Rockefeller Foundation) y Entrenamiento internacional en Dimensiones Humanas del Cambio Global (International Human Dimensions Program). Su acercamiento transdisciplinario es por vinculación con actores y movimientos sociales en defensa del agua y territorio, así como con actores estatales y supranacionales que inciden en políticas urbanas y ambientales. Actualmente, es investigadora, en el área de Ecología Política y Estudios Socioambientales, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sutentabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Morelia.
Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales y socioterritoriales, salud comunitaria, derechos humanos, política ambiental y periodismo.
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