El río Porúas-Curucupatzeo-Carácuaro viene muriéndose en las manos de la generación actual, lo que no ocurría en milenios. Y se viene muriendo por falta de una planificación sustentable del crecimiento económico y por la ausencia de un compromiso con la sostenibilidad del agua y esto es responsabilidad gubernamental y de los ciudadanos. El problema está ahí, no se puede ocultar. La agonía de un río
La agonía de un río
Julio Santoyo Guerrero*
He preguntado a la gente más vieja de estas tierras si el río se ha secado en años pasados. Ninguno tiene testimonios de que algo así hubiera ocurrido, y no podrían no haberlo sabido porque su vida depende de las aguas que por él corren.
En archivos a los que tuve acceso de la ya desaparecida Compañía Eléctrica de Morelia encontré cinco oficios interesantes, relativos a la caída del caudal del río Porúas que mermó en el pasado la producción eléctrica de la hidroeléctrica más antigua de Michoacán, la de San Pedro Porúas.
El río Porúas, referido en los oficios, es la afluente permanente más importante del río Curucupatzeo-Carácuaro. El primer oficio, fechado el 6 de febrero de 1944, indica “… hacer de su conocimiento y de las personas que integran la ya mencionada Junta (de aguas) que hace días que hemos notado un descenso considerable en el almacenamiento de aguas de la presa de San Pedro, y considero, que, de seguir así, para fines de la próxima semana, ya nos habremos visto en la necesidad de interrumpir los servicios en las horas más pesadas de carga…”
En oficio de diciembre de 1945 se hace referencia al problema de la sequía y a la caída de la producción eléctrica, pero ocasionada por usos ilegales no reconocidos por la entonces Comisión Nacional de Irrigación, incluso señala que “debemos sacar el mayor rendimiento de la planta de San Pedro”, dando por supuesto que a pesar de la sequía general el río Porúas llevaba agua suficiente para mover las turbinas.
Otro oficio del 14 enero de 1946 da testimonio de que la falta de caudal generó apagones en Morelia, Acuitzio y otras poblaciones, y en él ruega al presidente municipal de Madero que “en forma atenta y respetuosa su intervención, para que, por súplica y convencimiento, que el agua que el ejido no utiliza en las noches, la deje pasar libremente, sabiendo que de esa manera ayuda a la resolución de un problema de orden público.”
Para marzo de 1947 el problema se repetía no por falta de agua sino por extracciones no reguladas. El parte de la Compañía Eléctrica de Morelia explicaba: “En virtud de que nos está faltando agua en el río Porúas para poder generar toda la cantidad de energía eléctrica que requieren las poblaciones de Morelia, Acuitzio, Santa María, Santiago Undameo, Tiripetio y Villa Madero, tenemos necesidad de tomar algunas medidas para racionar a estas poblaciones toda vez que no podemos contar con el agua suficiente a que tenemos derecho conforme a nuestra concesión…” y remata “Si los usuarios del río Porúas en forma tan poco cuidadosa no atienden nuestras indicaciones de dejarnos pasar la cantidad de agua mínima que requerimos para que los servicios no se interrumpan, no nos queda otro recurso que hacer estas interrupciones.”
El problema de la caída de caudales y paro en la producción se arrastró hasta 1951, año en que se registra la siguiente comunicación, “Este hecho nos revela que algunos usuarios del río Porúas y sus afluentes han comenzado a desviar cantidades de agua sin ajustarse a los lineamientos del Reglamento que previene que cuando en tiempo de secas disminuye el caudal de los ríos que son de propiedad nacional, proporcionalmente a la concesión de cada usuario debe también hacerse una disminución en el agua que disfruta.”
Conforme a los registros revisados de los niveles de agua de las presas de este sistema hasta mediados de los ochenta no se registra otra caída de caudales. Hasta comienzos del siglo XXI esta hidroeléctrica, que es un monitor perfecto sobre la disponibilidad de caudales del río Porúas, Curucupatzeo-Carácuaro, estuvo trabajando tres turnos los siete días de la semana, como venía ocurriendo desde 1905, fecha en que inició sus operaciones.
En la actualidad esta hidroeléctrica, propiedad ahora de la Comisión Federal de Electricidad, también agoniza debido al nivel crítico del caudal del río provocado por la privatización de aguas tierras arriba; solo trabaja un turno de lunes a miércoles produciendo apenas 200 KW. Se prevé que para finales de abril no se pueda siquiera terminar un solo turno como sucedió el año pasado.
La tensión por la regulación en los usos de agua, como se puede apreciar en estas referencias documentales, es histórica en Madero. Para des fortuna de la población quien está ganando la guerra por la privatización de las aguas nacionales es la producción aguacatera y frutillera que sigue incrementado las hectáreas con cambio de uso de suelo, construyendo más hoyas e instalando más cultivos de frutillas.
Como hasta ahora no hay ninguna intervención inmediata ni con planes a futuro de parte de las instituciones para atender esta atrocidad, y considerando que las probabilidades de que el río se seque por segundo año consecutivo ―de un año a la fecha se construyeron más hoyas y se estima una sequía en el 82 % del territorio estatal contra 84 % del año pasado―, con las consecuencias que cualquiera pueda imaginarse, y aunque se acuse que la propuesta está fuera de la formalidad legal, es imperioso éticamente hacer un llamado a los aguacateros y frutilleros que tienen acaparada el agua a que, por compasión y solidaridad con los habitantes de la tierra caliente de Madero, Carácuaro y Nocupétaro, liberen el 80 % de las aguas y con ello se evite el daño a la vida humana, a los ecosistemas y a las actividades productivas de los pobladores de esta región.
El año pasado hubo aguacateros que así lo hicieron para bien de algunas localidades, algunos de ellos nos han comunicado que ya lo están haciendo ahora. Creemos que ese camino lo pueden seguir otros y con ello, de manera inmediata y urgente impedir que el río agonice de nuevo.
El río Porúas-Curucupatzeo-Carácuaro viene muriéndose en las manos de la generación actual, lo que no ocurría en milenios. Y se viene muriendo por falta de una planificación sustentable del crecimiento económico y por la ausencia de un compromiso con la sostenibilidad del agua y esto es responsabilidad gubernamental y de los ciudadanos. El problema está ahí, no se puede ocultar.
La agonía de un río
¿Quién es?
*Julio Santoyo Guerrero
Es consejero del Consejo Estatal de Ecología de Michoacán e Integrante del Consejo Promotor de Área Natural Protegida en Madero, sur de Morelia y Acuitzio del Canje.
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