Hay desapariciones que exhiben el tamaño del fracaso del Estado. La desaparición del defensor ambiental José Luis Silva Andrade no puede entenderse como un caso aislado de la comunidad de Agua Fría. Tenemos que observarlo como reflejo de un país donde proteger los bosques, el agua y los territorios puede costar la libertad o la vida. / ¡José Luis Silva Andrade debe volver a casa, ya!
Uitzume, el perro del lago
¡José Luis Silva Andrade debe volver a casa, ya!
Hay desapariciones que exhiben el tamaño del fracaso del Estado. La desaparición del defensor ambiental José Luis Silva Andrade no puede entenderse como un caso aislado de la comunidad de Agua Fría. Tenemos que observarlo como reflejo de un país donde proteger los bosques, el agua y los territorios puede costar la libertad o la vida.
¿Por qué siguen desapareciendo personas defensoras del territorio?;¿Por qué quienes denuncian la tala ilegal terminan necesitando protección en lugar de recibir respaldo?; ¿Por qué comunidades enteras deben enfrentar prácticamente solas a quienes destruyen los bosques, a quienes les quitan sus manantiales y a quienes amenazan su territorio?
Hay que decirlo claro y fuerte, José Luis Silva Andrade no desapareció por accidente.
Su desaparición se da en un contexto marcado por actividades como la tala ilegal, la disputa por los territorios, las amenazas contra quienes defienden los bienes comunes y la presencia de grupos que han convertido los recursos naturales en una fuente de riqueza ilícita.
Este contexto era plenamente conocido por las autoridades. Desde febrero de 2026, la comunidad de Agua Fría había denunciado de manera reiterada amenazas de grupos armados que buscaban apoderarse de su territorio.
Organizaciones como Front Line Defenders documentaron al menos tres episodios graves de intimidación entre febrero y marzo, además de denunciar que las agresiones fueron reportadas ante distintas instancias estatales sin que se lograra frenar la escalada de violencia.
Cuatro meses después, José Luis Silva Andrade desapareció mientras acudía a verificar un presunto caso de tala ilegal.
Resulta profundamente preocupante que, en una entidad donde la tala ilegal ha devastado miles de hectáreas y donde las comunidades han asumido muchas veces la defensa del territorio ante la ausencia de la autoridad, los defensores continúen siendo quienes pagan el costo más alto. Mientras ellos protegen el patrimonio ambiental de todos, la mayoría de las veces enfrentan solos las amenazas.
Y es que no se entiende o no se quiere entender que cada día que pasa sin que José Luis Silva Andrade sea localizado con vida es un día más de impunidad.
La autoridad y las fiscalía deben entender que no basta con abrir carpetas de investigación ni emitir comunicados o trasladar responsabilidades entre instituciones. Debemos recordar que la obligación constitucional del Estado mexicano no termina cuando recibe una denuncia, debe comenzar ahí porque su deber es prevenir, proteger, investigar, buscar y garantizar justicia.
Las organizaciones nacionales e internacionales que acompañan este caso han señalado que existían riesgos previos y que la protección para las personas defensoras sigue siendo insuficiente.
Hay que escucharlos ya que sus señalamientos no pueden ser ignorados ni minimizados porque cuando quienes arriesgan su vida para cuidar los bosques piden ayuda, el silencio institucional no puede convertirse en la respuesta.
La desaparición de un defensor ambiental además de afectar a su familia, afecta a toda la sociedad porque la desaparición de quien protege el bosque causa la desaparición de una voz que defendía el agua, la biodiversidad, el territorio y el derecho colectivo a un medio ambiente sano.
Esto es preocupante porque el mensaje que recibe el resto de las comunidades es que si te atréves a denuciar los impactos socioambientales de megaproyectos, de modelos productivos y de negocios ilegales te puede costar la vida.
Como sociedad debemos exigir una investigación independiente, exhaustiva y transparente; que la búsqueda de José Luis Silva Andrade sea una prioridad real y no un expediente más; que quienes han amenazado, desaparecido o asesinado a personas defensoras enfrenten a la justicia, sin importar quiénes sean ni los intereses que representen.
Desde en15días nos sumamos a la exigencia de localización con vida de José Luis Silva Andrade. Nos solidarizamos con su familia, con su comunidad y con todas las defensoras y defensores ambientales que continúan enfrentando amenazas por proteger un patrimonio que pertenece a todas y todos.
El Estado mexicano tiene una deuda pendiente con quienes defienden la naturaleza. No basta con homenajearlos cuando ya no están. La obligación es garantizar que regresen a casa, que puedan ejercer su labor sin miedo y que la defensa del bosque, el agua, el territorio y la vida deje de ser una sentencia de riesgo.






