El 3 de septiembre, dos minutos después de las 17:00 horas, el recambio de uranio enriquecido que alimenta la única central nuclear de generación eléctrica de México, una operación delicada pero rutinaria, derivó en una situación de riesgo naranja, un paso antes del rojo, que significa la máxima alerta para la seguridad de la planta.
Así lo revela un reporte de 13 páginas elaborado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) examinado por EL PAÍS, donde se identifican deficiencias respecto del “desempeño humano”, de “una sana cultura de seguridad nuclear” y de “aspectos programáticos u organizacionales” en la planta.
De acuerdo con fuentes de la planta, quienes pidieron mantenerse en el anonimato, este no ha sido el único episodio similar vivido en la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde (Veracruz). En octubre y a principios de diciembre hubo otros dos incidentes que elevaron el riesgo a naranja.
La central propiedad de CFE, ubicada en el municipio de Alto Lucero, en el centro del Estado, tiene dos reactores con una capacidad instalada de 810 megavatios cada uno. Representa un 4% de la capacidad eléctrica instalada de México y un 2% de la generación total del país.
Durante su funcionamiento normal y el proceso de recarga de combustible, la planta utiliza un monitoreo por colores que indica los grados de peligro de derretimiento del núcleo o componentes desconectados (una nomenclatura que adapta los estándares utilizados por la Comisión Regulatoria Nuclear de Estados Unidos).
Checa el reportaje completo en El País.
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