Una de las historias que se contaba era sobre un gran cerro del que se decía que era muy grande, que estaba lleno de vida y, además, que era muy amable y platicador con las nubes, que le gustaba contarles historias para entretenerlas ahí algún tiempo. / La leyenda de El Cerro del Tzirate y la formación del Lago de Pátzcuaro
La leyenda de El Cerro del Tzirate y la formación del Lago de Pátzcuaro
Por: en15dias.com / Con información de Conagua / Tradición oral purépecha.
Foto: Gilbert Gil
Cuenta la leyenda que hace muchos años, cuando el lago aún no se había formado, el cerro del Tzirate ya estaba ahí, junto a los otros cerros y volcanes que ahora forman la cuenca del lago de Pátzcuaro.
Este cerro, que es el más alto de los que rodean al lago, estaba lleno de vida. Cubierto por grandes pinos y encinos, era de un verde muy especial; había también muchos animales: conejos, ardillas, reptiles, insectos, mamíferos, pájaros, mariposas, colibríes y hasta hongos.
A pesar de ser un cerro tan grande y lleno de vida, los animales y plantas que lo habitaban se daban cuenta de que el cerro estaba triste y aburrido. Todos los que en él habitaban habían intentado alegrarlo: las plantas dieron flores aromáticas, los pájaros cantaban, las mariposas revoloteaban y otros animales lo recorrían saltando y corriendo, pero nada parecía mejorar su estado de ánimo.
Mientras se acercaba el verano, muy lejos de ahí, en la costa de Michoacán, el calor hacía que minúsculas gotitas de agua del océano se evaporaran para formar grandes nubes blancas que el viento empujaría para iniciar un largo viaje.
Las nubes estaban muy contentas de iniciar este gran viaje, porque las gotas de agua que volvían al mar, a través de los ríos y después de un gran recorrido, contaban muchas historias y anécdotas.
Una de las historias que se contaba era sobre un gran cerro del que se decía que era muy grande, que estaba lleno de vida y, además, que era muy amable y platicador con las nubes, que le gustaba contarles historias para entretenerlas ahí algún tiempo.
Así, grandes nubes blancas y esponjosas iniciaron su viaje hacia tierra adentro.
El viento fue empujándolas mientras ellas jugaban cambiando de forma y color. Cuando se ponían pesadas y grises, porque ya estaban muy cargadas de agua, dejaban caer un poco, a veces como una ligera llovizna y otras con gotas grandes y pesadas, para continuar su viaje un poco más ligeras.
Un día, que las nubes estaban siendo empujadas suavamente, vieron de frente al cerro del Tzirate.
Lo identificaron de inmediato, era un cerro majestuoso, lleno de vida y colores.
Impresionados por su belleza, las nubes se acercaron para dejarse encantar por sus historias.
Cuando el viento empujó a las nubes nuevamente para continuar su viaje, una de ellas, una nube grande, blanca y esponjosa, estaba tan entretenida con las historias del cerro que se quedó escuchándolo y, sin darse cuenta, se separó del resto de las nubes.
Así pasaron las semanas, en las que los animales del cerro también disfrutaban las bondades de la nube, y un día el viento le dijo a la nube que ya era hora de irse, de seguir su camino, que en otro espacio la estaban esperando.
La nube se puso muy triste, se quería quedar ahí, pero el viento le dijo que no era posible.
La nube empezó a pensar de qué manera podía quedarse. El cerro entristecido también, le dijo que su destino era seguir su viaje. Pero la nube se negaba y una noche tomó una decisión muy drástica, Se abrazó al cerro, lo cubrió con toda su blancura y llegó hasta las faldas.
El agua corría por el cuerpo del cerro dormido, que solo sentía el agua correr y no abría los ojos para no ver cuando la nube se fuera al día siguiente. Los animales que vivían en el cerro empezaron a jugar y a brincar encima de él para que despertara, para que viera lo que había ocurrido.
Los pájaros le cantaban muy fuerte, los mamíferos removían el terreno y las serpientes se trasladaban a mayor velocidad. Entonces, el cerro poco a poco empezó a abrir los ojos y se dio cuenta de que había algo nuevo a sus pies.
Era el Lago de Pátzcuaro.
La nube decidió quedarse para siempre en forma de agua líquida, escurrir por el cerro para formar el lago, para que todos los días pudieran verse y alimentar a toda la vida que estaba alrededor del Cerro del Tzirate.
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