EL (resumen) ANUAL ¿Qué pasó en mayo de 2025?

Mayo de 2025 reveló la tensión entre discursos verdes y un modelo extractivista que avanza sobre el agua, las cuencas y las comunidades en Michoacán. Entre megaproyectos, violencia territorial y simulación institucional, el mes expuso la disputa real por el territorio.


EL (resumen) ANUAL ¿Qué pasó en mayo de 2025?

Por: en15dias.com

Vaya, vaya… mayo confirmó que en Michoacán el agua fue la moneda de cambio, el territorio la arena de disputa y las comunidades el campo de batalla silencioso donde se libran las tensiones que los discursos oficiales intentan maquillar.

Desde las juntas de agua de Morelia hasta la cuenca de Pátzcuaro, desde la Sierra Sur hasta los corredores industriales en construcción, el mes exhibió el choque entre la narrativa verde del poder y la realidad extractivista que se profundiza.

La primera semana abrió con un recordatorio incómodo: el Ayuntamiento de Morelia usó la bandera de la “nueva Ooapas” para debilitar juntas comunitarias en zonas estratégicas del sur, mientras el gobierno estatal desempolvaba por enésima vez un plan turístico disfrazado de rescate ambiental para el lago de Pátzcuaro.

Los megaproyectos siguieron tensando territorios, como el Segundo Piso del Periférico, donde casi un centenar de expropiaciones se mantienen en disputa, y el Parlamento Abierto del Congreso se convirtió en vitrina de greenwashing más que en espacio de deliberación.

Entre anuncios, simulaciones y silencios, los conflictos por el agua, la tierra y la movilidad dejaron ver el modelo de ciudad que se cocina desde arriba: fraccionamientos, obra pública y especulación, nunca cuencas, bosques ni comunidades.

La segunda semana solo profundizó la crisis: Conagua confirmó la existencia de 35 mil hoyas ilegales pero no tocó a los grandes acaparadores; el sur de Morelia quedó marcado por desplazamientos y cobros criminales; y el periodismo fue nuevamente señalado como una profesión de riesgo extremo en México.

Mientras tanto, las madres buscadoras recordaron que el 10 de mayo es lucha y duelo, no celebración, y la Semarnat y la Conanp repitieron discursos suaves mientras las decisiones críticas sobre cuencas y conservación siguieron frenadas por cálculo político.

La tercera semana reveló el verdadero centro del poder: no el gobierno, sino la alianza empresarial que impulsa el llamado Plan México desde la sombra. La visita de Altagracia Gómez y la puesta en vitrina del Parque Bajío mostraron que el nearshoring ya encontró territorio dócil y gobierno dispuesto.

Aguacate, berries e infraestructura pública al servicio de la agroindustria marcaron la agenda, mientras el pacto silencioso entre un gobernador morenista y un alcalde panista confirmó que cuando se trata de negocios, las ideologías estorban.

Y mientras las élites brindaban en mesas largas que parecían salida del viejo priísmo, Morelia enfrentaba un teleférico sin manifestación de impacto ambiental, con grietas en escuelas y pilares sobre la potabilizadora.

Las hoyas de agua se multiplicaban en Umécuaro, Conagua delegaba tareas al “Guardián Forestal”, y en San Nicolás Obispo la Guardia Civil desalojaba con golpes a quienes exigían pagos justos. Entre tanto, el 15 de mayo la ciudad se abrió a otra geografía de solidaridad: la marcha por Palestina, un recordatorio de que el despojo conecta luchas aquí y allá.

La cuarta semana exhibió el deterioro acelerado de la Sierra Sur: grupos criminales avanzaron sobre Villa Madero, asesinaron al maestro mezcalero Sergio Rangel y vaciaron destiladoras bajo amenaza, mientras gobiernos municipales y estatales celebraban “coordinación” de escritorio.

En paralelo, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum impulsó los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, una industrialización del siglo XXI que promete prosperidad pero exige agua, territorio y mano de obra barata.

Morelia fue incluida como polo industrial, y las cámaras empresariales celebraron con la misma energía con que las comunidades alertaron sobre el colapso hídrico que ya vive la ciudad. El teleférico sumó grietas, dictámenes pendientes y dudas acumuladas para la secretaria Gladyz Butanda, justo cuando su nombre sonaba para la gubernatura.

Semarnat recibió solicitudes de cambio de uso de suelo en Altozano y Bosque Monarca —los viejos depredadores al acecho— y Conagua presumió 100 cancelaciones de concesiones sin aportar ni un dato verificable. Pero las comunidades respondieron: San Nicolás Obispo, La Mintzita y colectivos de agua rodaron por la vida para frenar el Segundo Anillo, recordando que la defensa territorial sigue viva pese a la inercia gubernamental.

La quinta semana cerró el mes con una postal perfecta de la simulación institucional: conservación sin protección real, agua sin datos, infraestructura sin estudios, seguridad sin presencia.

El titular de la Conanp avaló un convenio que presume medio millón de hectáreas protegidas, mientras el gobierno estatal reducía polígonos clave como Cerro del Águila y Quinceo. Conagua habló de miles de concesiones revisadas, pero sin mapas, nombres ni volúmenes.

El Polo de Desarrollo para Morelia repitió mantras de “prosperidad compartida”, aunque lo que viene —otra vez— es competencia por el agua y expansión industrial en una cuenca agotada.

El teleférico continuó entre grietas, cartas compromiso y vacíos legales; la Sierra Sur siguió bajo asedio criminal; y la oposición denunció la existencia de un “Cártel de Altozano”, señalando que la omisión gubernamental se ha vuelto política pública. Las instituciones posaron para la foto; el territorio pagó la factura.

Así fue mayo de 2025: cinco semanas donde el poder maquilló crisis con discursos verdes, donde la industrialización avanzó sobre cuencas frágiles, donde el sur de Morelia se quebró entre violencia y abandono, y donde las comunidades —una vez más— fueron las únicas que articularon defensa real del territorio.


ANUARIO 2025


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