A 22 kilómetros de la capital michoacana, en las faldas de montañas que superan los 3,000 metros de altura, una comunidad habita sobre uno de los territorios más estratégicos para la sustentabilidad hídrica de Morelia: la microcuenca de Capula, una extensión de casi 10,000 hectáreas que funciona como zona de recarga acuífera pero que enfrenta amenazas ambientales derivadas de décadas de contaminación.

Capula: la microcuenca que sostiene el agua de Morelia
Por: en15dias.com / Con información de diversas fuentes*
En Capula —cuyo nombre proviene del náhuatl y significa «lugar de capulines»— habitan 5,624 personas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
La comunidad se extiende sobre una microcuenca que, de acuerdo con el Instituto Municipal de Planeación de Morelia (IMPLAN), abarca 9,801.7 hectáreas de territorio montañoso donde el agua de lluvia se infiltra hacia el acuífero Morelia-Queréndaro, del cual depende el abastecimiento de aproximadamente la mitad de la población de la capital del estado.
Capula guarda un secreto hidrológico fundamental: sus suelos son una de las principales zonas de recarga del acuífero que alimenta a casi un millón de habitantes.
Un territorio estratégico en cifras
Los datos técnicos del IMPLAN revelan la importancia geográfica de esta microcuenca. Su territorio se extiende a lo largo de 12.78 kilómetros de longitud y 7.68 kilómetros de ancho, con un perímetro de 43.43 kilómetros.
La altitud varía dramáticamente: desde los 2,002 metros sobre el nivel del mar en su punto más bajo hasta los 3,081 metros en las cumbres que la delimitan, con una altitud media de 2,542 metros.
Esta topografía montañosa —clasificada por los expertos como «muy montañosa»— significa que el agua de lluvia desciende rápidamente por las laderas.
Los hidrólogos llaman a esto «tiempo de concentración rápido», una característica que, según el IMPLAN, indica el posible riesgo de inundaciones si el territorio no es manejado adecuadamente y no hay esquemas preventivos que tomen en consideración estas características.
Pero hay otro aspecto crucial: el poniente de Capula, junto con Cuto de la Esperanza, constituye una de las zonas de mayor infiltración y recarga acuífera del municipio, de acuerdo con información oficial del organismo municipal de planeación. Esto significa que cada gota de agua de lluvia que cae en estos suelos tiene la oportunidad de filtrarse hacia las profundidades de la tierra, recargando el acuífero del cual dependen cientos de miles de personas.
El sistema hídrico y su conexión con el río Grande
La microcuenca de Capula no funciona de manera aislada. Forma parte de un complejo sistema hidrológico que drena hacia el lago de Cuitzeo.
Según el IMPLAN, «la microcuenca del río Grande recibe aporte de Capula, del río Chiquito y Los Pirules». Este río Grande cruza diferentes municipios hasta llegar al lago de Cuitzeo y al llegar a él, es encauzado por diversos canales para el Distrito de Riego 020 Morelia-Queréndaro, que abastece de agua a cultivos en una amplia región.
Es aquí donde la historia de Capula se entrelaza con uno de los problemas ambientales más graves de Michoacán: la contaminación del agua. Porque si bien la microcuenca de Capula aporta agua relativamente limpia al río Grande, este afluente recorre luego la zona urbana de Morelia donde recibe las descargas de 554 puntos de aguas residuales, según el conteo del IMPLAN.
«Por más de 20 años el Organismo Operador del Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (OOAPAS), de Morelia, contamina las aguas del distrito de riego 020 que comprende los municipios de Morelia, Tarímbaro, Álvaro Obregón, Queréndaro y Zinapécuaro», afirmó Roberto Arias Reyes, titular de la Comisión Estatal del Agua y Gestión de Cuencas (CEAC), en julio de 2024.
La paradoja del agua: limpia en la montaña, contaminada en la ciudad
Los datos científicos son contundentes. Un estudio publicado en 2017 en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental por investigadores del Instituto Politécnico Nacional y el Colegio de Postgraduados analizó los influentes y efluentes de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Atapaneo, que recibe el agua contaminada de Morelia antes de que continúe su curso hacia el distrito de riego.
ACÁ PUEDES VER EL ESTUDIO: HIDROQUÍMICA Y CONTAMINANTES EMERGENTES EN AGUAS RESIDUALES URBANO INDUSTRIALES DE MORELIA, MICHOACÁN, MÉXICO
Los resultados fueron preocupantes: la planta, que utiliza el sistema de lodos activados, tiene una eficiencia de remoción media de apenas 25.8 por ciento para contaminantes emergentes como fármacos, productos de cuidado personal y disruptores endócrinos. Los compuestos hormonales y esteroides mostraron la mayor persistencia, con una eficiencia media de remoción de solo 10.7 por ciento.
«Se calcula, de forma gruesa, que se agregan anualmente unos 9,000 gramos de estos contaminantes en las aguas tratadas», señala el estudio. Estas aguas, mezcladas con flujos de aguas residuales urbano-industriales no tratadas, son conducidas finalmente al lago de Cuitzeo, pero antes, una parte es utilizada en el riego de cultivos en la zona Morelia-Queréndaro.
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) documentaron en 2021 cómo «en la salida de la presa de Cointzio el agua del Río Grande es de buena calidad, pero pocos kilómetros después, al llegar a la descarga de la industria papelera, las condiciones cambian drásticamente y pasa a estar contaminado».
El Río Chiquito y el Río Grande: 250% más contaminados
En 2019, el titular de la CEAC, Germán Tena Fernández, reveló cifras alarmantes: el Río Chiquito y el Río Grande presentan hasta 250 por ciento más de la contaminación de lo que tienen otros acuíferos del país, y representan un riesgo sanitario para casi 900 mil habitantes de la región metropolitana.
La situación es aún más grave porque las aguas negras se vuelven a mezclar con las recién tratadas, una tendencia que se repite en prácticamente todas las partes del estado donde se intentan limpiar el líquido.
En el municipio existen ocho plantas tratadoras de aguas residuales. Dos plantas trabajan a su máxima capacidad, cuatro funcionan entre un 60 y un 70 por ciento y otras dos están fuera de operación. En su conjunto, solo tratan el 60 por ciento del agua residual. Por tanto, un 40 por ciento del agua residual no recibe tratamiento.
El acuífero sobreexplotado: un déficit creciente
Mientras la microcuenca de Capula realiza su función natural de recarga acuífera, en las profundidades el agua se extrae a un ritmo insostenible.
El acuífero Morelia-Queréndaro, que se extiende por 3,510 kilómetros cuadrados, se encuentra vedado ante la condición de sobreexplotación existente, según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).
Los números oficiales publicados en 2020 muestran un panorama preocupante: el acuífero tiene una recarga media anual de 286.6 millones de metros cúbicos, pero el volumen concesionado de agua subterránea alcanza 168.92 millones de metros cúbicos anuales, más la descarga natural comprometida de 127.8 millones. El resultado: un déficit de 10.21 millones de metros cúbicos anuales.
En el municipio de Morelia hay 218 concesiones para aprovechamientos subterráneos, de acuerdo con el Registro Público de Derechos de Agua.
El uso público urbano representa más de tres cuartas partes del volumen consumido: 28,237,709.70 metros cúbicos anuales, el equivalente a 77.52 por ciento del total extraído.
Los retos hidrológicos: entre la infiltración y la erosión
Los parámetros morfométricos de la microcuenca revelan retos significativos para su manejo. Su coeficiente de forma es moderadamente achatada, con una compacidad de redonda a oval redonda. Pero lo más relevante es su clasificación como «muy montañosa» con una densidad de drenaje baja.
«El 56% de las microcuencas están categorizadas como muy montañosas y solamente 22% lo son moderadamente; dicha característica presenta un gran reto en términos de retención de sedimentos y manejo de suelos en particular», advierte el IMPLAN en su estudio hidrológico del municipio.
Esta topografía abrupta significa que durante las lluvias intensas, el agua desciende con fuerza por las laderas, arrastrando sedimentos y nutrientes. Si no hay cobertura vegetal adecuada o prácticas de conservación de suelos, la erosión puede ser severa. Además, los tiempos de concentración rápidos implican que las crecidas pueden ser repentinas y violentas.
La urgencia de un plan integral
La microcuenca de Capula representa un caso emblemático de la necesidad de gestión integral del territorio.
Por un lado, cumple funciones ecosistémicas críticas: infiltración de agua hacia el acuífero, provisión de agua limpia al sistema hidrológico regional, y hábitat para especies de flora y fauna. Por otro, forma parte de un sistema hidrológico que sufre una de las contaminaciones más severas del país.
Los especialistas coinciden en que se requiere una estrategia que incluya varios componentes:
- Protección de zonas de recarga: Las áreas de infiltración en el poniente de Capula deben ser protegidas de la urbanización y de prácticas agrícolas que reduzcan la permeabilidad del suelo.
- Mejoramiento de plantas tratadoras: La infraestructura actual solo trata el 60 por ciento del agua residual municipal, lo que resulta insuficiente. Se requiere ampliar la capacidad de la planta de Atapaneo y construir nuevas instalaciones.
- Control de descargas industriales: La industria papelera y otras empresas que descargan al río Grande necesitan sistemas de tratamiento más eficientes o mecanismos de control más estrictos.
- Restauración de cauces: Los ríos Grande y Chiquito requieren programas de limpieza y restauración ecológica para recuperar al menos parte de su función natural.
- Manejo de cuenca: Las prácticas de conservación de suelos, reforestación y manejo del agua en la microcuenca de Capula pueden ayudar a mejorar la calidad y cantidad del agua que aporta al sistema.
- Desarrollo comunitario: La población de Capula, que habita sobre un territorio estratégico, debe ser incorporada como aliada en la conservación, pero también debe recibir apoyo para mejorar sus condiciones de vida y diversificar sus actividades económicas de manera sustentable.
Las voces que faltan
Pese a la importancia estratégica de la microcuenca de Capula, la voz de sus habitantes rara vez se escucha en las discusiones sobre política hídrica de Morelia.
Las decisiones sobre extracción de agua, construcción de infraestructura y zonificación urbana se toman en oficinas de gobierno, sin considerar el conocimiento local de quienes han vivido durante generaciones en estas tierras.
La microcuenca de Capula sigue cumpliendo su función hidrológica ancestral. La pregunta es cuánto tiempo más podrá sostener a una ciudad que extrae más agua de la que la naturaleza puede reponer, y que devuelve al sistema un líquido contaminado que termina envenenando el lago de Cuitzeo.
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