Proyecto Itsï Sïrukuni, el Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro

¿De qué trata el proyecto de restauración socioambiental de la cuenca de Pátzcuaro? en15dias.com entrevistó a la doctora Yessica Rico Mancebo del Castillo, responsable técnica del proyecto, y a la doctora Karina Mora Mendoza, investigadora por México adscrita al Centro Regional del Bajío. / Proyecto Itsï Sïrukuni, el Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro

Proyecto Itsï Sïrukuni, el Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro

Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
julio 2026

La Cuenca del Lago de Pátzcuaro arrastra un deterioro que especialistas describen como acumulado por décadas: bosques fragmentados, humedales rellenados con escombro, especies como el achoque o el pescado blanco reducidas a bolsones aislados, y un espejo de agua que se ha encogido de forma visible desde que en 2024 una sequía severa lo volvió noticia nacional.

Sobre ese escenario aterrizó, hace poco más de un año, un proyecto federal que busca, según lo describen sus responsables, dejar de tratar el lago como un problema exclusivamente hidrológico y abordarlo como lo que es: un territorio donde el agua, el bosque, la fauna, el patrimonio arqueológico y la vida comunitaria están entretejidos.

Lo que distingue a esta iniciativa son sus ejes de trabajo: ocho líneas de acción entre los cuales se encuentran los temas de bosques, agroecología, fauna acuática, humedales, patrimonio biocultural, fortalecimiento de capacidades, divulgación y legislación, que no operan por separado, sino que están diseñadas para sostenerse unas a otras.

La doctora Yessica Rico Mancebo del Castillo, responsable técnica del proyecto Itsi Sirukuni: Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro, y la doctora Karina Mora Mendoza, investigadora por México adscrita al Centro Regional del Bajío señalan que ahí está la apuesta central del proyecto: no reforestar por reforestar, no reproducir peces por reproducir peces, sino construir, eje por eje, una base de participación comunitaria que sobreviva al proyecto mismo.

En entrevista con en15dias.com explican qué es el proyecto, cómo se concibió, cuánto cuesta y quién lo respalda. Además detallan, uno por uno, los ejes que lo componen y describen en qué punto exacto se encuentra la implementación hoy: qué comunidades se han visitado, qué protocolos se siguen, qué tensiones interinstitucionales persisten y dónde se la participación comunitaria en el proyecto académico-gubernamental.

I. EL PROYECTO: QUÉ ES, PARA QUÉ, CÓMO Y CUÁNDO

¿Qué es y para qué el proyecto Itsi Sirukuni?

El proyecto Itsi Sirukuni: Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro es un proyecto de restauración socioambiental solicitado y financiado por el Gobierno de México a través de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) y coordinado por investigadoras e investigadores de distintas instituciones académicas de Michoacán, coordinado principalmente desde el Centro Regional del Bajío.

El 1 de abril de 2025, la SECIHTI presentaba la convocatoria del eje estratégico «Saneamiento y restauración de las cuencas Tula, Atoyac, Lerma-Santiago y Lago de Pátzcuaro» que “busca generar conocimiento transdisciplinario que aporte soluciones a esta problemática, a través de proyectos enfocados en temas clave que impacten en el fortalecimiento y recuperación del estado de salud de las comunidades afectadas y del ecosistema, incorporando el encuentro entre comunidades, investigadores y los diferentes niveles de gobierno”.

VIDEO: GOBIERNO DE MÉXICO.

El documento anexo 1, Eje estratégico: Saneamiento y restauración de las Cuencas Tula, Atoyac, Lerma-Santiago y Lago de Pátzcuaro describe la convocatoria en la cual proyecto Itsi Sirukuni participó. En su descripción señala «que si bien se encuentra fuera de las regiones previamente mencionadas, se ponderarán positivamente las propuestas de investigación transdisciplinaria que contribuyan al diseño de un plan integral para la restauración socioambiental del Lago de Pátzcuaro.

«Estas propuestas deberán considerar la generación de redes colaborativas entre actores gubernamentales, comunitarios y académicos, fomentar el intercambio de saberes locales y evidencia científica y diseñar estrategias de comunicación que garanticen el acceso abierto a datos cualitativos y cuantitativos generados por los diversos actores involucrado».

El proyecto no busca resolver el problema del lago. “Nunca nos hemos planteado solucionar el problema de la cuenca ni del lago”, aclara Rico Mancebo del Castillo, sino aportar, desde la ciencia, una base técnica y metodológica que pueda sostenerse en el tiempo.

Su premisa de fondo, explica Rico Mancebo del Castillo, es que el deterioro del lago no puede entenderse sólo desde su componente físico.

“El problema del lago de Pátzcuaro no solamente puede ser entendido desde su componente físico o ambiental, sino que tiene un componente humano, que está ligado al territorio. La propuesta en su base es la participación de las comunidades, no como el que venimos a darles la receta, porque eso jamás funciona”, destacó Yessica Rico Mancebo del Castillo, responsable técnica del proyecto.

La historia de cómo se concibió

El origen se remonta a mayo de hace poco más de un año, cuando la subsecretaria de ciencia, doctora Violeta Vázquez Rojas, convocó a investigadores con trayectoria en el estudio del lago de Pátzcuaro a una reunión de trabajo presencial en el Centro Regional del Bajío, con presencia también de la oficina de la Presidencia de la República.

Ahí se expuso las causas e impactos de la sequía de 2024 y la necesidad de emprender acciones de restauración.

Cada especialista planteó un tema desde su área (como plantas nativas, agricultura sostenible, fortalecimiento legislativo) y la instrucción inicial de la doctora Vázquez Rojas fue que cada quien preparara su propia propuesta para discutirla un mes después.

La cronología de estos hechos quedó plasmada en una publicación de la Secretaría de Ciencia. El 22 de mayo de 2025 se instaló la Red de Investigadoras e Investigadores del Lago de Pátzcuaro y el 27 de mayo donde se acordó conformar 10 comisiones de trabajo para definir la viabilidad de acciones a realizar este 2025 y en el mediano plazo; así como tener un siguiente encuentro el 26 de junio.

El equipo del Centro Regional decidió, sin embargo, no presentar propuestas sueltas sino una sola, integrada. Rico Mancebo del Castillo explica el razonamiento: “Nuestra propuesta hacia los demás era que debíamos integrar una sola propuesta. Hubo una serie de negociaciones entre gente que nunca nos habíamos topado, pero finalmente llegamos a ese acuerdo”.

Un mes más tarde esa propuesta unificada se presentó de nuevo ante la doctora Vázquez Rojas, la oficina de Presidencia y representantes de Sembrando Vida, la CONAFOR y la Secretaría de Medio Ambiente.

El detonante político de todo el proceso, recuerda Rico Mancebo del Castillo, fue la sequía de 2024 y el video del deterioro del lago que se volvió viral, después de que autoridades comunales y un grupo de mujeres de Janitzio hicieran llegar una petición al entonces presidente López Obrador para atender el problema del lago y del abastecimiento agua de Pátzcuaro.

FOTO: Pescadores durante la sequía de 2024. Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com.

“De ahí ha sido como una bola de nieve: surge algo que se hizo viral en las redes, después iniciativas comunitarias, a quien más le afecta son las islas… pero quien ha trabajado con el problema del agua de Pátzcuaro sabe que eso era sólo un punto crítico de algo que ya viene pasando por décadas”, destaca Yessica Rico Mancebo del Castillo en entrevista.

El relevo hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum mantuvo esa presión, que llegó a los investigadores por la vía de la Secretaría de Ciencia. Rico Mancebo del Castillo subraya, sin embargo, que ésa es apenas una de varias rutas institucionales activas sobre la cuenca: Sembrando Vida, la CONAFOR, la Semarnat, Pesca, Agricultura y Fonatur tienen, según explica, mandatos propios sobre el mismo territorio.

¿Cuánto cuesta y cómo opera?

El proyecto se plantea como un esqueleto deliberadamente flexible, no como un catálogo rígido de actividades. Rico Mancebo del Castillo lo resume así: “Tenemos el borrador, el esqueleto, y ahora estamos refinando. No es rígido: no es que vaya a ser una brigada de tantas personas en tantas zonas y después vamos a ir al salón de clases”.

En la práctica, eso significa que la primera etapa, que corre durante 2026, está dedicada casi por completo a un acercamiento comunitario que definirá, dentro del amplio abanico de acciones planteadas, cuáles se ejecutan primero y en qué comunidades.

El proyecto tiene una vigencia de tres años, de 2026 a 2028, dividida en etapas anuales de once meses cada una.

El presupuesto total es de 20 millones de pesos, distribuidos de forma decreciente a lo largo de los tres años: 8 millones 600 mil pesos en el primer año, 5 millones 600 mil en el segundo y 5 millones 400 mil en el tercero.

Rico Mancebo del Castillo precisa que ese monto total no está garantizado desde el inicio. “Cada etapa, que dura once meses, tienes que entregar un informe técnico de entregables y un informe financiero muy riguroso. Si no cumplimos con ambos, el proyecto no continúa. Si cumplimos bien, serían los 20 millones de pesos; si no fuera el caso, sólo sería la primera etapa.”

El esquema ya no opera bajo fideicomisos, producto de cambios normativos recientes, y sigue el mismo trámite que cualquier convocatoria pública: propuesta, revisión técnica, dictamen por pares y aprobación de la Comisión Técnica de la SECIHTI.

Cabe señalar que a pesar de que el proyecto tiene recursos públicos, el protócolo de investigación que justifica su implementación no tiene una versión pública que cualquier ciudadano pueda consultar.

II. LOS EJES DEL PROYECTO

El proyecto Itsi Sirukuni: Plan Integral de Restauración Socioambiental en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro se organiza en ocho ejes de trabajo, según explica su coordinadora.

Los primeros cuatro atienden componentes ecológicos concretos como bosques, agroecología, fauna acuática y humedales; el quinto atiende el patrimonio arqueológico y cultural; y los últimos tres al fortalecimiento de capacidades, divulgación y legislaciós. Estos últimos son, según el propio equipo, la base transversal que sostiene a todos los demás.

Bosques y ecosistemas terrestres

Este eje no se plantea como reforestación simple. “Reforestar es solamente ir a plantar arbolitos y que les vaya bien”, señala Rico Mancebo del Castillo; la meta es transitar hacia la restauración ecológica, lo que exige primero definir qué trayectoria debe seguir cada ecosistema y, para eso, saber qué existe hoy.

La primera etapa contempla transectos de vegetación en sitios con distintos tipos de bosque, para identificar especies dominantes y rasgos funcionales de árboles y arbustos con los que armar “ensambles de vegetación”.

A ese trabajo técnico se suma un componente etnobotánico: entrevistas con habitantes sobre qué especies, aunque hoy poco comunes, siguen siendo apreciadas por sus usos tradicionales, de modo que el diseño de la restauración combine el criterio ecológico con el conocimiento local sobre qué plantar, dónde y en qué orden, respetando la sucesión natural de los ecosistemas.

También se hará un diagnóstico de dónde proviene actualmente la planta que se usa en las reforestaciones anuales: viveros de la Cofom, estatales, privados y las llamadas “casas de semilla” comunitarias.

“Muchas veces la gente no sabe decir de dónde proviene la planta: ‘es que a mí me la dieron, a mí me la trajeron’. Incluso quien organiza la reforestación tampoco lo sabe, y a veces ni en los invernaderos lo saben. Es importante saber qué se está produciendo y en qué condiciones, porque ahí están los insumos de donde se obtiene el germoplasma”, indica Yessica Rico Mancebo del Castillo.

La elección de qué parcelas restaurar no la hará el equipo técnico, insiste Rico Mancebo del Castillo: serán las comunidades quienes decidan qué terreno quieren recuperar, condición que consideran indispensable para que exista seguimiento a largo plazo y no se abandonen los sitios restaurados. Parte de esta primera etapa incluye además identificar brigadas comunitarias capaces de colectar semillas.

Agroecología

Este componente es, según reconoce el propio equipo, sumamente amplio por sí mismo. Las investigadoras señalan que ya existen en la cuenca experiencias, algunas exitosas y otras no tanto, de grupos que han reducido el uso de agroquímicos.

Esta línea de acción se enfoca en la transición productiva mediante la elaboración de un diagnóstico y el establecimiento de parcelas piloto de agricultura sostenible y acuicultura, empleando insumos orgánicos.

Para la primera etapa se plantea un pilotaje y un diagnóstico de qué modelos agroecológicos podrían implementarse, tanto en producción terrestre como acuícola con insumos orgánicos, identificando qué comunidades y qué actores estarían dispuestos a participar.

El trabajo en campo incluye el mapeo detallado de aquellos productores locales que ya han iniciado, por iniciativa propia, procesos para reducir o eliminar el uso de agroquímicos en sus parcelas, buscando articularlos en redes de producción sustentable. 

Fauna acuática: pescado blanco y achoque

Este eje trabaja alrededor de tres especies con fuerte peso cultural para el pueblo purépecha: el pescado blanco, la acúmara y el achoque. En cada una participan especialistas con años, en algunos casos décadas, de trabajo directo en las comunidades.

Sobre el pescado blanco, la meta de la primera etapa es transferir a comunidades de pescadores la tecnología de engorda que ya opera en instalaciones controladas, de forma que la producción para consumo humano y venta a restaurantes deje de depender de la extracción directa del lago.

“Es hacer un diagnóstico de qué comunidades o grupos de pescadores están con la necesidad o la colaboración de poder tener un sistema de producción exitoso en donde ya no se extraiga del lago, sino que ahora, con condiciones mejores de calidad de agua y tallas más grandes del pez, se pueda hacer desde al menos una comunidad”, destacó Yessica Rico Mancebo del Castillo.

Sobre el achoque, el proyecto se apoya en la experiencia ya consolidada de la Unidad de Conservación de San Jerónimo Purenchécuaro, donde un grupo de pescadores lleva entre cuatro y cinco años reproduciendo voluntariamente la especie y recibiendo grupos escolares y turísticos, nacionales y extranjeros.

“Platicando con ellos, han señalado varias necesidades que tienen en su unidad de producción, desde infraestructura hasta cómo reciben a los grupos externos para explicar la importancia del achoque. La idea es trabajar con ellos para ampliar su capacidad de reproducción, pero también pensando en todo el ecosistema de humedal, no sólo en el achoque”, explica Yessica Rico Mancebo del Castillo.

La primera etapa contempla, en ambos casos, la detección de necesidades de infraestructura, la compra de insumos como invernaderos y tanques, además del diseño de cómo poner en marcha cada sistema.

Humedales: ollas de agua, sitio Ramsar y plantas acuáticas

Este eje combina una parte técnica y una comunitaria. En lo técnico, se busca cuantificar cuánta agua están reteniendo las llamadas “ollas de agua” en distintos puntos de la cuenca y qué implicación tiene esa retención en la captación hídrica del lago.

También se plantea comparar el estado actual del sitio Ramsar, declarado a principios de los años 2000, desde la zona de Pátzcuaro hacia Jarácuaro y Erongarícuaro, contra su extensión original, en una franja que Rico Mancebo del Castillo describe como la más deteriorada de toda la cuenca, por la desecación y por la contaminación asociada a la ganadería.

“Sabemos que ese sitio que se nombró hace 20 años no es el mismo que existe ahora. La idea es comparar cuánto se ha perdido del sitio Ramsar para poder generar acciones de conservación, porque no podemos plantear acciones si no sabemos qué se ha perdido. Eso, en términos de diagnóstico, no se ha hecho”, destaca Yessica Rico Mancebo del Castillo.

Sobre las plantas acuáticas, Rico Mancebo del Castillo señala una percepción extendida, incluso entre autoridades locales, que trata a los humedales como espacios sucios o improductivos, lo que explica, dice, por qué la carretera hacia Erongarícuaro quedó construida por encima de antiguos sitios de recarga natural, hoy rellenados con escombro.

“Los humedales son concebidos como sitios no productivos, sitios que a veces apesta el agua, y por eso son el ecosistema más vulnerable que existe a nivel mundial. Queremos ganar terreno para construcción, para que entre el carro, o porque se ve feo ahí encharcado”, señala Mancebo del Castillo.

El deterioro también se documenta en sitios de desasolve, donde la maquinaria remueve no sólo la vegetación sino el suelo donde está almacenado el banco de semillas.

“Puedes cortar las plantas, pero si la semilla está ahí vuelve a crecer. Si remueves el suelo en lugar de haber colectado el germoplasma, nada más lo mueves así y ya se perdió”, explica Yessica Rico Mancebo del Castillo.

Frente a eso, el proyecto propone que el Jardín Etnobiológico de Santa Fe de la Laguna, un espacio comunitario de divulgación ya existente, funcione como repositorio de germoplasma de plantas acuáticas del lago, con miras a convertirse, a mediano o largo plazo, en un banco regional para los humedales del centro-occidente del país. El único antecedente comparable que identifica el equipo es Xochimilco.

La primera etapa incluye además incorporar a otras localidades con espacios de valor similar, como Urandén y los canales de Chapultepec, en Zurumútaro.

Patrimonio biocultural

En colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), este eje busca evaluar, junto con las comunidades, sitios arqueológicos y espacios de valor patrimonial que no siempre figuran en los registros oficiales.

Rico Mancebo del Castillo es enfática en que el objetivo no es turístico.

“No es en el sentido de traer turismo de fuera, sino que más bien ellos protejan sus propios espacios. Y si así lo quieren, iniciar programas de restauración, pero del patrimonio de cada comunidad, no en el sentido extractivo de que nadie lo toque y venga a visitarlo”.

Un hallazgo que cruza este eje con el de restauración hidrológica es que algunas obras de contención como presas de gavión, terrazas, retranques han destruido, sin proponérselo, vestigios arqueológicos.

En la franja aguacatera, señala Rico Mancebo del Castillo, piedras de sitios antiguos fueron reutilizadas para construir los bordos alrededor de árboles de aguacate.

“Las rocas de estos sitios fueron tomadas para hacer los rodetes de los árboles. Eso es una pérdida muy grande en términos históricos y culturales. No hacer una acción que perjudique a otra, sino acciones que realmente mejoren y no generen un problema nuevo”.

Fortalecimiento de capacidades

Este eje, liderado por Karina Mora Mendoza, investigadora del Centro Regional del Bajío, no busca intervenir comunidades enteras sino identificar grupos ya organizados con un interés propio y potenciar lo que ellos mismos piden.

“Fortalecer capacidades se refiere a entrar a los grupos de las comunidades, no estamos hablando de que sea toda la comunidad, sino a grupos que ya tienen una formación sobre un interés en particular, y empezar a ver cómo potenciamos eso que ellos quieren o necesitan”, explica Karina Mora Mendoza en entrevista con en15dias.com.

El ejemplo que ofrece Mora Mendoza es el de un pescador de San Jerónimo de al menos cuatro décadas en el oficio con el cual se comienza a vislumbrar una ruta para trabajar de manera conjunta.

“Lo pudimos identificar fácilmente como un investigador comunitario: es un señor que sabe tanto, que conoce el espacio, que sabe cuáles son los problemas. A él no le vamos a enseñar nada; es un investigador que tiene otro conocimiento”, asegura Karina Mora Mendoza.

La estrategia consiste en tomar una necesidad concreta, en este caso de infraestructura, como punto de partida para detonar procesos de educación ambiental que puedan sostenerse aun sin la presencia del equipo académico.

“Si dejamos un mini tejido ahí, si ayudamos a poner una hebra más, a lo mejor se puede sostener en el tiempo incluso si no estamos nosotros”, destaca Karina Mora Mendoza.

Divulgación

El eje de divulgación busca evitar que el proyecto termine en publicaciones que sólo se leen dentro de un instituto o entre académicos.

“No queremos una caja llena de folletos aquí en el instituto y que quedemos en cuatro eventos y que eso se vaya a olvidar. Buscamos material que de algún modo se quede con ellos porque les resulta significativo”.

La prioridad, explica Mora Mendoza, es la comunicación intercultural: materiales en lengua purépecha cuando el contexto lo requiera, muestra gráfica y cápsulas audiovisuales, siempre pensadas para que información clave como la importancia de los humedales resulte cercana para quien vive en la cuenca, no para un público académico.

“Hemos priorizado que se integren estudiantes, personas que hablan la lengua, que nos puedan decir ‘es por aquí, es por acá’, porque no queremos generar procesos superverticales donde nosotros vengamos a decir cómo cuidar su territorio”.

Legislación

El último eje no busca modificar leyes de manera directa, sino construir el andamiaje ético y legal que dé continuidad a los demás.

Este eje define protocolos de acercamiento comunitario, reglas sobre el manejo de la información recabada y posibles instrumentos legales que permitan sostener las acciones más allá del periodo del proyecto.

Desde el diagnóstico de las propias investigadoras una de las problemáticas a atender es la gobernanza ambiental “es débil en el territorio” se señala por ello, entre sus objetivos se encuentran fortalecer la gobernanza ambiental a través de tres acciones: proponer esquemas alternativos de protección ambiental; la elaboración de una ley estatal de agroecología y la capacitación a las autoridades locales y comunitarias.


FOTO: EN15DIAS.COM

III. LO ACTUAL: EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA IMPLEMENTACIÓN

¿Cuántas comunidades y con qué criterio?

Hasta el 10 de julio, el eje terrestre había visitado, según Rico Mancebo del Castillo, alrededor de 30 localidades, cifra que, aclara, sigue cambiando conforme avanzan los recorridos. El criterio de selección, subraya Mora Mendoza, no privilegió a las comunidades más grandes ni a las más conocidas mediáticamente.

“Se hizo un trabajo de filtro para localizar las localidades con los niveles más altos de marginación. Eso quiere decir que a lo mejor La Ortiga no es una comunidad que pueda dar mucho espectáculo en términos de prensa, pero que igual tiene que ser tomada en cuenta, señala Karina Mora Mendoza.

La investigadora reconoce que la mayoría de los proyectos previos se concentran siempre en las mismas comunidades, particularmente en la franja de Pichátaro, donde ya existe trabajo consolidado de otras instituciones, mientras que la zona entre Quiroga y Tzintzuntzan, y de ahí hacia el poniente, ha quedado históricamente menos atendida por carecer de vocación turística.

Ahí es donde el equipo dice estar concentrando ahora los recorridos, incluyendo acercamientos informales fuera de las asambleas oficiales.

“Justo la semana pasada estuve en El Calvario tratando de buscar estas otras iniciativas de la gente que no aparece en las asambleas, que no tiene línea directa con el comisariado de bienes o el jefe de tenencia, pero que igual quiere trabajar”, destaca Karina Mora Mendoza.

Antes de trabajar en cualquier localidad, el equipo se compromete a presentarse formalmente con las autoridades locales (jefes de tenencia o de bienes comunales) y a explicar de qué trata el proyecto.

En los talleres de mapeo participativo se construye una maqueta tridimensional del territorio junto con actores clave que conocen los límites y el manejo de la tierra, y toda la sesión se graba.

“Esa grabación se entrega a la comunidad; no solamente venimos a tomar fotos y ya nos las llevamos. Hay que pedir consentimiento si se pueden tomar fotografías o no. Eso es parte del protocolo”, señala Yessica Rico Mancebo del Castillo.

Cada comunidad decide, además, qué parte de esa información se sube a un sistema geoespacial de acceso público que se construirá en la tercera etapa del proyecto: “habrá algunas que digan ‘pon todo’, otras que digan ‘yo no quiero participar’”, explica Mancebo del Castillo, y sólo se publicará lo que cada comunidad autorice, aclara.

La vinculación interinstitucional, hoy

Rico Mancebo del Castillo describe una vinculación desigual con otras dependencias. Con Sembrando Vida, programa de la Secretaría del Bienestar con el mayor presupuesto social del área, ya se trabaja en definir qué especies nativas producir en sus viveros comunitarios (CAC), e incluso los pescadores de San Jerónimo y Puácuaro participarán ahora en ese programa para la reproducción del achoque.

Con Agrosano, de la Secretaría de Agricultura de Michoacán, se busca escalar los pilotos agroecológicos hacia más comunidades de las que el propio presupuesto del proyecto permitiría atender.

En otras dependencias, en cambio, la respuesta ha sido menos favorable.

“Hay a quienes les interesa llevar la draga, tomar la foto y pagar el jornal. Otras veces te dicen ‘sí, tenemos la información, escribe un correo, te la paso’, y nunca la pasan”, explica Yessica Rico Mancebo del Castillo.

Como ejemplo de la desconexión entre administraciones, la investigadora recuerda la visita a un humedal artificial construido con fondos millonarios en Erongarícuaro que, por simple desconocimiento de la nueva gestión municipal, estuvo a punto de ser quemado.

“Un especialista dijo: ‘este humedal está súper bien hecho, tiene todas estas capas, dura otros cien años’, y uno de los chicos que nos llevó del municipio decía que lo iban a quemar porque ya no servía. Es increíble cómo no se le da seguimiento a algo en lo que ya se invirtió dinero”, narra Yessica Rico Mancebo del Castillo.


IV. La discusión sobre el papel de la academia

Uno de los puntos más complejos del proyecto es la tensión inherente entre los tiempos institucionales del diseño científico y las dinámicas socio-políticas y de organización comunitaria.

Dado que el esqueleto de las once líneas de acción se fraguó inicialmente desde el sector académico antes de bajar a territorio, surgen interrogantes sobre cómo asegurar la apropiación local en comunidades celosas de su autonomía y fatigadas de promesas gubernamentales.

Al respecto, la doctora Mancebo del Castillo enfatiza que el proyecto no parte de cero ni es ajeno al territorio. Los científicos involucrados acumulan años de vinculación en zonas específicas de la cuenca, lo que permitió retomar demandas históricas de pescadores y agricultores.

Asimismo, se revisaron décadas de diagnósticos institucionales como el Plan Pátzcuaro y el Libro Blanco de la cuenca.

La investigadora reconoció que los plazos perentorios de la convocatoria federal imposibilitaron una consulta previa, libre e informada generalizada en todas las localidades antes de la postulación, debido a la urgencia presupuestal de activar acciones inmediatas. Sin embargo, sostienen que el verdadero indicador de éxito no estará en el origen del diseño, sino en la capacidad de transferir las capacidades técnicas para que las comunidades sostengan los procesos cuando el financiamiento federal concluya.

Para garantizar que el beneficio llegue a los sectores históricamente postergados, los muestreos terrestres han priorizado la atención en cerca de 30 localidades de alta y muy alta marginación.

El enfoque se ha centrado en la franja menos turística que corre entre Quiroga y Tzintzuntzan, donde la densidad de apoyos institucionales suele ser menor.

Ambas insistieron en que el diseño no está cerrado y que la primera etapa completa está dedicada precisamente a ese ajuste con las comunidades.

Mora Mendoza fue además enfática en deslindar al equipo de cualquier lógica extractivista o de exhibición y recordó el significado de Itsi Sirukuni, “Tejer el agua, en el sentido de que tenemos que tejer estas redes de colaboración”.

“Nosotros no somos los ejes principales de esto. Lo único que estamos haciendo es tratar de poner la información al servicio. No nos interesa que la foto sea bonita ni construir un folclor de las comunidades. El paisaje se construye socialmente, y eso no somos nosotros. Las comunidades tienen derecho al cambio, como lo tienes tú y lo tenemos nosotros, y a decidir hacia dónde quieren cambiar”.

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