Un diagnóstico de investigación sobre la Microcuenca de Umécuaro revela que la expansión agroindustrial está secando manantiales y deforestando bosques que alimentan el 30% del agua potable de la capital michoacana
Umécuaro, la microcuenca amenazada por huertas de aguacate y berries
Por: en15dias.com / Con información del estudio “Abordaje transdisciplinario de la problemática socioambiental en una cuenca en el occidente de México” de Subercaseaux-Ugarte, D., Guzmán-Sánchez, J., y Tapia-Lemus, E. A., publicado en la revista Sustentabilidades – Miradas Desde América Latina (2025), y en el reporte “Microcuenca de la Presa de Umécuaro: Cambios y Expectativas” presentado en 2019.
La microcuenca de Umécuaro, una zona vital que abastece casi un tercio del agua potable de Morelia, enfrenta una crisis socioambiental sin precedentes debido a la expansión descontrolada de huertas de aguacate y berries, según revelan un estudios en la zona.
Una investigación en específico, recientemente publicada en la revista académica “Sustentabilidades”, documenta cómo el modelo agroexportador está transformando radicalmente el paisaje rural del sur de Morelia, con impactos que podrían comprometer el suministro de agua para los más de 800 mil habitantes de la capital michoacana.
“Aquí ya no tenemos agua libre”
En la comunidad de Nieves, uno de los poblados ubicados en la parte alta de la microcuenca, los habitantes observan con preocupación cómo sus bosques desaparecen.
“Viene mucha gente y anda buscando una tierra. Saben que el aguacate da muchas ganancias. Y si compran el terreno, al ratito ya está barrido el bosque, cuadradito. Son gente de afuera”, relata un habitante local en entrevista con los investigadores.
Las cifras respaldan esta percepción. El estudio aplicó análisis satelitales que muestran una degradación progresiva de la cobertura vegetal desde 1993 hasta 2021. Mediante el Índice de Vegetación Diferencial Normalizado (NDVI), los científicos documentaron que la mayor parte del área de 5,731 hectáreas presenta valores que indican deterioro vegetacional severo.
“Si estamos perdiendo todo el bosque por un empleo de mil pesos, mejor que se vayan. Y nosotros estaríamos mejor, que estuviera como estaba antes, tener el agua libre. Y ahorita no tenemos ni para beber”, expresó otro habitante de Nieves, sintetizando el dilema que enfrentan las comunidades rurales entre desarrollo económico y conservación ambiental.
El agua bajo amenaza
La microcuenca de Umécuaro, ubicada en la tenencia de Santiago Undameo, abarca territorio de tres municipios: Morelia (84.5%), Acuitzio (8.6%) y Villa Madero (6.9%). Sus dos presas principales, Umécuaro y Loma Caliente, se alimentan de arroyos y manantiales que nacen en las partes altas boscosas.
El equipo de investigación, encabezado por Diego Subercaseaux-Ugarte, Javier Guzmán-Sánchez y Eduardo Tapia-Lemus, realizó análisis de calidad del agua en 12 puntos de muestreo, incluyendo cinco manantiales.
Los resultados muestran un panorama complejo: aunque la mayoría de las muestras están dentro de límites aceptables según las normas mexicanas, existen señales preocupantes.
“No está permitido hacer el cambio de uso de suelo, por el agua, porque el aguacate absorbe mucha agua”, explicó una autoridad de Santiago Undameo durante las entrevistas, evidenciando la contradicción entre las regulaciones y la realidad en el terreno.
Hallazgos críticos en el agua:
- Presencia de bacterias coliformes fecales en todos los manantiales analizados
- pH fuera de norma en los manantiales Cabecera del Agua y Joya del Ángel
- Turbidez elevada en el manantial El Bejuco
- Valores cercanos a contaminación en la sección sur de la presa de Umécuaro
La invasión de la elodea
Un problema visible que preocupa tanto a habitantes como visitantes es la proliferación masiva de la planta acuática elodea (Elodea sp.) en la presa de Umécuaro. Reportes de 2016 indicaban que cubría hasta el 70% de la superficie del embalse, afectando la pesca, el turismo y la estética del lugar.
“Ha disminuido mucho el turismo en Umécuaro por la hierbita elodea, se quejan los restaurancitos, no tienen la afluencia como anteriormente”, señaló un habitante de la comunidad de Umécuaro.
Los testimonios locales vinculan el crecimiento de esta planta con los agroquímicos utilizados en las huertas: “El pasto que está en la laguna, la elodea que le dicen, nos comenta mucha gente, ingenieros y personas así, que viene de ahí, de los químicos que tiran las empresas de aguacate, fresas y arándanos que han llegado”.
Aunque el análisis químico del agua no detectó concentraciones elevadas de nitratos y fosfatos en el muestreo puntual, los investigadores recomiendan estudios más extensos que consideren el aporte acumulativo de agroquímicos.


Una transformación de décadas
La línea del tiempo construida por los investigadores revela que los cambios en la microcuenca tienen raíces profundas. Desde 1960 inició un periodo intenso de urbanización, pero fue a partir de 1997 cuando se instalaron las primeras huertas de aguacate, marcando el inicio de una transformación acelerada.
El año 2000 trajo las primeras percepciones de cambio climático por parte de los pobladores. Para 2008, la agricultura representaba ya el 43% de la cobertura del suelo.
Entre 2013 y 2018, la situación se intensificó con la llegada de invernaderos de berries, aumento de perforación de pozos, conflictos por la gestión del agua, y denuncias de las comunidades ante autoridades ambientales.
Los datos climáticos muestran que la temperatura media ha incrementado aproximadamente 2°C desde 1940, mientras que la precipitación ha mantenido también una tendencia al alza, aunque con mayor irregularidad en los patrones de lluvia.

El desplazamiento social
Más allá de los impactos ambientales, el estudio documenta profundas transformaciones sociales. La venta de tierras ejidales a empresarios foráneos ha generado tensiones en las comunidades.
“Si le venden la tierra a alguien de aquí mismo, tenemos todavía la facilidad de que, por ejemplo, si no necesita la tierra, sabes qué te la rento, te la presto, o algún arreglo, pero cuando se la venden a alguien desconocido, él luego luego la enmalla y no te deja pasar ya ni caminando”, explicó un habitante de Umécuaro.
La inseguridad es otra preocupación recurrente. “Aquí ya no tenemos seguridad”, afirmó tajantemente una autoridad de Santiago Undameo, reflejando la percepción de que la llegada de personas externas ha alterado la vida comunitaria tradicional.
Paradójicamente, las huertas también han generado empleos. “Yo pienso que en lo que va a haber mucho trabajo, ya empieza a haber mucho más. De aquí a unos 3 o 4 años, el aguacate va a ser el 100% de lo que viva la gente aquí”, proyectó un entrevistado de Umécuaro, evidenciando la dependencia económica creciente de esta actividad.
Sin embargo, otros habitantes cuestionan este modelo: “La gente se está yendo a trabajar en las fresas y arándanos, antes eran dueños de esas tierras, ahora tienen que ir a trabajar a [lo que antes eran] sus parcelas, pero ya en manos de otras personas”.
A pesar de los problemas, las comunidades mantienen esperanza y tienen propuestas claras. Las cuatro localidades principales comparten expectativas comunes como mantener la capacidad de la microcuenca para abastecer agua de calidad; tener ríos limpios; realizar actividades de reforestación; mejorar y reparar los caminos; crear un Área Natural Protegida regional
Cada comunidad tiene además sus propias prioridades. Umécuaro busca impulsar el turismo, mejorar infraestructura de servicios y actividades deportivas de aventura como kayak y tirolesa. Santiago Undameo demanda mejor seguridad, programas culturales y mayor participación en decisiones municipales.
Loma Caliente desea mayor control del agua de su presa para turismo y pesca, además de proteger los bosques y detener la tala clandestina. Nieves, quizá la comunidad más afectada por estar en la parte alta, expresó con urgencia: “La gente de Morelia se dé cuenta que dependen del agua de aquí”.
En 2013, los ejidos de Loma Caliente y Nieves solicitaron formalmente que una fracción de su territorio fuera declarada Área Natural Protegida, iniciativa que continúa pendiente.
Recomendaciones de los expertos
El estudio plantea seis líneas de acción prioritarias:
1. Ordenamiento territorial ecológico participativo: Regular la expansión del aguacate mediante un ordenamiento a nivel de cuenca que considere las aptitudes ecosistémicas de cada sitio. Los investigadores sugieren la conformación de “consejos de cuenca” u organismos similares con participación de todos los sectores.
2. Manejo agroecológico del aguacate: Transitar de la producción convencional intensiva hacia sistemas que eviten la contaminación del agua y suelos. Ya existen estudios en Michoacán sobre producción orgánica de aguacate que pueden servir de modelo.
3. Estudios ampliados de calidad del agua: Realizar monitoreo más extenso desde los manantiales hasta las presas, en diferentes temporadas, con énfasis en coliformes, agroquímicos y sus efectos acumulativos.
4. Plan de manejo de plantas acuáticas: Desarrollar un estudio específico sobre la elodea y el lirio acuático que identifique causas, estrategias de control, posibles usos (como abono orgánico), y métodos de prevención.
5. Protección de manantiales: Establecer zonas de protección alrededor de los manantiales que abastecen agua para uso doméstico, considerando los problemas de coliformes y pH detectados.
6. Turismo sustentable: Diversificar y mejorar los servicios turísticos rurales, fortaleciendo las capacidades de los habitantes locales, pero condicionado a la resolución de los problemas de calidad del agua y plantas acuáticas.
Contexto regional: Michoacán y el aguacate
El caso de Umécuaro no es aislado. Michoacán produce aproximadamente el 75% del aguacate mundial y el fenómeno documentado en esta microcuenca se replica en otras regiones del estado, particularmente en la Meseta Purépecha.
Desde los años 90, en el marco de la liberalización comercial y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el gobierno federal impulsó el modelo agroexportador. El aguacate michoacano se convirtió en un producto estrella para el mercado internacional, especialmente Estados Unidos.
Sin embargo, estudios recientes documentan que las huertas de aguacate compiten intensamente con los bosques de pino y encino, que brindan servicios ecosistémicos fundamentales: captación de agua, regulación del clima, conservación de suelos y biodiversidad.
La investigación plantea una pregunta fundamental sobre el modelo de desarrollo: ¿es sustentable un crecimiento económico basado en la exportación de aguacate si compromete el patrimonio natural y social de las comunidades rurales?
La urgencia de actuar
“La continuidad de los problemas identificados impactará negativamente las condiciones de vida locales en la microcuenca de la Presa de Umécuaro”, advierten los autores en sus conclusiones. Pero el impacto podría extenderse mucho más allá.
Si la microcuenca continúa degradándose, las consecuencias alcanzarán a toda la ciudad de Morelia. La presa de Cointzio, que recibe agua de Umécuaro y abastece el 30% del agua potable de la capital, podría ver comprometida su capacidad.
“Según lo que veo, si continuamos con esto de los invernaderos y el aguacate, pienso que se va a secar Umécuaro”, vaticinó un habitante de Santiago Undameo.
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