Las orquídeas, pienso, son de esas plantas que no necesitan presentación, la fama de su belleza las precede. Pertenecen a las angiospermas, que son el grupo de plantas con flores. Habitan la tierra desde hace 65 millones de años y las hay terrestres y epífitas, es decir, que crecen sobre otras plantas, generalmente, sobre los árboles.

Fiebre por las Orquídeas
Plantera**
Emma Monserrat Sánchez Monroy*
La popularidad desmedida por una planta siempre acarrea consecuencias catastróficas para el medio ambiente y para las poblaciones aledañas.
Lo vemos con los bosques de Uruapan, que bajo el asedio de los cultivadores de aguacate, arden para abastecer al mercado gringo que los demanda todo el año.
Hoy le llamamos neoliberalismo al sistema económico que pone por delante el enriquecimiento monetario, aunque la lógica del concepto no es nueva. Ya desde 1800, bajo el nombre de mercantilismo, el imperio británcio saqueó territorios para surtirse de té, especias, seda y opio.
- Aunque el apetito por las plantas no se limita a lo culinario o lo lúdico, también en nombre de la belleza se han devastado los ecosistemas.
Dan cuenta de ello los relatos de las expediciones que se financiaron desde Inglaterra hacia Asia, India y Centroamérica cuando entre 1809 y 1845, se desató en Europa la fiebre por las orquídeas. Como ejemplo, el testimonio de Carl Johannsen, quien desde Medellín le escribe a su patrocinador para contarle la hazaña que le ha costado la tala de 4 mil árboles:
“Están extintas en este lugar…He terminado con ellas a todo lo largo del Río Dagua, donde ya no quedan plantas…”

Las orquídeas, pienso, son de esas plantas que no necesitan presentación, la fama de su belleza las precede. Pertenecen a las angiospermas, que son el grupo de plantas con flores. Habitan la tierra desde hace 65 millones de años y las hay terrestres y epífitas, es decir, que crecen sobre otras plantas, generalmente, sobre los árboles.
Dependiendo de la variedad, pueden desprender aromas perfumados o nauseabundos. Son plantas de porte elegante y flor seductora. Tal vez por eso la iglesia, temerosa de la belleza, decía de ellas que eran el alimento del diablo y que incitaba a los hombres a los excesos carnales.
Pero no es que el exotismo de las orquídeas fuera desconocido. Ya en China se cultivaban desde hacía varios miles de años. Fue en ese país donde se escribió el primer tratado para su cultivo. Le atribuían propiedades afrodisíacas y sus bulbos se dejaban secar para luego triturarse y consumirse para combatir la esterilidad o favorecer el nacimiento de varones.
Por otro lado, en India también eran altamente valoradas, formando parte de su mitología. En México tenemos la vainilla que fue moneda de cambio y endulzante para las bebidas de cacao; y es el griego Teofrasto, considerado el primer botánico – de occidente– quien la nombra. Orquídea deriva de la palabra griega orchis, que significa testículo y que hace referencia al tubérculo del que emergen las varas de las orquídeas terrestres.

Las orquídeas además, son de entre su género, de las plantas más diversas. Su familia comprende más de 25 mil especies, y desde que en 1956 George Morel descubrió cómo reproducirlas a partir de una misma planta, se han hibridado más de 60 mil variedades.
El imperio británico comenzó a gestarse durante el reinado de Isabel I, –la hija de Ana Bolena-, cuando desde la corona financió a los barcos piratas que después se convertirían en la flota naval de Inglaterra, gracias a la cual, consolidarían su dominio sobre 33 millones de km
de territorio, además de su isla.
Con carta abierta para el expolio en América, Asia, África y Oceanía, es que el imperio británico acumuló las riquezas que le permitieron desarrollar máquinas, conocimiento, y posteriormente, acumular orquídeas.
En 1731 la floración de la orquídea Bletia Verecunda fue todo un acontecimiento. La prensa cubrió la noticia que ocupó titulares y fue motivo de celebraciones aristocráticas, que eventualmente se convertirían en expediciones en busca de nuevos ejemplares.
Jean Jules Lynden fue uno de esos exploradores que con el apoyo del gobierno belga, viajó a América, haciendo escala en Brasil, México, Guatemala, Colombia, Venezuela, Jamaica y Cuba, de donde tomó varias muestras de orquídeas que después documentó y catalogó en su libro “Género y especies de las plantas orquidáceas”.
Como la opulencia despierta el ocio, las clases más acomodadas de Inglaterra y Europa encontraron un nuevo pasatiempo. La fiebre por las orquídeas se desató con furor en 1840.
Poseer una de estas plantas era sinónimo de riqueza y prestigio. Algunas especies se vendieron por lo que hoy serían 65 mil dólares. El gusto por las orquídeas también denotaba refinamiento cultural.
El principal inconveniente de las expediciones, era el tiempo que tomaban. Por muchos ejemplares que se extrajeran de los territorios colonos o no del imperio, muchas orquídeas no sobrevivían al viaje marítimo; pero esto cambió cuando se inventó la caja de Ward. Un contenedor de vidrio completamente sellado que permitió conservar las orquídeas en condiciones de calor semejantes a las de su medio natural. Esta caja es la antecesora de lo que hoy conocemos como terrarios.
Este fortuito invento para los coleccionistas, fue una tragedia para los ecosistemas; “los recolectores a sueldo sobreexplotaron el recurso orquídea casi hasta la extinción de las especies más cotizadas”. El celo sobre los lugares donde se encontraron variedades exóticas continúa hasta hoy, – y con justificada razón-.
La belleza de las orquídeas no quedó reservada sólo para la clase rica. Poco a poco, la Real Sociedad Londinense de Horticultura fue abriendo jardínes y museos botánicos para que el resto de la población pudiera disfrutar de la opulencia del imperio.
Mantener estos jardínes era sumamente costoso, pues las orquídeas, de naturaleza tropical no soportaban nada bien los fríos del norte. Está documentado que se llegaron a utilizar 7 toneladas de carbón al día, para proporcionar a los invernaderos las condiciones tropicales que las orquídeas requerían.
Luego, como todos los imperios, el britanico también se derrumbó y con los tambores de la primera guerra mundial sonando a las puertas de Europa, las orquídeas pasaron a segundo plano. El carbón se ocupaba para la guerra, no para las plantas. Poco a poco, el apetito desmedido por las orquídeas se fue apaciguando.
En México existen 1260 especies de orquídeas. La vainilla, que se cultiva en Veracruz, es probablemente la más valorada. En Morelia tenemos el orquidario, que se puede visitar de lunes a sábado de 10 am a 3 de la tarde.
Las orquídeas, símbolo de armonía, siguen siendo plantas muy apreciadas; y si bien, ya no están amenazadas directamente, sí lo están sus hábitats; por eso sería prudente, ser responsables a la hora de hacernos de una.
Sembrando nubes y quemando bosques
¿Quién es Emma Monserrat?*
Comunicóloga, huertera y activista de causas ambientales en Morelia y Tula Hidalgo.
**Plantera: Es un espacio que sirve para aprender a nombrar las plantas que no conocemos, los remedios que hemos olvidado, los mitos que no hemos escuchado o las historias que no hemos leído.
En sus acepciones, Plantera es una maceta y también la persona que se dedica al cultivo de plantas; que en este caso es desde la palabra. Un rumor, un remedio, un dato curioso, cualquier hilo sirve para empezar a tensar los filamentos del descubrimiento del mundo vegetal.
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