Vive San Pedro Jácuaro y Zinapécuaro crisis de salud pública por enfermedad renal crónica

Hay una narrativa que las comunidades de Zinapécuaro, Hidalgo y Maravatío han escuchado durante dos décadas. Casos de jóvenes y adultos que perdieron la función renal, familias con múltiples fallecimientos, pacientes que rechazan la hemodiálisis por el deterioro que observan en otros enfermos, así como el impacto económico que implica la atención médica, traslados y procedimientos quirúrgicos por la enfermedad renal crónica.

Una serie de testimonios revelan la dimensión humana y de emergencia sanitaria que ha provocado la enfermedad renal crónica en el oriente de Michoacán y un exhaustivo estudio científico realizado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo ha documentado evidencia que vincula la operación de la planta geotérmica Los Azufres con casos de enfermedad renal crónica en comunidades del oriente de Michoacán, poniendo en entredicho la clasificación de esta instalación como “energía limpia”.

La investigación, que inició en 2021 y fue presentada el pasado 2 de diciembre, revela la presencia de metales pesados y contaminantes en el agua que consume la población, así como deficiencias graves en el manejo de residuos tóxicos por parte de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Los pobladores coinciden en que, tras más de tres años de trabajo científico, existen elementos suficientes para confirmar la presencia de contaminación en el agua y responsabilidad de la Comisión Federal de Electricidad.

Ahora con esa evidencia exigen al Estado que atienda la emergencia ambiental y sanitaria que, afirman, ha sido ignorada durante décadas y que ha vulnerado derechos fundamentales como el acceso al agua potable, a un ambiente sano y a la vida.


Por. Gilbert Gil Yáñez

en15dias.com
diciembre 2025

Las comunidades de San Pedro Jácuaro, en el Municipio de Ciudad Hidalgo y Zinapécuaro, enfrentan una crisis de salud pública sin precedentes: un número anómalo de habitantes padece Enfermedad Renal Crónica (ERC), incluyendo jóvenes menores de 30 años, muchos de ellos en etapa de hemodiálisis y con varios fallecimientos reportados, según revela un estudio de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Varias comunidades y municipios en esta región registran múltiples casos en cada familia, afectando a personas de diferentes edades. Lo más alarmante es que la enfermedad no distingue edad: incluso jóvenes que deberían estar en la plenitud de su vida han llegado a la etapa de hemodiálisis, y hay reporte de fallecimientos.


I. EL ROSTRO HUMANO DE LA TRAGEDIA

“Prefieren morir antes de ir a ver lo que están sufriendo otros, de tener que ir a hemodiálisis y ver cómo se van deteriorando”, se escucha en el auditorio del Museo Regional del INAH, las palabras de Pedro Nieto Morquecho quien resume el terror que ha sembrado la enfermedad renal crónica en el oriente de Michoacán, donde comunidades enteras exigen que el Estado deje de ser “omiso” ante una emergencia que ha costado vidas, patrimonios y la esperanza de generaciones completas.

En un emotivo testimonio colectivo, durante la presentación del informe técnico final “La enfermedad renal crónica en la región oriente de Michoacán y su relación con las condiciones naturales, impacto ambiental y psicosocial” financiado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) y el Instituto de Ciencia y Tecnología de Michoacán (ICTI), representantes de los municipios de Zinapécuaro, Hidalgo y Maravatío presentaron sus exigencias tras más de tres años de investigación científica que confirma lo que ellos ya sabían: el agua está contaminada y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es responsable.

Pedro Nieto Morquecho condensa el drama de varias comunidades del oriente de Michoacán: en 2013, su hija enfermó del riñón a los 26 años, cuando su nieto apenas tenía tres. “De momento ya no tenía su riñón, estaba en riesgo y ya no hubo reversa”, relata con dolor.

El calvario apenas comenzaba: traslados constantes a Morelia, acompañamiento de su esposa, gastos interminables. “Un lotecito que le tenía para ella tuve que venderlo para hacerle los estudios” en Guadalajara, donde finalmente su hijo le donó un riñón. A pesar que la cirugía salvó a su hija continúa requiriendo medicamentos constantes y chequeos permanentes.

El poblador menciona otro caso, el de un joven de su comunidad cuyos cuatro hermanos han fallecido: la madre por diabetes, pero los otros tres por enfermedad renal. El padre vive sin un pie. “Hay varias familias así en la región y seguido están muriendo”, afirma.

Don Nieto Morquecho presenció múltiples casos de pacientes que simplemente se desmayaban durante la hemodiálisis y morían en el hospital sin regresar a casa. Esta realidad es la que provoca que muchos enfermos rechacen el tratamiento.

Un documental, que es parte de los productos que arrojaron la investigación, presenta los testimonios de pobladores que narran su padecimiento.

Veneno Bajo Tierra – Una producción de Kodia Multimedios.

IMAGEN: GOOGLE MAPS.

El origen de la investigación

En entrevista con en15dias.com, el doctor Pedro Corona Chávez, investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH y coordinador del estudio, relata que todo comenzó en otoño de 2021 durante trabajo de campo en la zona.

“Un comunero de San Isidro Alta Huerta se acerca y empezamos a platicar y él me comenta todo el drama que ha existido desde hace ya más de 25 años”, recuerda el investigador. El comunero le explicó que, haciendo cuentas, “ellos entendían que esta enfermedad había aparecido después del inicio de la operación de la planta geotérmica”.

La planta comenzó operaciones en 1982, y según la narrativa de los habitantes, los primeros casos de enfermedad renal comenzaron a aparecer a finales de los años 90. “Prácticamente 15 años después de que inició la operación de la planta geotérmica. Para ellos es aritmético el cálculo”, señala Corona Chávez.

Al investigar en redes sociales y documentos oficiales, el equipo descubrió que el problema no era nuevo. “Encontré que hay al menos tres iniciativas legislativas de diputadas federales y locales que ya habían intentado promover la atención a este problema, la primera de 2005”, explica el doctor Corona.

Sin embargo, a pesar de estas alertas tempranas, el asunto nunca fue atendido adecuadamente por las autoridades. El proyecto abarcó tres áreas fundamentales: hidrogeoquímica y medio ambiente, toxicología y salud, y aspectos psicosociales, involucrando a más de 40 académicos y 70 estudiantes colaboradores durante tres años.


FOTO: SECRETARÍA DE SALUD DE MICHOACÁN.

Un patrón epidemiológico atípico

La investigación documenta que la incidencia de enfermos renales apareció alrededor de 1996 y aumentó de manera exponencial diez años después, es decir, hacia 2006. Esta alta incidencia y prevalencia de ERC en la zona oriente del Estado de Michoacán constituye un problema nacional de salud pública.

Lo que hace aún más preocupante el fenómeno es que aparentemente no es originado solo por los factores más comunes asociados a la enfermedad renal, como diabetes mellitus e hipertensión arterial. El patrón epidemiológico es atípico: la presencia de la enfermedad en individuos jóvenes sugiere factores causales distintos a los tradicionales, particularmente los factores ambientales.

El Hospital General Dr. Miguel Silva de Morelia comenzó a notar desde entonces que entre el 25% y 30% de los pacientes que requerían apoyo renal provenían de la zona oriente, particularmente de Ciudad Hidalgo.

“Lo que es muy claro es el número anómalo de enfermos renales de etiología desconocida. Esto es una realidad independientemente de cualquier dato científico del medio ambiente”, señala Corona Chávez.

Los enfermos “son menores de 30 años” y padecen lo que se conoce como “enfermedad renal crónica de origen no determinado”. “Son terminales y una vida digna merecerían”, apunta el investigador.


Los contaminantes: una amenaza silenciosa

El estudio identifica que la presencia de elementos traza como arsénico, plomo, cadmio, boro, silicio, aluminio y mercurio en el agua de consumo humano puede generar daño renal en población expuesta y contribuir al desarrollo de la ERC. Estos elementos, cuando se consumen en niveles superiores a los recomendados por la normatividad, actúan como contaminantes con efectos acumulativos en el organismo.

El arsénico, mercurio, cadmio boro, silicio, aluminio y plomo están considerados dentro de las especies químicas más nefrotóxicas cuando son consumidas por el ser humano. Su toxicidad es particularmente grave para los riñones, órganos encargados de filtrar y eliminar toxinas del cuerpo.

Los investigadores señalan que muchas veces estos contaminantes están relacionados con el consumo de agua o su dispersión en suelos, creando múltiples vías de exposición para la población.


II. LAS 8 EVIDENCIAS IRREFUTABLES

El equipo analizó 382 estudios hidrogeoquímicos previos de revistas científicas y tesis, además de realizar 94 análisis nuevos. La investigación recopiló ocho líneas de evidencia que señalan al Campo Geotérmico Los Azufres (CGLA) como fuente de la contaminación.

Primera evidencia: A más cercanía de la planta, más contaminación

Los investigadores analizaron 94 muestras de manantiales en la región, complementadas con 382 análisis previos, encontrando un patrón inequívoco: mientras más cerca de la planta geotérmica, mayor es la contaminación.

En Zinapécuaro, el municipio más próximo, el 56% de los manantiales presenta al menos un elemento tóxico por encima de los límites permisibles.

Dentro del municipio de Hidalgo, el porcentaje es de 35%. En contraste, municipios más alejados como Maravatío, Zitácuaro, Jungapeo, Senguio, Tuxpan y Áporo de oriente de Michoacán exhiben agua de mejor calidad.

“Esta correlación espacial no es casualidad. Es la primera línea de evidencia que señala una fuente puntual de contaminación: la planta geotérmica”, explica en el documento el doctor Pedro Corona Chávez, coordinador del área ambiental del estudio.

Segunda evidencia: Los ríos llevan la “firma química” de la geotérmica

Dos ríos que nacen en la zona de la planta geotérmica fueron sometidos a análisis exhaustivos, revelando datos alarmantes.

Río Eréndira: Nace a 2,551 metros sobre el nivel del mar, en plena zona de operación de la planta, con un flujo de 240 litros por segundo. Las muestras arrojaron concentraciones de arsénico de 41.6 a 64 microgramos por litro en temporada seca, y hasta 109.6 microgramos por litro en temporada de lluvias. La norma mexicana NOM-127 establece un límite máximo de 10 microgramos por litro.

A solo 200 metros de desnivel debajo de la presa de enfriamiento del campo geotérmico, en el Río Eréndira, se detectaron 41.6 microgramos por litro de arsénico. Con un flujo de 200 litros por segundo, esto representa un transporte de aproximadamente 708.5 gramos diarios de este contaminante soluble que migra hacia las planicies de Ciudad Hidalgo.

“Estamos hablando de niveles hasta 10 veces por encima de lo permitido”, advierte Corona. “Y este río riega cultivos y alimenta manantiales aguas abajo”.

Río Lobos: Drena desde la planta hacia la cuenca de Zinapécuaro con un flujo de 200 litros por segundo. Los análisis confirman “composición química geotérmica diluida” a lo largo de su recorrido, influyendo directamente en la composición de los manantiales que consumen las comunidades.

Tercera evidencia: La mezcla confirmada por isótopos

Los estudios isotópicos —una técnica científica que funciona como una “huella digital” del agua— demuestran de manera irrefutable la mezcla de agua meteórica (de lluvia) con fluidos y líquidos geotérmicos.

“Lo que nosotros estamos completamente ciertos es que hay mezcla de aguas. Hay una mezcla de agua geotérmica con agua meteórica y que gran parte del agua que consume la gente lleva una mezcla en proporciones diferentes. Esto es irrefutable con lo que nosotros hemos hecho”, afirma categóricamente el investigador Corona Chávez.

Los análisis de isótopos de estroncio, deuterio y oxígeno permiten rastrear el origen del agua de manera precisa, descartando otras posibles fuentes de contaminación.

Cuarta evidencia: Elementos químicos típicos de sistemas geotérmicos

Los manantiales contaminados no presentan contaminación por cualquier elemento, sino específicamente por aquellos característicos de los fluidos geotérmicos: boro, silicio, aluminio, estroncio y arsénico en un patrón multielemento que coincide con la composición química de las emisiones geotérmicas.

“COEPRIS y CFE solo han buscado arsénico y plomo, pero la contaminación es multielemento y tiene una firma geotérmica clara”, subraya el estudio.

Además, las aguas presentan una composición bicarbonatada-magnésica con cloruración y sulfatación, característica típica de mezcla con fluidos geotérmicos, no de contaminación agrícola o urbana.

Los análisis de agua realizados entre septiembre y octubre de 2021 revelaron hallazgos alarmantes: mientras la normatividad mexicana establece concentraciones máximas de 25 microgramos por litro de arsénico en agua potable, las aguas geotérmicas del Campo Geotérmico Los Azufres (CGLA) presentan valores entre 10,000 y 50,000 microgramos por litro, más de 200 veces la norma permitida.

El documento advierte que estos valores en depósitos de agua en superficie en las denominadas presas de enfriamiento de color turquesa podrían representar una fuente de dispersión si no se controlan sus relaciones con el sistema hidrológico natural.

Quinta evidencia: Documentación de fugas e infraestructura obsoleta

Durante el trabajo de campo, el equipo documentó con fotografías y video 56 presas de enfriamiento sin geomembrana en algunos casos, acumulando 148.98 toneladas de gases tóxicos.

Son “piscinas grandes, color turquesa que todo el mundo puede ir a ver, pero esas aguas son extremadamente tóxicas en todos los elementos”, describe Pedro Corona Chávez. Estas aguas contienen plomo, mercurio y otros elementos peligrosos en concentraciones “que superan por decenas los límites permisibles de medio ambiente”.


¿Qué se documento?

  • Seis lagunas con 321.83 toneladas adicionales de material peligroso
  • Válvulas de escape con goteo permanente que generan salmueras y riachuelos incorporados al sistema de drenaje
  • Acumulación temporal de sales con arsénico que posteriormente se lavan con las lluvias
  • Vegetación quemada y canales construidos a mano como evidencia de derrames
  • Infraestructura «artesanal» con evidencias de desborde y tecnología de «más de 40 años» para el manejo de condensación
  • Alteración de acuíferos profundos y superficiales por extracción y reinyección de fluidos geotérmicos

Uno de los hallazgos más graves es la detección de contaminación en fuentes de agua que fluyen directamente hacia San Pedro Jácuaro. La presa de enfriamiento del campo geotérmico, que opera aparentemente sin geotextil, mostró concentraciones de arsénico de 4,185 microgramos por litro.

“Las pérdidas de fluidos superan el 15% debido a un proceso termodinámico incompleto. Esos fluidos no desaparecen: van al ambiente, a los ríos, a los suelos”, explica Corona.

Sexta evidencia: Anomalías de arsénico en suelos

El estudio de suelos en la cuenca de San Pedro Jácuaro detectó anomalías en las concentraciones de arsénico que, según los investigadores, “no corresponden a procesos geológicos naturales”.

En los pastizales húmedos del Balneario Puentecillas, el arsénico sobrepasa el límite máximo permisible, representando un riesgo potencial para la salud humana y ambiental.

Toda la cuenca muestra aportes anómalos de estroncio, rubidio, zinc, hierro, manganeso, titanio, potasio y azufre «debido a actividades antropogénicas» —es decir, causadas por el ser humano.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Miguel Antonio Cuevas González, habitante de Ciudad Hidalgo

VIDEO: en15dias.com

Séptima evidencia: La coincidencia temporal

Los habitantes de la región reportan de manera consistente que los casos de enfermedad renal comenzaron a aumentar en las décadas de 1980 y 1990, precisamente cuando la planta geotérmica inició operaciones y aumentó su capacidad de extracción.

“Antes de la instalación de la geotérmica no había enfermos. Se empezaron a presentar a partir de los años 90 hacia la fecha, cada vez más enfermos renales”, señala Miguel Antonio Cuevas González de Hidalgo, quien resume tres décadas de sufrimiento en su municipio.

Para Cuevas González, uno de los afectados y poblador de Ciudad Hidalgo, la cuestión es contundente: “Hay una emergencia ambiental en el oriente de Michoacán y siguen siendo omisos”.

Octava evidencia: Respaldo de literatura científica internacional

El estudio no es una ocurrencia local. Los investigadores citan trabajos científicos publicados en revistas internacionales (Birkle et al., 1997; Bayer et al., 2013; Bosnovich et al., 2019; Jamil et al., 2023) que documentan casos similares en plantas geotérmicas de todo el mundo.

“La investigación bibliográfica de numerosos casos en el mundo demuestra que las plantas de energía geotérmica SÍ son una fuente contaminante”, concluye el informe. “No son energía 100% limpia como se publicita”.

El debate sobre energía limpia

En entrevista con en15dias.com, el doctor Pedro Corona Chávez, investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH y coordinador del estudio, señaló que los hallazgos cuestionan la clasificación de la planta geotérmica como energía limpia.

“No existe una industria extractiva que contamine cero. Debe de tener un sistema de operación que se acerque a ello y debe tener un monitoreo permanente”, argumenta el investigador.

“La energía limpia, sí, claro, comparado con una compañía minera, con una carboeléctrica, no hay duda. El porcentaje de potencial contaminación, claro que es mucho menor, pero existe. Y si existe, entonces se debe de cuidar”, añade.

La Comisión Federal de Electricidad mantiene una negativa sistemática a proporcionar información. Cuando la comunidad exigió sus reglas de operación, la respuesta fue que eran “anónimas” porque “se las podían robar”. “Les dije que no valía la pena seguir enterrando a mis muertos por guardarles ese secreto”, recuerda Nieto Morquecho, uno de los afectados con indignación.

El equipo investigador realizó tres intentos durante un mes para solicitar información al correo oficial proporcionado por representantes de CFE, sin obtener respuesta alguna. “Ellos se negaron absolutamente, nunca hubo un dato, siempre hubo una negativa permanente”, denuncia el doctor Corona.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Pedro Corona Chávez, investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH

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Más grave aún: aunque la CFE publicó que es política de la empresa realizar monitoreo de agua en las regiones circundantes, esta información no es pública ni accesible. El documento señala que no se encontró ningún informe que permita comprender los rangos de valores hidrogeoquímicos, quedando en duda si realmente se tienen controlados los diferentes tipos de impacto ambiental causados por la planta geotérmica.

“Ellos en algún momento nos dijeron: ‘Nosotros muestreamos 60 manantiales alrededor’. Resulta que de esos 60 manantiales, por lo menos el 60% son para verificar la operatividad de sus pozos. Esta tenencia específicamente de San Pedro, nunca la habían muestreado”, revela Corona Chávez.


III. DIMENSIÓN SANITARIA Y ECONÓMICA

Virginia Robinson, profesora investigadora de la Facultad de Medicina de la UMSNH, realizó un estudio piloto con 559 niños de 10 a 12 años en los municipios de Hidalgo y Zinapécuaro, encontrando múltiples factores de riesgo para enfermedad renal crónica: 31% de sobrepeso y obesidad en promedio, presencia de proteinuria (proteínas en orina) en varios menores, casos de hipertensión arterial en niños y un alto porcentaje con familiares directos enfermos de insuficiencia renal.

“Todos estos factores se van juntando y hacen muy factible que estos niños puedan desarrollar enfermedad renal, sobre todo la de etiología no determinada que afecta a pacientes jóvenes”, explica la investigadora, quien enfatiza que detectar estos casos tempranamente permite canalizarlos a atención médica especializada. Los análisis detectaron casos tempranos que fueron canalizados inmediatamente.

Robinson describe la enfermedad renal crónica como un “mal silencioso” que no presenta síntomas específicos hasta que se ha perdido un gran porcentaje de la capacidad renal.

“Solamente cuando ya se encuentra en una etapa terminal es cuando tienen síntomas y es cuando ya van a hemodiálisis o diálisis peritoneal, o requieren trasplante”, advierte.

La única forma de detectarla a tiempo es mediante un análisis general de orina anual, especialmente para quienes vienen de zonas endémicas o tienen familiares enfermos. Sin embargo, la investigadora revela un dato preocupante: muchos pacientes que ya están en hemodiálisis desconocen su propia enfermedad y cómo deben cuidarla.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Virginia Robinson, profesora investigadora de la Facultad de Medicina de la UMSNH

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Los habitantes de la zona oriente reportan haber notado un aumento dramático en el número de enfermos renales que coincide temporalmente con la instalación del campo geotérmico en los años 80 y 90.

Esta percepción comunitaria está respaldada por datos del Hospital General Dr. Miguel Silva, donde entre el 25% y 30% de los pacientes que requieren apoyo renal provienen de la zona oriente, particularmente de Ciudad Hidalgo.

Una enfermedad de la pobreza

Robinson es contundente al calificar la enfermedad renal crónica como “una enfermedad de la pobreza”, pues afecta principalmente a quienes tienen menos recursos económicos.

Una sesión de hemodiálisis en clínicas privadas cuesta mínimo 1,500 pesos, y se requieren tres sesiones semanales. A esto se suman gastos de transporte, medicamentos y consultas médicas. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta que un paciente en hemodiálisis cuesta aproximadamente 750,000 dólares anuales a la institución.

“¿Qué familia puede soportar esos gastos?”, cuestiona Robinson. “Es insostenible”.

El doctor Rafael Trueba Regalado, profesor-investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH, aplicó el método de valoración contingente para dimensionar el impacto financiero.

Documentó que las familias afectadas enfrentan costos defensivos que oscilan entre 60 mil pesos anuales como mínimo, pero pueden dispararse hasta 1.5 millones de pesos cuando se requiere trasplante renal.

El contraste es devastador: mientras los gastos mínimos anuales alcanzan los 60 mil pesos, los ingresos anuales de estas familias rondan entre 72 mil y 96 mil pesos. “El costo promedio total al mes con trasplante de riñón es de $335,610 pesos, con máximos de hasta $1,531,000 pesos”, detalla el estudio económico.

Los costos incluyen traslados a hospitales, consultas médicas, medicamentos, materiales para hemodiálisis, gasolina, atención psicológica, atención nutricional y, en los casos más graves, los costos de un trasplante de riñón. “Estos montos varían según si la persona cuenta con seguro médico o no, pero en todos los casos representan una carga desproporcionada”, explica Trueba.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Rafael Trueba Regalado, profesor-investigador del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH

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El desequilibrio entre ingresos y gastos médicos genera endeudamiento permanente, estrés psicológico profundo y, en muchos casos, la muerte de pacientes que simplemente no pueden costear el tratamiento mínimo para mantener su vida.

“Hay personas que no pueden sostener el tratamiento y mueren. Esta es la realidad que enfrentamos”, señala el investigador, quien subraya que esta dimensión económica, combinada con la evidencia de contaminación del agua y actividad geotérmica, demuestra la magnitud socioeconómica de la crisis en la región.

Prevención ausente, infraestructura insuficiente

En contraste con los costos del tratamiento, la prevención resulta económica pero está ausente. Robinson calculó que realizar un tamizaje completo a un niño —que incluye peso, talla, presión arterial y análisis general de orina— cuesta apenas 20 pesos en insumos. Para adultos, el costo es igualmente bajo.

“Con 20 pesos se puede lograr mucho”, enfatiza la investigadora, quien lamenta la falta de políticas públicas de prevención y educación para la salud.

La infraestructura pública es insuficiente. En la zona oriente solo el Hospital Regional de Ciudad Hidalgo cuenta con servicio de hemodiálisis, mientras han proliferado clínicas privadas que han convertido la tragedia en un “negociazo”.

Robinson advierte que, si todos los pacientes en etapas tempranas progresan a etapa terminal, el sistema de salud colapsará. “Se requieren más servicios de hemodiálisis y no hay suficientes ahorita”, señala.

La investigadora identifica la falta de educación para la salud como un factor crítico. “La gente se siente mal y dice: ‘si voy, me van a decir que estoy enfermo’. Pues sí, y si estás enfermo requieres tratamiento precisamente para evitar que progrese esa enfermedad”, argumenta.

Robinson insiste en que, con una dieta adecuada, descanso suficiente, ejercicio y seguimiento médico apropiado se puede evitar la progresión de la enfermedad en etapas tempranas. Sin embargo, esto requiere capacitación del médico de primer contacto para detectar casos y, sobre todo, educar a la población.

Ante la gravedad de la situación, Trueba hace un llamado urgente a las autoridades para implementar una respuesta institucional inmediata.

El equipo de investigación propone que la Secretaría de Salud construya una política pública que absorba al menos los costos mínimos del tratamiento, liberando así a las familias de una carga financiera que las condena al empobrecimiento o a la pérdida de sus seres queridos.


IV. POSICIÓN GUBERNAMENTAL

La Enfermedad Renal Crónica registra desde hace más de 25 años un incremento sostenido de casos, muchos de ellos en personas menores de 30 años que presentan Enfermedad Renal Crónica de origen desconocido (ERCEND).

El problema tomó mayor visibilidad en diciembre de 2021, cuando la comunidad de San Isidro Alta Huerta presentó una denuncia ante la Procuraduría Ambiental de Michoacán.

Este hecho derivó en la instalación, en mayo de 2022, de mesas de trabajo interinstitucionales coordinadas por la Secretaría de Medio Ambiente del estado. En estas mesas participaron académicos de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, así como dependencias estatales y federales con competencia en salud, calidad del agua, calidad del aire e inspección ambiental, debido a la preocupación comunitaria por la posible relación entre la ERC y la operación de la planta geotérmica de Los Azufres.

Las mesas tenían un objetivo doble: revisar las causas que originan la problemática de salud en la región oriente y generar propuestas concretas de política pública que permitieran activar programas de prevención, mejorar la calidad del agua y avanzar en procesos de inspección ambiental.

No obstante, a pesar de la urgencia expresada por las comunidades, la última reunión convocada por Medio Ambiente ocurrió el 23 de febrero de 2024, sin que hasta la fecha se haya puesto en marcha alguna acción institucional derivada de estos trabajos.

Cuevas González recuerda que hace uno o dos años sostuvieron mesas de trabajo interinstitucionales para exigir la instalación de filtros en los manantiales. En una de esas reuniones, cuando mencionó que además de la denuncia presentada ante la Procuraduría Ambiental también acudirían al Ministerio Público Federal, el secretario reaccionó con enojo.

“Se enojó, volteó muy enojado y agresivo, con esa actitud hacia todos los que estábamos presentes”, relata. “Él está brindando protección, no a los ciudadanos que tenemos derecho a la vida, al medio ambiente sano, a un agua limpia, a un agua potable, derecho a la salud. Sus intereses son otros, son para la Comisión Federal de Electricidad”, sentencia.

A pesar de la gravedad de la situación, las demandas de la comunidad son mesuradas y específicas. “No pedimos que cierren la Comisión Federal de Electricidad, pero sí que se hagan responsables”, aclara Cuevas González.

Las exigencias incluyen: reparación del daño ambiental, apoyo económico a las familias afectadas, instalación de filtros para eliminar metales pesados del agua y mejora de equipos y protocolos de bioseguridad en la planta geotérmica.

“Que mejoren sus equipos, la bioseguridad, lo que diríamos”, pide, insistiendo en que lo que buscan no es confrontación sino responsabilidad institucional ante una crisis que ha costado vidas, salud y patrimonio a comunidades enteras.

Su testimonio se suma a las voces de investigadores y académicos que han documentado científicamente lo que Ciudad Hidalgo y municipios aledaños viven cotidianamente: una emergencia sanitaria, ambiental y económica que exige respuestas urgentes de las autoridades federales y estatales, más allá de negaciones y actitudes defensivas que solo perpetúan el sufrimiento de la población.

Las reacciones gubernamentales ante la crisis sanitaria han sido pocas. Durante una visita realizada el 11 de enero de 2024, la entonces precandidata presidencial, Claudia Sheinbaum Pardo y actual presidenta de México, reconoció públicamente la existencia de una problemática de salud relacionada con la enfermedad renal crónica (ERC) en el oriente de Michoacán.

“Aquí vengo a comprometerme con Michoacán y con Ciudad Hidalgo. Sé que tienen problemas renales particularmente aquí en esta zona, la diputada nos ha dicho”, declaró.

La precandidata de la coalición “Sigamos Haciendo Historia” se comprometió a revisar los estudios ya existentes sobre la enfermedad renal crónica y a fortalecer la atención médica. “Voy a revisar los estudios que ya hay, y nos vamos a comprometer a atender las enfermedades desde las causas”, añadió.

De acuerdo con la Secretaría de Salud de Michoacán (SSM), la Unidad de Hemodiálisis del Hospital General de Ciudad Hidalgo atiende actualmente a 168 pacientes provenientes de Hidalgo, Maravatío, Zitácuaro, Zinapécuaro, Tuxpan y Contepec, un indicador de la dimensión regional de la afectación. La unidad fue rehabilitada y equipada en 2022 para responder al aumento de casos.

El 1 de diciembre, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, anunció que su administración solicitará formalmente a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) el estudio más reciente sobre la insuficiencia renal crónica.

“Le pediré al secretario de Salud que solicite oficialmente este estudio y que lo aprovechemos para saber causas; si sabemos las causas entonces podemos atender los efectos”, declaró Ramírez Bedolla.

Ramírez Bedolla sostuvo que la enfermedad renal ha impactado a miles de habitantes de diversos municipios y reiteró la importancia de continuar investigando.

Aunque señaló que aún no se puede determinar plenamente el origen de la enfermedad, mencionó que una hipótesis apunta a filtraciones de azufre y otros minerales propios de la zona, que podrían alcanzar los mantos acuíferos que abastecen a las comunidades.

La “controversia metodológica

Al finalizar la presentación del estudio universitario, el 3 de diciembre de 2025, el secretario de Medio Ambiente de Michoacán, Alejandro Méndez López —notario público con licencia— afirmó que el gobierno estatal ha actuado “con toda la seriedad y transparencia” en torno a la alta incidencia de enfermedad renal en la región oriente, y rechazó que exista intención de dilatar los procesos o encubrir a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Recordó que fue el propio gobierno del estado quien solicitó apoyo federal y financió, junto con el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación, el estudio técnico presentado por el grupo académico.

Méndez explicó diferencias metodológicas: el gobierno muestreó puntos donde las comunidades toman agua directamente —el manantial de San Pedro Jácuaro, La Huerta y otros sitios—, mientras el estudio universitario analizó más de 70 puntos. El gobierno priorizó las fuentes de consumo principal porque repetir toda la red de muestreo era complejo, costoso y técnicamente difícil de sostener.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Alejandro Médez López, Secretario de Medio Ambiente

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Se contrató un laboratorio certificado de la Ciudad de México, con un muestreador independiente para evitar dudas o cuestionamientos. Este segundo estudio no encontró metales pesados en los puntos muestreados, aunque sí presencia de bacterias, lo que llevó a instalar filtros para mejorar la calidad del agua en las comunidades.

Méndez aseguró que estos resultados no contradicen la preocupación general sobre la enfermedad renal, sino que forman parte de un proceso en el que existen distintas evidencias que deben contrastarse.

El secretario explicó que el análisis requiere considerar tres factores: la incidencia estadística de enfermedad renal —elevada en esta región pese a ser un problema nacional—; la posible relación entre esa incidencia y la calidad del agua; y si dicha calidad está vinculada a la actividad de la CFE.

Recordó que la región tiene origen volcánico, compartido con Araró, Los Azufres y Cuitzeo, zonas donde también se han detectado metales pesados, lo que obliga a analizar todas las fuentes antes de atribuir responsabilidades específicas.

Durante la presentación de resultados, el secretario de Medio Ambiente cuestionó los hallazgos del estudio universitario basándose en su muestreo limitado. “El secretario de medio ambiente dice que estos resultados como no tienen arsénico arriba del límite permisible, por lo tanto no hay problema”, explica Corona Chávez, quien añade: “Nosotros nos cansamos de decirle que la enfermedad renal crónica no solo es multifactorial, sino también puede haber una acción multielemental que actúa en el organismo”.

El estudio de la universidad analizó alrededor de 30 elementos químicos, no solo arsénico. “Tenemos detectados que hay otros elementos potencialmente tóxicos”, insiste el investigador.

Méndez reiteró que el gobierno mantiene “la mayor apertura” para revisar las nuevas evidencias presentadas por los investigadores. En caso de que en algún momento se confirme responsabilidad de la CFE, dijo, se solicitarán las modificaciones necesarias, pues la empresa es pública y está obligada a responder.

Sobre el ritmo de trabajo con las comunidades, aclaró que no se suspendieron las reuniones; simplemente dejaron de realizarse plenarias de 80 personas para continuar en mesas pequeñas, aunque con menor velocidad debido a que algunas acciones —como instalar filtros adicionales o ampliar la infraestructura— requieren inversiones significativas y justificación técnica.

Señaló que instituciones como Conagua, la Comisión Estatal de Agua y Gestión de Cuencas, la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud están listas para actuar con medidas urgentes: instalación de más filtros, disminución del consumo de refrescos en escuelas y tamizajes para detectar casos tempranos de enfermedad renal.

Finalmente, Méndez adelantó que, tras la presentación del estudio académico, el gobierno retomará la reunión plenaria con las comunidades para discutir los nuevos datos y definir la siguiente etapa de trabajo. “Aquí están los datos y aquí está nuestra disposición; lo que queremos es certeza y soluciones para la población”, concluyó.

No está catalogada como emergencia sanitaria: Elías Ibarra

El 4 de diciembre de 2025, a pregunta expresa de en15dias.com acerca de la enfermedad renal crónica en el Oriente Michoacano, el secretario de Salud de Michoacán, Elías Ibarra Torres, reconoció que la enfermedad renal crónica en la región oriente del estado forma parte de un fenómeno global que también afecta a México y a la entidad.

Señaló que, con base en estimaciones actuales, en Michoacán existen alrededor de 5,500 pacientes con distintos niveles de insuficiencia renal crónica, lo que mantiene un reto permanente para el sistema de salud.

Ibarra Torres explicó que la literatura médica identifica causas multifactoriales —diabetes, hipertensión, genética, infecciones, medicamentos y condiciones ambientales— y que Michoacán no es la excepción. Indicó que en municipios del oriente, especialmente Hidalgo, así como en San Matías, San Pedro Curahuango, Zinapécuaro y Zitácuaro, se observa un porcentaje más elevado de personas afectadas, razón por la cual la dependencia inició investigaciones y reforzó la infraestructura regional.

CHECA EL VIDEO: Entrevista Elías Ibarra Torres, Secretario de Salud

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Como parte de la respuesta estatal, recordó la apertura del Hospital de Hidalgo y de su clínica de hemodiálisis, que fue fortalecida con más máquinas y turnos para atender a pacientes sin seguridad social.

Añadió que las unidades del sector salud están enfocadas en la promoción, prevención, detección temprana y atención oportuna de las enfermedades renales.

El funcionario subrayó también la reinstalación del programa de trasplante renal gratuito en el Hospital Civil de Morelia, que cubre cirugía, hospitalización, pruebas de compatibilidad, procuración del órgano, inmunosupresores y medicamentos necesarios para evitar recaídas.

Además, destacó la creación de la primera unidad médica renal para niñas y niños, debido a que en el oriente del estado se han registrado casos desde edades tempranas.

Sobre la posibilidad de declarar una emergencia sanitaria, Ibarra Torres señaló que el tema ha sido planteado en administraciones anteriores, pero su definición involucra marcos jurídicos federales y autoridades como Semarnat y Cofepris. Aun así, aseguró que el gobierno estatal continúa trabajando tanto en la prevención como en la atención, mientras analiza estudios recientes sobre la problemática de la región.


VI. DEPRESIÓN E INTENTOS DE SUICIDIO: EL DIAGNÓSTICO COMO SENTENCIA

Más allá de los análisis químicos del agua y las evidencias de contaminación ambiental, un estudio psicosocial coordinado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) revela la dimensión humana de la crisis de enfermedad renal crónica en el oriente de Michoacán: familias económica y emocionalmente destruidas, niños con síntomas de ansiedad y depresión, y pacientes que llegan a considerar el suicidio ante el diagnóstico.

La investigación, que involucró a 3,087 participantes de 10 municipios —incluyendo estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato, así como población general y pacientes en hemodiálisis— documenta un impacto que trasciende lo físico para convertirse en una crisis integral de salud pública.

Las entrevistas a profundidad realizadas a 24 pacientes en tratamiento de hemodiálisis y sus familiares revelaron hallazgos alarmantes a nivel individual. Varios pacientes experimentaron depresión severa e incluso intentos de suicidio inmediatamente después de recibir el diagnóstico de enfermedad renal crónica.

“El diagnóstico es vivido como una sentencia de muerte. La aparición de la enfermedad es abrupta y repentina, y genera estrés y angustia constantes”, explica la Dra. María Elena Rivera Heredia, coordinadora del área psicosocial del proyecto.

Los pacientes reportan estrés permanente por tener que apegarse estrictamente a la dieta renal, miedo recurrente a ponerse mal después del tratamiento de hemodiálisis o a morir durante el procedimiento, sensación profunda de soledad tanto por la enfermedad como durante el tratamiento y aislamiento social por la incomodidad de los síntomas físicos que experimentan.

“Hay una vergüenza por las cicatrices en el cuerpo que los pacientes desarrollan, especialmente los más jóvenes”, añade Rivera Heredia.

El impacto en niños: ansiedad y depresión por tener un enfermo en casa

Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es el impacto en la salud mental infantil y adolescente. La investigación encontró que “las niñas, niños y adolescentes con un enfermo renal crónico en la familia presentan significativamente más síntomas depresivos y ansiosos que los niños con familias sin esta enfermedad”.

El análisis de 1,507 participantes en el municipio de Hidalgo y 831 en Zinapécuaro reveló que, aunque estos niños y adolescentes presentan fortalezas como metas a futuro, sentimientos positivos y buena percepción de la vida familiar, también exhiben niveles intermedios de síntomas ansiosos y depresivos cuando se esperaría que estuvieran en niveles bajos.

“Presentan dificultades para pedir ayuda cuando la necesitan, dificultades para el manejo del enojo y de la tristeza, así como fallas de atención y concentración», detalla el informe. «Cobra relevancia el poder atender estos indicadores de salud mental en la población infantil y juvenil con ERC en casa”.

Además, los niños reportan miedo constante de que ellos también puedan enfermar, especialmente cuando hay antecedentes familiares de la enfermedad.

Vivir con miedo: la violencia como factor adicional

Las entrevistas a profundidad revelaron un factor psicosocial adicional que complica el panorama: “Miedo y estrés en la familia como algo que influyó en el desarrollo de la ERC, además de vivir con miedo por la violencia y el crimen organizado”.

Los participantes mencionaron que el estrés crónico derivado de la inseguridad en la región podría estar contribuyendo al desarrollo o agravamiento de enfermedades crónicas, aunque se requiere más investigación para establecer esta relación con precisión.

Percepción comunitaria: múltiples factores causales

A través de entrevistas, observación etnográfica y talleres participativos, el equipo psicosocial identificó cómo las comunidades perciben las causas de la enfermedad:

  1. El agua como factor principal: “El agua es el elemento que más influye en la adquisición de la enfermedad renal”, según la percepción mayoritaria.
  2. Multicausalidad: Reconocen la “interacción de factores” incluyendo ambientales, genéticos y de estilo de vida.
  3. Factores genéticos: Mencionan “riñones poco desarrollados” en algunas familias.
  4. Dieta inadecuada: Identifican la “inadecuada dieta y fácil acceso a comida no saludable” como factor contribuyente.

“Los pacientes renales son lo último por lo que se preocupan las autoridades”

Una percepción recurrente en las entrevistas fue la “impresión de que los pacientes con ERC son lo último por lo que se preocupan las autoridades”. Esta percepción de abandono institucional agrava el malestar psicológico de pacientes y familias.

Sin embargo, los participantes reconocieron “la importancia de la participación de los psicólogos en la atención psicosocial”, valorando el “trato más humano y personalizado” que recibieron durante el proyecto.

“Si no atendemos la salud mental de niños, adolescentes y familias afectadas, estaremos dejando que esta crisis se profundice generación tras generación”, advierte la doctora Rivera Heredia.

El estudio psicosocial revela que la enfermedad renal crónica en el oriente de Michoacán no es solo una crisis de salud física o ambiental: es una emergencia integral que está destruyendo el tejido social, la salud mental infantil y la estabilidad económica y emocional de familias enteras, mientras las autoridades permanecen, en palabras de las propias comunidades, como espectadores omisos de un sufrimiento que podría prevenirse con voluntad política y acción institucional coordinada.


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