Tres modelos de periodismo conviven en Michoacán: el contenido guiado por algoritmos, la comunicación cercana al poder y la investigación independiente. Entre clics, intereses y territorio, se define hoy el papel de la audiencia en la construcción del ecosistema informativo. / Tres visiones del periodismo en Michoacán

Uitzume, el perro del lago
Tres visiones del periodismo en Michoacán
Esta semana coincidieron tres eventos relacionados con el periodismo en Michoacán. La coincidencia no fue planeada, pero resultó reveladora: en los tres casos se habló de informar, pero en ninguno se habló de lo mismo.

Changoonga: mucho algoritmo, poco periodismo
El medio digital Changoonga ofreció esta semana una plática sobre comunicación en la era digital. Y fue, sin quererlo, una demostración clínica de todo aquello que el periodismo no debería ser.
Changoonga opera bajo una lógica que tiene poco que ver con el periodismo y mucho con la ingeniería de la atención. Su modelo se construye sobre tres pilares que son, en realidad, sus tres pecados capitales: el algoritmo como editor en jefe, el clickbait como estrategia narrativa y el sensacionalismo como tono editorial permanente.
Los titulares están diseñados para interrumpir el scroll, no para informar. Las notas están escritas para provocar reacción emocional inmediata, no para explicar nada. El sensacionalismo que se ocupa en esta plataforma digital no es un accidente ni un exceso, es la metodología que usa.
El algoritmo no es neutral. Cuando una redacción diseña sus contenidos para maximizar clics, tiempo de pantalla y reacciones emocionales, no está tomando decisiones periodísticas: está tomando decisiones de mercadotecnia.
El resultado es un producto que circula como noticia, que se comparte como noticia y que se recuerda como noticia, pero que en realidad es ruido empaquetado con apariencia informativa.
El clickbait, además, entraña una traición estructural al lector: promete una cosa y entrega otra, o bien entrega exactamente lo que prometió pero vaciado de contexto, verificación y perspectiva.
El sensacionalismo, por su parte, no es sinónimo de urgencia informativa; es la estetización del drama, la apuesta por el impacto visceral sobre la comprensión profunda.
Juntos, estos tres elementos configuran un producto que puede parecerse al periodismo en su forma —tiene redactores, publica textos, circula en redes— pero que en su función se le opone frontalmente.
El periodismo, en su definición más básica, sirve para reducir la incertidumbre: toma hechos complejos y los vuelve comprensibles para quien no tuvo acceso directo a ellos. Changoonga hace lo contrario. Toma hechos, los amplifica emocionalmente, les quita contexto y los devuelve como espectáculo.
No informa: entretiene con formato de noticia. Y eso, con todo respeto, eso no es periodismo.

Quadratín: el evento que lo dice todo sin decirlo
Quadratín organizó esta semana un evento sobre comunicación política. Nadie que conozca el medio debería sorprenderse del tema elegido: es exactamente el terreno en el que Quadratín se mueve con más soltura.
Quadratín es un medio que se ha construido, a lo largo de los años, a partir de una relación de cercanía con el poder político y económico que va más allá de la cobertura y que configura, en realidad, un modelo de negocio.
No es que Quadratín no haga periodismo: lo hace, y en ocasiones con rigor. El problema es el para qué y el para quién.
En el ecosistema mediático mexicano, y particularmente en los estados, existe una modalidad de prensa que podría llamarse periodismo de servicios al poder.
Funciona así: el medio ofrece visibilidad, agenda y encuadre favorable a los actores políticos y económicos que, a cambio, proporcionan publicidad institucional, acceso a fuentes, filtraciones selectivas y legitimación social. Es una relación simbiótica que beneficia a ambas partes y que perjudica, sistemáticamente, al lector.
Bajo este esquema, la comunicación política no se entiende como el estudio crítico de cómo el poder construye su relato público, sino como un servicio que el medio presta a quienes detentan ese poder.
El evento de Quadratín sobre el tema puede leerse, en ese sentido, como una operación de posicionamiento: el medio se coloca como interlocutor experto en comunicación política precisamente porque lleva años practicando una versión muy particular de ella, aquella en la que el periodista y el operador político comparten mesa, agenda y, eventualmente, intereses.
Esto no es una acusación. Es la descripción de un modelo que tiene décadas funcionando en la prensa michoacana y que, bajo el esquema de la mercantilización del periodismo, es perfectamente racional.
El problema es llamarle periodismo a secas, sin aclarar que hay condiciones, que hay compromisos, que hay una relación de interés con los actores que se cubren. Esa omisión es, en sí misma, un problema periodístico.

en15dias.com: hacer periodismo desde la marginalidad
Esta semana también, en un evento en la ciudad de México, el periodista e investigador Gilbert Gil Yáñez presentó el conversatorio “Periodismo socioambiental: narrativas, métodos y desafíos en la documentación de territorios en disputa”. No fue un evento masivo. No generó tendencia. Probablemente lo vio mucha menos gente de la que debería haberlo visto.
en15dias.com, un medio digital independiente con base en Michoacán que hace exactamente lo que los dos ejemplos anteriores evitan: periodismo de investigación con rigor.
en15dias.com no tiene el tráfico de Changoonga ni los contactos de Quadratín. Tiene otra cosa: criterio editorial propio, independencia real de las fuentes que cubre y la disposición de publicar lo que es relevante aunque no sea lo que más gusta.
En Michoacán, documentar conflictos territoriales es meterse en espacios donde convergen intereses económicos, omisión estatal y, frecuentemente, violencia. Significa construir narrativas con método —entrevistas, cartografía, datos, archivo— en contextos donde la información es un bien escaso y la intimidación, una práctica habitual.
Hacerlo con rigor, con nombre y apellido, con fuentes verificadas, tiene un costo que los medios grandes no están dispuestos a pagar porque no lo necesitan para sobrevivir.
Lo que aporta este tipo de periodismo no se mide en clics. Se mide en lo que queda: investigaciones que documentan procesos que de otro modo serían invisibles, que le dan herramientas a comunidades para entender lo que les está pasando, que construyen registro histórico de conflictos que el poder preferiría que no existieran en ningún archivo. Eso vale más, informativamente hablando, que cien notas de Changoonga juntas. Aunque tenga diez veces menos lectores.
En15dias.com no opera bajo la lógica del algoritmo ni bajo la del favor político. Opera bajo la lógica del oficio: investigar, verificar, contextualizar, publicar. Y hacerlo sobre los temas que los medios con más recursos y más compromisos institucionales tienden a eludir: el territorio, el agua, el bosque, las comunidades que resisten frente a intereses extractivos, la violencia que acompaña a los conflictos socioambientales en una entidad como Michoacán.
Es precisamente este periodismo el que aporta lo que los medios de mayor audiencia no pueden o no quieren ofrecer: perspectiva histórica, documentación de procesos que de otro modo quedarían invisibles para el resto de la sociedad.
Pero… La audiencia también tiene que ver en esto
Tres eventos. Tres visiones del periodismo. Tres respuestas distintas a la pregunta de para qué sirve informar.
Pero hay un actor que aparece apenas mencionado en estos debates y que, en realidad, tiene una responsabilidad central en lo que el ecosistema mediático llega a ser: la audiencia.
Changoonga existe porque sus contenidos son consumidos masivamente. Quadratín tiene influencia porque sus lectores —incluyendo a los propios actores políticos que lo financian— le reconocen esa influencia. En15dias.com sobrevive con dificultades, en parte, porque las audiencias que podrían sostenerlo económica y simbólicamente siguen prefiriendo la comodidad del escándalo rápido a la incomodidad del análisis profundo.
Consumir medios no es un acto neutro. Cada clic es un voto, cada compartida es un endoso, cada suscripción es una declaración de valores. Cuando una persona elige abrir una nota clickbait en lugar de leer una investigación periodística, no está ejerciendo una preferencia inocente: está financiando un modelo y desfinanciando otro. Está diciéndole al mercado de la información qué tipo de periodismo merece existir.
Las audiencias tienen el derecho a ser entretenidas, a consumir contenido ligero, a no estar siempre en modo crítico. Pero tienen también la responsabilidad de saber distinguir entre el medio que las informa y el medio que las usa, entre el periodista que asume riesgos para contar una historia necesaria y el portal que empaqueta su indignación para venderla como pauta publicitaria.






