Ecoimpostura o greenwashing, la simulación ambiental

La ecoimpostura representa un obstáculo significativo a la hora de hacer frente al cambio climático. El término ecoimpostura se refiere al lavado de imagen que una empresa u otra entidad hace para convencer al público que sus medidas de impacto medioambiental son mayores de las que efectúa en realidad, lo que desvía la atención y retrasa la adopción de medidas concretas y creíbles. Ecoimpostura o greenwashing, la simulación ambiental


Ecoimpostura o greenwashing, la simulación ambiental

Por: en15dias.com / con información de Programa de Naciones Unidas para el Ambiente

Con la presión pública para combatir la creciente crisis climática, las empresas del sector privado se están sumando a la transición hacia una economía mundial con bajas emisiones de carbono. Sin embargo, sus esfuerzos a veces pueden terminar siendo más un ejercicio de mercadotecnia que una acción real y significativa.

El término “ecoimpostura”, también conocido como greenwashing, en inglés, “se refiere a las situaciones en las que una empresa hace declaraciones engañosas sobre su impacto ambiental positivo o sobre la sostenibilidad de sus productos y servicios para convencer a los consumidores de que combaten el cambio climático”, según el Programa .

En algunos casos, la ecoimpostura puede no ser intencional, por desconocimiento en materia ambiental.

Sin embargo, también puede hacerse intencionalmente como estrategia de mercadotecnia y de relaciones públicas, para aprovechar el apoyo público de las políticas ambientales y obtener un beneficio.

La ecoimpostura puede desgastar la confianza pública en la sostenibilidad y, así, dar lugar a que se perpetúe el impacto ambiental negativo.

La ecoimpostura se puede manifestar de varias maneras, algunas más evidentes que otras.

Entre sus principales tácticas se incluyen:

  1. Que una empresa afirme estar en vías de reducir a cero neto las emisiones contaminantes cuando en realidad no existe ningún plan creíble.
  2. Que una empresa sea deliberadamente ambigua o poco específica sobre sus operaciones o los materiales utilizados.
  3. Que una empresa utilice etiquetas intencionadamente engañosas, como «verde» o «respetuoso con el medio ambiente», que no tienen definiciones estándar y pueden malinterpretarse fácilmente.
  4. Que una empresa dé a entender que una ligera mejora tiene un gran impacto o que venda un producto que cumple los requisitos reglamentarios mínimos como si fuera significativamente mejor que lo que exige la norma.
  5. Que una empresa haga hincapié en un único atributo medioambiental e ignore otros posibles impactos.
  6. Que una empresa afirme no emplear prácticas ilegales o no normalizadas que son irrelevantes para un producto.
  7. Que una empresa informe acerca de los atributos sostenibles de un producto sin hacer referencia a las actividades de la marca (y viceversa), por ejemplo: una prenda hecha con materiales reciclados que se confecciona en una fábrica con un alto nivel de emisiones, contaminando así el aire y los cursos de agua cercanos.

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