Sembrando nubes y quemando bosques

Nosotres, que como especie hemos alcanzado cumbres creativas como la propuesta del arquitecto ​​Friedensreich Hundertwasser, que rompe con las líneas rectas para dejarnos fantasear con espirales coloridas desbordantes de plantas, aceptamos taciturnamente hacinarnos entre réplicas de ardientes muros de concreto. / Sembrando nubes y quemando bosques


Sembrando nubes y quemando bosques

Plantera**
Emma Monserrat Sánchez Monroy
*

Sembrar nubes, suena como el peor de los negocios, cuando lo que habría que sembrar son árboles; y cuidar los que están, sobre todo eso, cuidarles. Aunque me consta que no es sencillo, se necesita voluntad, tiempo y quién sabe, tal vez compañía.

Los primeros árboles crecieron en la tierra hace 380 millones de años.  Ni hilando todas las vidas humanas en el tiempo nos acercaríamos a los años que nos separan del primer bosque.

FOTO: Emma Monserrat Sánchez Monroy.

Apenas aprendieron a adaptarse, las primeras algas terrestres empezaron a proliferar de tal forma que la vida de otras especies también fue posible. Los animales por ejemplo, aparecieron hace 360 millones de años, sólo 20 millones después que las plantas. Los homínidos, de quienes somos su versión más avanzada, aparecimos hace apenas 3.5 millones de años, y nuestra especie, el homo sapiens, empezó a poblar el mundo hace 50 mil años. Existen árboles más viejos que nuestras civilizaciones. Como los pinos longevos, las secuoyas gigantes de California o los cipreses de la Patagonia a quienes se les ha estimado una edad de más de 3600 años, ¡son árboles más antiguos que nuestros dioses!

Los bosques son hábitats donde conviven muchas formas de vida, tanto animal como vegetal. Según su vegetación, follaje o clima, los bosques reciben distintas clasificaciones.

El bosque de Uruapan por ejemplo, es un bosque de coníferas, de tipo frío – lluvioso, donde predominan los pinos y encinos, su fauna se compone de reptiles, aves y mamíferos pequeños.

En 2015, la revista Nature publicó un artículo que calculó que desde el “desarrollo de la civilización”, el planeta ha perdido el 46% de sus bosques. Nuestra convivencia con el planeta ha sido la más corta, y sin embargo la más nociva.

Nosotres, que como especie hemos alcanzado cumbres creativas como la propuesta del arquitecto ​​Friedensreich Hundertwasser, que rompe con las líneas rectas para dejarnos fantasear con espirales coloridas desbordantes de plantas, aceptamos taciturnamente hacinarnos entre réplicas de ardientes muros de concreto.

 Hotel Rogner Bad Blumao, en Austria.

Nosotres, que hemos hecho de la cocina un arte, aceptamos cómodamente la atemporalidad de un cultivo que somete a la tierra a la misma brutalidad del incesante sistema de producción que esclaviza a las plantas de aguacate. Suena absurdo, pero puedo ver en esas ordenadas filas de árboles, los grilletes del consumismo de un fruto que en Estados Unidos se come con desmedido apetito desde 1994, cuando entró en vigor el tratado de Libre Comercio entre México, Canadá  y Estados Unidos . Entonces las cifras pasaron de un consumo promedio de medio kilogramo por persona al año, a los 3.5 kg actuales.

Platico con Guadalupe, nutricionista que me dice que, si bien el aguacate sí es un alimento muy rico en nutrientes, habría que tener en cuenta otras consideraciones para su consumo, como su origen y sus variedades. Me habla del aguacate criollo y sus propiedades nutrimentales que superan por mucho al tradicional hass, que es el comercializado para exportación y el que acorrala los bosques de Michoacán.

Aquí la claridad de su audio:

AUDIO: Guadalupe Banderas.

Y sin embargo, con esos referentes de construcción y alimentación, se siguen quemando bosques para sembrar aguacate, se siguen talando árboles para expandir el concreto.

Es un agobio pensar en lo que pasó en Uruapan, en pleno día mundial del medio ambiente, ironizan. Es imposible salvar al mundo, pero pienso que no al arroyo más cercano a mi casa, aunque en días como estos, el compromiso es un amargo consuelo. Parece tan poco lo que se intenta frente a lo mucho que se destruye.

Un bosque como el de Uruapan tarda aproximadamente 30 años en crecer; como a una colectividad, también le toma tiempo echar raíces.  Un bosque nunca se conforma por la misma especie de árboles, -eso sería monocultivo, y también los hay-. Un bosque, por naturaleza es diverso, y en esa diversidad, los árboles se desarrollan e interactúan entre sí, intercambian información y nutrientes a través de sus raíces, que a medida que se adentran en la tierra, hacen sinapsis con las demás especies.

El hecho de compartir y conformar hábitat juntos, los lleva a colaborar desde el inicio.

Se parece mucho a la motivación que lleva a las personas a abrazar causas en común, pero mientras tengamos que estar probando entre quienes compartimos camino que el andar es sincero, otros con ningún interés en serlo o motivados por la codicia de poder y dinero, seguirán provocando incendios y sequías en todos los terrenos.

Así, con menos árboles y más progreso, ¿será que llegue un día en que la lluvia sea una rareza que tenga sentido entonces sembrar nubes?

Mientras ese día llega, que la música nos acompañe.

VIDEO: Youtube.

Sembrando nubes y quemando bosques

¿Quién es Emma Monserrat?*
Comunicóloga, huertera y activista de causas ambientales en Morelia y Tula Hidalgo.

**Plantera: Es un espacio que sirve para aprender a nombrar las plantas que no conocemos, los remedios que hemos olvidado, los mitos que no hemos escuchado o las historias que no hemos leído.
En sus acepciones, Plantera es una maceta y también la persona que se dedica al cultivo de plantas; que en este caso es desde la palabra. Un rumor, un remedio, un dato curioso, cualquier hilo sirve para empezar a tensar los filamentos del descubrimiento del mundo vegetal.


Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales y socioterritoriales, salud comunitaria, derechos humanos, política ambiental y periodismo.


Esto te puede interesar

El eslabón más débil

El avance del crimen organizado en México no solo representa un problema de seguridad, sino una amenaza directa al contrato social y a la legitimidad del Estado. En esta columna de opinión, Julio Santoyo Guerrero analiza cómo la expansión del poder criminal debilita a las instituciones y plantea el reto central para el futuro político…

México registró 1.38 billones de pesos en costos ambientales durante 2024

Las Cuentas Económicas y Ecológicas de México 2024 del INEGI muestran que el país registró 1.38 billones de pesos en costos por degradación ambiental, casi seis veces más que el gasto público en protección ambiental. La contaminación del aire concentró el mayor impacto económico dentro de estos costos.

Más noticias

El eslabón más débil

El avance del crimen organizado en México no solo representa un problema de seguridad, sino una amenaza directa al contrato social y a la legitimidad del Estado. En esta columna de opinión, Julio Santoyo Guerrero analiza cómo la expansión del poder criminal debilita a las instituciones y plantea el reto central para el futuro político del país.

México registró 1.38 billones de pesos en costos ambientales durante 2024

Las Cuentas Económicas y Ecológicas de México 2024 del INEGI muestran que el país registró 1.38 billones de pesos en costos por degradación ambiental, casi seis veces más que el gasto público en protección ambiental. La contaminación del aire concentró el mayor impacto económico dentro de estos costos.

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo