Hace más de un siglo, en 1909, el médico brasileño Carlos Chagas descubrió al Trypanosoma cruzi, parásito transmitido por la llamada chinche besucona. Desde entonces, la enfermedad de Chagas se ha expandido silenciosamente en América Latina, cobrando miles de vidas cada año. En México y particularmente en Michoacán, el riesgo persiste: brigadas de salud buscan al insecto vector incluso en comunidades cerradas como La Nueva Jerusalén, donde la tradición religiosa ha dificultado la intervención sanitaria.
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Reportaje: La enfermedad de Chagas,
100 años de la chinche besucona
Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
septiembre de 2025

100 AÑOS DE LA PRESENCIA DE LA CHINCHE BESUCONA
“Me siento en Afganistán… me siento muy incómoda…”, expresa a este reportero la encargada de la política de vectores de la Organización Panamericana de la Salud. La doctora María observa la plaza, unas señoras pasan ataviadas hasta los tobillos: desde la cabeza, con una mascada que tapa sus cabellos largos, pasando por una blusa de manga media y una falda larga; no se les ve ni siquiera los calcetines. Su andar es tranquilo a diferencia de la incomodidad que se le observa a la representante de la organización internacional.
La incomodidad y la expectativa se nos nota a todos. Es la primera vez que representantes y trabajadores de la Organización Panamericana de la Salud, el gobierno de México y el gobierno del estado de Michoacán pueden ingresar a la comunidad de la Nueva Jerusalén, de manera conjunta, para hacer la captura de triatominos dentro de las casas de los pobladores.
La Nueva Jerusalén es una comunidad del municipio de Turicato, Michoacán, fundada en 1973, y que a lo largo de los años se ha regido por la religión surgida del adoctrinamiento del sacerdote Nabor Cárdenas, conocido como “Papá Nabor” y de la señora Gabina Romero, también llamada “Mamá Salomé”, con ello imposibilitando el ingreso de autoridades a la comunidad.
Desde sus inicios hasta apenas el 2015, estos personajes impusieron a los habitantes su propia visión y normativa, con base, siempre, en el “ejercicio de su libertad religiosa”.
Entre las imposiciones que deben obedecer los habitantes y visitantes a la comunidad de la Nueva Jerusalén están que las mujeres y hombres no deben “vestirse deshonestamente”.
En esta población queda prohibido que las mujeres usen falda corta, vestido escotado y sin mangas, o pantalones, maquilladas y con la cabeza descubierta. Para los hombres está prohibido traer el cabello largo o andar “vestidos deshonestamente”.
Sin excepción alguna, las mujeres de La Nueva Jerusalén fueron obligadas a usar mantos, faldas largas y delantales, y a los hombres se les distinguió por traer colgado en el cuello un escapulario y por cargar siempre un rosario.
Desde su creación hasta ahora no hay autoridad, ya sea federal, estatal o municipal que no se rija por los designios de la virgen ni siquiera la doctora María, representante de la Organización Panamericana de la Salud en México.
“Estoy a punto de decidir irme…Me siento en Afganistán… me siento muy incómoda…”, repite la doctora de origen español con molestia mientras se ajusta el velo que le dieron para tapar su cabello rubio. No es la única mujer que entra a la comunidad en esta ocasión.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
Cuatro mujeres más acompañan a los 70 trabajadores de la salud que ingresarán a las casas para buscar una chinche, llamada popularmente como “chinche besucona”, la cual provoca 12 mil muertes anuales en América Latina, según los últimos reportes de la Organización Mundial de la Salud.
Ellas a diferencia de la doctora María, salen contentas de las camionetas que las trasladaron desde la ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán. Las mujeres están ataviadas con el color guinda y color oro. Sus caras expresan emoción, como aquello que da nervio, expectativa e ilusión, ríen al verse vestidas como si fuera algo prohibido; algunas de ellas, tal vez pensando, con esperanza, de allegarse a la imagen de la virgen.
Se sienten tan bien, que una de ellas toma su celular y realiza una selfie con sus compañeras. Otra más avispada junta a los representantes de la organización internacional, a los de la Secretaría de Salud Federal y también a los de la Secretaría Estatal y toma la foto.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ, NUEVA JERUSALÉN, 2022.
Sin embargo, entrar a la Nueva Jerusalén, no es tan sencillo como tomarse una selfie, se requiere de un permiso por parte de las autoridades de la comunidad. Llegar aquí y acceder puede ser una travesía para los extranjeros y los curiosos. Para que no te corran existen varias reglas y prohibiciones, así como información de cómo actuar y comportarse dentro de la comunidad.
La Nueva Jerusalén se fundó en 10 hectáreas de un cerro que supuestamente, según versiones de pobladores y estudiosos del lugar, perteneció al general Lázaro Cárdenas del Río.
Dicen los estudios de la región que en 1973, llegó el padre Nabor con un grupo de fieles, quienes supuestamente atestiguaron milagros como la resurrección de un joven y la sanación de unos tullidos que volvieron a andar gracias a las súplicas de Salomé, la vidente y mano derecha del párroco, quien en realidad se llamaba Gabina, pero se cambió el nombre también por mensajes divinos que recibía en ensoñaciones.
La comunidad es calificada por los obispos mexicanos y el vaticano como una Secta. Para Don Raúl, es una comunidad más con otro tipo de religión. Él es trabajador de la Secretaría de Salud de Michoacán, en el área de zoonosis y triatominos, área encargada de la política sanitaria en torno a los vectores, tanto de su detección como de su combate.

Don Raúl ha trabajado, por más de 30 años, en la jurisdicción sanitaria número 3 de Michoacán, a la que pertenece la comunidad. Este trabajador de mediana estatura, cuerpo robusto y con una franja muy delgada de pelo que destaca en su labio superior, participó en las primeras campañas de paludismo en Michoacán realizadas en los años ochenta del siglo pasado. De las últimas cosas que los ancianos de la comunidad recuerdan.
El hombre conduce una camioneta que hace el último esfuerzo para llegar a la cima del monte. Al llegar a la punta del cerro, ya urbanizada, uno se frena con la barda de más de 15 metros que hay en la entrada de la comunidad. No se ve a simple vista al interior. Hay rejas y una entrada con un letrero que alerta acerca del modo de vestir y las buenas costumbres que deben aplicarse al interior de la Nueva Jerusalén.
“Originalmente no se permitía entrar a nadie, estaba todo con cadenas a la entrada donde están estas torres, pero no estaba esto”, afirma don Raúl mientras señala la barda. “Se impide el acceso a las mujeres con vestidos, faldas cortas, maquillajes; y a los hombres con cabello largo, pantalones cortos y pulseras de todo tipo”, se lee en el letrero que sostiene la barda.

“Queda estrictamente prohibida la entrada a extraños”, se alerta en la puerta de entrada de la comunidad, que a simple vista se ve como una fortaleza. Generalmente en el acceso se encuentran hombres de edad avanzada que miran el pasar de las personas, algunas veces, a los que no son de ahí, los paran para peguntar a dónde van. De esos son pocos ya que para ingresar a esta comunidad uno debe pedir permiso a las autoridades.
La comunidad de La Nueva Jerusalén está constituida por un párroco quien es la autoridad máxima y “ejemplar” de la comunidad, desde ahí se toman las decisiones, se decide quién entra y quién no, a quién reciben como autoridad y se autorizan la entrada para los insumos de la única tienda que hay.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
Hay cierto júbilo y alegría entre los trabajadores de vectores. En la plaza principal del pueblo comienzan a reunirse los integrantes de la Secretaría federal, del estado y de la Organización Panamericana de la Salud. Para ingresar los representantes de la secretaría de Salud de Michoacán tuvieron que enviar semanas antes la lista de quiénes ingresarían a la comunidad y los detalles acerca del trabajo que realizarían las dependencias en el pueblo.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
El día del ingreso de autoridades sanitarias la mañana luce soleada en la comunidad de Nueva Jerusalén. Son las ocho de la mañana y la vida en el pueblo comenzó. Algunas mujeres salen de sus casas para hacer mandados y comprar el desayuno para sus familias; otras más se reúnen en la Iglesia mientras, el Párroco y las autoridades de la comunidad organizan un desayuno para los trabajadores. En uno de los edificios de la comunidad entregan el desayuno: huevos fritos y enchiladas verdes, un platano y un boing.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
Después de desayunar, la lista entregada a las autoridades de la Nueva Jerusalén es utilizada para formar equipos de siete personas y comenzar el trabajo. El objetivo: encontrar “chinches besuconas” para determinar si la comunidad tiene un problema de triatominos y tiene riesgo de estar infectados.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
“Les pedimos ser muy respetuosos con la gente, ya los conocen a muchos de ustedes… pero siempre sean respetuosos y pidan permiso para realizar la actividad. El objetivo es encontrar a las chinches; recuerden buscar en todas partes siempre con el protocolo que la doctora María les mostró…”, explica animado el director del departamento de vectores de la Secretaría de Salud de Michoacán, el doctor Alejandro Rodríguez Hernández.
Días antes, estos mismos trabajadores tuvieron dos días de capacitación, el primero de manera teórica donde las dependencias federales, estatales y la Organización 11 Panamericana de la Salud dieron el panorama de la enfermedad de Chagas en México y Michoacán, y el segundo día fue utilizado para realizar un monitoreo de chinches en una de las comunidades rurales de la ciudad de Morelia.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
La Organización Panamericana de la Salud viene trabajando con esta enfermedad desde los años 90 del siglo pasado en toda América Latina, sin embargo, la enfermedad existe desde hace más de 100 años cuando fue descubierta por el doctor Carlos Chagas en Brasil.
El médico brasileño experto en malaria, “en una ocasión vio cómo había chinches que subían y bajaban por las paredes dentro de las casas. Las revisó y en la defecación del triatomino vio a un parásito que nombró Schizotrypanum cruzi, que luego se determinó como Trypanosoma cruzi”, explica Paz María Salazar Schettino, científica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista para este reportaje, la universitaria explica que en las heces de la “chinche besucona” va el parásito que entra al organismo humano.
A diferencia de Salazar Schettino que es una experta en la materia, Don Aquilino no sabe qué es la enfermedad de chagas ni tampoco cómo se contrae ni cuáles son los síntomas. Para él, como para la mayoría de la población de la Nueva Jerusalén, se ignora de este padecimiento y sus consecuencias de no atenderlo.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
El hombre de 72 años no sabe si tiene la enfermedad; tampoco sabe cuáles son las chinches de las que hablan. Él vive en la Nueva Jerusalén desde la década de los ochenta del siglo pasado, es un anciano de avanzada edad que mientras camina encorvando su cuerpo va recogiendo bolsas, madera, ramas y rocas al pasar.
“No se fijen… no sabía que vendrían…”, se justifica mientras nos deja pasar a su casa. Para llegar a una construcción realizada con bloques de cemento, se tiene que pasar por un corredor obscuro lleno de maleza y árboles frutales.
Su casa está llena de cajas, madera, huacales y bolsas con cemento y tierra. En cada uno de los rincones hay cachibaches que impiden el paso; uno tiene que esquivar pedazos de rama salidos y materiales de construcción tirados en la entrada de la vivienda.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, 2022.
“¿Y a qué vienen?”, pregunta Don Aquilino con voz pausada. Don Raúl, después de 30 años de contacto con la población le explica de manera simple y llana con una pregunta: “¿ha visto usted una chinche, así alargada… trompuda… de color amarillo o naranja…?”.
-Sí… alguna vez he visto algunas por aquí y por el chiquero…, responde Don Aquilino mientras con su dedo índice recorre los rincones donde se encuentran apiladas cosas viejas, usadas y bloques de cemento hasta llegar a la reja de madera a punto de caerse que es parte del área destinada para los puercos.
“¡Ah pues si las ha visto tenga cuidado…!”, alerta el trabajador de la salud. 14 Mientras se acerca a Don Aquilino, de una pequeña mochila que trae colgando, saca uno de los vasos de plástico que momentos antes habían repartido a todos los trabajadores de la salud que ahora se encontraban distribuidos en toda la comunidad.
La tapa del frasco trae tres orificios que previamente, los trabajadores de la salud debieron hacerle a las tapas. Al interior tres chinches caminan de un lado a otro, recorren el espacio repitiéndolo, todas intentando salir.
“…pueden picarle y lo infectan, pueden enfermarlo… por eso venimos a buscar si tiene dentro de su casa…”, continúa explicando el trabajador.
“¡Ah pues… sí hay aquí…!”, exclama Don Aquilino con prontitud mientras le viene la preocupación y pregunta curioso “¿y qué te hacen?”.
“La enfermedad de Chagas es una enfermedad potencialmente mortal causada por el parásito Trypanosoma cruzi. Este parásito es el agente etiológico de la enfermedad de chagas, es decir, el organismo biológico, en este caso el parásito, capaz de producir la enfermedad”, explica en entrevista el doctor Gildardo Rivera Sánchez, investigador del Centro Biotecnología del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
“Este parásito es un organismo que vive sobre un organismo huésped o en su interior y se alimenta a expensas de éste. Hay tres clases importantes de parásitos que pueden provocar enfermedades en los seres humanos: los protozoos, los helmintos y los ectoparásitos”.
El Trypanosoma cruzi es un parásito que pertenece a los protozoos y que vive y se reproducirse dentro de un insecto hematófago, es decir, un insecto que se alimenta, en alguna fase de su ciclo biológico de sangre.
Existen entre 300 a 400 especies de estos insectos que son las que presentan interés médico y veterinario al actuar como vectores de distinto tipo de patógenos, los cuales son causantes de serias y graves enfermedades, como la Enfermedad de Chagas, Malaria, Dengue, Fiebre Amarilla, Chikungunya y Zika, entre otros.
Estos insectos obtienen sangre desde distintos animales, preferentemente reptiles, aves y mamíferos, incluyendo al ser humano. Dentro de este grupo de insectos hematófagos destacan los triatominos que son una subfamilia de insectos, conocidos a través de diversos nombres en diferentes regiones: vinchuca, chipo, chinchorro, chirimacha, chinche, y barbeiro, entre otros1 .
Estas chinches son de origen silvestre, explica el doctor Rivera Sánchez. “Su ciclo biológico natural y silvestre, depende y está involucrado con el ser humano, el artrópodo transmisor y los reservorios mamíferos naturalmente infectados. La forma de infección de estas chinches se da cuando la chinche sana pica a animales salvajes o domésticos, o a humanos infectados del parásito.
Cuando esto ocurre, el tripanosoma se multiplica en el intestino de la chinche y en un transcurso de 15 a 30 días se desarrollan las formas infectantes de la enfermedad”. Al ya estar enfermo el ser humano, los parásitos invaden miocardio, colon y esófago, causan daño en el corazón y sistema digestivo.
“Esta enfermedad reduce la calidad de vida de los pacientes, y puede ser potencialmente mortal”, señala tajante el investigador por el Instituto Politécnico Nacional.
La doctora Salazar Schettino destaca que cuando Carlos Chagas descubrió la enfermedad en 1909, su principal hallazgo fue “haber sido el responsable de describir el agente causal (Trypanosoma cruzi), identificar el vector (los triatominos que los transmiten) y referir un conjunto de síntomas que el parásito causaba a los humanos”. Sin embargo, destaca la especialista, no permitió obtener evidencias científicas suficientes para confirmar la relación entre el parásito y las manifestaciones clínicas.
Años más tarde, el médico argentino Salvador Mazza avanzó en la redefinición de esta etapa respecto de las condiciones efectivas de transmisión y a su cuadro clínico.
En su momento la enfermedad se propuso que se llamará Enfermedad de Chagas-Mazza por la trascendencia de las investigaciones del argentino. La doctora Salazar Schettino destaca su importancia al señalar que “es el único (padecimiento) dentro de la historia de la medicina, que primero se descubre al parásito y luego se descubre la enfermedad; siempre fue primero la enfermedad y luego los parásitos”.
Según el Análisis de la Situación Actual y revisión estratégica de la agenda regional, 2023, de la OMS, la enfermedad de Chagas es endémica de 21 países de América Latina.
Su identificación, tratamiento y combate ha sido un dolor de cabeza para los académicos y autoridades sanitarias durante toda su historia.

Según la historiografía del padecimiento, la política pública internacional en torno a esta enfermedad comenzó entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Brasil, Venezuela y Argentina fueron los primeros países del continente en comenzar campañas mucho más detalladas en torno a la enfermedad.
En esos mismos años, investigadores como Romaña, Jorg, Dias y Laranja realizaron nuevas investigaciones, caracterizando el cuadro clínico y el impacto médico social. Esto contribuyó a que tuvieran el interés de la comunidad en la enfermedad.
Con estos dos activos, las primeras campañas y la claridad en la enfermedad comenzaron investigaciones más serias al respecto. El resultado fue la realización en los años sesenta de programas de combate en los países latinoamericanos: 1960, Venezuela inicia su “Programa Nacional de Chagas”; Argentina le sigue en 1962 con la creación del “Programa Nacional de Chagas” y años después, en 1975 se creó un programa con el mismo nombre en Brasil .
A pesar de estos programas la cifra de casos de la enfermedad de chagas se desconocía. Sin un conteo oficial ni sistemático en ningún país de América Latina, los estudios históricos no reportan hasta los años 80 del siglo pasado el número de casos y muertes.
La historiografía al respecto, como los reportes de Sanmantino y Zabala, señalan que al pasar de los años y al aumentar los casos en los países latinoamericanos hubo un mayor interés de investigar acerca de esta enfermedad por parte de centros de salud gubernamentales, universidades de distintos países y organismos encargados de reglamentar las políticas sanitarias y laborales.
Fue tanta la importancia de este punto de la historia de la enfermedad que surgieron los dos únicos medicamentos que son utilizados hasta la actualidad, para el tratamiento de la enfermedad: Nifurtimox y Benznidazol.
A pesar de los avances desde 1909, cuando se descubre la enfermedad, y 1980 cuando hay una consolidación científica y médica del conocimiento del padecimiento no 19 había una responsabilidad clara ni implícita de los gobiernos en crear políticas públicas entorno al padecimiento.
Fue hasta 1990 cuando la Organización Panamericana de la Salud comenzó a involucrarse con las políticas regionales que habían comenzado, como las iniciativas de Argentina, Venezuela y Brasil, según se pudo confirmar con la revisión, para este trabajo periodístico, de los documentos de la OPS.

Así lo confirmó, la doctora María Jesús Sánchez, representante de la Organización Panamericana de la Salud, quien identifica que en 1990 a esta enfermedad se le catalogaba como “desatendida” y agrega “ese mote de desatendida, nos ha obligado a atenderla”.
Durante una plática a trabajadores de la salud, del gobierno de Michoacán, días antes de entrar a la comunidad de la Nueva Jerusalén para la revisión de casas y detección de la “chinche besucona”, la doctora explicó brevemente, cuáles han sido las etapas en las cuales ha intervenido la organización para dar curso a las políticas de los estados latinoamericanos.
En una lámina presentada durante la plática, realizada el 18 de octubre de 2022, en la ciudad de Morelia, explica que la historia de la política pública de la Organización Panamericana de la Salud está integrada por cuatro etapas.

Divide el análisis en 1990, cuando comienza la “cooperación técnica horizontal”, refiriéndose a las iniciativas regionales en América Latina; en 2005, cuando se determina que el padecimiento es una “enfermedad tropical desatendida”; en 2010, cuando se realizan una serie de acuerdos entre los países para poder integrar políticas regionales, y finalmente en 2020, cuando se plantean cinco objetivos con resultados para el 2030.
Sin embargo, la historia de la política pública para el combate y eliminación de la enfermedad de chagas es mucha más basta, según se pudo comprobar en un análisis de los documentos base de política pública de la Organización Panamericana de la Salud en torno a la enfermedad en América Latina.
De 1990 a 2020, la OPS realizó una serie de documentos para afinar y determinar espacios de entendimiento y colaboración en la política regional en torno a la enfermedad.
El documento WHA51.14 “Eliminación de la transmisión de la enfermedad de Chagas”, es el primer documento expedido por la Asamblea Mundial de la Salud, en ese entonces organismo internacional que analizaba las problemáticas de salud, pandemias y urgencias sanitarias en los países del mundo, refiriéndose a políticas regionales más integradas para combatir y eliminar la enfermedad de chagas.

El documento presentado en la 51ª Asamblea Mundial de la Salud, el 16 de mayo de 1998, declaraba su compromiso, por primera vez, con el objetivo de la eliminación de la transmisión de la enfermedad de Chagas para fin de 2010. “Objetivo técnicamente factible si se cuenta con apoyo político, técnico y económico apropiado”, se señalaba expresamente en el manifiesto sanitario.
Entre lo más relevante del documento, se encontraba la realización de una “estrategia combinada de desinfectación de las viviendas, análisis sistemático de los bancos de sangre (para detectar la infección por Trypanosoma cruzi), vigilancia activa, educación sanitaria y movilización de la comunidad”.
Además, en ese documento se pide a los países con “población afectada por la enfermedad de chagas que determinen con precisión la extensión de la enfermedad, en particular la distribución y el comportamiento de los vectores y su sensibilidad a los insecticidas, y elaboren planes de acción; establezcan comisiones técnicas interpaíses para iniciar la certificación de la eliminación”.
Para ese momento los programas regionales habían sorteado varios obstáculos desde 1990, cuando la OPS comenzó a realizar, en conjunto con la academia e investigadores, programas de control vectorial multipaíses, que se denominaron “iniciativas regionales”.
Según señala en varios documentos , el objetivo era brindar cooperación técnica en la región de las Américas, en materia de control, prevención, vigilancia e investigación de la enfermedad.
La primera iniciativa registrada de manera regional y en la que la OPS participó de manera activa fue la de INCOSUR. Esta iniciativa dio pie a que de 1990 a 2000 se generaran “una serie de iniciativas regionales en los distintos países de América Latina”.

Según la literatura historiográfica de la enfermedad, “los Ministros de Salud de los países de Cono Sur- es decir, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguayreunidos en Brasilia en julio de 1991 en el marco de la «Iniciativa en Salud de los Países del Cono Sur» (INCOSUR), crearon una Comisión Intergubernamental encargada de elaborar y ejecutar un plan de acción subregional para la eliminación del Triatoma infestans, vector domiciliario en esta subregión, y la interrupción de la transmisión del Tripanosoma cruzi por transfusión de sangre”.
“Es una aventura y, al mismo tiempo, un desafío”, se señalaba en una de las comunicaciones de la organización internacional.
La iniciativa del Cono Sur para el control de la Enfermedad de Chagas (INCOSUR/Chagas), trajo un nuevo impulso a acciones de lucha contra la chinche dando continuidad permanente a las acciones de control a partir de 1992.
Todos los países participantes, desde Brasil, Argentina pasando por Centroamérica y México, acordaron en normalizar las estrategias, acciones de control y el sistema de información utilizado para hacer seguimiento de la marcha de las acciones en varios documentos.
Según la revisión realizada, se seleccionaron indicadores comunes para evaluar el proceso de eliminación. Además de adoptar estrategias y normas comunes, se acordó usar dos mecanismos que integraban el seguimiento y la evaluación. El primero otorgó sostenibilidad política a la iniciativa, a la vez que promovió el intercambio permanente de experiencia técnica entre países. Este consistía en visitas periódicas de grupos de evaluación constituidos por expertos de los mismos países participantes en la INCOSUR/Chagas y otros invitados.






El segundo mecanismo estaba constituido por el foro formal de la Comisión intergubernamental, integrado por los representantes técnicos de cada dependencia sanitaria, que se reunía anualmente y de forma rotativa en los diferentes países de la iniciativa.
“Estas reuniones, sirvieron para analizar los resultados obtenidos durante el año anterior y evaluar de forma crítica los hallazgos llevados a cabo por los grupos de evaluación, a la luz de los resultados y objetivos establecidos”, se destaca en una de las comunicaciones fechada en 1992, en el contexto de los documentos de la Iniciativa del Cono Sur, de 1992.
En estas iniciativas, la OPS participó constante como Secretaría Técnica “por medio del apoyo brindado tanto a los grupos de evaluación como a la Comisión Intergubernamental”.





A pesar del respaldo de la OPS, en la creación de mecanismos de cooperación horizontal entre los países, la enfermedad persistió. Para esos años, los registros de la enfermedad de Chagas representaban “un problema de salud grave en 17 países latinoamericanos, con un total estimado de 100 millones de personas expuestas a la enfermedad y de 16-18 millones de personas infectadas”, según los datos obtenidos del Informe de un Comité de Expertos de la OMS, de 1991.
La doctora María hace una pausa. Toma agua y se cuestiona ante una cuarentena de trabajadores que con libretas y plumas en mano, anotan cada detalle de la platica, otros sólo la observan desde su asiento.
“Mucha gente dice: ‘la OPS no hace esto; la OPS no hace esto otro en los países, en los estados…’. Realmente nosotros somos, lo que llamamos, un Secretariado de los países. Nosotros no inventamos acuerdos, no inventamos resoluciones; nosotros simplemente juntamos a todos los países de la región discutimos qué es importante, les ayudamos a ponerse de acuerdo y lo plasmamos en documentos y después con ese documento rector nosotros volvemos a nuestro rol en los países, es decir, el país firmó un acuerdo y esos son las resoluciones y los marcos estratégicos que nosotros tenemos.
“Tenemos una obligación como institución y como país de dar la respuesta a unos marcos que se han firmado a nivel internacional y eso también es importante que ustedes lo conozcan, no es un capricho mío, de la OPS o del Cenaprece (Centro Nacional de Prevención de Enfermedades) poder atender esta enfermedad, es además, un mandato que México firmó y un acuerdo internacional que tenemos que al cual hay que darle seguimiento y a esto esto se eleva a este marco estratégico, porque todos los países de la región decidieron que este era un tema salud pública importante”, explica la doctora María mientras juega con la tapa de su botella.
Tras el análisis de los documentos que integran la política pública en esta primera etapa de 1990, se pueden destacar que los puntos de la política pública integrada desde la coordinación de la OPS no se cumplieron. Un ejemplo es el establecimiento de programas de control en los países de América Latina y las encuestas serológicas.
A pesar de que la Organización Mundial de la Salud, en diversos documentos e informes regionales, destaca los avances en la detección de la enfermedad, en 2005, tras un evidente fracaso de la coordinación de políticas públicas, OMS reconoció la enfermedad de Chagas como una enfermedad tropical desatendida (ETD), “lo que propició un mayor reconocimiento de la enfermedad en cuanto que problema de salud pública en la escena internacional”, se destaca en la página de internet de la OMS.
Se agrega que “esto facilitó además la lucha contra la desinformación, la falta de demanda social y el débil compromiso político para hacer frente a las causas y los problemas debidos a la enfermedad, y contribuyó a dar un impulso a unas actividades de investigación y desarrollo científico insuficientes en la esfera de la prevención, la detección y la atención integral de la enfermedad, incluido el diagnóstico precoz, el tratamiento integral, el seguimiento psicosocial y los instrumentos de información, educación y comunicación”.
Sin embargo, el análisis de los documentos realizados, y los resultados que hubo durante la etapa de 2005 a 2010, arrojan que los gobiernos estatales de los países latinoamericanos no invirtieron en el combate y prevención de la enfermedad, a pesar de lo que señala la Organización Mundial de la Salud.
Lo que más se destaca de esta etapa de coordinación regional para la creación de estrategias para combatir la enfermedad fue la creciente intervención de los científicos y académicos en la creación de políticas públicas. Hubo más investigaciones y resultados, hubo más iniciativas contra la eliminación y comienzan a crearse las primeras asociaciones de chagas en América Latina para el apoyo a enfermemos de este padecimiento.
En el año 2006, dicho organismo internacional estimaba la existencia de 15 millones de personas infectadas y una población en riesgo de 28 millones. Sin embargo, desde el mismo organismo se señalaba que “estas cifras no reflejan la verdadera magnitud del problema”.
En un análisis realizado por la socióloga por la Universidad de Buenos Aires, la doctora Carolina Amieva, en el documento “La problemática del chagas en la actualidad de Latinoamérica: viejos y nuevos problemas, grandes desafíos”, escrito en 2009, destaca que “no se puede negar que la comunidad científica ha avanzado en la compresión de la enfermedad, su prevención y tratamiento, así como también las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales le han dado mayor relevancia en las últimas décadas”.
“Sin embargo, esto no se ha traducido en una disminución proporcional del número de personas que conviven con los insectos vectores o llevan en su sangre el Tripanosoma Cruzi, lo que demuestra una gran distancia entre los progresos logrados en el conocimiento científico y la situación cotidiana de las poblaciones afectadas por el Chagas”.
Así lo hace ver la situación de Don Aquilino, que no sabía qué era la enfermedad y cómo podría adquirirla. Hasta en esos momentos, no sabía si estaba infectado. Los trabajadores de la Salud de Michoacán estaban ahí, en su “humilde casa” como Don Aquilino dice a los visitantes, para revisar si había triatominos, es decir, chinches besuconas instaladas en su casa y que pudieran infectarlo.
El terreno de Don Aquilino es grande debe medir alrededor de dos hectáreas, se hace pequeña por el cuchitril que está al final de un área que pareciese un jardín si no fuera por las cajas de cartón, bolsas con papel, botellas de vidrio y residuos de materiales de construcción que yacen en el piso y conviven con árboles frutales de limón, papaya y aguacate.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, MICHOACÁN. 2022.
Don Aquilino nació en tierras mexiquenses y migró. “La vida me trajo para acá y la Virgen me dio una oportunidad”, exclama de manera pasible y deja entrever en su tono la rendición y obediencia que le tiene a la religión que profesa. Llegó después de la crisis económica de los años ochenta del siglo pasado. Trabajó en distintos lugares antes de llegar a la Nueva Jerusalén y ser parte de los 2,533 habitantes que tiene la comunidad, según las propias estadísticas del INEGI.
Dentro de la casa, los trabajadores husmean y revisan en las esquinas, atrás del refrigerador, se pasean por los cuartos y ponen atención en los lugares más oscuros como detrás de los muebles. La casa se siente fresca y en algunos lugares hasta fría por la falta de piso de cemento en su casa.
-“¿Podemos mover estas cajas?”, le pregunta, con cara amistosa, uno de los trabajadores de la Salud de Michoacán, uno de los más jóvenes, a Don Aquilino que voltea 29 y mira las cajas a las que se refiere el muchacho. Con dudas responde “sólo ten cuidado y ponlo igual”.
“Sí, jefe”, responde el joven mientras se agacha y comienza a husmear entre las cajas de cartón que se encuentran apiladas. El polvo del cartón casi deshecho por la humedad y el piso de tierra danzan en el lugar, continuamente los trabajadores tosen, algunos de ellos se pusieron cubrebocas y todos, sin excepción utilizan guantes y unas pinzas especiales para agarrar a la chinche.
“Aquí puede haber algo”, comenta al aire el trabajador animado de encontrar alguna de ellas.

Una de las observaciones reiteradas, de las autoridades sanitarias internacionales, durante 1990 a 2010 es mejorar las condiciones de las viviendas en zonas de bajos recursos.
La Organización Panamericana de la Salud ha señalado en varios documentos, y en el último publicado en 2023 (llamado Enfermedad de Chagas en las Américas, Análisis de la Situación Actual y revisión estratégica de la agenda regional), que la reproducción de la enfermedad “está asociada a condiciones materiales de pobreza, escasez de información y falta de acceso a servicios sanitarios básicos, por lo que esta problemática se ha convertido en un símbolo de las profundas inequidades que arrastra el continente”.
Por ello se le ha llamado la “enfermedad de los pobres”.
En un documento, la Organización Mundial de la Salud destaca, en un apartado exclusivo del documento Control de la Enfermedad de Chagas, Informe de un Comité de Expertos de la OMS, 1991, para referirse a la condiciones de las viviendas que “la naturaleza y calidad de las edificaciones como también las condiciones de vivienda, incluyendo el almacenamiento de muebles y otros enseres del hogar dentro de la casa y en sus alrededores, son importantes determinantes de la colonización domiciliaria por los insectos triatomínos”, como la “chinche besucona”.
“A través de los hábitats domiciliarios y peridomiciliarios se crean micro hábitats que protegen a dichos insectos de los predadores”, se explica en el documento.
“Constituyen hábitats domiciliarios relacionados con la construcción de viviendas las rajaduras y grietas en las paredes de cemento o barro, las uniones entre ladrillos de adobe o bloques de cemento, los espacios entre tablas de madera o secciones de bambú, los techos de hojas de palma y los pisos de tierra. Entre otros factores que favorecen la infestación de insectos se incluye el uso de telas (cortinas, por ejemplo), el almacenamiento de productos cosechados dentro de la vivienda, el depósito de ladrillos de adobe en corredores y pasillos interiores y el amontonamiento de palos dentro de la casa.
“La presencia de animales domésticos en el interior de la vivienda, el tipo de construcción de las edificaciones complementarias (sean éstas destinadas a almacenar productos o guardar animales) y la distancia entre dichas edificaciones y la vivienda también influyen considerablemente en la presencia de vectores y en la transmisión del parásito.
“Para todas las especies, sin embargo, y especialmente para el Tripanosoma Cruzi, las rajaduras y grietas de las paredes y otras fallas de construcción son sumamente importantes”, se destaca en el documento.
Don Aquilino mira incrédulo a la chinche que se mueve en el frasco de plástico. La sonrisa del trabajador no cabe en el cuarto de 5×5 metros donde la encontró. Es el cuarto principal donde duerme Don Aquilino; el hombre septuagenario no lo puede creer.
“¿Dónde estaba?”, pregunta alertado. La chinche se encontraba en un mueble donde se postra una imagen del general Lázaro Cárdenas del Río, a lado se encuentra otra foto de Papa Nabor y Mamá Salome. Un cuadro recurrente en la Nueva Jerusalén.

DE LA CHINCHE BESUCONA EN LA CASA DE DON AQUILINO .
FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ. NUEVA JERUSALÉN, MICHOACÁN. 2022.
“¿Por qué es considerada la enfermedad de los pobres?”, se le pregunta al doctor Gildardo Rivera Sánchez, investigador del Centro Biotecnología del Instituto Politécnico Nacional.
“Es llamada la enfermedad de los pobres por dos situaciones”, explica el doctor Rivera. “Porque la chinche habita en zonas marginales o en la periferia, donde lamentablemente habita la gente de bajos recursos o gente que se ha desplazado a sitios 31 selváticos, sitios donde hay mucha flora y fauna silvestre y pues obviamente sabemos que es gente que carece de recursos para tener condiciones habitables adecuadas y eso hace que en esas condiciones con un piso de tierra, sin paredes, resanadas, sin un techo de concreto, pues hace que ahí mismo la chinche, tengan las mejores condiciones para habitar porque ahí tiene al ser humano del cual se puede alimentar en las noches y pues prevalecen las condiciones de ranuras en paredes en piso en donde allí fácilmente, pues puede habitar sin ningún problema”, explica el doctor quien para resumir este primer punto destaca “es una enfermedad de los pobres porque afecta a las personas que viven bajo estas condiciones”.
Adicionalmente, señala en entrevista realizada el 21 de julio de 2022, “se considera que es una enfermedad de los pobres porque al ser una parasitosis y no ser una enfermedad grave mortal o de alta incidencia” no hay un interés por parte de las farmacéuticas para la producción porque no hay un consumo de los medicamentos.
El doctor explica que al no tener un buen diagnóstico y seguimiento, el padecimiento no se queda sólo en la infección sino pasa a la enfermedad. Mucho de esto se da por la desinformación dentro de los equipos de salud en los países.
La plática continúa. Los trabajadores de la salud de Michoacán, la mayoría hombres, siguen atentos a lo que dice la doctora María. Esta conversación es parte de una serie de tres conferencias que realizó el gobierno del estado y el gobierno federal, a través de Cenaprece para comenzar una política pública en torno a la enfermedad, de la mano de la Organización Panamericana de la Salud.
Durante cinco días, dotaron de información técnica a los trabajadores de la salud del estado, para la identificación de triatominos, como cuántos son, de qué especie, en dónde se encuentran, pasando por aprender y recordar las técnicas de roseado de casas para eliminar a la chinche, hasta saber cuáles son los objetivos de la Organización Panamericana de la Salud actualmente.
La doctora María, coordinadora de la OPS en México, continúa su exposición; en la pantalla se proyecta la diapositiva de las cuatro etapas que identifica la historiografía de la atención de la OPS a la enfermedad.

“¿Entonces, qué habíamos hecho históricamente como OPS? ¿Qué hemos venido nosotros apoyando en el país?”, pregunta al aire mientras se pasea en el auditorio que el gobierno del estado dispuso para las conferencias, más tarde en ese mismo espacio se daría formalidad con una presentación institucional, en presencia del secretario de Salud de Michoacán, a los trabajos para combatir la enfermedad en el estado.
La doctora María juega con la tapa de su botella de agua y se detiene a responder: “una cosa muy importante que venimos haciendo, hace bastante tiempo, es la donación del medicamento para los pacientes. Eso lo tramitamos nosotros junto con Cenaprece que se encarga de sacar toda la metodología para poder importar. Que nosotros donemos, es una de las cosas importantes porque pues obviamente el acceso al tratamiento no es tan sencillo”.
“Otra cosa importante…”, continúa la doctora María mientras observa a los trabajadores, “…es el tamizaje de los bancos de sangre. De ahí están saliendo, básicamente la mayor parte de los pacientes que se identifican y fue una estrategia también a nivel nacional parar la transmisión. Eso también fue algo muy importante que se logró en México”.
La funcionaria de la OPS explica que hasta el 2012 se implementó la estrategia de la “ruta inversa”. “Esto consistió en identificar localidades donde se fue activamente y se tomaron muestras de sangre en niños y eso permitió también la identificación de pacientes y de áreas donde había transmisión en niños. Esta estrategia también la OPS estuvo impulsando durante algún tiempo en el país.
“Lo que hemos logrado ha sido la donación de benidazol (medicamento), porque sabemos que Fujimox (medicamento) no se puede utilizar para todos los pacientes que se diagnostican con Chagas y nos dimos a la tarea de establecer los mecanismos para la clonación de esos medicamentos. Nosotros recibimos esos medicamentos en donación por parte de la empresa farmacéutica que lo fabrica y los distribuimos a los países”, les explica la doctora a los asistentes.
Y concluye en este punto, “la estrategia de trabajar un poquito más amplio, de ver cómo ampliamos el trabajo en esta enfermedad se quedó como muy acotado al tema de la toma de muestra en niños menores de 5 años, si hay un poco se quedó la estrategia local de inversa y no avanzo entonces en ese panorama”.
En una revisión de los documentos WHA6320, CD50R17, CD49R19 y CD55R9, acuerdos del Consejo Directivo de la OPS, se destaca la poca eficiencia de las políticas públicas implementadas por los gobiernos latinoamericanos.




IMAGEN: DOCUMENTOS WHA6320, CD50R17, CD49R19 Y CD55R9, ACUERDOS DEL CONSEJO DIRECTIVO DE LA OPS. ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD.
La Resolución CD50.R17 “Estrategia y Plan de Acción para la Prevención, el Control y la Atención de la Enfermedad de Chagas”, fechada el 1 de octubre de 2010 destaca la “necesidad de cumplir la ‘agenda inconclusa’, ya que la proporción de la población afectada sigue siendo alta entre los más pobres y los pueblos más marginados de las Américas, y de abordar los determinantes de la salud para reducir la carga sanitaria, social y económica que representa la enfermedad de Chagas” (CD50.R17, 2010).
Esto lo concluye al examinar que ni los acuerdos de la resolución CD49.R19 del 49.º Consejo Directivo, en el 2009, “Eliminación de las enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza”, ni la resolución WHA63.20 de la Asamblea Mundial de la Salud, fechada en 2010, “Enfermedad de Chagas: control y eliminación” han sido atendidas.
Un año antes, en la resolución CD49.R19 del 49.º Consejo Directivo, en el 2009, “Eliminación de las enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza”, el Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud instó a las países latinoamericanos a “comprometerse con la eliminación o la reducción de las enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza que pueden combatirse con los instrumentos existentes, hasta ciertos niveles para que esas enfermedades dejen de considerarse problemas de salud pública en el 2015”, se señala en la resolución de 2009.
Además de ese punto, el Consejo Directivo resolvía nueve más, de los cuales destacaban la petición a los países de que “determinen cuáles son las enfermedades desatendidas prioritarias y las poblaciones vulnerables que han quedado a la zaga, así como las brechas en la información epidemiológica y las zonas geográficas prioritarias para la intervención (‘zonas críticas’)”; el establecimiento de “nuevos planes con un enfoque integral que abarque los determinantes sociales de la salud” e instó a los gobiernos a poner en práctica “las estrategias de prevención, diagnóstico, tratamiento, control vectorial y eliminación de una manera integrada, con amplia participación comunitaria”, entre otras.
En el documento se destaca una petición a los gobiernos a que “aprueben las metas y los indicadores para la eliminación y la reducción de las enfermedades desatendidas y 36 otras infecciones relacionadas con la pobreza, priorizados por los Estados Miembros y que figuran en los anexos A y B de la presente resolución”.
La OPS realizó un breve análisis de la “situación epidemiológica, metas de eliminación y principales estrategias de eliminación para determinadas enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza”, donde se detallan las características de las enfermedades propuestas para su eliminación, la situación epidemiológica, metas y estrategias.
Dentro de estas enfermedades, la enfermedad de Chagas se encuentra entre los padecimientos con “mayor potencial de ser eliminadas (con intervenciones existentes costoefectivas)”, se señala en el Anexo A del documento.
A pesar de esta oportunidad para eliminar el padecimiento, para ese momento, la OPS calculaba de “8 a 9 millones de personas infectadas y 40,000 nuevos casos de transmisión por vector por año”.
Entre las metas que la Resolución CD49.R19, señalaba se encontraban “Interrumpir la transmisión vectorial domiciliaria de Trypanosoma cruzi (menos de 1% de índice de infestación domiciliar triatomínica y seroprevalencia negativa en niños de hasta 5 años de edad y menos, a excepción de la mínima aportada por casos en hijos de madres seropositivas); Interrumpir la transmisión transfusional de T. Cruzi (cobertura de 100% de tamizaje de la sangre); Integrar el diagnóstico de la enfermedad de Chagas en el Sistema de la Atención Primaria de la Salud de manera de proveer tratamiento y atención médica a todos los pacientes para las fases agudas y crónicas de la enfermedad, así como reforzar la cadena de suministros de los tratamientos existentes dentro de los países para aumentar el acceso y prevenir el desarrollo de cardiomiopatía y problemas intestinales, relacionados a la enfermedad de Chagas ofreciendo atención médica adecuada a personas afectadas por la enfermedad en todas sus etapas de evolución”.
La estrategia volvía a ser, igual que los acuerdos de 1992 a 1998, “Eliminar vectores en la vivienda mediante el control químico; Programas de ordenamiento del medio; Información, educación y comunicación, tamizaje de las muestras de 37 sangre en los bancos de sangre para evitar transmisión por transfusión de sangre; pruebas de detección a embarazadas y tratamiento para evitar la transmisión congénita; mejores prácticas en la preparación de alimentos para evitar la transmisión oral; tratamiento etiológico a los niños y ofrecer atención médica a los adultos afectados con la enfermedad de Chagas”.
En 2016, la Organización Mundial de la Salud acepta que las metas no se cumplieron y que por ello “es necesario establecer un nuevo plan de acción regional”.
En los ocho últimos años se han logrado adelantos importantes hacia el control y la eliminación de estas enfermedades en la Región, “gracias a dos resoluciones conexas (cuya vigencia terminó en el 2015) adoptadas por el Consejo Directivo de la OPS: Eliminación de las enfermedades desatendidas y otras infecciones relacionadas con la pobreza, (resolución CD49.R19, de 2009), la Estrategia y plan de acción para la prevención, el control y la CD55/15 atención de la enfermedad de Chagas (resolución CD50.R17, de 2010).
Sin embargo, las metas fijadas en cada una de estas resoluciones no se lograron plenamente, de modo que es necesario establecer un nuevo plan de acción regional, estratégico e integral para la eliminación de las enfermedades infecciosas desatendidas y medidas posteriores a la eliminación”.
Nuevamente como en los acuerdos de 1998, 2006, 2009, 2010 y ahora 2016, la Organización Panamericana de la Salud tenía que “instar” y “reiterar” a los gobiernos latinoamericanos el trabajo en sus regiones.
Para 2016, sólo nueve países con la enfermedad de chagas habían alcanzado las metas de eliminación de la chinche y habían implantado medidas para prevenir el resurgimiento o la reintroducción de la enfermedad de Chagas (CD55/15, 2016).
Esta nueva resolución, fechada en julio de 2016, en sus anexos identificaba las “principales dificultades encontradas en la eliminación de las enfermedades infecciosas desatendidas en la Región de las Américas, durante el periodo 2009-2015”.
Entre las más importantes de la resolución se encontraban la “falta de acceso oportuno y asequible a medicamentos, vacunas y equipos esenciales; escasez de recursos humanos y económicos para la vigilancia, el tamizaje, el monitoreo y las intervenciones entomológicas; sistemas débiles de seguimiento y evaluación”, señala la Organización Panamericana de la Salud en la resolución CD-5515.
Además, el Comité Directivo señala que la “falta de voluntad política en los niveles gubernamentales más altos, que retrasa el logro de las metas de eliminación nacionales y subnacionales; lagunas en la educación sobre la salud, las prácticas higiénicas, el acceso a saneamiento adecuado y agua potable y la participación social; servicios de salud insuficientes para el tratamiento y la prevención en los niveles primario (por ejemplo, servicios perinatales) y secundario; desaprovechamiento de las oportunidades interprogramáticas e intersectoriales para la eliminación y control de las enfermedades y de las donaciones de medicamentos por la OMS; y carencia de estrategias e intervenciones de utilidad comprobada para hacer frente a los problemas de salud pública posteriores a la eliminación que afrontan las personas de las comunidades indígenas, de ascendencia africana, rurales y periurbanas pobres de la Región”.
Para 2022, la meta sería que 16 países eliminaran la enfermedad de chagas, según se señala en los propios documentos de la OPS. Para ese momento, “70,2 millones de personas se encontraban en riesgo de contraer la enfermedad de Chagas debido a las malas condiciones de la vivienda y la presencia de los insectos vectores, mientras que infectadas había aproximadamente 5,7 millones de personas”, reportaba la OPS en el informe.
“Siguiente…”, se escucha decir a la representante de la OPS, la doctora María, alentando a su asistente a que le ayuda a pasar a la siguiente diapositiva.
“¿En dónde estamos parados entonces?”, se pregunta la doctora española mientras con una sonrisa se dispone a contestar. La diapositiva muestra una imagen con un título “Ruta 2021- 2031”, lleva dos columnas, en una se desglosan cinco objetivos y en otra se destacan las propuestas.

Al hacer un comparativo con los objetivos del pasado. De los cinco objetivos, los primeros tres no son más que la verificación de la interrupción de los tres tipos de transmisiones: la vectorial domiciliaria, transfusión de sangre y transfusión de órganos, el cuarto punto es la eliminación de la enfermedad congénita y el quinto objetivo es que se cumpla el “75 por ciento de cobertura del tratamiento antiparasitario de la población en riesgo”.
Lo que se propone no está distante a lo que ya se había propuesto en la década de los noventa y décadas venideras: Fortalecimiento de los sistemas de vigilancia, acciones de sensibilización, desarrollo estrategias innovadoras, prevenir la transmisión por transfusión de sangre y trasplante de órganos, ampliar la prevención primaria y promover soluciones multidimensionales.
El documento “Poner fin a la desatención para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible: hoja de ruta sobre enfermedades tropicales desatendidas 2021-2030”, realizado por la Organización Mundial de la Salud en 2021 es base del resumen que la doctora María dio a los trabajadores en la conferencia.

FOTO DOCUMENTO ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD EN 2021.
En su apartado de la enfermedad de Chagas se desglosa tres grandes metas para la eliminación como problema de salud pública del padecimiento, que el documento de la OMS los llama “acciones críticas”.
La primera va en torno a “promocionar la causa ante los ministerios nacionales o federales de salud para que se reconozca el mal de Chagas como problema de salud pública, y establecer sistemas eficaces de prevención, control, atención y vigilancia en todos los territorios afectados”. Como segunda “acción crítica”, la OMS destaca “mejorar la atención sanitaria de los enfermos de Chagas, impartiendo formación al personal sanitario en servicio e incorporando la formación a todos los niveles de los servicios de salud”.
La última meta de acción que se ha propuesto en este documento la OPS, es el de “garantizar que los países donde todavía haya transmisión vectorial domiciliaria se adhieran a los programas de prevención, control y vigilancia”.
Para ello, la Organización Panamericana de la Salud, desde 2021, realiza recorridos por los estados de México, otorgando herramientas, información para poder detectar y eliminar la transmisión del vector.
La doctora María fue invitada a dar estas conferencias y a visitar las comunidades como la Nueva Jerusalén para identificar los procesos, dotar de conocimiento a los trabajadores y tratar de mapear una política pública por estado. Antes de llegar a Michoacán, ya había estado en Veracruz, Jalisco y Oaxaca; e iría, antes de finalizar 2023, a Colima, Nayarit y el sur de México.

FOTO: GILBERT GIL YÁÑEZ.
La doctora María se siente incómoda ataviada como las mujeres de la Nueva Jerusalén, hasta los tobillos, con el pelo recogido y metido en una mascada del mismo color que la falda, sin embargo, su expresión de “me siento en Afganistán” se diluye al pasar el tiempo y convivir con la comunidad.
Para este reportaje, y para que se pudiera responder la pregunta de: “Después de tres décadas de política pública de los países y acompañamiento de la OPS ¿por qué hay un fracaso en la disminución de los casos de la enfermedad de chagas?”, se buscó una entrevista formal, pactada informalmente con la doctora Paz María, durante el recorrido de la Nueva Jerusalén, sin embargo, en reiteradas solicitudes, el área de comunicación de la Organización Mundial de la Salud, negó la entrevista para este trabajo de investigación.
Reportaje: La enfermedad de Chagas, su presencia en México (2/3)
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Reportaje: La enfermedad de Chagas, detección en tierra prometida (3/3)
La Nueva Jerusalén, en Michoacán, es una comunidad religiosa cerrada con reglas propias y fuertes restricciones de acceso. Este reportaje revela cómo su aislamiento ha influido en la lucha contra la enfermedad de Chagas y en las políticas de salud pública en la región.
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