Reportaje: La enfermedad de Chagas, su presencia en México (2/3)

La historia de la enfermedad de Chagas en México revela décadas de omisión y fragmentación en la política pública. Aunque los primeros estudios científicos se remontan a los años setenta, no fue sino hasta los ochenta que la Secretaría de Salud comenzó a reconocerla oficialmente, en medio de debates académicos, vacíos de información y esfuerzos aislados que nunca lograron consolidar un programa integral de control y vigilancia.


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Reportaje: La enfermedad de Chagas,
su presencia en México

Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
septiembre de 2025

“Busco a la doctora Paz María Salazar Schettino, ¿aquí es su laboratorio?”, pregunto después de abrir una puerta y asomarme, por quinta ocasión, a uno de los tantos salones de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Sí, aquí es…”, contesta la voz jovial de una mujer quien señala con su dedo una puerta al fondo del laboratorio donde una placa anuncia, con el nombre de la doctora Salazar Schettino que, efectivamente, ahí es su oficina.

La doctora Paz María Salazar Schettino es la especialista más importante acerca de la enfermedad de Chagas en México. Fue alumna de los doctores precursores de las encuestas seroepidemiológicas para detección de Chagas en el país registradas en los años 50 y 60 del siglo pasado, ha sido impulsora de los programas y manuales de Chagas del gobierno mexicano y desde la UNAM ha difundido los aspectos del padecimiento.

Para conseguir esta entrevista pasaron meses para que en su apretada agenda pudiera recibir a este reportero. La historia del estudio de la enfermedad de chagas en México, es joven, destaca la doctora. “Comienza en los años 20 y 30 del siglo pasado”.

Según la historiografía de la enfermedad, el investigador prestigiado Luis Mazzotti describió los dos primeros casos identificados de la enfermedad de Chagas, en 1940. Fue la primera vez que en México se registraban oficialmente, entre investigadores y la academia los primeros infectados de la enfermedad.

Por ello, Mazzotti es considerado el chagólogo más importante en la historiografía del padecimiento en el país. Fue quien además de descubrir los primeros casos en el estado de Oaxaca, también contribuyó a la identificación de varias especies en México durante los años 30 y 40 del siglo pasado.

Él, junto con otros especialistas, pudo enlistar las distintas especies del país. “(…) estudió la distribución geográfica de los triatóminos (…) y coadyuvó al estudio y descubrimiento de múltiples especies. Además, entre otras cosas, infectó garrapatas e 43 inoculó ratones para estudiar el comportamiento en estos roedores”, se señala en la publicación “Apuntes para la historia de la enfermedad de Chagas en México”.

Se destaca la importancia del investigador señalando que una especie de Triatoma le fue dedicada en su honor: Tripanosoma Mazzotti (Velasco CO, 2008). Así lo confirma la Doctora Paz María Salazar Schettino, en entrevista para este trabajo periodístico. En un cubículo de 5 por 5 metros, la investigadora de la Facultad de Medicina nos recibe alegre, pregunta de inmediato: “¿Quiere un café?”.

En 1971, como alumna, la doctora Salazar Schettino contribuyó en la realización de las primeras encuestas nacionales acerca del padecimiento. Actualmente, sigue investigando el vector de chagas y ha participado en la estructuración de las políticas públicas, desde la academia y la investigación, además de intervenir en la realización de manuales e iniciativas para la atención de la enfermedad para varios gobiernos, en diversos sexenios.

Salazar Schettino conoce bien la historia de la presencia de la enfermedad de Chagas en el país. La ha estudiado y ha realizado varios textos e investigaciones académicas al respecto. Apacible y serena, conversa acerca de la importancia de las investigaciones de Mazzotti. Apunta, que a pesar de que en 1928, Hoffman, había identificado que la chinche podría ser la que infectara al ser humano, “no vio el parásito”, señala la doctora.

“El doctor Hoffman dice: ‘la chinche puede ser transmisora de la enfermedad de Chagas sin embargo, no dio con el parásito’”. En cambio, destaca la Doctora Salazar Schettino, el doctor Mazzotti describió “el parásito tanto en el transmisor en Oaxaca y “describe los dos primeros casos humanos en México”.

“Desde ese momento hasta la década de los años 50, con los trabajos de Biagi y posteriormente con los de Tay, se realizan una serie de estudios epidemiológicos en diversas regiones del país con base tanto en diagnósticos parasitológicos como serológicos”.

Después de la descripción de Mazzoti, pasaron ocho años para que en el Congreso de Cardiología en México, realizado en 1946, realizara el primer estudio clínico-serológico en México. Este estudio, que según la historia de la enfermedad en México, impulsó nuevos estudios del padecimiento, fue realizado en Apatzingán, Michoacán. Sin embargo, la falta de recursos y apoyo gubernamental no permearon en las políticas públicas para poder realizar más estudios serológicos que permitieran mapear la distribución de las chinches besuconas.

Fue hasta una década después, entre 1956 y 1969, que se realizaron varios estudios que permitieron mapear parte de lo que sería después un problema de salud pública en México.

A pesar de que hasta ese momento no existía una política pública directa hacia la enfermedad por parte del gobierno de México, sus primeros indicios estuvieron en 1956 cuando se dio marcha a la Campaña Nacional de Erradicación Palúdica en el país, la cual coincidió con las áreas de endemia chagásica que los estudios de los 40 y parte de los años 50 del siglo pasado habían arrojado.

Para el año 1971, el Departamento de Parasitología y Microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México realizaron varias microencuestas seroepidemiológicas en diferentes estados de la República. Sin embargo, “aprovechando la amplia dispersión en el país de los pasantes de la Facultad de Medicina, realizaron un estudio sobre la distribución geográfica de los triatominos en México, de la que más tarde se desprendieron múltiples trabajos”.

La doctora Salazar Schettino fue parte de esos pasantes que recorrieron los estados. Ella estuvo en Oaxaca y Veracruz realizando estos estudios, recabando información y confirmando en laboratorio.

Salazar Schettino hace una pausa abruptamente. Su cara es de alarma al recordar que dentro de su bolso se encuentra un vaso de vidrio con dos orificios realizados de forma irregular en la tapa del vaso, y al interior una chinche lucha por intentar salir; se mueve desesperada por el vaso.

“Ay de veras…”, exclama la doctora Salazar Schettino mientras observa la puerta como esperando a que alguien se asome. Pregunta dudosa: “¿está Mauro ahí?”, no pasan cinco segundos cuando un joven estudiante asoma la cabeza… “Mauro, te molesto…. Mira por estar platicando…”. La doctora estira su brazo y le enseña a Mauro la chinche que el fin de semana pudo capturar a tan sólo tres metros de su casa de descanso en Oaxtepec, Morelos. “Estás pero muerta de hambre…”, exclama Salazar Schettino dirigiéndose a la chinche que se mueve desesperada por salir.

A pesar de que el momento le saca una pequeña risa a la doctora, eso da pie para que explique el comportamiento de las chinches y como éstas los modifican. “Entran a las casas porque tienen mucha hambre”, explica pero “aparentemente al primero que se encuentra es al perro. Entonces los perros se mueren de Chagas primero”.

Hasta el momento “hay 34 especies de trypanosoma, de las cuales 13 se consideran importantes para la salud pública del país porque son las que transmiten la enfermedad de chagas”.

Según la información de la actual “Estrategia de Intervención Nacional para la Interrupción de la Transmisión Vectorial Intradomiciliaria de la Enfermedad de Chagas en México”, en su primera, y hasta este momento, única edición fechada en julio 2022, señala que “algunos autores mencionan que 19 de estas especies consistentemente invaden los domicilios humanos mientras que 12 son especies selváticas que raramente se asocian a ellos, por otro lado, otros autores afirman que son 13 las especies vectoras en México.

Entre ellas las más importantes son Triatoma barberi y Triatoma dimidiata debido a que se encuentran domiciliadas.

DOCUMENTO ESTRATEGIA DE INTERVENCIÓN NACIONAL PARA LA INTERRUPCIÓN DE LA TRANSMISIÓN VECTORIAL INTRADOMICILIARIA DE LA ENFERMEDAD DE CHAGAS EN MÉXICO.
FOTO: GOBIERNO DE MÉXICO, 2022.

T.barberi está distribuida en 16 estados del país y es exclusivamente doméstica, por otro lado T. dimidiata se encuentra en 20 estados de la república mexicana y es responsable del 13% de las infecciones por Trypanosoma cruzi a los humanos”.

Salazar Schettino asegura que las chinches están cambiando su comportamiento y que ahora buscan nuevos en tornos donde ubicarse. El ejemplo de ello es la chinche, que resultó ser vectora, que pudo recolectar a tres metros de la puerta de su casa en Oaxtepec.

Los estudios, que desde los años 70 del siglo pasado ha realizado Salazar Schettino, han sido en torno a la miocardia chagásica, que es la manifestación más grave de la enfermedad de Chagas.

“Es una forma inflamatoria de miocardiopatía dilatada que conduce a una amplia fibrosis cardiaca y un deterioro progresivo de la actividad del corazón”, describe la doctora. Estos estudios comenzaron en 1950, con el investigador Tomás Gutiérrez “Perrín, del Instituto Nacional de Cardiología que publicó el primer caso de miocardiopatia chagásica 47 crónica en México, como resultado del impulso dado por los investigadores brasileños al estudio de la enfermedad de Chagas durante su estancia en el país”.

Según se relata en “Apuntes para la historia de la enfermedad de Chagas en México”, “después de unos años de bonanza, ese impulso desapareció y durante mucho años el Instituto Nacional de Cardiología negó terminantemente la existencia de la miocardiopatia chagásica en México, impidiendo de esa manera mejorar el conocimiento de la enfermedad y el conocimiento y difusión entre los cardiólogos mexicanos, que al igual que sus maestros, negaron la existencia de esa enfermedad”.

La doctora Salazar Schettino fue de las impulsoras para generar estudios acerca de esta manifestación de la enfermedad, cuando en 1979, describió el tercer caso de miocardiopatia chagásica en México, años antes, en 1964 Biagi y Gómez Arce, describían los primeros casos. Lo que se consideró en la literatura de la enfermedad como “un nuevo impulso al estudio de tripanosomiasis en México”.

Documentos revisados para este trabajo de investigación periodística, de los estudios seroepidemiológicos que hubo entre 1970 y 1990, indican que la mayoría de los estudios fueron regionalizados en específico en los estados de Veracruz, Oaxaca, Yucatán, Chiapas y Jalisco. Sin embargo, al contrario de las investigaciones científicas que iniciaron 40 años después del descubrimiento de la enfermedad, en 1909 por Carlos Chagas, la política pública, basada en datos epidemiológicos, en México inició mucho más tarde, hasta los años ochenta del siglo pasado.

En una revisión de los documentos que han sido los pilares de la política pública para enfrentar la enfermedad de Chagas durante dos décadas se pueden identificar dos hechos que son los inicios de un intento de realizar de manera directa un control sobre la enfermedad.

El primer hecho, es la publicación, en el Boletín de Epidemiología, el 28 de febrero de 1982, ya que da constancia del primer texto médico en torno a la enfermedad de Chagas.

Es un texto que 48 resume 40 años de la enfermedad a través de lo que sería la primera bibliografía que aglutinaba 10 libros de autores, desde la descripción de Luis Mazzoti de los casos en Oaxaca, en 1940, hasta el registro por parte del Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana, de los tres primeros estudios seroepidemiológicos realizados en Oaxaca, 1971 y 1979 que se realizaron por parte de Salazar Schettino.

IMAGEN: BOLETÍN DE EPIDEMIOLOGÍA. SECRETARÍA SALUD. 28 DE FEBRERO DE 1982.

En ese documento, expedido por la Dirección General de Epidemiología, de la Subsecretaría de Salubridad del gobierno mexicano, se publica una “Nota Editorial” donde evidencia el debate que entre médicos y academia interpelaban en ese momento en torno a la política pública que debería el Gobierno de México implementar.

“Los grupos interesados en la enfermedad de chagas se manifiestan en tres posiciones en lo referente a la enfermedad en México: 1) Quienes afirman que es una endemia creciente que afecta a numerosas personas, las cuales están en grave riesgo y se pronuncian por un programa de control de parte de las organizaciones de salud; 2) Los que reconocen que existiendo en forma extensa y afectando a numerosas personas, hipotetizan que la enfermedad de chagas en México es diferente de la tripanosomiasis de sudamérica y que se trata, probablemente, de cepas del parásito que dan enfermedad con fisiopatología diferente.

“Basan de supuesto en que en el análisis de la morbi-mortalidad no demuestra diferencias significativas entre las zonas endémicas y las no endémicas; y 3) Aquellos que, reconociendo que la enfermedad está muy extendida, afirman que no se conoce su magnitud en el espacio, el número de afectados y su expresión patológica, porque siendo los estudios aún insuficientes, éstos deben incrementarse en términos epidemiólogos reales.

“Las dos últimas posiciones se inclinan por un programa de vigilancia epidemiológica, que sirva de soporte a las investigaciones subsecuentes”, se señala en el Boletín Epidemiológico, volúmen II, número 4, de 1982.

El texto al finalizar, añade: “Conviene decir que la vastedad del territorio mexicano puede determinar la presencia de cepas con características diferentes entre sí, posibilidad que se suma para apoyar la pertinencia de los estudios que permitan caracterizar mejor las cepas mexicanas de Tripanosoma Cruzi”.

Estas posiciones persistieron años después y fue hasta después del sismo de 1985 que la enfermedad de Chagas estuvo considerada como una enfermedad que valía la pena contabilizar epidemiológicamente.

IMAGEN: BOLETÍN MENSUAL DE EPIDEMIOLOGÍA DEL SECTOR SALUD.
SECRETARÍA DE SALUD DE MÉXICO. ENERO DE 1986.

 Es aquí donde se da el segundo hecho que permite el establecimiento de los primeros esbozos del panorama del padecimiento en México. Así lo confirma la información publicada en el Boletín Mensual de Epidemiología del Sector Salud, volúmen 1, número 1, de enero de 1986, el cuál registra por primera vez la enfermedad de Chagas en el “Informe Mensual de Casos Nuevos de Enfermedad Notificados”, el cuál se publicaba mensualmente en el propio boletín antes del sismo.

En ese momento, el gobierno mexicano no reportaba casos de chagas en México. Esto dio pie a que en 1988 a 1989, se realizaran una Encuesta Seroepidemiológica Nacional sobre la enfermedad de Chagas en “66,678 muestras de población abierta de todo el país, en población urbana y rural, de todas las edades; muestra diseñada para obtener la representatividad del total de la población mexicana”, se narra en “Apuntes para la historia 51 de la enfermedad de chagas en México”, uno de los pocos textos académicos e históricos que permiten contar la historia de la enfermedad en México.

Según este documento estos estudios arrojaron el primer mapeo de la enfermedad en los estados en México, siendo parte fundamental para entender el padecimiento en el país.

“Este trabajo, para los epidemiólogos entendidos, constituyó un verdadero parteaguas sobre el conocimiento de la enfermedad de Chagas en México, ya que por primera vez se demostró la distribución geográfica y la importancia real de esta enfermedad en el país. Para realizar este estudio, se elaboró el primer antígeno mexicano estandarizado para el diagnóstico de anticuerpos contra T. Cruzi”.

Además de estos estudios que permitieron el mapeo de la enfermedad, “en el periodo de 1987-1990, el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) produjo antígenos estandarizados para iniciar el diagnóstico serológico para el control de homodonadores en los Bancos de Sangre mexicanos”, se señala en este estudio académico.

Este procedimiento llevo a que en 1990 se hiciera obligatoria la notificación de los casos de enfermedad de los estados hacia la federación. En ese momento, la Secretaría de Salud, reportaba 13 casos de tripanosomiasis en 1990 para llegar, en el año 2000, una década después, a 100 casos.

“A pesar del gran desconocimiento, y del escaso interés por la notificación de casos de la enfermedad de Chagas, estos se han incrementado año con año”, se reportaba desde la academia en el artículo científico.

Durante esa década, la erradicación de la enfermedad se concentró sólo en el estudio de los triatominos y en el mapeo de su distribución a través de los estudios seroepidemiológicos y no en una política pública integral de vigilancia, prevención, control, eliminación y erradicación de la enfermedad.

En 1997, tras el lanzamiento de la Iniciativa de los Países Andinos y Centroamericanos para iniciar la interrupción de la transmisión de T. Cruzi impulsada desde 52 la Organización Panamericana de la Salud (a la cual México fue invitado pero “no envió ningún representante”), la academia en México comenzó a realizar una propuesta para el control y vigilancia de la enfermedad.

La doctora Salazar Schettino participó en este proceso, sin embargo, habla poco de cómo ha construido espacios de discusión y conocimiento de la enfermedad de Chagas, que en algunos casos han dado pie a la implementación de políticas públicas.

En esta entrevista, prefiere (así consensuada) hablar desde la academia, sin embargo, se pudo confirmar, para esta investigación periodística, la participación de la doctora en varias políticas públicas a partir de 1997.

Su participación destaca en el año 2000, cuando impulsó la “Iniciativa México”, una propuesta impulsada desde la Universidad Nacional Autónoma de México que enfocaría sus baterías “hacia el establecimiento de las medidas necesarias para el control y vigilancia epidemiológicos de las transmisiones por vector y por transfusiones”, se señala en el documento realizado por Paz María Salazar Schettino, en ese momento investigadora del Departamento de Microbiología y Parasitología, de la Facultad de Medicina de la UNAM, y también suscrito por Alejandro Cravioto, como director de la Facultad de Medicina y por Roberto Tapia Conver, como subsecretario de la Secretaría de Salud del gobierno de México.

En dos cartas, que se pudieron obtener para esta investigación periodística, se confirma que la Iniciativa México, fue impulsada desde la academia en un acuerdo con la Secretaría de Salud y la OMS.

La primera misiva, fechada el 15 de mayo de 2000, es una carta enviada desde la Subsecretaría de Prevención y Control de Enfermedades, dirigida al doctor Álvaro Moncayo, quien en ese momento se desempeñaba como Manager Task Force on Applied Research on Chagas’ Disease de la Organización Mundial de la Salud. El texto hace referencia a la Iniciativa México y su disposición, de parte del gobierno mexicano, de “apoyarla”. 53

IMAGEN: FOTOS DE LOS DOCUMENTOS DE ENVIADOS POR LA SECRETARÍA DE SALUD DE MÉXICO Y LA UNAM A LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD.

“La doctora Paz María Salazar Schettino, ha hecho de mi conocimiento la propuesta de la Iniciativa México para el control y vigilancia epidemiológicos de la enfermedad de Chagas, la cual he leído detenidamente y considero que la Secretaría de Salud de México está en la mejor disposición de apoyarla” (Salud S. d., 2000), se deja leer en la misiva firmada por el doctor Roberto Tapia Conyer.

Un día después de esta misiva, el doctor Alejandro Cravioto, director de la Facultad de Medicina de la UNAM, enviaba el oficio FMED/AC0389/00, donde en su “Asunto” se describía: “Se notifica apoyo a la propuesta de la Iniciativa México”.

“La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, por mi conducto, apoya ampliamente la propuesta de la Iniciativa México para el control de la enfermedad de Chagas en el país, como una forma de extender los beneficios de la investigación en instituciones educativas al servicio de la población en forma coordinada con la Secretaría de Salud”.

Tanto esta carta enviada el 16 de mayo de 2000 como la enviada por la Subsecretaría de Salud, fueron respondidas por la Organización Mundial de la Salud, el 6 de junio de 2000. Parecidas en su redacción, las misivas destacan que la “Iniciativa México” está enmarcada dentro de las políticas que impulsa la OMS.

“Esta Iniciativa (Iniciativa México) se inscribe dentro de lo dispuesto en el párrafo 4 de la Resolución WHA51.14 aprobada por la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra en mayo de 1998” (OMS, 2000), se lee en las cartas escritas por el doctor Álvaro Moncayo.

“Deseo expresarle mi gran satisfacción al constatar que la subsecretaría a su cargo apoya a ampliamente esta Iniciativa como una actividad para alcanzar los objetivos de la interrupción de la transmisión vectorial de esta enfermedad (…)”.

FOTOS DE LOS DOCUMENTOS DE RESPUESTA DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD.

En el último párrafo de las cartas se destaca que el “Grupo de Trabajo sobre la enfermedad de Chagas del Programa de PNUD/BANCOMUNDIAL/OMS de Investigación y 55 Adiestramiento en Enfermedades Tropicales, expresó su satisfacción por el apoyo de las autoridades (…)” y recomendaron financiar un taller nacional para estandarizar las técnicas de diagnóstico serológico (…)”.

A pesar de que esta iniciativa se difuminó por la burocracia y cambios de gobierno, fue la primera vez que el gobierno mexicano, a través de la Iniciativa México, estaría enfocado “hacia el establecimiento de las medidas necesarias para el control y vigilancia epidemiológicos de las transmisiones por vector y por transfusión”. Además, de que podría llevarse acabo, lo más importante fue tener los apoyos tanto académicos como internacionales y de recursos financieros.

FOTOGRAFÍA DEL EXTRACTO DEL DOCUMENTO DE RESPUESTA DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD.

A diferencia de la respuesta que la OMS hace a la subsecretaría de Salud del Gobierno de México, la misiva a la Facultad de Medicina de la UNAM, termina con una frase que quedaría en la historia y registraría el fracaso de lo que sería la política pública de México hacia esta enfermedad años después.

“Estoy seguro que la Iniciativa México alcanzará sus objetivos en el mediano plazo y liberará al país de un serio problema de salud pública”.

“En México, en dos terceras partes del territorio, existen las condiciones para que se lleve a cabo la transmisión vectorial con 32 especies de chinches”, señala en la entrevista la doctora María Salazar-Schettino, investigadora del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Y el problema es que no hay datos oficiales confiables, a pesar de que, en el país, desde 1982 existe el Reporte Epidemiológico de la Secretaría de Salud, y que desde 1986 se registra en el reporte la enfermedad de Chagas. Sin embargo, los datos han sido inconsistentes y han carecido de metodología durante los sexenios.

En una revisión del reporte epidemiológico generado por la Secretaría de Salud correspondiente de 1982 a 2018, para esta investigación periodística, se pudo constatar que no hubo continuidad en la vigilancia epidemiológica.

Un ejemplo es el sexenio de Miguel de la Madrid, donde no registran la enfermedad de Chagas de 1982 a 1986, sin embargo, terminó contabilizando 85 casos.

Otro ejemplo es el sexenio de Carlos Salinas de Gortari donde no se encontraron documentos oficiales de la enfermedad entre 1989 y 1992. Sin embargo, en el reporte epidemiológico, en total se registraron 170 casos.

El caso del sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León es revelador. No hubo registro específico de la enfermedad en este ni tampoco documentos que evidencien su seguimiento.

Según los datos revisados en esta investigación, durante los sexenios de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa se incrementaron los casos a causa de la mejora en la vigilancia epidemiológica de la enfermedad al contabilizar 4,375 casos del padecimiento. Esto tuvo que ver con la Iniciativa México que impulsó la búsqueda de chinches besuconas.

En ese momento, los estados con mayor incidencia, según arrojan los datos analizados fueron Veracruz, Morelos, Oaxaca, Yucatán, Chiapas, Guerrero y Jalisco. Las defunciones registradas fueron 371, la mayoría en los estados de Oaxaca (54.7%) y Guerrero (15.4%).

IMAGEN 22. ELABORACIÓN PROPIA CON DATOS DE SOLICITUDES DE INFORMACIÓN.

Para el doctor Gildardo Rivera Sánchez, investigador del Politécnico Nacional, “la población general muchas veces desconoce de esta enfermedad”.

“Tú eres picado por la chinche y tienes una sintomatología que desaparece en uno o tres días, entonces no acudes al médico, pero realmente no sabes si tienes o eres portador del parásito. Entonces, te pica hoy en la noche la chinche, en la mañana tienes un poquito de dolor de fiebre y al otro día dices, ‘bueno, voy a esperarme para ir al médico’. Si bien te va ya no tienes los síntomas y pues continúas con tu vida normal. Entonces ese realmente es el problema que hace que haya un subregistro en los casos tanto en México como en toda América Latina”.

Para el doctor, “es el desconocimiento de esta enfermedad lo que hace que no tengamos un panorama real de los casos que existen en México”. Pero no sólo el desconocimiento de la enfermedad se da en los pacientes. También el diagnóstico y en los médicos de los centros de salud que no siempre se encuentran en las zonas endémicas de las chinches y desconocen los síntomas del padecimiento.

Para Rivera Sánchez “el escenario que tienen los enfermos de Chagas es realmente preocupante”. “Vamos a suponer que el día de hoy la chinche me pica a mí y me infecto al otro día. Voy también con el médico de cabecera o el familiar; el médico de familia y muchas veces también los médicos de las clínicas desconocen de esta enfermedad, y más cuando los médicos no están en las zonas endémicas”.

FOTOGRAFÍA DEL VIDEO DE ENTREVISTA AL DOCTOR GILDARDO RIVERA SÁNCHEZ, INVESTIGADOR DEL POLITÉCNICO NACIONAL.

Para el doctor del politécnico muchas veces estos médicos que no saben de la enfermedad lo único que hacen es “enmascarar el diagnóstico”.

“Tú te vas a una zona de Monterrey o una zona de Durango donde esta enfermedad quizás esté presente en muy baja prevalencia, es probable que los médicos desconozcan de esta enfermedad y no te hagan más que un diagnóstico físico-visual y te receten lo mismo de siempre, y digan: ‘con esto se te disminuye el dolor de cabeza, se te baja la inflamación’ y realmente lo que están haciendo es enmascarando el diagnóstico de la enfermedad que realmente tienes, de la parasitosis que estás adquiriendo”, destaca en entrevista Rivera Sánchez.

La enfermedad de chagas tiene un periodo de incubación de 5-14 días (hasta 40 días si se transmite por transfusiones de sangre).

Según la historiografía de la enfermedad, hay dos fases del padecimiento, la fase aguda y la fase crónica. La fase aguda: dura unos 2 meses. En esta fase la enfermedad no da síntomas o estos son muy leves: fiebre, dolores musculares, aumento del hígado, bazo y ganglios linfáticos.

Algunos pacientes puede aparecer característicamente un párpado hinchado y amoratado o una zona de piel inflamada (chagoma). En los países no endémicos la fase aguda solo aparece en recién nacidos infectados (transmisión congénita) y personas transfundidas o trasplantadas.

La fase crónica: puede durar 20-30 años, y las personas permanecen la mayoría de las veces sin síntomas. Sin embargo, algunas tras 20 o 30 años pueden tener complicaciones graves: cardiacas (agrandamiento del corazón, arritmias cardiacas, paro cardiaco y muerte súbita), digestivas (agrandamiento del esófago y colon con dificultad para comer y defecar) y neurológicas (derrame cerebral) (Salud S. d., 2016).

Según la historiografía de la enfermedad, una de cada 3 personas infectadas tiene este tipo de complicaciones en algún momento de su vida sin saber que tienen el padecimiento. Y es que a esta enfermedad se han dado dos nombres comunes entre científicos y la población, uno es “la enfermedad silenciosa” y el otro “la enfermedad de los pobres”.

“Es llamada la enfermedad de los pobres por dos situaciones: porque el insecto vector (la chince besucona) habita en zonas marginales o en la periferia, donde vive gente de bajos recursos o gente que se ha desplazado a estos sitios donde no hay condiciones de vivienda; la mayoría son de piso de tierra, no tienen paredes ni un techo de concreto, pues hace que haya condiciones para la aparición de la chinche; por eso se refiere que es una enfermedad de los pobres porque afecta pues a las personas que viven bajo estas condiciones”.

El doctor por el Politécnico Nacional destaca que el otro elemento por el cual se considera que chagas es una enfermedad de los pobres es que al ser una parasitosis, en donde realmente las complicaciones se dan después, en la fase crónica, las empresas farmacéuticas no tienen el interés en producir medicamentos a pesar de que es uno de sus objetivos de la OPS .

“Ellos quieren producir medicamentos que sean redituables económicamente, y estos no les generan una inversión adecuada”.

Salazar Schettino, quien ha perfilado desde la academia, las rutas para una política pública en México, destaca que la llamada enfermedad de los pobres, realmente sí se podría revertir con política pública y mejoramiento de las viviendas. Sin embargo, sigue siendo una enfermedad silenciosa.

“Lo dice la literatura lo dice la realidad, es una enfermedad silenciosa”, destaca en la entrevista. “¿Por qué?”, se le pregunta. “Porque no da no da síntomas, hasta después de 15 o 20 años, pero es cuando ya está el corazón hecho pedazos; cuando el corazón está hecho papilla, es cuando empieza a ver síntomas de insuficiencia cardíaca. Ya no hay nada que hacer porque ya está destruido el corazón”, acota Salazar Schettino.

Y es que los datos del Gobierno mexicano no mostraban ni muestran la realidad que Don Aquilino, en la comunidad de la Nueva Jerusalén, del municipio de Turicato en Michoacán vive y que no es distinta a la de otros estados.

Don Rafael Mendoza Piedra, es ejemplo de ello. De los tantos casos que se registran en el estado de Guerrero, uno de ellos fue el del hermano de Don Rafael, quien murió de la enfermedad sin saber que la tenía. Estos casos son recurrentes en México por la falta de diagnóstico efectivo.

IMAGEN 24. FOTOGRAFÍA DEL VIDEO DE ENTREVISTA REALIZADA POR ELVIRA IDALIA GUTIÉRREZ A DON RAFAEL. VIDEO AMEPACH, 2014.

Don Rafael se infectó hace 20 años. Nunca supo cómo, dónde ni que podría morir. Ni siquiera conocía a la chinche que lo había mordido. Un día, amaneció con fiebre, dolor de cabeza y ahí comenzó su tragedia.

El hombre de 47 años, vive en la región de La Montaña de Guerrero, en el municipio de la Cochoapa el Grande, uno de los municipios más pobres del estado. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en 2018, Guerrero fue el principal estado, con 13 por ciento de su población, que registró casas de piso de tierra, uno de los indicadores para medir la pobreza en México.

Don Rafael vive en una de ellas. “Esos animalitos me picaron hace 20 años, no solamente a mi sino a siete hermanos, uno de ellos murió; en ese momento no sabíamos de qué”, platica Don Rafael sentado en una silla roja afuera de su casa. Su mirada se pierde observando a una persona que lo graba mientras contesta a sus preguntas.

Atrás de él, se encuentra su casa de madera y piso de tierra, uno de los factores para estar expuesto a infectarse por una chinche que no sólo se mete a las casas, sino que se introduce al cuerpo generando malestares y un padecimiento que, en algunos casos si se detecta, puede llegar hasta la muerte.

La enfermedad de Chagas no resonaba en el vocabulario de Don Rafael como tampoco le sonaba a Don Aquilino. La chinche besucona fue la responsable de la enfermedad que Don Rafael tiene desde hace 20 años. Él no se había percatado ni siquiera conocía sus síntomas. Su infección en el organismo ha sido silenciosa. Primero le dolió el pecho, después vino la fiebre y los dolores de cabeza. La hinchazón del pecho, piernas y la dificultad para respirar vino años después, donde finalmente hasta 2018 le pudieron diagnosticar el padecimiento tras un carrusel de visitas a especialistas y médicos generales.

Don Rafael supo de su enfermedad gracias a la visita de Médicos Sin Frontera que lo atendió en una visita que hicieron por La Montaña de Guerrero para poder registrar los casos que se han venido reportando en la región.

Desde 1999, Médicos Sin Frontera ha ofrecido diagnóstico y tratamiento gratuitos del Chagas en Honduras, Nicaragua, Guatemala, Colombia, Bolivia, Paraguay. Actualmente lo ha realizado también en Italia y México. Durante 17 años, esta organización internacional ha realizado trabajo de campo con el propósito de ayudar a los pacientes y a quienes no conocen de la enfermedad y tampoco saben que están enfermos.

Así llegaron a Guerrero y conocieron a don Rafael a quien grabaron gracias a la ayuda de Elvira Idalia Gutiérrez.

IMAGEN ELVIRA IDALIA GUTIÉRREZ DURANTE LA CONSTITUCIÓN DE LA ASOCIACIÓN.
FOTO: AMEPACH, 2012.

Oriunda de Veracruz, Elvira Idalia conoció la enfermedad en 2010, tan sólo tres años antes de grabar a Don Rafael en Guerrero. En ese año no sabía nada de la enfermedad, sólo quería tener información para salvar de la muerte a su hija quien se infectó por una transfusión sanguínea a la que fue intervenida.

En los países endémicos, la vía de transmisión clásica de la enfermedad de Chagas es la vectorial: el parásito pasa a la persona a través de las heces del insecto depositadas en la piel o en la mucosa. Existen otras vías de transmisión no vectoriales, como la transmisión de madre a hijo durante el embarazo, las transfusiones de sangre, el trasplante de órganos y la ingesta de alimentos contaminados.

“En el 2010, mi hija al ir a hacer una donación de sangre salió positiva a la enfermedad de Chagas, a mí me pareció muy extraño que va hacia la donación y a los pocos días, 15 a 20 días, le llaman nuevamente para decirle que tenían que hacerlo otro tipo de estudios”, cuenta Elvira en entrevista para este reportaje. Para ella, el que quisieran hacerle otros estudios y que en los siguientes días estuviera el médico de enfermedades transmitidas por vector puso en alerta a Elvira.

“Esto ha de ser algo, serio o qué enfermedad tan rara”, pensaba mientras escuchaba al médico explicar acerca de la enfermedad. No quiso quedarse con esa explicación e investigó más. “Cuando yo llego a la casa, pues inmediatamente busco en Google qué era y lo primero que encuentras allí es que es una enfermedad silenciosa y mortal, la verdad yo me espanté mucho”.

A diferencia de Don Aquilino que no sabe si tiene la enfermedad y Don Rafael, que se enfermó hace 20 años sin saber, Elvira tuvo mucha suerte de que su hija pudo ser diagnosticada, además de tener contactos en la secretaría de Salud y doctores que quisieran ayudarla.

Aunque en los últimos 30 años se ha avanzado mucho gracias al control vectorial en los países endémicos, existe una gran brecha en la disponibilidad y acceso al diagnóstico y tratamiento; se cree que más de 70% de las personas infectadas desconocen su estado y por supuesto tampoco han recibido tratamiento.

IMAGEN 25. ELVIRA IDALIA GUTIÉRREZ Y SU HIJA. FOTOGRAFÍA DE VIDEO SACADO DE SUS REDES SOCIODIGITALES. /AMEPACH, 2015.

Desde mayo de 2010, que fue diagnosticada con la enfermedad de Chagas su hija, Elvira Idalia pasó la mayoría del tiempo obteniendo información acerca de la enfermedad y de los posibles tratamientos. Así conoció los medicamentos benznidazol y nifurtimox. “Ambos matan el parásito y son plenamente eficaces para curar la enfermedad si se administran al comienzo de la fase aguda, comprendidos los casos de transmisión congénita”, se reporta por parte de la Organización Mundial de la Salud.

“Estos dos fármacos ya se han utilizado desde los años 60; son los más efectivos con los que se cuentan y los que están recomendados para el tratamiento”, destaca el doctor del IPN. El problema, según el especialista, es el acceso al fármaco.

“Es un tratamiento que si tú estás infectado o padeces de la enfermedad de Chagas no vas con el médico de cabecera o con el médico de la colonia y te recetan los medicamentos y los adquieres en la farmacia, sino que pues tú tienes que ir con el médico, 67 y él reportar a la Secretaria de Salud y la dependencia es la que te consigue el medicamento para que tú inicies el tratamiento”, explica.

“Entonces tanto en México como en los países en donde está presente la enfermedad los únicos fármacos autorizados para la enfermedad de Chagas es benznidazol y nifurtimox; dentro de estos dos, el más utilizado es benznidazol porque tiene un poquito de menos efectos adversos severos.”

La falta de acceso al medicamento tiene una razón médica, explica el especialista del IPN. “La razón por la cual es la dependencia quien distribuye el medicamento y se prescribe de esa forma es porque contienen y elementos químicos que no se puedan vender así tan al público, ya que tiene efectos adversos”.

La hija de Elvira Idalia vivió durante 90 días esas reacciones. “Cuando mi hija lo tomó a los 18 (años) le dio anorexia, dormía casi todo el día; iba a la preparatoria y recuerdo que llegaba y se acostaba a dormir, no podía mantenerse en pie; comía muy poquito al grado de la anorexia”, narra Elvira en una llamada telefónica desde Veracruz. “Psicológicamente les afecta mucho, les afecta mucho… están de mal humor o están enojados, están molestos; es como si les hubieras dado un veneno”.

“¿Por qué pasa esto?”, se le pregunta al doctor del politécnico. “Pasa porque estos dos medicamentos realmente tienen efectos severos y adversos”, lanza una primera respuesta el doctor quien continúa y profundiza: “Es un tratamiento a largo plazo; se lleva más o menos de 60 a 90 días, no es como otras parasitosis que cada seis meses puedes desparasitar; esos medicamentos quizá te causen algún malestar: un dolor de cabeza, náuseas, vómito, pero estos medicamentos para eliminar el parásito (que causa la enfermedad de chagas) requieren un tratamiento de 68 60 a 90 días. Entonces, el que tú estés continuamente ingiriendo este medicamento hace que los efectos adversos se vean o sean más notorios. Yo creo que muy pocas personas toleran durante mucho tiempo que tengan náuseas, que tengan vómito, que tengan fuertes dolores de cabeza y a la larga también estos medicamentos causan mutagénesis 7 o carcinogénesis8 , entonces por eso se prescriben de esta manera, bajo estricto tratamiento y prescritos pues por la Secretaria de Salud”.

Un dato de la doctora Teresa López Ordóñez, investigadora del Centro Regional de Investigación en Salud Pública pone la realidad en su justa dimensión. “En México, los pacientes infectados por T. cruzi tienen acceso limitado a los medicamentos, requieren un diagnóstico comprobado que necesita de meses para llevarse a cabo, y solo el sistema de salud lo puede otorgar. No está disponible en ninguna farmacia, tampoco en hospitales o centros de salud como parte del cuadro básico de medicamentos. Es necesario solicitarlo como parte de la notificación de los casos”.

“La enfermedad de Chagas es prevenible. Nuestra tarea es informarnos para saber si nuestra vivienda se localiza en una zona de riesgo para la transmisión, identificar al vector, eliminar los refugios naturales que sean propicios para su presencia en casa y acudir a los servicios de salud para someterse a una prueba diagnóstica en caso de sospecha de picadura o de síntomas relacionados con la infección”.

Desde la academia esa ha sido la visión. Pero, para Elvira Idalia el problema tiene que ver con voluntad política y capacitación médica. Esta mujer que decidió, desde 2012, iniciar la única organización en el país que acompaña a los pacientes de chagas en México, ayuda a los pacientes a conseguirles medicamentos y citas médicas para diagnosticarlos.

Curiosamente, la asociación de Chagas inició el mismo año en que el Gobierno de México negaba la existencia de la enfermedad y contradictoriamente, también, iniciaba una política mucho más transversal de combate al padecimiento.

Elvira Idalia lo vivió en carne propia. Dos años después de que enfermó su hija, en 2012, la invitaron a una reunión en Oaxaca que cambió su vida por completo. “En el 2012 nos hacen una invitación para ir a un Congreso de Chagas allá en Oaxaca; lo que pensé y te lo digo sinceramente es: ‘tengo que ir para tener la información para que si mi hija se agrava, pues yo tenga donde recurrir’. Eso fue lo que pensé en ese momento”.

Narra que ella no pretendía conformar una asociación ni nada, simplemente quería información para entender la enfermedad de su hija. Sin embargo, cuando vio la realidad en la que vivían en Oaxaca, se impactó y decidió que debía hacer algo mayor.

IMAGEN ELVIRA IDALIA GUTIÉRREZ DURANTE LA CONSTITUCIÓN DE LA ASOCIACIÓN.
FOTO: AMEPACH, 2012.

“Fueron tres días de trabajo: el primero en donde nos platicaron acerca de la enfermedad; el segundo donde fuimos algunas comunidades y nos tocó ver a la población que tenía Chagas; habían sido 30 y tantos pacientes y solamente a uno se le había dado el tratamiento. A pesar de que había niños se le dio primero al adulto, este tuvo hemorragias y se le suspendió…”, cuenta durante la llamada telefónica.

Narra que al tercer día del congreso se habló de los aspectos legales. “Una abogada nos platicó cómo podríamos nosotros formar una asociación y ahí me convencí de que era necesario constituirla”. Esta decisión impactó la vida de Idalia y de su hija y es que la realidad que vio en las comunidades oaxaqueñas fue lo que le permitió dar el paso.

“Híjole, cuando vi todo eso dije ‘no se vale’. Porque yo gracias a Dios por vivir en Xalapa, Veracruz, que es la capital del estado, pues había tenido todas las garantías, toda la ayuda; sí me tardaron pero pues la verdad yo recibí todo. Y cuando me di cuenta que había muchas personas que no tenían auxilio, pues me quedé impresionada”. Idalia vio pobreza y hambre y una necesidad de sobrevivir.

“Las personas decían es que ya se murió tal persona y el otro tenía grande el corazón y era mi familiar”.

IMAGEN ELVIRA IDALIA GUTIÉRREZ Y LA ABOGADA ROSA MARÍA YÁÑEZ CLAVEL INFORMANDO ACERCA DE LA ESTRUCTURA DE LA ASOCIACIÓN. AMEPACH, 2012.

“La realidad que vi fue pobreza; un abandono terrible a la población por parte de las autoridades”, reflexiona cuando se le pregunta cuál fue la razón de adentrarse más en la enfermedad, ahora como activista.

“Soy Elvira Idalia de la Asociación Mexicana de Personas Afectadas por la Enfermedad de Chagas”, se presenta así ante las autoridades de las jurisdicciones sanitarias de Veracruz, desde que desde febrero de 2013 formalizó la asociación civil ante notario público. Ahora funge como intermediaria de los enfermos para que logren el tratamiento o para que los atiendan para un estudio en las clínicas del estado.

Durante estos años ha hecho de todo: pide permiso a universidades, escuelas de educación básica, secundaria, preparatorias para dar pláticas acerca de la enfermedad. Además, realiza giras por invitación de Médicos Sin Fronteras para hablar y concientizar en zonas que no tenía incidencia; hace trípticos, posters, conferencias y, en algunas ocasiones, hasta vistió a su hija de “chinche besucona” para enseñar a los niños acerca del padecimiento.

Elvira Idalia es incansable. Además de lo enlistado participa en las reuniones de la Red Internacional de pacientes de Chagas, en las cuales opina y opera. La importancia de su asociación, es simple pero fundamental ante la poca inoperancia del Estado, ayuda a quienes tienen la enfermedad, ya sea de Veracruz o de otro estado.

“El facebook nos ha ayudado mucho. Nos dimos cuenta que cuando promocionamos, por ejemplo Estado de México, nos empezaban a llegar afectados que nos envían fotos de la chinche; la identificamos y los canalizamos al sector salud cuando no sabe el doctor qué hacer y no están con la seguridad de qué hacer entonces nosotros les tomamos su nombre, su domicilio, su teléfono, su edad y lo mandamos a Cenapred y ya el departamento de salud se encarga de mandarlo a quien corresponde y a los tres días máximo les están llamando para para sus primeras pruebas”.

“Entonces en realidad la labor informativa que ustedes iniciaron, acabó siendo un intermediario importante para que las autoridades pudieran atender ciertos casos o al menos para que los pudieran revisar”, reflexiona el reportero con ella. Elvira Idalia se queda callada y con una expresión de duda, atina a aclarar: “No siempre ha sido igual. Ha cambiado mucho la atención del gobierno federal”.

Durante la entrevista narra como en un Congreso en Polanco, en 2013, las autoridades de salud negaron en todo momento que hubiese Chagas “que México no era un país con Chagas”, recuerda Elvira Idalia, con voz indignada.

“Falta más voluntad política, mucho más voluntad política porque todo lo que nos están llegando, son personas que tienen acceso a las redes, sí, pero no estamos considerando todos aquellos pueblos en donde no hay acceso”, responde a la pregunta de ¿cuál es la visión de la política pública, cómo afectados, en cuanto al combate y atención a los pacientes?

“Hasta la fecha. No ha habido una búsqueda intencionada de afectados, no hay búsqueda intencional, no hay un programa de prevención que tú puedas escuchar al menos en zonas endémicas y que debería de ser nacional, porque todos podemos estar en zonas endémicas y vivir allí, vamos de paseo y podemos infectarnos y traer la enfermedad. Yo no he visto un cambio tan extremo: no hay una capacitación médica general; hay médicos que me siguen confundiendo el Chagas con otro tipo de cardiopatía u otra enfermedad”.

Para la Secretaría de Salud es mucho más complejo el asunto. En respuestas a un cuestionario enviado por este reportero, ya que la dependencia no quiso una entrevista formal, la Dirección de Enfermedades Transmitidas por Vectores del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprece) destaca que “en México, a partir del año 2000, se observa un incremento en la notificación de casos”.

“El máximo número de personas afectadas por Chagas se registró en 2015 con 1,095 personas afectadas por este padecimiento, para los años 2020 y 2021 existió un descenso en las notificaciones debido a la pandemia de COVID-19. En el período que va del año 2000 al 2021 se detectaron 12,263 casos de Enfermedad de Chagas”, indica la respuesta.

Cabe resaltar que actualmente la gran mayoría de los casos se detecta únicamente en donantes de banco de sangre, destaca la dependencia.

Las respuestas de la Secretaría de Salud del Gobierno de México son similares a la editorial de 1982, donde se describía por primera vez la enfermedad por parte del gobierno mexicano en el boletín de epidemiología.

“La vigilancia epidemiológica de casos probables en el país desde el primer nivel de atención en zonas endémicas debe se reforzada al igual que la implementación de actividades de encuestas serológicas en localidades con presencia del insecto transmisor. La realidad es que la verdadera cantidad de personas afectadas por esta enfermedad en México se desconoce pues es una enfermedad que afecta a poblaciones que viven en 73 zonas rurales y de difícil acceso a lo que se suma la complicada naturaleza de la enfermedad con síntomas muy inespecíficos en la fase aguda y su progresión a lo largo de muchos años a formas crónicas que dificultan su diagnóstico”, indica en la respuesta la Secretaría de Salud.

Al preguntarle “¿A qué se debe su aumento?”, la dependencia federal respondió que “este aumento de casos se debe a que El Programa de Acción Específico para la Prevención y Control de la Enfermedad de Chagas en México entró en vigor en el año 2012, coincidiendo con la incorporación del Programa Mexicano a la Iniciativa Intergubernamental de los Países de Centro América (IPCA), Iniciativa de los Países de Centro América para la Interrupción de la Transmisión Vectorial; que desde entonces al sumarnos se denominó IPCAM”.

Hasta el momento, no hay historiografía que describa las acciones y actores que intervinieron en la política pública en torno al padecimiento, es decir, no hay historia contemporánea de la enfermedad.

Según las versiones que se pudieron recabar para este reportaje y para la caracterización de este periodo 2012 a 2018, dan cuenta de una simulación en la política pública.

Según el análisis realizado de los documentos de política pública, se puede destacar que antes del Gobierno de Enrique Peña Nieto no existía ningún combate frontal a la enfermedad de Chagas, a pesar de que en México, el primer Manual para el diagnóstico de la enfermedad de Chagas se realizó en 2006, durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, después hubo otro con el presidente Enrique Peña Nieto. Sin embargo, poco sirvieron para el diagnóstico dentro de los estados ya que había una laguna de conocimiento en las clínicas que aún no se resolvía.

IMAGEN “MANUAL DE DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD DE CHAGAS”. SECRETARÍA DE SALUD DE MÉXICO, 2006.

Tanto la Secretaría de Salud como la doctora Salazar Schettino distinguen en la línea del tiempo de la política pública hacia la enfermedad el año 2012 cuando el gobierno federal refuerza la política de combate a esta enfermedad con el “Programa de Acción Específico para la Vigilancia, Prevención y Control de la enfermedad de Chagas”.

IMAGEN “PROGRAMA DE ACCIÓN ESPECÍFICO PARA LA VIGILANCIA, PREVENCIÓN Y CONTROL DE LA ENFERMEDAD DE CHAGAS”. SECRETARÍA DE SALUD DE MÉXICO, 2012.

“En su opinión ¿Cuáles fueron los resultados de esta política pública?”, se le preguntó a la dependencia mediante el cuestionario enviado. “Se detectaron más personas afectadas de este padecimiento debido a la regulación de la obligatoriedad de la cobertura universal para el tamizaje a donadores de sangre, en coordinación con el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) y el Centro Nacional de la Transfusión Sanguínea (CNTS); además se sumó la estrategia de interrupción de la transmisión vectorial, se contempló el control de la domiciliación del vector, principalmente a través del rociado de viviendas con insecticidas residuales, el mejoramiento de la estructura e higiene en las mismas, así como el uso de malla en puertas y ventanas para evitar el ingreso y la colonización de insectos; así como el uso de pabellones encamas para evitar el contacto vector-hombre”.

En varias entrevistas, la doctora Salazar Schettino ha hablado de más de un millón de infectados en México ¿cómo entender este análisis?, ¿hay una cifra negra de casos?, se le cuestionó a la dependencia. “Esta cifra es una estimación realizada por la OMS, basada en modelajes matemáticos que se construyen con los datos que se tienen, que también estima que en América Latina se tiene de 7 a 8 millones de personas infectadas, considerando esto, se puede identificar en México un subregistro de casos debido al comportamiento mismo de la enfermedad, al ser considerada silenciosa y no manifestar un cuadro específico”.

Se acaba el café, la doctora Salazar Schettino intenta finalizar la entrevista respondiendo a la última pregunta acerca de la investigación científica en México comparado con otros países. La doctora, voltea a ver a la doctora Martha que ha estado atenta a las respuestas que realiza su compañera, tal vez celosa de que no se le pida su opinión ya que como Salazar Schettino, ella también ha trabajo el padecimiento y tiene una visión mucho más crítica pero evita a los periodistas científicos. “Esos si saben”, señala.

La doctora Salazar Schettino espera respuesta de su compañera que dudosa responde “hay buenos investigadores pero el gobierno está muy atrasado y es corrupto”, alcanzó a esgrimir antes de que la doctora Salazar Schettino la hiciera callar, no por mucho tiempo. “Espérate, espérate, espérate, hay una cosa muy importante, no hay grupos de investigación en medicina para Chagas, no hay más que de nosotros y aquí en la Facultad; debería de haberlos hospitales, clínicas y centros de salud…” La doctora Martha interrumpe y ve la oportunidad de hacerme ver la realidad de la política pública en México. “Mira, está catalogada como enfermedad de la pobreza; los pobres a nadie le importan. Yo siempre digo en las pláticas: ‘no tienen inventario social, si se mueren o no se mueren a nadie le importa; ni de qué ni que se murió”.

Sus palabras crudas dejan entrever el fracaso de tres décadas de supuesta política pública. La única esperanza al parecer es la investigación científica que desde la 76 Universidad Nacional se realiza, en específico desde su laboratorio de parasitología, de la Facultad de Medicina. En 2021, mismo año en que se entrevistó a la doctora Salazar Schettino, el gobierno de México, se sumaba a la estrategia de OPS/OMS “Control, interrupción de la transmisión y eliminación de la enfermedad de Chagas como problema de salud pública”.

La estrategia tiene el objetivo de la eliminar la transmisión vectorial intradomiciliaria; el conocer la distribución del vector y realizar acciones de control vectorial dirigidas para cortar la transmisión y evitar que más personas se sigan infectando con el parasito.

“Adicionalmente la estrategia también abarca las acciones del tamizaje de todos los donantes de sangre; la reducción de la transmisión vertical y sus secuelas; el diagnóstico, la atención médica y el tratamiento etiológico de las personas infectadas, y la prevención de la infección por T. cruzi por vía oral”, se destaca en una de las respuestas al cuestionario que envío este reportero y que regresó la Secretaría de Salud de México.

Es la nueva estrategia y la esperanza de muchos enfermos en México. Hasta el momento se han incorporado 12 entidades federativas como Chiapas, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Oaxaca, San Luis Potosí, Veracruz, Yucatán, Quintana Roo. En Michoacán, comenzaron desde el 2022.

Las fuentes coinciden en que hay que buscar chinches para diagnosticar. Esa es la prioridad. Al menos en el papel, o la respuesta que la dependencia federal realizó a este reportero, la Secretaría de Salud lo tiene claro.

“A medida que se van fortaleciendo las acciones de vigilancia epidemiológica es normal que se vayan detectando mayor numero de casos en la población afectada por esta enfermedad. El objetivo es lograr realizar mayor número de detecciones en áreas endémicas del país para poder tratar a los afectados oportunamente antes que comiencen a presentar síntomas de la enfermedad”, destaca la respuesta a una de las preguntas la dependencia federal.

“Si no buscas no encuentras…”, me aclara durante el recorrido en la Nueva Jerusalén, en Turicato Michoacán, la Doctora María Jesús Sánchez, Asesora en Vigilancia de la Salud, Prevención y Control de Enfermedades de la Organización Panamericana de la Salud, mientras una treintena de trabajadores de salud del estado de Michoacán, con pinzas en mano y pequeños frascos de plástico, buscan chinches besuconas dentro de las casas de los habitantes de esta comunidad.

La doctora española destaca que durante décadas no ha habido una consistencia en los datos y no podría contestar acerca de la pregunta de la “cifra negra” de la enfermedad ni si esto ha sido un fracaso. “Lo que hay que hacer es buscar”.

Pero buscar chinches en la Nueva Jerusalén, por las características socio-culturales y político-religiosas de su población, se vuelve toda una odisea.


Reportaje: La enfermedad de Chagas, 100 años de la chinche besucona (1/3)

Hace más de un siglo, en 1909, el médico brasileño Carlos Chagas descubrió al Trypanosoma cruzi, parásito transmitido por la llamada chinche besucona. Desde entonces, la enfermedad de Chagas se ha expandido silenciosamente en América Latina, cobrando miles de vidas cada año.


Reportaje: La enfermedad de Chagas, detección en tierra prometida (3/3)

La Nueva Jerusalén, en Michoacán, es una comunidad religiosa cerrada con reglas propias y fuertes restricciones de acceso. Este reportaje revela cómo su aislamiento ha influido en la lucha contra la enfermedad de Chagas y en las políticas de salud pública en la región.


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