En México, el uso de agroquímicos está ampliamente extendido y forma parte del modelo agrícola que sostiene la producción de alimentos a nivel nacional. Sin embargo, pese a la frecuencia con la que estos insumos se aplican en el campo y a su presencia cotidiana en los alimentos, no existe un diagnóstico integral que permita conocer con precisión la magnitud real de su impacto en la salud pública. La información disponible es fragmentaria y se basa, en gran medida, en registros incompletos de intoxicaciones agudas, lo que deja fuera una parte sustancial del problema. / “Aún no sabemos la magnitud del problema de salud pública por agroquímicos en México”
Las cifras oficiales sobre intoxicaciones por plaguicidas ofrecen solo una aproximación parcial. Especialistas advierten que estos datos no permiten responder preguntas fundamentales: a qué sustancias está expuesta la población, en qué cantidades y durante cuánto tiempo. Sin esta información, resulta imposible establecer relaciones claras entre el uso de determinados agroquímicos y la aparición de enfermedades crónicas asociadas a la exposición prolongada, tanto en trabajadores agrícolas como en consumidores.
La ausencia de un diagnóstico nacional también impide evaluar el cumplimiento efectivo de la regulación vigente. Aunque existen listados de plaguicidas autorizados y prohibidos, no se cuenta con un sistema que permita monitorear de manera sistemática qué productos se están utilizando en cada cultivo, en qué regiones y bajo qué condiciones. Esta falta de trazabilidad limita la capacidad del Estado para prevenir riesgos, corregir prácticas y diseñar políticas públicas basadas en evidencia científica.
Este reportaje se centra en la advertencia del doctor Antonio Rodríguez Valencia, médico experto en toxicología, quien sostiene que el país enfrenta un problema cuya verdadera dimensión aún se desconoce. Desde su perspectiva, la prioridad no es generar nuevas prohibiciones, sino construir una plataforma técnico-científica que permita identificar con claridad a qué plaguicidas está expuesta la población, en qué concentraciones y con qué frecuencia. Solo a partir de un diagnóstico de ese tipo, sostiene el especialista, será posible dimensionar el problema y avanzar hacia soluciones efectivas en materia de salud pública y regulación sanitaria.
El doctor Antonio Rodríguez Valencia advierte que México enfrenta una crisis silenciosa de salud pública relacionada con el uso de agroquímicos. A pesar de contar con regulaciones aparentemente sólidas, la realidad en el terreno revela una desconexión alarmante entre la ley y su aplicación.
El médico experto en toxicología con master internacional, advierte sobre la brecha entre legislación y práctica en el control de plaguicidas.

“No sabemos la magnitud del problema de
salud pública por agroquímicos en México”
Por: Gilbert Gil Yáñez / en15dias.com
FEBRERO DE 2026
Cuatro años después de la última conversación con el médico experto en toxicología, el doctor Antonio Rodríguez Valencia, la situación de la contaminacion por agroquímicos “se mantiene crítica”. A pesar de cambios de gobierno y nuevos decretos, la desconexión entre regulación y práctica persiste.
Rodríguez Valencia resume el camino a seguir con una metáfora: “Sí podemos moldear con decisiones políticas y adaptar con decisiones políticas y económicas que esas moléculas o esos compuestos volverlos lo menos agresivos, volverlos lo menos presentes para que causen el mínimo daño. Eso sí se puede hacer y eso se debe hacer”.
Su receta es clara: “Creando una plataforma técnico-científica con la gente y el profesional adecuado, obviamente los recursos necesarios para llevar a cabo esto y tiene que hacerse con esfuerzo del gobierno y con esfuerzo de la empresa, porque son dos entes beneficiarios y hay un tercer ente que es el ente perjudicado, que es el consumidor”.
El llamado final del especialista es a una cooperación real donde cada actor asuma su responsabilidad: “Aquí es cooperación de las dos partes principales y también de la población”.
Solo así, reitera, será posible dimensionar adecuadamente la magnitud del problema y comenzar a implementar soluciones efectivas que protejan la salud pública sin comprometer la producción agrícola que México necesita.
“Este problema lo hemos tenido de tiempo muy, muy, muy atrás”, señala el especialista, quien enfatiza que aunque existe una prohibición formal, “en la realidad vemos que no es así”.
EL PANORAMA ACTUAL: CIFRAS PREOCUPANTES
México mantiene autorizados aproximadamente 3,000 agroquímicos, de los cuales 210 están clasificados como altamente peligrosos y 171 se encuentran prohibidos en otras naciones, según datos de la Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM) de 2025.
Las cifras oficiales de la Secretaría de Salud reportan un promedio de ocho intoxicaciones diarias por plaguicidas en la última década, situando a Michoacán entre los estados con mayor incidencia de casos.
Sin embargo, el doctor Rodríguez Valencia señala que estas estadísticas no reflejan la magnitud real del problema. “Tristemente, sí hay un subregistro”, afirma el médico, explicando que muchas veces el paciente no acude a servicios formales de salud sino que va a la farmacia, o es atendido por un médico general que trata al paciente “de manera sintomática siempre y cuando la patología que el paciente presenta no sea de extrema gravedad”.
Estos casos, explica el doctor, “generalmente se quedan en el anonimato, se quedan en el subregistro, se quedan en la consulta del médico de la farmacia donde fue a atenderse. Entonces, realmente no nos damos cuenta de la frecuencia de estos eventos”.

La problemática no se limita únicamente a los trabajadores agrícolas que aplican directamente los plaguicidas. El especialista advierte sobre una exposición generalizada que abarca a toda la sociedad.
“Nosotros vemos la cantidad de trabajadores que están en las naves, la cantidad de trabajadores que están en las huertas, la cantidad de trabajadores que van a las piscas, ya no se diga los que directamente van a aplicar, y todos esos trabajadores agrícolas se están exponiendo en mayor o menor grado a una cantidad muy, muy, muy amplia de diversos grupos de plaguicidas”.
Pero el doctor va más allá y amplía el espectro de afectados: “No nomás hay exposición de la gente que labora en el campo. Hay exposición de la gente total. Todos los seres humanos que estamos en esta región, en este país, en esta ciudad, estamos exponiéndonos a los plaguicidas día con día de manera oral”.
El problema, explica, es que “no sabemos qué cantidad de residuos, qué porcentaje de residuos tiene el frijol, las habas, las cebollas, los tomates, etcétera. Entonces, necesitamos partir de allí”.
LA BRECHA ENTRE LEY Y REALIDAD
Uno de los hallazgos más preocupantes que presenta el especialista es la facilidad con la que se pueden adquirir productos prohibidos.
“Es tan sencillo encontrar cualquier producto de los que están prohibidos en cualquier distribuidora de agroquímicos”, denuncia el doctor, evidenciando que aunque hay “una muy buena regulación en papel”, esta “no se lleva a cabo en la práctica”.
El médico es contundente en su diagnóstico: “Nosotros seguimos viendo pacientes intoxicados de manera aguda. Seguimos viendo pacientes que se exponen. Seguimos viendo la presencia de enfermedades crónico-degenerativas a consecuencia del uso indiscriminado de plaguicidas y de la poca protección que tiene la gente que se dedica a aplicar estos insumos”.
Para el doctor Rodríguez Valencia, la solución no requiere más legislación: “No hace falta nuevas leyes, no hacen falta nuevas iniciativas, hace falta que se cumpla con lo que ya está establecido y con las normativas que ya existen”.
Un aspecto técnico crucial que destaca el especialista es que los frascos de agroquímicos contienen formulaciones complejas, no productos únicos.
“Un frasco de insecticida, un frasco de agroquímico, es toda una formulación, generalmente no viene como producto único”, explica.
Más preocupante aún es su advertencia sobre los componentes: “Muchas veces el vehículo, y el vehículo es el líquido o la sustancia en la cual se diluye el principio activo, resulta ser más tóxico que el mismo principio activo que se va a usar para alguna actividad exclusiva en el campo”.
Por ello insiste: “Es un asunto complejo, se requiere de conocimiento, se requiere de sapiencia y de criterio para poder hacer la clasificación de riesgo de cada uno de los componentes y de cada uno de los grupos de agroquímicos que existen o que en apariencia están permitidos de su uso en México”.
UN SISTEMA DE SALUD SIN PREPARACIÓN ADECUADA
Cuando se le pregunta si los sistemas de salud están preparados para diagnosticar y tratar adecuadamente las intoxicaciones por agroquímicos, el especialista es directo: “Yo creo que no, y si existe es una capacitación muy limitada y técnicamente también las instituciones están muy desarmadas, o sea, no se cuenta con la infraestructura que se requiere para atender este tipo de problemática”.
El doctor reconoce que la información disponible es limitada.
“Prácticamente todo lo que hacemos son puras suposiciones en base a lo que algunos médicos ven, en base a lo que nosotros creemos que pueda estar pasando. Y en base a lo que más o menos con los pacientes que vemos, nosotros nos formamos un criterio que es aproximado”.
Esta situación se agrava porque los toxicólogos solo atienden los casos más severos.
“Al toxicólogo le llegan los casos realmente delicados. Los casos que ya pasaron por la farmacia, los casos que ya pasaron por el médico general, los casos que muchas veces también ya pasaron por el médico internista o algún otro tipo de especialista y que no encuentran solución y entonces vienen con uno”.
Uno de los aspectos más alarmantes que señala el doctor Rodríguz Valencia es el efecto de la exposición prolongada. “Ya no podemos hablar aquí de intoxicaciones agudas en los consumidores, porque la exposición es en pequeñas o medianas proporciones de compuestos que ya se pusieron al medio ambiente y que de alguna u otra manera son residuos”.
Sin embargo, advierte: “El hecho de que sean residuos no se les quita la peligrosidad, siguen siendo peligrosos y siguen causando daños por una exposición continua”.
“Imagínate durante 10, 15, 20 o 30 años, que se esté exponiendo una persona a un producto, la cantidad de enfermedades que pueda producir en ese paciente cuando llegue a una edad adulta por la exposición tan prolongada”.
El doctor explica que el tipo de daño “va a depender del tipo de grupo de plaguicidas a los cuales se esté exponiendo” y establece una relación directa: “Dependiendo del tipo de cultivo, así va a ser el tipo de grupo de agroquímicos los cuales se van a usar”.

Para él, el proceso de identificación es claro: “Ya hay plataformas, sabemos nosotros por dónde empezar a buscar y sabemos nosotros dónde ir poniendo las piezas de este ajedrez para poder llenar todos los cuadros. Es un rompecabezas el que hay que poner cada una de las piezas que están en juego, acomodarlos para poder tener una idea de qué forma tiene”.
Otro gran reto es el de la formación toxicológica en México. Una deficiencia importante que identifica el doctor es la formación limitada de toxicólogos en el país.
“Generalmente en México, en las escuelas donde se forman toxicólogos tienen más la tendencia hacia la cuestión clínica”, explica el especialista, quien se formó con un enfoque más amplio.
Esta diferencia es fundamental: “Nos permite ver, realmente, aparte del problema clínico de manera aguda y de manera crónica, nos permite ver todos los factores que están alrededor de ese problema. Obviamente, tenemos un panorama más amplio, por eso se nos permite tener una concepción más clara de la gravedad del problema que tenemos”.
El doctor es crítico con los programas actuales: “Generalmente la toxicología es más urbana. Me refiero a productos industriales, me refiero a productos caseros, me refiero a situaciones de medicamento y un poco a cuestiones de flora y fauna y hasta ahí, pero se queda fuera lo que es toxicología industrial, se queda fuera lo que es toxicología agroindustrial”.
El resultado es preocupante: “No es posible que en los programas que aquí se llevan de entrenamiento en un año, año y medio, el médico que va a especializarse tenga cuando menos el criterio adecuado para salir y enfrentarse a este tipo de problemas”.
La consecuencia es clara: “Salen capacitados para atender pacientes intoxicados de manera aguda, pero se queda ese apartado de lo que es la toxicología crónica, de lo que son las intoxicaciones a largo plazo. Como que se corta el ombligo y no nos permite hilar una cosa con otra, no nos permite conjuntar la exposición a largo plazo con las enfermedades que van apareciendo”.
Su conclusión sobre la educación médica es directa: “Es un problema complejo de educación que ahí sí hay que rediseñar de nuevo y adaptarlo a las necesidades que estamos viviendo”.
EL DECRETO DE 2025: INSUFICIENTE SIN RESPALDO CIENTÍFICO
Respecto al reciente decreto que prohíbe 35 plaguicidas altamente peligrosos, el doctor Rodríguez Valencia es escéptico sobre su efectividad real.
“Tendría utilidad siempre y cuando ese decreto estuviera acompañado de sustentación científica”, afirma.
Su crítica va directo al proceso de creación de estas políticas: “Ese decreto hubiese sido elaborado con la asesoría de médicos toxicólogos expertos en el uso y manejo y efectos de los plaguicidas. Los decretos como tales van a funcionar muy poco si realmente solamente se hace de esa manera, por mandato político”.

El doctor separa claramente dos aspectos: “Debemos de separar estas dos situaciones. Una es la voluntad política, que esa yo la reconozco, pero otra es la sustentación científica, lo que a mi juicio aquí ha hecho falta”.
El doctor Rodríguez Valencia es claro que entre los pasos necesarios para enfrentar el problema se encuentra la necesidad de evidencia.
“Se tiene que partir de lo que tenemos y tristemente tenemos muy poco. Se tiene la necesidad de que exista una plantilla de médicos expertos en esta materia para poder diseñar una plataforma que nos ayude a compilar todos los datos existentes para poderlos ordenar”.

Esta plataforma debe responder preguntas fundamentales: “¿Cuánto se expande o cuánto se explaya de plaguicidas, qué tipo de plaguicidas? ¿Cuánto es el margen de tiempo de que se pone el plaguicida, de que se cosecha y de que se lleva al mercado?”
El especialista advierte sobre un factor crítico que se está ignorando: “Los plaguicidas tienen un tiempo de vida como todo. Y si ese tiempo de vida nosotros no lo respetamos, obviamente estamos incrementando el nivel de exposición a toda la población en general a este tipo de compuestos”.
Por ello propone: “Se tiene que hacer una plataforma para poder saber a qué, a cuánto y a qué tipo de plaguicidas nos estamos exponiendo”.
“Si no se respeta la cuestión técnico-científica, no vamos a llegar a ninguna parte. Vamos a tener y a seguir teniendo el mismo problema, porque desgraciadamente, por decreto, las moléculas no se vuelven buenas, malas o fatales”.
“Tiene que haber esa comunión para que las cosas empiecen a marchar y cuando menos para tener la plataforma para poder empezar a entender la gravedad de este problema, porque no lo sabemos todavía”.
El doctor Rodríguez Valencia advierte sobre las consecuencias económicas de políticas inadecuadas: “El hecho de que se pretenda con una política no adecuada ahorrar dinero, a la larga sale perdiendo y sale perdiendo en general la población y sale perdiendo el gobierno. A final de cuentas quien pierde todo somos los ciudadanos”.

“Si tú tienes una plataforma con personal profesional de calidad, los resultados tienden a ser buenos. Si tú tienes una plataforma con el personal no adecuado, los resultados entran en una situación de incertidumbre. Y si hay una plataforma mala con personal no preparado, no adiestrado, los resultados van a ser pésimos”.
La conclusión del especialista es clara: “Todo parte de la educación, todo parte de la preparación y todo parte del criterio para ser creativos y para ser productivos y obviamente rentables”.
Pero el especialista plantea una pregunta incómoda que cuestiona las prioridades nacionales: “¿Cómo es posible que un país que es la economía número 90, que es la economía número ciento y tantos, tenga una mejor regulación, tengan más cuidado con el uso de plaguicidas?”
Y aclara su posición: “No que los prohíban, que los regulen y que los adapten a las situaciones de cada entorno. Eso es lo que se debe hacer”.
“Desgraciadamente ya la tecnificación de los campos ha llegado a tal extremo que no podemos darle para atrás a un método de agricultura o de agroproducción de hace años. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Tratar de ser más precavidos, de ser más respetuosos con el uso de estos compuestos que sabemos que son de alto riesgo”.
LOS TRES ACTORES
El experto identifica tres actores fundamentales en esta problemática: “Actor número uno es el gobierno, que es el que regula. Actor número dos es la empresa que es la que produce y actor número tres, que es la población”.
Su visión es conciliadora pero exigente: “No se puede satanizar a la empresa, tampoco se puede satanizar al gobierno, un poco menos a la población. Entonces, debe haber un esfuerzo en común de todas las partes”.
Sin embargo, el doctor Rodríguez Valencia establece responsabilidades claras para los dos actores principales.
“Los obligados a colaborar de manera más eficiente, de manera más equitativa, sería gobierno y empresa. Gobierno regula, pero al mismo tiempo aporta. Empresa produce, pero tiene que aceptar las regulaciones que se emiten de acuerdo a los conocimientos científicos del personal altamente capacitado en estos compuestos o en los efectos de estos compuestos”.
Los beneficios de una buena regulación son mutuos, explica.
“Si hay una población sana, el gobierno queda bien. Si hay una población expuesta, el gobierno no queda bien, porque va a tener mucho problema de salud y obviamente ese problema de salud va a ocasionar gasto. Igual la empresa, si la empresa ve que sus productos que tienen cierto riesgo se están manejando adecuadamente y se están destinando de la manera correcta, va a tener menos problemas y menos demandas”.
El especialista también defiende el papel activo de los ciudadanos: “La población también debe tener voz, la población también debe tener su opinión, porque a final de cuentas, a la población se le está vendiendo un producto o se le está llevando un producto que se le está mencionando que es de cierta calidad, lo cual a veces en un alto porcentaje tiene incertidumbre”.






