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OPINIÓN: Las defensoras ambientales y del territorio en México, la defensa de su cuerpo territorio y su territorio-tierra

La ecofeminista Lucía Velázquez Hernández nos recuerda que "la defensa del ambiente debe ser feminista, despatriarcalizada y descolonializada por sobre todo".

Las defensoras ambientales y del territorio en México, la defensa de su cuerpo territorio y su territorio-tierra

/ Por: Lucía Velázquez Hernández**


México ha registrado del 2015 a 2022, 5 mil 790 feminicidios y más de 500 conflictos socioambientales.

Datos que nos muestran que, en nuestro país son evidentes, tanto la dominación, mercantilización y violencia que ejercen, por un lado, el patriarcado, y por el otro, el colonialismo y el capitalismo sobre los territorios.

Territorios que abarcan no solo espacios físicos como bosques, montañas, ríos y tierra, sino también al territorio-cuerpo de las mujeres; pues en él se manifiestan formas específicas de explotación mediante la agresión a sus cuerpos, la violencia, la imposición y el sometimiento ejercidos hacia ellas, despojándolas de los saberes, las tierras y los recursos.

En el último informe de Global Witness, México registró 30 asesinatos de defensores ambientales en 2021, cifras alarmantes. México está posicionado como uno de los países con mayor número de defensores ambientales asesinados en el mundo.

Si se realizara un análisis (ni siquiera exhaustivo) por género respecto de la violencia y las agresiones que sufren los defensores del ambiente y del territorio, a pesar de que tanto hombres como mujeres son agredidos y violentados, el número de hombres sería aún mayor que el de las mujeres que defienden las mismas causas.

A pesar de que ambos defienden, luchan e incluso dan su vida por el territorio, el papel de la mujer por ser un número minoritario y, por el simple hecho de ser mujeres, hace que se les invisibilice e incluso se les degrade a un papel secundario ya que inclusive en las luchas ambientales existe la división sexual del trabajo donde se asignan diferentes tareas, papeles, prácticas, funciones y normas sociales a hombres y mujeres; contribuyendo a crear condiciones de subordinación de las mujeres.

Esta división sexual genera que el papel y los trabajos que desempeñan los hombres, tales como ser voceros de las acciones colectivas, dirigir el rumbo de la protesta y determinar que acciones realizar, sean consideradas como valiosas, importantes y relevantes, mientras que las tareas de soporte, logística y cuidado sean categorizadas como pequeñas o fáciles, planteando una jerarquización de las tareas y practicas dentro de los movimientos, subordinando nuevamente muchas de las tareas que son realizadas por las mujeres.

 Algunas autoras reflexionan al respecto. Por ejemplo, Rita Laura Segato en «La guerra contra las mujeres», publicado en 2016 expone lo siguiente: “A ellas se les trata como menores y sus intereses son confinados al ámbito íntimo, de lo privado, especialmente como tema de minorías y, en consecuencia, como tema minoritario”.

El género también ha definido y configurado los espacios, imponiendo  límites culturales e históricos, los cuales han restringido la participación pública de las mujeres siendo confinadas a la invisibilidad, y en los pocos y muy particulares casos en los que llegan a ser reconocidas como líderes al interior de la acción colectiva enfrentan una mayor cantidad de obstáculos tales como las jornadas dobles o triples de trabajo debido al trabajo de cuidado que debe de realizar, la desacreditación basada en prejuicios y los estereotipos.

Mujeres como Amalia Morales Guapango, María Agustín Chino y Paulina Gómez Palacio Escudero, deben ser doblemente reconocidas y visibilizadas al igual que todas las activistas, defensoras ambientales y mujeres que defienden y viven el territorio ya que incluso en la degradación ambiental las condiciones de desigualdad no cesan “los conflictos ambientales se materializan en los cuerpos de las mujeres: minas pozos, petroleros, carreteras, agua contaminada. Son territorios dañados y ahí se concreta la violencia: feminicidios, acoso, agresiones hacia los cuerpos que necesitan ser cuidados”, comenta Antonella Busconi, teórica Ecofeminista.

Las labores de las mujeres en las luchas de defensa del ambiente y el territorio van desde ser voceras y líderes de los movimientos a tareas de cuidados, que son igual de importantes ya que una visibiliza y guía, la otra sostiene la lucha.

Las defensoras ambientales son muchas veces activistas dentro de una lucha y en otros tantos casos son mujeres indígenas que defienden sus comunidades del despojo territorial desde acciones de resistencia como es el caso de las mujeres en Cherán, que en 2011 defendieron sus bosques del crimen organizado y de los talamontes; el Ejército Zapatista de Mujeres Mazahuas en Defensa del Agua en 2003, y también aquellas en donde las mujeres forman parte de la construcción colectiva como cuidadoras de la vida y la memoria.

Las defensoras y los defensores ambientales y del territorio no deben ser únicamente una cifra que se contabilice, los números rojos del 2021 han de ser la mecha que inicie una transformación en la agenda gubernamental, el inicio de un cambio de conciencia donde los intereses sociales sean priorizados sobre los intereses económicos. Además, la defensa del ambiente debe ser feminista, despatriarcalizada y descolonializada por sobre todo.


**¿QUIÉN ES?
Lucía Velázquez Hernández.
Ecofeminista, Licenciada en Ciencias Ambientales y egresada de la maestría en antropología social en la UNAM, desde 2015 su línea de investigación son los conflictos socioambientales y las agresiones a Defensores Ambientales y del Territorio en México. Actualmente se encuentra trabajando en la Comisión Estatal para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.


Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales, salud, derechos humanos y política ambiental.


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