La violencia especista no solo crea sujetos violentos con las personas desde la práctica de la violencia directa a los animales, también se produce violentadores a través del consumo, cómo violencia indirecta.
Esta es la segunda entrega de colaboraciones acerca de la Violencia especista. En esta ocasión abordamos a detalle la Violencia especista como producción de justificación de la violencia.
I. Violencia especista, una escuela de crueldad
II. Violencia especista como producción de sujetos violentos
III. Violencia especista como producción de herramientas para la violencia.
IV. Violencia especista como reproducción ideológica de la violencia
Violencia especista como producción de sujetos violentos
Carlos Olivares*
La evolución en la división del trabajo en la sociedad moderna ha hecho surgir el oficio específico de matarife, aquel que mata reses u otras especies y las descuartiza.
Antiguamente la matanza era una labor entre varias otras de las que realizaba el pastor o el cazador, pero el aumento en el volumen y velocidad de la matanza hizo necesario que sea un trabajo especializado, al punto de que en los mataderos industriales incluso se subdivide el trabajo por la parte del cuerpo que destaza un trabajador particular.
Los trabajadores de los mataderos suelen ser los más pobres, los racializados, los migrantes. Los mataderos tienen una tasa de heridas laborales de hasta 20-36% anual, esto es debido a que trabajan a velocidad con herramientas altamente cortantes. ¡Ni la guerra ha de tener ese nivel!
La tercera parte de esos trabajadores de los rastros terminan con Síndrome de Estrés Traumático Inducido por Perpetración (PITS por sus siglas en inglés). Pero quizás aún más preocupante ¿Qué consecuencias psicológicas tienen las otras dos terceras partes de trabajadores de los mataderos que no aparentan tener alteraciones psicológicas? ¿Han normalizado esa disposición mental a asesinar?
Un ejemplo donde se normalizó la disposición a asesinar pudo haber sido el caso del Caníbal de Atizapán, Andrés Filomeno Mendoza, cuyo caso se aborda con sensibilidad en el documental producido por la suprema corte de Justicia “Caníbal: indignación total”. En el documental, su psicóloga en prisión, Feggy Ostrovsky, señala que “para él las mujeres eran animales”.
Otro par de casos de feminicidas surgieron en la misma región: el carnicero de Ecatepec, y de la pareja de feminicidas llamados “los monstruos de Ecatepec”. La impunidad en todos esos casos se debe a que su modus operandi facilitaba camuflar la violencia feminicida disfrazándola cómo violencia especista.
Casos similares de asesinos que trataron a sus víctimas humanas como hacen con las no humanas son los “tamaleros”. Dos casos principalmente han conmocionado a la sociedad mexicana, el caso de la “tamalera de portales”, en el Distrito Federal en 1971, y el otro sucedió en Morelia en 2004.
En el primer caso una mujer asesinó a su marido golpeador mientras dormía, en el segundo, un hombre asesinó a su compadre en una pelea estando borrachos. En ambos casos, tras el homicidio, pretendieron ocultar los cadáveres mezclándolos con la comida que producían.
Se puede argumentar que en estos casos no había cómo en los anteriores, premeditación, alevosía y ventaja, pero el punto es que el procedimiento para deshacerse de un cuerpo no humano se retoma para deshacerse de un cuerpo humano. Éstos son apenas dos casos que fueron descubiertos por casualidad ¿Pero cuántos crímenes logran salir impunes al simular que el cuerpo es de otra especie?
Aún más allá de la industria, la violencia especista está incorporada en la cultura. El caso Chistopher en Chihuahua, donde un grupo de niños y adolescentes muy marginados “jugaban” a ser sicarios y rutinariamente amarraban, torturaban y asesinaban perros y gallinas, hasta que un día lo hicieron con el niño Christopher de 6 años.
En todos los casos mencionados, los feminicidas, los tamaleros, los niños asesinos, llama la atención la historia y contextos donde surgen los casos mencionados, entre los habitantes de la periferia, donde se acumulan historias de abandono familiar, de maltrato infantil, desempleo, ignorancia, adicciones, marginación.
Todo ello es caldo de cultivo de la llamada “narcocultura”, la idealización de la violencia y de los violentadores como estilo de vida. Es el círculo de la violencia reproduciéndose desde la base del sistema.
Otro ejemplo de como la silenciosa violencia especista eclosiona cómo violencia contra personas es la violencia sexual. La Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA) (con presencia en América Latina y Europa) realizaron un análisis del conjunto de las investigaciones sobre las implicaciones del abuso sexual de animales, concluyendo que el abuso sexual de animales está estrechamente ligado a la comisión de agresiones hacia humanos y, en particular, a la violencia sexual contra mujeres y niños.
Pero no solo se crea sujetos violentos con las personas desde la práctica de la violencia directa a los animales, también se produce violentadores a través del consumo, cómo violencia indirecta.
En su libro “La política sexual de la carne” la abogada feminista Carol Adams, repasa las similitudes entre la explotación animal y la violencia patriarcal, se erotiza el consumo de carne de manera paralela con la “animalización” de las mujeres.
En ambos casos se reduce “alguien” a un “algo” mediante su cosificación, fragmentación imaginaria de su cuerpo, y finalmente su consumo. Las, los sujetos se reducen a lo que ella llama un “referente ausente”, un cuerpo que disfrutar olvidando que es o era alguien.
Con esta escisión entre matarifes y consumidores se consolidando la creación de la violencia especista como práctica social. El matarife es un trabajador precarizado, puede llegar a asumir su acción con cinismo o resignación, da igual, porque de cualquier modo el mismo está sometido; el consumidor por el contrario se autopercibe como un sujeto libre en su elección de consumo, pero es su mente la que está sometida, presa del fetichismo que conlleva la carne como un hecho dado y justificado por el placer y la necesidad. Y ambos, trabajadores y consumidores, se necesitarán mutuamente para liberarse y liberar a los no humanos.
*¿QUIÉN ES?
Carlos Olivares
Es integrante del Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma de Santa María. Es geógrafo, ambientalista y antiespecista.
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