¿Qué es el Sistema de fallas Morelia-Acambay?  

El Sistema de Fallas Morelia–Acambay (SFMA) consiste en una serie de fallas normales de dirección E–W y NE–SW que cortan la parte central del Cinturón Volcánico Transmexicano.  


¿Qué es el Sistema de fallas Morelia-Acambay?  

Por: en15dias.com / Con información de diversos estudios  

El Sistema de Fallas Morelia–Acambay (SFMA) consiste en una serie de fallas normales de dirección E–W y NE–SW que cortan la parte central del Cinturón Volcánico Transmexicano.  

Relaciones entre los principales sistemas de fallas del Mioceno-Cuaternario y el volcanismo de la FVTM (ver sección 2.1 para referencias). TZR: rift Tepic-Zacoalco; PV: graben de Puerto Vallarta; SPC: graben San Pedro-Ceboruco; AC: semigraben de Amatlán de Cañas; SrPB: graben Santa Rosa-Plan de Barrancas; SM: falla de San Marcos; CR: rift de Colima; FT: sistema de fallas Tamazula; ChR: rift de Chapala; PI: fallas PajacuaránIxtlán de los Hervores; CHG: semigraben de Cotija; PG: graben de Penjamillo; AL: semigraben de Aljibes; MZ: graben de Mezquital; TP: sistema de
fallas La Pera.

El Sistema de Fallas Morelia-Acambay fue descrito, inicialmente por Martínez-Reyes y Nieto- Samaniego (1990) y, en su parte central, por Pasquaré y otros (1988). Investigadores como Ferrari (1990) y Pasquaré (1991) y otros, la definen como una franja de aproximadamente 30 kilómetros de ancho de fallas de dirección WSW-ENE responsable de las depresiones tectónicas de Zacapu, Cuitzeo, Morelia y Acambay, entre otras.

El análisis cinemático (análisis del movimiento por trayectoria en el tiempo) indica que se trata de fallas que empezaron su actividad posiblemente en el Plioceno temprano con movimientos laterales izquierdos a transtensivos, para luego volverse progresivamente más extensionales, según los estudios de investigadores.  

La mayoría de las fallas de la parte occidental del sistema tienen una inclinación hacia norte y basculan al sur a las secuencias volcánicas del Mioceno y Plioceno. Sin embargo, también se han reportado evidencias de movimientos cuaternarios en la región de Morelia, según los estudios del geólogo michoacano Víctor Garduño Monroy en 2001.  

En cambio, la parte oriental del sistema, según los estudios de Suter y otros, se caracteriza por una estructura tipo graben asimétrico, formado por las fallas Epitacio Huerta y Acambay-Tixmadeje, al norte, y las fallas Venta de Bravo y Pastores, al sur, que exhiben una pequeña componente lateral izquierda.  

Este sector es el más activo del sistema, y prueba de ello es el sismo de 1912 con magnitud 6.9 y epicentro en Acambay, para el cual se ha estimado una recurrencia de  aproximadamente 3600 años durante el Holoceno, según Langridge y otros investigadores.  

El geólogo michoacano, Víctor Garduño Monroy explica en varios de sus estudios acerca de las fallas de la ciudad de Morelia, que “el sistema de fallas se asocia a la formación de las depresiones lacustres de Chapala, Zacapu, Cuitzeo, Maravatio y Acambay. Las fallas E–W de Sistema de Fallas Morelia-Acambay aparecieron hace 7–9 millones de años durante Mioceno temprano”.  

“Las fallas NNW–SSE son más viejas y se han reactivado en el tiempo, desplazando y controlando a las depresiones lacustres E–W”.  


Una falla es una fractura o zona de fracturas entre dos bloques de roca. Las fallas permiten que los bloques se muevan entre sí. Este movimiento puede ocurrir rápidamente, en forma de terremoto, o puede ocurrir lentamente, en forma de deslizamiento. Las fallas pueden variar en longitud desde unos pocos milímetros hasta miles de kilómetros.  

En nuevos estudios del caso del sistema de fallas Morelia–Acambay, se estimaron las magnitudes sísmicas de las estructuras E–W de la región de Morelia–Cuitzeo asumiendo una ruptura cosismica.  

Cartografía, geología estructural y paleosismología sugieren que las estructuras de MAFS en la región de Morelia–Cuitzeo han estado activas durante el Holoceno, controlando los terremotos históricos que afectan a paleosuelos (restos de antiguos suelos) con cerámica de las culturas Pirinda–Purepecha. Estos terremotos históricos también están registrados en las fallas E–W del campo geotérmico de Los Azufres.  

En la región de Pátzcuaro, las estructuras E–W de MAFS también se ligan a sismos fuertes ocurridos durante épocas prehistóricas e históricas. Por ejemplo, la secuencia lacustre de Jarácuaro, en el sector meridional del lago Pátzcuaro ha registrado por lo menos tres sismos importantes (Período de PostClassic, 1845 y 1858).  

El sismo de 1858 (Magnitud estimada de aproximadamente 7.3) generó un tsunami de 2 m de altura descrito en los archivos históricos. Un sismo similar en la actualidad devastaría esta zona del estado de Michoacán, la cual está ocupada por las poblaciones de más alta densidad.  

De hecho, el 17 de octubre de 2007 mientras que este articulo era escrito, ocurrieron tres sismos en la ciudad de Morelia que fueron ligados a la falla normal derecha de la Central o de La Paloma. Este hecho corroboraba la sismicidad potencial de las fallas E–W y NE–SW del TMBV.  

“Este hecho corroboraba la sismicidad potencial de las fallas E-O y NE-SO de la FVTM (Garduño-Monroy et al., 2001, 2009).”  


En época prehistórica la zona de Pátzcuaro estuvo también sujeta a diferentes eventos sísmicos. Uno de ellos (M=7.3) ocurrió durante el Pleistoceno y produjo el colapso del sector norte del volcán El Estribo provocando una avalancha de escombros (Pola et al., 2014; Osorio- Ocampo et al., 2018; Gómez-Castillo et al., 2020).  

La tectónica del área y los sismos asociados modelaron el paisaje, levantando las secuencias lacustres durante el Cuaternario. Estos eventos han quedado registrados en la sedimentación del lago (Israde-Alcántara et al., 2010a y 2010b; Garduño-Monroy et al., 2009) y han generado grandes cambios en su morfología que seguramente alteraron no sólo la evolución del lago, sino también condicionaron los asentamientos humanos históricos de la región.  

Otros eventos sísmicos importantes fueron los de 1911 (M=7.9) y de 1985 (M=8.1) con periodos de recurrencia de 74 años (Singh et al., 1981). Sin embargo, los datos de macrosismicidad existentes son limitados y es difícil establecer un periodo de recurrencia confiable para estos eventos.


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