Plantas carnívoras, seductoras de insectos

Contrario a lo que al menos yo pensaba sobre las carnívoras, éstas no son rarezas aisladas que crecen en solitario, sino en amplios páramos alfombrados de ellas o sobre tupidos bosques húmedos de donde cuelgan sus zarcillos. Tampoco son tan raras, existen 600 especies conocidas y sus tamaños varían desde pequeños botones dentados hasta grandes jarrones resbaladizos. Las hay incluso acuáticas.


Plantas carnívoras, las seductoras atrapa insectos

Plantera**
Emma Monserrat Sánchez Monroy
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La idea de que existan plantas que coman carne parece inaudita; una naturaleza contra natura. Y, sin embargo, existen. Aunque la verdad es que su nombre suena más rimbombante que la realidad de su dieta. Pues a pesar de que el adjetivo se antoja prometedor, estas plantas no comen propiamente carne; más bien insectos.

La Dionaea muscipula, la famosa Venus atrapamoscas, probablemente sea la más popular entre las plantas carnívoras, tal vez porque fue la primera en ser “descubierta”, aunque antes de dar fecha y ubicación, me parece importante precisar que el término “descubierta” se refiere en realidad a su documentación en lengua inglesa, porque el territorio de Carolina del Norte, en donde la encontró el gobernador de esa colonia, Arthur Dobbs en enero de 1760, estaba habitado desde mucho antes por el pueblo Cheroqui, y encuentro improbable que esta peculiar planta pasara desapercibida para una cultura mucho más dada a la contemplación del mundo natural.

Además, contrario a lo que al menos yo pensaba sobre las carnívoras, éstas no son rarezas aisladas que crecen en solitario, sino en amplios páramos alfombrados de ellas o sobre tupidos bosques húmedos de donde cuelgan sus zarcillos.

Tampoco son tan raras, existen 600 especies conocidas y sus tamaños varían desde pequeños botones dentados hasta grandes jarrones resbaladizos. Las hay incluso acuáticas.

Los árboles genealógicos siempre guardan sorpresas, ya sea que pensemos en el nuestro o en el de otras especies. A mí me asombró, por ejemplo, saber que las plantas carnívoras pertenecen a la misma familia que las plantas con flores; y que su naturaleza hambrienta de proteínas es una adaptación de las mismas hojas que sus parientes más dóciles. Evolución adaptativa, le llaman los biólogos, a esa inteligencia del mundo natural que adapta genes de funciones semejantes a nuevas circunstancias, es decir, toman lo que ya existe para usarlo de nuevas formas.

¿Y cuál es la circunstancia de las carnívoras?. La pobreza. Estas plantas se desarrollan en terrenos pantanosos donde los nutrientes son escasos en el suelo. Y es que las plantas comen por sus raíces; pero si la tierra no proveé, toca echar mano del repertorio genético para ver cómo se sobrevive. Entonces, lo que las raíces no pueden usar, lo toman las hojas. Mecanismos de defensa que las plantas con flor usan para repeler insectos o protegerse de hongos y bacterias, las carnívoras las convierten en enzimas digestivas que les permiten descomponer los esqueletos de los insectos que atrapan. Eso sí, comparten con sus primas vegetarianas la seducción a través de los olores, así es como capturan insectos, atrayéndolos hacia sí con dulces aromas.

A veces pasa que, aunque tengamos la evidencia ante nuestros ojos, el evento es tan insólito que no podemos dar crédito de él. Le rehuimos a la verdad porque aceptarla pondría a tambalear todas nuestras creencias. Pienso que eso le pasó a Linneo cuando le enviaron la muestra de la Venus atrapamoscas. El botánico que ordenó la forma de nombrar por género y especie a los seres vivos, simple y sencillamente no pudo dar crédito de lo que vió: ¿una planta de hojas dentadas cerrándose cuando un insecto se posa sobre ellas, y luego, ya atrapado en su interior se disuelve lentamente porque… se lo está comiendo? ¡Imposible!. Y la clasificó dentro de las plantas sensitivas, el mismo grupo al que sí pertenece la Mimosa sensitiva, esa que se cierra al tacto.

En 1875 – casi un siglo después que Linneo-, Charles Darwin, otro erudito de la biología, no tuvo reparos en reconocer lo obvio y en vez de buscar explicaciones más complejas para negar su naturaleza, dedicó 16 años de estudio y experimentos para descifrar los mecanismos de las trampas de cada carnívora conocida hasta entonces.  Hojas que parecen gotas de rocío, pero en realidad son trampas pegajosas, como la Drosera. Hojas en forma de jarrones con un interior tan liso del que es imposible salir, como las Nepenthes. Hojas que se cierran al tacto como la Venus atrapamoscas. Carnívoras acuáticas como la Noria.

A lo largo de 140 millones de años, las carnívoras han desarrollado ingeniosas trampas para garantizar su consumo de nitrógeno. Aunque el asunto no es tan simple como esperar que el insecto se pose sobre ellas, hay animales oportunistas al acecho, como el sapo roble que de un lenguetazo se roba la comida, o la mariposa cola de golondrina que se lleva el néctar de las Sarracenias sin pagar el precio.

Tal vez por eso existen plantas carnívoras que han hecho simbiosis con otros insectos. La Roridula por ejemplo, permite al insecto pameridea devorar las presas que ésta atrapa, para luego alimentarse con sus excrementos que le son más fáciles de digerir. O una variedad de Nepenthe que habita en el sur de Asia y provee hogar a las hormigas a cambio de que éstas mantengan limpio y resbaladizo su jarrón atrapa insectos.

Darwin tuvo además la sensatez de entender la diferencia de kilos que hay entre insectos y mamíferos y las llamó insectívoras; pero ese nombre es menos sensacionalista y en una época donde el descubrimiento de nuevas tierras está asombrando al mundo, las historias de plantas gigantes devoradoras de carne, atraen más lectores.

Y es que fue la literatura quien se encargó de darles un lugar en el imaginario del terror. Cuentos como “La floración de la extraña orquídea” de George Wells o el relato del Árbol devorador de hombres de Madagascar, alimentaron el miedo de lo desconocido a través de las plantas. Todavía en la década de los 80, la película “La tienda del horror” trató de asustarnos -con bastante humor- con la idea de plantas gigantes come humanos.

Es una pena, sin embargo, que nuestra especie no esté en su dieta, pues de ser así, tal vez algunas personas serían más prudentes con su insaciable apetito, que ya se ha devorado bastantes extensiones de verdor de este mundo.

Aunque quién sabe, tal vez la disminución de insectos las lleve a un nuevo grado de evolución, o el exceso de dióxido de carbón las haga alcanzar nuevas dimensiones y entonces sí, podamos ser parte del menú: proteína, sales y agua en un solo bocado. ¡Tentador!


Plantas carnívoras, las seductoras insectívoras

¿Quién es Emma Monserrat?*
Comunicóloga, huertera y activista de causas ambientales en Morelia y Tula Hidalgo.


**Plantera: Es un espacio que sirve para aprender a nombrar las plantas que no conocemos, los remedios que hemos olvidado, los mitos que no hemos escuchado o las historias que no hemos leído.
En sus acepciones, Plantera es una maceta y también la persona que se dedica al cultivo de plantas; que en este caso es desde la palabra. Un rumor, un remedio, un dato curioso, cualquier hilo sirve para empezar a tensar los filamentos del descubrimiento del mundo vegetal.



Las ideas vertidas en la sección de Opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten. La política editorial de en15dias.com promueve su difusión como contribución a la discusión acerca de los conflictos sociambientales y socioterritoriales, salud comunitaria, derechos humanos, política ambiental y periodismo.


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